¿QUÉ LE PASA A NUESTRO FUTURO?

Los jóvenes están siendo protagonistas en esta pandemia. Un protagonismo con dos caras. La que demuestra una solidaridad y una madurez fuera de lo normal; como son todos aquellos que, a pesar de contar con poca experiencia vital, han tenido que regatear con la muerte todos los días; que sin superar los veintitrés y aislados de sus familiares por el peligro de contagio han ofrecido cariño y su profesionalidad durante interminables jornadas; que por estar en primera línea han sido las y los que de veras eran conscientes de la gravedad que estábamos viviendo en todo momento. A pesar de su edad, han sido capaces de ofrecer un último apretón de manos y una última palabra de consuelo a los que por culpa de esta pandemia no podían escucharla de sus seres queridos. Unos jóvenes que siempre serán el ejemplo y orgullo de todo un país. Y claro que también ha habido muchos más que han sido ejemplo de buen comportamiento. Pero por desgracia, lo negativo llama más la atención y con el paso del tiempo lo que parecía era una minoría ha dejado de serlo. Una anticipada relajación en las medidas ha conseguido despertar a toda la juventud irresponsable.

Porque en esta vida está el blanco y el negro, el yin y el yang, la transigencia y la intolerancia, la comprensión y la cerrazón, la inteligencia y la estupidez. Y si están los que dan ejemplo, tienen que salir a la palestra los que no, para que salga la media.

Las imágenes de los macro botellones por todo el país con miles de asistentes que no respetan a nada ni a nadie no dejan de repetirse. No creo que todo se justifique con la frase de “es que todos hemos sido jóvenes alguna vez”. Además, ya no es solo su actitud ante el peligro, sino las absurdas explicaciones que dan para justificar su comportamiento. No todo vale. No todo tiene justificación. ¿Qué tiene que ver disfrutar de la playa con los amigos, con tener el único objetivo de acabar “pedo perdido” dejando tras de sí una pocilga?

El coronavirus ha traído a nuestras vidas el confinamiento, el toque de queda, restricciones, la limitación de libertades y, si a todos nos ha sido complicado, más todavía a los jóvenes porque se encuentran en una etapa de cambios, y con un presente y futuro algo inciertos.

Puede que a ese sector de la juventud no hayamos sabido transmitirles el orden de prioridades. Puede que el fallo no solo esté en ellos. Tendremos que aprender a enseñar porque ellos son, queramos o no, el futuro.

13 de julio de 2021
LA ASNADA DE GARZÓN

Tranquilos señores que todavía nos da tiempo a estropear todas las previsiones, que inicialmente eran positivas para el turismo este verano. Tendremos que tirar de ironía, porque en caso contrario, soltaría agresivos vituperios que no conseguirían más que incrementar la tensión. Con el mensaje equivocado de un excesivo optimismo, como suele ser habitual en nuestro presidente, una gran mayoría de jóvenes han dado por terminada la pandemia y siguen a sus anchas disfrutando de los botellones sin control.
¿Y qué decir del desatino y comportamiento peripatético de alguno de nuestros ministros? La irracional originalidad no tiene fin y el señor Garzón la vuele a poner a prueba, y pide a los españoles no comer carne de forma excesiva porque perjudica a la salud y al planeta. ¿Por qué no se preocupa más de bajar el recibo de la luz? Muchos ciudadanos por culpa de su excesivo coste, no es que no coman carne, es que no tendrán ni para un plato de lentejas si el recibo de la luz sigue subiendo.
Pero ya no nos sorprende nada. Además, todos podemos tener un mal día, no faltaba más… Es lo mínimo que se puede esperar del ministro que dijo: «Pensemos que estas leyes que ya hemos “proponido” cambiar» En cualquier caso, un error de léxico lo tiene cualquiera, un servidor ha tenido muchos a lo largo de los años. Sin embargo, una propuesta debería haber sido meditada antes de lanzarla «a los cuatro vientos», porque si no es así se puede convertir, como así ha sido, en una sugerencia disparatada e inverosímil.
08/07/2021

LA CRUDA REALIDAD

Alemania aconseja a sus ciudadanos no viajar a ciertas zonas de España, especialmente a Cataluña. Como era de esperar Barcelona se lleva la palma con el mayor número de contagios por cien mil habitantes. Algunas zonas se empiezan a plantear dar marcha atrás en la desescalada. Al parecer ya «llueve sobre mojado» porque lo que está ocurriendo no sorprende a nadie. No hay que ser adivino para poder intuir lo que se nos viene encima. Tanta fiesta sin control iba a tener sus consecuencias, aunque algunos no quisieran asumirlo. Hemos pasado de estar por debajo de 50 contagios por cada cien mil, a llegar a tener 1.000 por cada cien mil en Barcelona en el rango de 20 a 30 años. Pero parece que los datos no influyen en los más jóvenes, porque su comportamiento sigue siendo el mismo.

Como esto siga así, todavía tenemos tiempo para cargarnos el mes de agosto y eso para muchos negocios sería su final.

Mientras tanto el mundo sigue sin conocer la cifra real de muertos por el Covid-19. Una noticia que tampoco sorprende a nadie a estas alturas y que algunos ya dejamos por escrito en más de una publicación, ya que es prácticamente imposible contabilizar los fallecidos directos e indirectos por el COVID en muchas zonas del mundo. Según la OMS la cifra podría estar entre 6 y 8 millones de muertes. Pero estos son los más optimistas, porque otros expertos piensan que estaríamos hablando de 13. También reconocen que se tardará un tiempo en conocer la cifra real, si es que se llega a saber algún día.

5 de julio de 2021
MI NUEVA ESPAÑA
En estos últimos años estamos viendo como nuestro país se quiebra. Como algunos odios olvidados han vuelto a la escena social. Y, si desde la crisis (que siempre negó Zapatero) hasta la pandemia actual, han sido trece años de máxima dificultad, donde más de una generación no conocerá nunca la estabilidad laboral, más se ha agravado la situación por coincidir con tiempos políticos de bajo nivel, ya que en lugar de minimizar los graves problemas en los que España se ha visto inmerso, se ha conseguido todo lo contrario.
Primero: La crisis catalana ha pasado factura a miles de ciudadanos y empresas que se han visto abandonados por sus responsables públicos, porque la «república bananera» más breve de la historia ha sido y será su único fin. Donde estará aquel feliz matrimonio de 25 años entre el Estado y la Generalitat. Cuando el mismísimo Felipe de Borbón y Grecia participaba como abanderado del deporte español en las Olimpiadas del 92 y la flecha lanzada para encender el pebetero era fiel reflejo de la concordia; cuando Barcelona presumía de ser la capital de Europa. Donde estará la Ciudad Condal de la que se enorgullecía España entera. Una comunidad catalana que, no nos olvidemos, abrazó masivamente la Constitución del 78 y fue una de las cinco regiones donde el «sí» a la Carta Magna, ganó con más holgura. Quien lo iba a decir a estas alturas.
Segundo: El pueblo se harta de tanta corrupción por parte de los partidos mayoritarios y se revela a través del movimiento 15M. Pero la ilusión ha durado poco. En solo diez años, los tentáculos del poder, los vicios ya demasiado extendidos por aspiraciones personales y la prostitución de la política, hacen mella en los que aparecieron como «mesías» y estos terminan siendo absorbidos por las mismas lacras.
Tercero: El Covid-19 hace su aparición justo en el momento en que parecía que nos olvidábamos de la crisis económica, y cuando lo único que se escuchaba en los noticiarios, un día sí y otro también, era los disturbios en Cataluña y el goteo de las empresas que abandonaban la región en busca de una mayor tranquilidad social, aparece un virus que no tarda en extenderse rápidamente por todo el globo. Un virus que, a fecha de hoy, todavía existen serias dudas sobre cuál fue su inicio. Las limitaciones que el gigante asiático ha puesto a los responsables de la OMS, así como la opacidad que ha mantenido durante toda la pandemia, hacen que aumenten las sospechas de que un descuido humano en la manipulación de los coronavirus en el laboratorio de Wuhan haya podido ser el culpable del desastre. ¿Conoceremos algún día las verdaderas razones?
En cualquier caso, y después de un año y medio que jamás olvidaremos, parece que las aguas vuelven a su cauce y que la pandemia va perdiendo fuerza en los países con más posibilidades de vacunación. Seguramente, si las cosas siguen por buen camino en cuanto a la inmunización de la población, la economía crecerá más de lo esperado debido a las ansias de vivir «a tope» y de aprovechar el tiempo al máximo. Muchos, tras la experiencia vivida y por el miedo a nuevas pandemias, han cambiado su escala de valores y no están dispuestos a hacer planes de disfrute a largo plazo. Aumentará el consumo, el turismo volverá a ser el motor que era y la gente querrá casa con jardín por si otro virus hace su aparición. Algo de lo que no estamos exentos y que seguramente se iniciaría, otra vez, en los países asiáticos.
Ahora solo queda honrar como es debido a los más de 124.000 fallecidos que nos ha dejado esta pandemia.
2 de junio de 2021
AYUDA A LOS PAÍSES CON MENOS RECURSOS
Después de lo comentado en un artículo anterior, de que parece que podemos visualizar la luz al final del túnel, hay algo de lo que no nos podemos olvidar si queremos lograr vivir con total normalidad o lo más próximo a ella y es, que no solo dependemos de hacer las cosas bien dentro de nuestras fronteras o de las de Europa, porque para estar libres de contagio, es el mundo entero quien debe de sobrevivir al virus, en caso contrario podremos correr el peligro de volver a la casilla de salida. Ya tenemos la experiencia de lo poco que se necesita para encender la mecha del peligro y lo rápido que se extiende.
Por lo que el siguiente gran reto de las naciones tiene que ver con la ayuda a los países con menos recursos económico-sanitarios. Si no conseguimos frenar el contagio en países africanos como Burundi, República del Congo, Mozambique, Gambia, Sudán del Sur, sudamericanos como Perú, Chile, Ecuador, Panamá, etc., o asiáticos como la India y Pakistán con sus 1.500 millones de habitantes, siempre estaremos expuestos.
El caso de la India es especialmente grave y ya se veía venir. Ya sabíamos que más tarde o temprano el Covid-19 llegaría a países con una escasa sanidad. Y la India, con una población de 1.366 millones, es incapaz de controlar el virus. Si a nosotros ya nos es difícil controlarlo en una población de nueve mil, imaginémonos ellos con su número de habitantes. Las imágenes vistas ayer por televisión parecían sacadas de una película de triste ficción. Con más de 300.000 contagios en un solo día y 3.000 muertes, datos que también ha llegado a alcanzar Brasil, los cielos de la India se teñían de dolor, porque no han tenido más remedio que incinerar a los cadáveres en plena calle. Una luctuosa situación inimaginable para los ojos de cualquiera.
Durante esta pandemia hemos sido testigos de sucesos que nunca nos hubiéramos imaginado que veríamos. Hechos que se quedarán en nuestra memoria para siempre. Y a las aciagas fotos del El Palacio de Hielo de Madrid repleto de ataúdes, a la de Ecuador con estos en las aceras por la imposibilidad de enterrarlos, a las imágenes aéreas de los extensos terrenos con cientos de tumbas en Brasil, se le suma ahora la cruel y lacerante foto de las incineraciones multitudinarias del país asiático. El país de dónde procede la variante B.1.617, que contiene dos mutaciones de la llamada proteína espiga, es una mutación para añadir a las ya existentes, y que preocupa en exceso a los científicos por su grado de peligrosidad. El socialdemócrata Karl Lauterbach, experto en salud pública, también advierte de esta variante que se extiende con especial rapidez: «En la India se está gestando una catástrofe de COVID», dijo.
También somos testigos de la rapidez con que pasa de unos continentes a otros. La cepa británica, de la que, por cierto, los científicos han descubierto que sería el perro el posible huésped del progenitor directo de la variante, se ha extendido rápidamente por Europa, ya es la predominante en España y es una de las más dañinas. Y lo mismo piensan que podría ocurrir con la de la India, de la que ya se han contabilizado 77 casos en las Islas Británicas.
Esta y otras razones, nos hacen ver que todavía nos queda mucho por hacer a nivel global, mucho camino por recorrer. Si no se frena a tiempo, puede que para algunos países sea un verdadero desastre humano. Aun así, y para terminar este breve artículo con esperanza, pensemos que la ciencia del siglo XXI será capaz de adelantarse a todos estos riesgos. Pero la ciencia por sí sola no puede solucionar el problema y, si queremos aprender de las desgracias, tenemos que empezar con la actitud individual. Cada uno escribe su propia historia, pero es la suma de estas, la que puede hacer cambiar el rumbo de algunas prioridades que siguen estando desordenadas. Es posible que sea un objetivo demasiado presuntuoso e inalcanzable, según las conductas que estamos viendo últimamente, pero siempre nos quedará la certidumbre y la confianza de la necesidad del ser humano por avanzar.
23/04/2021

LA DECISIÓN DE LA EMA

La Agencia Europea del Medicamento, después de una semana, por fin se pronuncia sobre la vacuna de Janssen de la que todos están pendientes porque, gracias a que solo se necesita de una dosis, agilizaría en gran manera el proceso de inoculación. La EMA, a pesar de que ha hallado el vínculo entre la vacuna y la asociación de trombos inusuales con plaquetas bajas en sangre, considera que el balance es positivo. La decisión ha sido la que todos los expertos ya comentaban, es decir, que el riesgo de contraer el Covid-19 sigue siendo mayor que el posible riesgo de desarrollar coagulación sanguínea, por lo que, y cito textualmente «los beneficios generales de la vacuna superan los riesgos de efectos secundarios».

No hay duda de que la prudencia, y más en cuestiones sanitarias de tanta envergadura, debe de ser una exigencia para las farmacéuticas, pero en este caso y con los datos que disponían de seis personas de los 6,8 millones de vacunados, ¿era necesario parar una semana la vacunación? Puede parecer muy poco tiempo, y más, después de la rapidez con la que la han sacado al mercado, no obstante, ¿cuántas personas se podrían haber vacunado en una semana? La línea entre el contagio, ingreso y posible muerte, y la salvación gracias a la vacuna es demasiado fina. Hemos visto el buen resultado que ha dado la vacuna en las residencias, donde prácticamente ha desaparecido por completo la mortalidad. Por eso cada persona vacunada es una muerte evitada. En una semana son decenas de miles las personas que ya se habrían inoculado la de Janssen. Decenas de miles que ya estarían libres del contagio y de un posible desastroso final. Puede que, en este caso, la excesiva prudencia haya resultado demasiado cara en vidas humanas.

La gente padece una lógica impaciencia y desea volver a lo que se pueda parecer a una vida normal cuanto antes. Estamos en el principio del fin y la esperanza para conseguirlo va en aumento.

De toda esta experiencia se sacarán muchas conclusiones en el futuro. Los responsables políticos no han dado la talla y la UE, que tantos otros beneficios ha dado, se han dejado manipular por unas farmacéuticas que han actuado a su antojo. No han cumplido ni con las cantidades ni con las fechas de las entregas, y los contratos han carecido de transparencia. Los cambios de criterio han sido constantes y se ha vuelto ha demostrar quién es quien tiene la prioridad o qué maneja el mundo, el «todopoderoso dinero».

En Jerusalén van sin mascarillas por la calle y la vida se asemeja bastante a lo que era antes de la pandemia. Y eso ha sido gracias principalmente a dos cosas: las fronteras se cerraron desde el principio y el proceso de vacunación ha sido tremendamente ágil, gracias, ante todo, a la rápida adquisición de la vacuna de Pfizer que, aunque la pagaran a tres veces su precio, ha sido una inversión que enseguida se ha demostrado que era positiva, pues ha habido un retorno de los beneficios por la apertura de la economía del país.

Hay bastantes más casos donde se demuestra que la toma de buenas decisiones han significado menor número de muertes. El futuro será el que dictamine. Y aunque ahora estamos en tiempos de esperanza, en momentos de mirar hacia adelante, siempre llevaremos en el recuerdo a todos aquellos que se fueron y nos preguntaremos cuantos podrían seguir con nosotros si se hubiesen tomado las determinaciones correctas.

Tenemos la capacidad de olvidar, de perdonar, pero reconozco que me hierve la sangre por dentro, cuando recuerdo la cantidad de mentiras con las que nos han estado bombardeando a lo largo de toda esta pandemia. Mentiras que no llevaban a nada positivo, sino todo lo contrario. Como así sucedió con las mascarillas, con el Comité de Expertos, etc. Pero ya no merece la pena volver a repasar el archivo de los errores. Ahí estarán siempre a nuestra disposición por si queremos aprender de ellos. Aunque me temo que, a pesar de la hemeroteca, muchos volverían a actuar del mismo modo. El que nace farsante y sin dignidad se llevará consigo a la tumba su forma de ser; lo hemos podido comprobar en multitud de ocasiones.

Siempre he dicho que los ciudadanos han dado una lección a la clase política, que no es nada sencillo gestionar algo de esta envergadura, que es más fácil criticar que dirigir y, aunque ha habido fallos comprensibles propios del desconocimiento a lo que nos enfrentábamos, también es cierto, que otros errores han sido flagrantes y donde a «todas luces» se veía que eran efectuados con intereses ocultos y casi siempre políticos.

Se ha jugado con la bondad de las personas, con su afán de creer que se pensaba en el bien común y, sobre todo, con la necesidad de vivir. Cuando está en juego nuestra propia integridad, hacemos caso a todo aquello que nos endulce los oídos. Aun así, teníamos que haber sido algo más exigentes cuando estaba tanto en juego y más, cuando ha habido otros que lo han hecho bastante mejor, como es el caso de Australia. Llegó a confinar una ciudad entera durante cinco días por un solo caso. A través de lo que se denomina «estrategia Covid 0», que consiste en una enorme capacidad de rastreo, gestión de los brotes, control de fronteras y un apoyo económico, asistencial y social para asegurar el aislamiento de los casos, consiguió mantener la expansión del virus. Táctica que también han utilizado otros países con los mismos resultados positivos.

Sin embargo, España, así como Italia, Francia, etc., no hemos sido capaces de aprender la lección. La idiosincrasia, nuestros valores, el clima…Quien sabe cuáles serán las características que nos llevan a comportarnos de distinto modo, ante los mismos acontecimientos. De lo que no hay ninguna duda, es que, a veces, es un solo hombre y sus decisiones el que puede evitar infinidad de muertes o, todo lo contrario, hacer que se incrementen. Como caso evidente tenemos el de Bolsonaro en Brasil, que pasará a la historia por su pésima actuación ante la pandemia. De todas formas, ahora solo nos queda pensar en positivo y en la vacunación.

España ha utilizado el 90,5% de las vacunas recibidas, aunque solo el 7,63% han recibido la dosis completa. No obstante, las CCAA han demostrado que si tienen las dosis necesarias son capaces de incrementar el ritmo. En el día de ayer se consiguieron inocular a más de 450.000 personas, récord de vacunación en un solo día hasta la fecha. Cuando las cosas se hacen bien también es bueno recalcarlo.

Con respecto a todos los fallos que han tenido que ver con el suministro, tanto en el incumplimiento de fechas de entrega como en las cantidades, así como en las condiciones del contrato, por ejemplo, con Pfizer, quien se lava las manos ante cualquier efecto secundario de su vacuna, eximiéndose de toda responsabilidad y posible indemnización, el principal responsable está en Bruselas. Como ya he dicho, las farmacéuticas han jugado con la necesidad de protección de nuestra integridad, para exprimir al máximo a la UE y hacer que esta aceptase cualquier condición, por indigna e ignominiosa que fuese.

22/04/2021

«LA GUERRA FRÍA» DE LAS VACUNAS

Los más viejos del lugar recordarán el comienzo de La «Guerra Fría», término que fue utilizado por primera vez por el escritor inglés George Orwell en su ensayo You and the Atomic Bomb, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Dato con el que no todos están de acuerdo, pues algunos historiadores remontan sus inicios a finales de la Primera Guerra Mundial. Capitalismo, representado por Estados Unidos, contra el bloque del este, liderado por la Unión Soviética (comunismo). Las tensiones entre ambas potencias en lo ideológico, político, social, económico o militar fueron una constante durante dos décadas y mientras Estados Unidos creaba la alianza militar de la OTAN en 1949, la Unión Soviética respondía con la creación de otra alianza, a través del Pacto de Varsovia en 1955.

Desde entonces los enfrentamientos entre las dos grandes potencias mundiales han estado y están presentes en la mente de todos. Y en esta lucha entró, como no podía ser menos, todo lo referente al mundo espacial. Pero ¿por qué esta pequeña introducción de una parte de nuestra historia reciente mundial? Porque fueron los rusos los primeros en conseguir poner un satélite (Sputnik) en órbita, lanzado el 4 de octubre de 1957. De ahí el nombre de la vacuna. No es una denominación escogida al azar. Representa el poder soviético ante los Estados Unidos. En un simple nombre quieren reflejar que ya se adelantaron a su oponente en aquel momento y quieren volver a hacerlo ahora. Por eso existe la sospecha, de que son ellos los que podrían estar tras la mala publicidad extendida por todo el mundo sobre la vacuna de AstraZeneca.

Si nos preguntasen a cualquiera de nosotros a quién creemos que beneficia más la paralización de la vacuna, no habría que pensar demasiado. Rusia, porque de ese modo, podría incrementar las arcas del Estado, ya que el Centro Nacional de Epidemiología y Microbiología de Gamelaya en Moscú, financiado por el Fondo de Inversión Directa de Rusia, se puso a trabajar de inmediato en un prototipo del fármaco desde el mismo momento en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia a principios del mes de marzo de 2020. Su pretensión ha sido no perder ni un solo minuto de tiempo para poner su vacuna en el mercado cuanto antes.

Esa fue la razón de que Vladimir Putin quisiera sorprender al mundo antes de que la comunidad científica se pronunciase oficialmente al respecto. En agosto de 2020 anunció «a bombo y platillo» la aprobación de forma urgente de la vacuna Sputnik V. Si ya no le daba tiempo a ganar esta batalla sí quería, al menos, tener un papel importante en algo tan vital para la humanidad. Tanto es así que, sin haber concluido las fases obligatorias en cualquier proceso de un lanzamiento farmacológico, comenzó a inocular la vacuna a la población. Los intereses económicos eran demasiado golosos como para dejarlos escapar.

En cualquier caso, no ha sido el único, porque Pfizer hizo exactamente lo mismo, cuando comunicó los resultados de la vacuna. El valor de sus acciones subió de forma exagerada y todavía no había sido lanzada. Pero las prisas son malas consejeras, como he comentado en algún artículo anterior, y los mismos ciudadanos han sido los que han demostrado su escepticismo y desconfianza hacia la vacuna. Más del 60% la rechazaba y los profesionales médicos confesaban sentirse incómodos.

Justo el mismo día que Reino Unido aprobó la vacuna de Pfizer, Putin comunicaba que la Sputnik V comenzaría a suministrarse a la población de forma masiva y gratuita. La guerra estaba abierta. No solo eso, sino que ya había empezado a ponerla a los empleados de Gamelaya y a 2.500 soldados rusos.

Todos conocemos la extraordinaria fuerza que tienen las redes sociales para difundir cualquier noticia, y que los rusos han estado, supuestamente, detrás de la divulgación de informaciones políticas que tenían el objetivo de cambiar, incluso, la intención de voto para la elección de un presidente. Como así ocurrió con información de relevancia para perjudicar a Hilary Clinton en su lucha para llegar a la presidencia.

Como es lógico, no son solo ellos, porque el espionaje o todo aquello que tenga que ver con la información, sea esta falsa o veraz a través de las redes, se mueve en todas direcciones.

¿Serían entonces los rusos los que promueven noticias falsas sobre AstraZeneca? «¿Por qué intentan vender su vacuna al resto del mundo y, sin embargo, no progresan como deberían en la vacunación de su propia gente?» Esta pregunta la hizo públicamente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. No obstante, la UE no se ha planteado adquirir esta vacuna porque todavía no ha sido aprobada por la Agencia Europea del Medicamento.

Pero también en este caso siguen sin ser claros, ya que, desde que Alemania ha decidido tratar de llegar a un acuerdo bilateral para la adquisición de la vacuna rusa, Bruselas se lava las manos y pasa la potestad a los países, para que sus regiones negocien la compra de Sputnik V. Unas negociaciones que ya habrían sido iniciadas, por ejemplo, en el caso de Madrid, que mantiene una guerra abierta en todos los ámbitos contra el Gobierno central.

Rusia quiere que el Kremlin sea un actor principal en esta crisis, y para luchar contra el Covid apuesta por su vacuna Sputnik V, no solo dentro de sus fronteras, sino en el resto del mundo, mientras cierra las puertas a Pfizer, Moderna, Janssen o AstraZeneca.

Pero la incertidumbre no acaba aquí. Esta misma mañana a primera hora, se daba la noticia de que Estados Unidos paralizaba la vacuna de Janssen de una sola dosis, porque algunos de los inoculados han desarrollado trombos. Seis casos de entre siete millones de vacunados, es decir, el mismo porcentaje de riesgo que con la de AstraZeneca. Un porcentaje que no justifica, como ya han explicado numerosos expertos, su paralización.

De esta forma y con tantos cambios, es normal que la ciudadanía sienta miedo e inseguridad y más, cuando la mayoría de las modificaciones son por motivos políticos más que sanitarios.

Hoy en día la población está muy asesorada. Los medios de comunicación ofrecen a diario cantidades ingentes de información y, aunque nadie duda de que en general es positivo, tengo la sensación de que, en el caso de la pandemia es todo lo contrario. Exigimos total transparencia, es cierto, pero la desmesura a la hora de recibir todos los días datos técnicos que se escapan a nuestra comprensión y, ante todo, cuando no podemos influir sobre estos, lo único que se consigue con ello es justamente lo que está sucediendo. Crea confusión y perplejidad. Miles de ciudadanos han dejado de ir a sus citas para la inoculación de la vacuna por el miedo suscitado. Un temor injustificado, pues cualquier fármaco tiene más efectos adversos y en un porcentaje mayor del que se está diciendo de AstraZeneca o Janssen.

Nos ocultan las cosas más importantes, nos dicen que hay un comité de expertos que no existe y, sin embargo, nos brean con información que solo este estaría preparado para valorar.

Nadie está obligado a vacunarse, pero si los políticos no dejan de confundirnos, lo que se producirá será una anarquía sanitaria. Y en una pandemia global debemos de seguir los consejos de los epidemiólogos, virólogos, etc., que son los únicos que nos pueden sacar de esta, siempre y cuando exista una mínima coordinación.

13/04/2021
CRISPACIÓN EN AUMENTO
Llevábamos treinta y cinco años de relativa normalidad. España todavía mantenía el espíritu de la transición y peleaba unida ante el único problema que distorsionaba la vida diaria, el terrorismo. Una amenaza que, gracias a la firmeza y paciencia de todos los españoles y a la unión de los partidos políticos, se consiguió vencer. Pero, por desgracia, esa tranquilidad está en decremento desde hace unos años. Una normalidad y convivencia democrática que comenzó a romperse por los constantes disturbios en Cataluña debido al movimiento independentista. Una tensión adormecida y aplacada, exclusivamente de forma temporal, por la aparición de la pandemia.
Sin embargo, hace dos días, volvimos a ver imágenes desagradables ante los ojos de cualquiera que se considere demócrata.
Somos conscientes de que el líder del partido de Vox, Abascal, no escoge el lugar de sus mítines al azar. No ha ido a Vallecas por casualidad. Está bien claro que crear polémica para incrementar su presencia en las noticias está detrás de ello. Pero, independientemente de que sea ese el objetivo de su estrategia de marketing no justifica, en absoluto, los disturbios y el lanzamiento de todo tipo de objetos a los que quieren hacer el mitin de campaña.
Botellas y piedras volaban por encima de las cabezas de los partidarios de Vox y de la policía. Adoquines que podían terminar con la vida de cualquiera de los que allí estaba, si el golpe hubiera sido certero. De nuevo una vergonzosa estampa en un país con una democracia consolidada. De nuevo una proyección ante el mundo que va de mal en peor. Y si la mayoría de los partidos han condenado los graves altercados sin tapujos, Pablo Iglesias vuelve a desmarcarse, justificando las acciones de los violentos con un discurso impropio de una persona con un mínimo de sentido común. Aprovecha la oportunidad para seguir creando odio y desprecio a todo aquel que no piensa como él. No sé que le habrá podido ocurrir en sus tiempos jóvenes para que, de su interior, salga tanta hostilidad. De Pablo Echenique prefiero ahorrar tiempo en expresar lo que pienso.
Vox tiene 52 escaños (3.656.979 votos) en el parlamento y Unidas Podemos 35 (3.119.364). Lo que significa que Vox supera en más de medio millón de votantes al partido morado. ¿Por qué digo esto? Porque al parecer los votantes del partido de Abascal no tienen los mismos derechos que los de Pablo Iglesias. Una campaña realizada por parte de los morados desde el principio, calificándolos a todas horas y en todos los medios de comunicación de fascistas. No me mueve ningún interés partidista, pero sí la objetividad. Y tan valiosos son unos votos como otros. Todos tienes los mismos derechos, y lo que cada uno opina y piensa así ha sido reflejado en las urnas. Pero ese ataque constante con una denominación errónea no deja de estar consiguiendo que los extremos, siempre perjudiciales para una sociedad, se estén alejando cada vez más.
Que hay extremistas con ganas de bronca en la derecha, cierto, pero son la minoría como así pasa en la izquierda. Tanto a unos como a otros no se les puede describir por el comportamiento minoritario de aquellos que solo buscan la bronca y las piedras como medio de expresión, en lugar de la palabra. De lo que no hay duda, es que el extremismo de Unidas Podemos, incita el auge del extremismo de la derecha y viceversa. Ambos se retroalimentan y han conseguido que la política española sea la más polarizada de Europa.
La aparición del partido de UP, fue la conclusión de un viaje que comenzaba en la Puerta de Sol de Madrid en las manifestaciones del 15M y que se extendió a otras plazas españolas, e incluso europeas. Podemos, era la esperanza de ciudadanos que provenían de todos los partidos existentes hasta entonces. Gente de diferentes edades y con intereses muy diversos. Era la lucha contra la corrupción, la muestra de una indignación general hacia la política en un contexto de inquietud social por la situación económica del momento. Un movimiento de los «indignados» que fue aprovechado por unos cuantos para irrumpir en el sistema político nacional y no siempre con las mismas metas y objetivos. Algo que se ha demostrado con el paso del tiempo.
Su dirigente Pablo Iglesias, conocido por su agresividad verbal y por su apariencia de progre revolucionario, imagen que siempre ha querido mantener como rebelión ante lo aparentemente normalizado y que le sostenía en una constante lucha ante lo que él consideró como «la casta», introdujo en la política nacional su carácter belicoso y armígero, admirado por unos y criticado por otros. Un papel continuo de poli malo ante todo y ante todos, que solo modificó cuando llegó a la vicepresidencia del Gobierno. Una vez conseguida esa responsabilidad, su tono de voz cambió repentinamente a melifluo. Pero no ha podido aguantar, y necesita volver a la provocación y hostilidad verbal que le corre por las venas, para pelear contra Ayuso por la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Pero, más tarde o temprano todo pasa factura. Una factura que, en este caso, la está pagando España con un estado de crispación cada vez mayor, en unos momentos donde lo que necesitamos es de todo lo contrario. Requerimos de sosiego político. De paz social con el único objetivo de luchar lo más unidos que podamos contra una pandemia que no entiende de ideologías.
Bastantes problemas tenemos en la actualidad, como para que algunos solo se dediquen a crear conflictividad allí por donde pasan. El ejemplo que están dando a nuestros jóvenes, es peor que el que ellos criticaban antes de llegar al poder. Solo espero que la cicatriz producida no sea demasiado profunda, porque mientras unos se dedican a renacer odios olvidados, otros se dejan la vida intentando salvar la de los demás, a trabajar duro para levantar un negocio, a poner imaginación para evitar su cierre o simplemente a poder llorar tranquilos la pérdida de sus seres queridos.
A ver si aquellos que lanzan los adoquines aprenden a usarlos para reconstruir el muro de la unión y de la esperanza.
10/04/2021
LAS PRISAS, MALAS CONSEJERAS y EL CAOS DE LAS VACUNAS
Todos sabemos que las prisas son malas consejeras, aunque en el caso de las farmacéuticas queríamos la mayor brevedad porque el mundo corría peligro. Los científicos han sido más efectivos que nunca y han lanzado vacunas en tiempo récord. Una efectividad y productividad que en años pasados habrían sido inimaginables. Pero hay que ser sinceros, y aunque nadie duda de que el interés principal de estas empresas es el de salvar vidas, también sabemos que les mueve la parte lucrativa. Y, en este caso, las prisas conllevan ciertos riesgos.
Hace poco 15 millones de la vacuna de Janssen hubo que destruirlos porque se descubrió una contaminación cruzada con la de AstraZeneca. Muchos se preguntarán el por qué se pueden mezclar ambos componentes, y es que partimos de la base, de que ambas vacunas se fabrican en la planta de la biotecnológica Emergent Biosolutions de Baltimore. Hace unos días, comunicaron que 62 millones de dosis de Janssen podrían estar contaminadas, según una publicación del The New York Times (publicado en 20 minutos digital, 07.04.2021). Pero lo más peligroso es que, una fábrica con capacidad para lanzar 150 millones de dosis hasta el momento, ni una sola dosis ha pasado los controles de calidad.
Según el mismo The New York Times, dicha fábrica se enfrenta a graves problemas por sus más que dudosas prácticas. Las cuales incluye el saltarse los pasos necesarios. Además, en cuanto a la contaminación, no es la primera vez que ocurre, porque ya el año pasado hubo que descartar cinco lotes de AstraZeneca de entre tres y cinco millones cada uno. La empresa, como es lógico, niega que sus controles de calidad no sean los correctos.
En cualquier caso, esto debería de poner en guardia a los responsables sanitarios que aconsejan a los responsables políticos, por ejemplo, a Ximo Puig de la Comunidad Valenciana, que es el que está negociando un pedido de dos millones de la vacuna de Janssen. Aunque ya se sabe… «para gustos, los colores», porque cada presidente va un poco por libre, cuando se supone que la compra debe de ser centralizada. Es el Gobierno, el que tiene la potestad de la compra, con el objeto de que no haya agravios comparativos y se distribuyan de la forma más equitativa posible, bajo los parámetros que dicte el Ministerio de Sanidad. El problema es que es el propio Gobierno quien tendría que estar sondeando otras opciones para ponerlas en marcha lo antes posible, viendo el comportamiento nefasto de la CEE. Ya hay Estados alemanes que están comprando vacunas rusas, me imagino que por el mismo motivo.
No puede pasar lo mismo que con las mascarillas, que al final se convirtió en un verdadero mercadeo, donde cada uno actuaba por su cuenta y riesgo. Un riesgo, por cierto, menor del de inyectarse con una vacuna que, si está en malas condiciones, te puede llevar al otro barrio antes de tiempo.
Queramos o no, dependemos de Europa para lo bueno y lo malo. Y, aunque soy de los que opinan que son muchas más las ventajas que aporta pertenecer a la Comunidad Económica Europea, en este caso, también hay que reconocer que han patinado, y bastante.
Concluyendo: aunque no tengo ninguna duda en vacunarme, reconozco que AstraZeneca y Janssen, por el momento, no son de mi entera confianza.
08/04/2021

LHARDY

El restaurante Lhardy de Madrid, testigo de importantes acontecimientos, vestigio de años pasados gloriosos o espía de la historia desde 1839, está en preconcurso de acreedores. Es mucho más que un restaurante; es cultura viva; es en parte museo; es reflejo de escenas teatrales de índole social.

En sus salones, mientras se degustaba un buen caldo o se disfrutaba de interesados festines, se han planificado destituciones de reyes, repúblicas o políticos. Se han planificado pasos breves en el tiempo y cambios para la vida de «los gatos» y de los españoles en general. En Lhardy no solo se han condimentado buenos platos de exquisito sabor, también se han cocinado estrategias. Sobre sus mesas se han escrito poesías y las paredes decoradas por Rafael Guerrero o la fachada construida con exquisito gusto con madera de Cuba, conquistaron a los personajes más importantes desde mediados del XIX. Isabel II, posteriormente Alfonso XII, su hijo Alfonso XIII, Pérez Galdós, Azorín, presidentes de Gobierno…, todos se hicieron un hueco en sus agitadas vidas, para poder disfrutar de la decoración de sus salones. El salón Isabelino, salón Blanco o salón Japonés, han conservado los revestimientos de los papeles pintados de la época hasta el día de hoy. Este restaurante del número 8 de la Carrera de San Jerónimo, no debería cerrar después de 182 años.

En el Lhardy se reunía el general Primo de Rivera con personalidades de la dictadura, pero también se planificó y decidió en su salón Japonés el nombramiento de Alcalá Zamora como presidente de la República.

El Lhardy no puede cerrar. Ningún restaurante debería de cerrar por la pandemia. El virus no puede llevarse parte del alma de la restauración madrileña y española. Los responsables públicos no deberían consentir que la fachada del Lhardy, termine siendo la de una tienda de ropa a bajo coste. En lugar del tirar el dinero en elecciones no previstas, lo podían invertir en salvar, no solo los negocios y lo que conlleva con ello (puestos de trabajo), sino un trocito de la historia.

¿UN NUEVO FALLO DE SIMÓN?

Hacía tiempo que no salía Fernando Simón a la palestra, para darnos alguna previsión.
La mayoría de los expertos y los ciudadanos ya nos hemos percatado de que estamos iniciando la cuarta ola. Llevamos demasiado tiempo con este virus y, además de estar acostumbrados a los términos y vocabulario técnico, podemos saber, con bastantes posibilidades de acierto, lo que sucederá las próximas semanas. Ante todo, porque depende de nuestro comportamiento. Y este, en algunos lugares, sigue siendo vergonzoso, por lo que predestinar que ya estamos inmersos en la cuarta ola, no es una opinión inteligente, sino lógica.
Sin embargo, Fernando Simón nos vuelve a sorprender con otra de sus predicciones y, a pesar de los numerosos errores de pronóstico que ha tenido desde el comienzo de esta pandemia, vuelve a vaticinar lo que podría ser otra premonición fallida.
¿Es que no aprende? Ya estamos como al principio. Cuando Italia estaba con cientos de casos y teníamos que estar tranquilos porque a España no iba a llegar. Y en caso de que así fuese, estábamos totalmente preparados para cualquier eventualidad. La cagada, con perdón, fue monumental como se ha podido desgraciadamente demostrar.
Como ya se ha comentado en varias ocasiones, nadie duda de que su curriculum es extenso y de que es un gran epidemiólogo, pero como comunicador y futurólogo…, «no tiene precio».
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) Fernando Simón ha afirmado, y cito textualmente, lo siguiente: “mantener el valle durante unas semanas más, con el nivel de vacunación que estamos teniendo podríamos tener una onda epidémica más suave que en otros momentos, podría ser que la cuarta ola se convierta en una ‘olita’”. Y lo dice, independientemente de lo que está sucediendo en gran parte de los países europeos. Nuestros vecinos galos y los trasalpinos, germanos, etc., están con fuertes restricciones y confinamientos, porque el número de contagios no deja de ascender, aunque, en cualquier caso, tienen la vía de escape de venir a nuestro país.
Pero esas no son razones suficientes para influir dentro de nuestras fronteras, según Simón. El epidemiólogo insiste en que el coronavirus está un «punto de inflexión», y que, si mantenemos el nivel de vacunación actual, lo que tendremos será «una ola epidémica mucho más suave». Pero después de decir estas palabras, advierte que España comienza a estar en una situación preocupante, porque en menos de dos semanas hemos pasado a tener 149 casos por cada 100.000 habitantes, es decir, rozando el riesgo alto. ¿En qué quedamos, nos tenemos que preocupar o no? Además, ¿con el ritmo de vacunación actual, es decir, con el 10,5% de vacunados con las dos dosis a fecha de hoy, se puede ser optimista?
Cuando le han preguntado que, si de verdad estamos en una cuarta ola, comenta: «para poderlo confirmar hay que barajar muchos parámetros».
Llevamos oyendo lo de «las olas» más de un año, y sinceramente ¿qué mas dará si de le llama ola, tsunami o lo que sea? Lo verdaderamente importante es que cuando los números mejoran un poco, nuestras ganas de salir, de respirar aire fresco, de escaparnos de nuestras cuatro paredes, por culpa de un lógico cansancio, nos hacen de nuevo retroceder lo que habíamos avanzado. Si eso lo mezclamos con numerosos comportamientos irresponsables, como los cientos de jóvenes sin mascarilla y sin distancia, una multitud congregada con motivo de la final de la Copa de Rey…, así será imposible.
No es mi deseo, ni mucho menos, ser agorero, pero todavía está por ver lo que habrá producido esta Semana Santa. Lo casos volverán a subir por la actitud errónea de muchos.
Hay datos muy esperanzadores, como es la importante disminución, gracias a la vacunación, de los contagios de mayores en residencias. Aun así, señor Simón, creo que volverá a equivocarse si confía en que lo que nos viene es una «olita». Y ojalá me equivocase. Tendría que exponerse menos, porque para engañar ya están los políticos.

04/04/2021

EL SER HUMANO ES DIFÍCIL DE ENTENDER

No deja de sorprenderme las actuaciones que estamos teniendo desde hace ya más de un año. El ser humano es difícil de entender en muchas ocasiones y lo está demostrando en esta pandemia, ante la cual actuamos de forma diferente dependiendo de nuestra educación, experiencias, carácter, entorno…Por eso es tan complicado que cumplamos con la misma actitud, ante el mismo peligro. Aunque sí nos une una cosa y esa es la prioritaria intención de salvar la vida. Otra cosa muy distinta es lo que estemos dispuestos o, mejor dicho, hasta dónde seríamos capaces de llegar para conseguirlo. Algunos ya han demostrado que venden demasiado barata su dignidad, como han hecho todos aquellos que se han saltado el turno de vacunación trapicheando de la forma más vulgar posible. Personas, por ejemplo, con las que no se podría viajar en barco, pues en caso de naufragio lo de «las mujeres y niños primero», no iría con ellos. Es posible que ninguno sepamos como actuaríamos si nos dejásemos llevar por el pánico, aunque eso suelen ser actos de supervivencia donde te pones a prueba en un breve período de tiempo sin mucho poder de raciocinio.
Pero esta pandemia es algo bien distinto. Sabemos quién es nuestro enemigo, conocemos su poder letal, tenemos tiempo de sobra para pensar cómo actuar y, sin embargo, muchos se comportan con total frialdad aún sabiendo que pueden matar con su comportamiento. Pensamos que puede más nuestra libertad, que la duda razonable de si contagiamos o no, pero se han dado numerosos casos de irresponsables que sabiendo que eran positivos, han salido de fiesta con amigos y familiares, y lo que es peor, sin comunicarlo. ¿Qué los lleva a comportarse de ese modo? ¿Por qué tenemos que perder a algún familiar o verlo en la UCI para darnos cuenta de la realidad? Algunos ni así han sido capaces de cambiar su actitud.
Cuando sucede una desgracia es cuando solemos dar importancia a las cosas más sencillas y es escuchamos la frase de: «no nos damos cuenta del valor de las cosas que de veras merecen la pena, hasta que no perdemos a alguien o sucede algo de gravedad». Pero, a pesar de eso, caemos una y mil veces en los mismos errores, se nos olvida enseguida, discutimos por las mismas idioteces y actuamos de la misma forma.
Esta pandemia es especial, y es tanta la desgracia que lleva consigo, que puede que muchos se cobijen en la evasión como forma de supervivencia y salud mental. A lo mejor, lo que de verdad sucede es que no quieren enfrentarse al problema.
¿Puede que sea esa la razón de que la gente esté predispuesta a ignorar el riesgo del coronavirus? Según el profesor de psicología emérita de la Commonwealth en la Universidad de Virginia, Dennis Proffitt, todo se reduce a prejuicios personales y dice: «Ante la incertidumbre, estamos dispuestos a percibir el mundo como nos gustaría que fuera». Sin duda, puede parecer una respuesta algo simple, para un tema que a priori, parece ser mucho más complejo. Tanto es así, que los psicólogos de todo el mundo no solo tienen más trabajo que nunca, sino que están intentando buscar las explicaciones lógicas de la actitud de algunos mandatarios. Ya hemos visto la gran diferencia en cuanto a las decisiones tomadas de algunos países. Bolsonaro de Brasil sigue ciego a la realidad, López Obrador de Méjico lo deja en manos de estampitas religiosas y el ya ausente de la Casa Blanca, Donald Trump, lo solucionaba con una dosis de lejía. No obstante, no creo que estos sean los mejores ejemplos, ya que los tres tendrían que ser estudiados como casos aparte de trastornos psicológicos de difícil comprensión. Y aunque cada vez que leemos algo sobre ellos, cada vez que escuchamos como siguen comportándose ante esta crisis, nos parezca cómico, no lo es en absoluto, ya que por su ignorancia mueren miles de personas. «Estamos sometidos a un experimento como cobayas humanas», dice la periodista y escritora brasileña Eliane Brum en un artículo cuyo título refleja perfectamente la realidad y el ridículo del mandatario de su país: «Bolsonaro transforma Brasil en el paria del mundo» No hay mucho más que decir.
Pero sigamos con los prejuicios…
Anthony Fauci, experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos y componente de un grupo de trabajo sobre el coronavirus de la Casa Blanca, se preguntaba por qué los estados dudaban tanto en ordenar los confinamientos, si ya tenían desde hacía dos meses la información de los graves síntomas de la enfermedad y sabían de su alto poder de propagación. Y también se hacía otra pregunta que nos hemos hecho todos a lo largo de este año, ¿por qué las personas no se ponen de acuerdo sobre qué hacer durante la pandemia? Pues, no será por la falta de hechos demostrados. Todo se debe a prejuicios personales y a la búsqueda, percepción y razonamiento sobre las causas que puedan explicarlo. Somos tan complejos de entender, que ni para salvar nuestras vidas nos ponemos de acuerdo. Estamos predispuestos a ver lo que queremos ver, y con la pandemia, debido a la gran incertidumbre, han salido a relucir, más que nunca, nuestros prejuicios.
Pero, si ya es complicado que los mandatarios se pongan de acuerdo a nivel global y posteriormente a nivel continental, podemos reducir el espectro porque también lo es a nivel nacional.
En España siguen, a pesar del tiempo transcurrido, sin ponerse de acuerdo y a los ciudadanos al principio les producía cabreo, más tarde, desánimo y ahora decepción. Es como haber dado la batalla de la lógica por perdida. Tenemos claro que solo nosotros seremos los que, con nuestra actitud, saldremos de esta. Porque, aunque la pandemia nos quiera matar el alma, aunque quiera destruir nuestras ilusiones, aunque nos quiera apagar nuestra creatividad, no nos daremos por vencidos.
En cualquier caso, los políticos son el reflejo de la sociedad. Han sido educados en las mismas escuelas, con métodos si no iguales, similares. Han disfrutado de las mismas libertades y han vivido bajo una de las mejores democracias del mundo. Por eso, algo habremos hecho mal los de mi generación, para que ahora, todos esos que criticamos con pasión, y me pongo en primer lugar, solo sean capaces de ver aquello que los enfrenta y no busquen lo que les une. Algo habremos hecho mal, para que haya brotado un odio exacerbado hacia el que opina diferente. Algo habremos hecho mal, para que demuestren una gran incapacidad para el entendimiento.
Nuestros padres y, ante todo abuelos, sí tuvieron razones para la enemistad entre bandos y, sin embargo, olvidaron todas las rencillas, perdonaron a sus propios corazones y se unieron en el consenso para que nosotros tuviéramos una vida mejor. Algo hemos hecho mal, porque todo su esfuerzo lo estamos tirando por la borda. Ahora, más que nunca, necesitamos eliminar los prejuicios que nos impiden avanzar. Y para eliminar nuestros prejuicios deberíamos de partir de cero. Borrar de nuestro cerebro todos esos muros de incomprensión que hemos ido levantando a lo largo del tiempo, y derrumbarlos con el objetivo de estar dispuestos a dejar pasar cualquier idea, por inverosímil que nos pueda parecer al principio.
Es probable que, a veces, los problemas más complejos se puedan solucionar mediante algo aparentemente sencillo. Y en cuanto a intentar llegar a entendernos entre unos y otros, esa falta de consenso que parecer ser la causa de todos los males en este momento, solo con saber escuchar ya se habría dado un paso de gigante. Un aprendizaje y una costumbre que no es fácil de llevar a la práctica. Saber escuchar supone estar dispuesto a recibir información. La información que me dará la facultad de seguir aprendiendo o de incrementar mi capacidad para tomar la decisión más acertada. Pero la mayoría solo oye, pero no escucha. Los cambios más grandes de la humanidad o los inventos que nos han cambiado la vida se lograron por personas que opinaban diferente y que de alguna forma supieron escuchar, para luego ser escuchados.
Esa disponibilidad para escuchar que, como decía, es algo que parece sencillo, es lo que tanto estamos reclamando a los políticos y que no lo han llevado, ni mucho menos a la práctica. Los debates, sean en un bar, en mitad de un parque o en el hemiciclo, siempre han sido positivos. Porque debatir enriquece el intercambio de ideas. Pero ese debate será constructivo si se sabe escuchar. Porque muchos solo llevan preparados su ristra de insultos y argumentos arrabaleros y de bajo postín, para, en el momento oportuno, soltarlos en la tribuna con el único fin de sentirse agasajado por las lisonjas de sus cofrades de partido. No habrán escuchado nada, porque ninguno de ellos tiene esa intención. Pero sí aprenderán algo. Seguro que sus mentes consiguen guardar en su memoria algún agravio o baldón que nunca habían escuchado. Todos entran al graderío para oír y ver quien es el que suelta el mayor agravio, la mayor ofensa. Quien será el que pronuncie el dicterio que se hará un hueco viral en las noticias del día. Porque están ahí principalmente para hacer espectáculo. Y sí, a veces se escuchan, pero solo así mismos.
Pero señores…, ya ha pasado un año, ya han hecho escarnio suficiente y han agraviado bastante al adversario. La Cámara Baja se ha convertido en el ejemplo perfecto de lo que no deben de hacer nuestros jóvenes en el futuro.
Aunque no quiero que piensen que todo es negativo y que un servidor se sirve exclusivamente de la crítica, ya que, como autodidacta, soy el primero que todavía tengo mucho que aprender. Y claro que tenemos políticos de gran nivel, muy inteligentes y de léxico fluido. Grandes oradores y hombres de estado. Pero, por desgracia, estos pasan más desapercibidos. Porque esta semana no pasará a la historia por los hechos o acuerdos de Margarita Robles o Angela Merkel, por ejemplo, sino por la destreza y habilidad camaleónica del señor Toni Cantó. Su capacidad a la hora de saltar a tiempo de un barco que se hunde y agarrarse al salvavidas más cercano, debería de ser estudiado en las universidades. Y en el diccionario debería poner: sinónimo de tránsfuga = desertor, prófugo. Ej. Toni Cantó.
27/03/2021
UN CAMBIO DE VIDA RADICAL

Conocer que nos deparará el futuro sería el deseo de la mayoría. Y aunque eso nadie lo sabe, lo que es bastante obvio es que esta crisis va a suponer un cambio social radical. La pandemia ha supuesto un cambio de vida y en nuestra forma de pensar. Tenemos nuevas pretensiones y la gente ya no hace planes a largo plazo. Está en incremento la compra de viviendas unifamiliares con algo de terreno por la experiencia vivida durante el confinamiento. También nos proponemos vivir más al día, disfrutar de esas pequeñas cosas a las que antes no les dábamos importancia; gestos como un simple abrazo y que tanto hemos echado de menos practicar. Pero ¿se trata simplemente de modificar nuestras costumbres, o por el contrario es algo más profundo, algo como renacer de nuestras cenizas?

Ya no somos los mismos. Hemos ganado en solidaridad, pero hemos perdido sociabilidad. Ya no nos relacionamos del mismo modo. Si desde hace años, desde que entró la tecnología en nuestras vidas perdimos el arte de alternar, de codearnos unos con otros pues pasamos horas enteras delante de un ordenador, una tableta o un móvil, la pandemia lo ha agravado más aún, porque hemos estado encerrados. Hemos cogido miedo física y psicológicamente. Hemos vaciado del todo un espacio social que durante años se ha ido deteriorando poco a poco.

Eso en cuanto a decisiones donde todavía tenemos algo de influencia. Porque somos nosotros los que decidimos estar delante de un teclado o dejarlo apartado para tomar una cerveza con los amigos. Pero estamos entrando en un mundo peligroso donde ya no somo dueños de nuestras decisiones. La pandemia ha traído otra serie de consecuencias a nuestras vidas. A los gobiernos se les ha concedido un poder excepcional para poder luchar contra el Covid, y eso ha supuesto coartar libertades de movimiento, geolocalización, acceder a información personal, pasaporte sanitario, etc., normas que dan la sensación de que han venido para quedarse, de que van a ser perdurables en el tiempo.

La incertidumbre que producen todos los acontecimientos que pueden poner en peligro nuestra integridad, como el atentado del 11S de las Torres Gemelas, o pandemias como la actual, donde se demuestra nuestra vulnerabilidad y nos sitúa en una posición de indefensión, nos obliga a ceder parte de autogestión a las autoridades porque somos parte de un conjunto y es la seguridad de este la que prima. En parte es algo parecido a lo que sucede con las farmacéuticas, de ahí su gran poder. Porque son las dueñas de la salud de las personas y, ante eso, nuestra debilidad es máxima. Es similar a la sensación que tenemos cuando entramos en un hospital porque tenemos que ser intervenidos o tratados de alguna enfermedad. Nos convertimos en personas sumisas porque en esos momentos somos esclavos de nuestra ignorancia y eliminamos de nuestro comportamiento toda discrepancia o desarmonía en pos de volver a sentirnos seguros.

No hay duda de que volverán otras pandemias y de que la única forma de lograr seguridad será a cambio de intimidad. Cada vez estamos más vendidos, como se suele decir. Nuestros datos, nuestros gustos o nuestras costumbres, están en manos de cientos de empresas y lo vemos todos los días en los teléfonos móviles. Recibimos constantemente información de cualquier cosa de la que solicitemos información.

En esta nueva sociedad y sin apenas darnos cuenta, hemos perdido el control de nuestra intimidad. Ya no solo es que nos controlen las grandes empresas o que seamos fieles y obedientes ciudadanos por el bien de la mayoría, sino que se han servido de la vanidad del ser humano para que este publicite toda su vida y la comparta con el mundo entero. No podemos elegir un mínimo aislamiento, que es imprescindible como salud mental, porque si no tienes ordenador o un móvil, se te expulsa de una sociedad excesivamente dependiente y controlable.

Como decía anteriormente, el ciudadano busca, ante todo, seguridad, y son la ciencia y la medicina las que se la proporcionan. Si no estamos unidos al mundo, si no disponemos de unos mínimos cuidados sanitarios, nos sentimos perdidos y frágiles.

Por eso la pandemia ha terminado por rematar un cambio social que ya habíamos iniciado. La falta de relación con la comunidad, la soledad mental, el aislamiento no siempre impuesto, «la ruptura de nuestros rituales básicos», la desconfianza, etc., todo ello llevado por el miedo a ser contagiado, pero sobre todo a morir, nos ha inmerso en un mundo vulnerable. Hemos pasado de vivir en un estado aparentemente predecible a una incertidumbre persistente. De vivir con riesgo controlable a una inseguridad con acontecimientos totalmente intempestivos. Este enemigo invisible e indetectable que nos obliga a estar en una constante alerta y que nos debilita física y psicológicamente, nos convierte en blancos fáciles de dominar, porque para mantener nuestra integridad, para salvar la vida, haremos lo que sea necesario.

22/03/2021
UN LIO DEL CARAJO Y UN TIEMPO QUE NO TENEMOS
Lo sucedido en los últimos días es, además de un lio del carajo, una verdadera vergüenza, un vilipendio a la sociedad que, lo único que consigue, es el despego cada vez mayor de los ciudadanos con la política. Nuestros representantes públicos ya lo saben y de todas formas parece que les da exactamente igual, pues han tenido un año entero para mostrar un cambio de rumbo en su actitud, y no han hecho absolutamente nada. Las peleas de gallos de los miércoles ya se han convertido en una costumbre, y son los propios ciudadanos, los que ya miran hacia otro lado por puro aburrimiento e incluso por supervivencia mental. El agotamiento es general y ellos lo agravan más aún con estos absurdos e inútiles tejemanejes que lo único que consiguen es que se pierda un tiempo muy valioso. Un tiempo que a muchos se les escapa de entre los dedos. Un tiempo que algunos quisieran congelar hasta recibir sus dosis. Porque cada día perdido, cada día que no se vacuna, hay alguien que se contagia y quien sabe si morirá por ese solo día. Algún anciano enfermará, porque un tipo, por no llamarle de otro modo, sin escrúpulos, decidió saltarse su turno por irresponsabilidad, por miedo o por cobardía. Por esa razón, cuando veo la cantidad de tiempo perdido desde el comienzo de la pandemia y el número de víctimas asciende a más de 92.000, me doy cuenta de que no hay excusa ninguna por más que intente buscarla.
Se han perdido vidas que se habrían podido salvar, y punto. Hay que decirlo alto y bien claro porque quiero que quede constancia. Que cuando lean esto en el futuro, simplemente sepan la verdad. Que no se actuó con diligencia porque siempre había algo que lo impedía, la política. Porque muchos seres queridos se nos habrán ido por la ineptitud, falta de sensibilidad, egoísmo y poca honestidad de los que toman las decisiones.
El TSJM ha desestimado las medias cautelares y se mantiene la convocatoria de elecciones. De nuevo un tremendo gasto y un tiempo valiosísimo para invertir en unas elecciones evitables o no, justo en el peor momento, en plena pandemia. Pero si se ha votado en Cataluña, ¿por qué no en Madrid? Los políticos van a la suya y sus relojes son distintos a los del resto de los mortales. Al parecer ellos disfrutan de días de veinticinco horas.
Pero ya habrá tiempo para juzgar, porque ahora, como he dicho antes, no lo tenemos. El día de mañana será el propio destino el que haga balance de lo sucedido. Será el futuro quien diagnostique, y el que quiera cerrar o no esta cruda y difícil cicatriz de nuestra historia reciente. Y aquellos que no hayan actuado como es debido serán juzgados por la memoria de muchos.

15/03/2021

8M
Hoy quiero felicitar a todas las mujeres. A todas aquellas que pelean diariamente por sus derechos desde cualquier posición. Aunque he vivido en un mundo donde siempre he conocido la igualdad, donde el trabajo y sus condiciones laborales no discernían entre hombre y mujer, entiendo que habrá otras muchas mujeres que no podrán decir lo mismo porque son, maltratadas, explotadas o vilipendiadas. Que todavía tienen mucho por lo que pelear. Pero todas las posiciones extremas son perjudiciales y ese es el camino por el que han optado algunas feministas que, sin darse cuenta, perjudican al resto. Porque defender el derecho de la mujer no es masacrar al hombre. Porque el feminismo no es partidista como algunos quieren hacer ver. La lucha por la igualdad va más allá de ideologías o así debería de ser. Porque el feminismo no es mostrar pancartas chabacanas u ordinarias «Que te la chupe Siri», «Si quieres la cena me comes el coño» o enseñar los pechos. Porque como dijo una neuróloga, perseguida política y premio Nobel de Medicina, Rita Levi Montalcini «Las mujeres que han cambiado el mundo no han necesitado nunca mostrar otra cosa que su inteligencia» Todavía queda mucho por lograr, pero este año, en cualquier caso, es un año especial y la mejor manera de reivindicar debería de empezar por defender la vida y trabajo de sus compañeras celadoras, limpiadoras, cajeras o médicas. Las enfermeras han pedido por favor, que se manifiesten desde sus balcones o de cualquier forma menos multitudinariamente, porque ellas van a celebrar el día de la mujer cubiertas con el EPI salvando vidas. No caer en una obcecación y celebrar este día de la mujer con la intención primordial de que todas puedan volver a manifestarse el año próximo.
Feliz día de la mujer.
08/03/2021
EL TIEMPO VALORARÁ
Llevo unos días sin publicar en las redes por culpa de una enfermedad que en ocasiones castiga más de lo necesario y te complica en exceso el poder de concentración, pero también por salud mental. Escapar de vez en cuando de la negatividad constante, no solo es bueno, sino imprescindible. Y eso que en esta última semana todos los datos parecían llevar a un mejor horizonte. Todo eran buenos augurios hasta que escuché la cifra de fallecidos de ayer (637). Un número demoledor que nos demuestra el poder de destrucción letal que posee este virus. Una cifra que al escucharla hizo que el corazón comenzase a bombear un poco más rápido. Un bofetón en toda regla al ánimo y coraje que necesitamos todos los días para seguir adelante.
Todo parece indicar que la cepa británica ya supone la mayoría de los contagios (87% en Galicia, 70% en Navarra, etc.) y nos recuerda, una vez más, que este virus es capaz de adaptarse o modificar su estructura tantas veces como sea necesario. Ya son 10 las variantes encontradas, y las últimas en sumarse a esta catastrófica lista son la de Nueva York, Uganda y Portugal. Pero la que viene pisando fuerte y quiere amargarnos más la existencia es la californiana, que tiene tres características principales: es más transmisible, puede provocar casos graves, y lo peor, es que escapa a los anticuerpos. Y, en cuanto a la sudafricana, ya sabíamos que provoca que algunas vacunas pierdan efectividad, pero según el Ministerio de Sanidad la presencia en España es baja por el momento. Solo 54 casos confirmados. Esto no dejan de ser datos que nos llevan a la misma conclusión, la imperiosa necesidad de incrementar en todo lo posible la velocidad de vacunación.
Vacunar, vacunar y vacunar. Solo así podemos salir de esta pesadilla.
En cualquier caso, para aquellos que no quieran escuchar noticias sobre la pandemia siempre estará todo lo relacionado con el rey emérito. Que al parecer es el único caso de corrupción en España. Si ha hecho algo mal, que pague por ello. Pero la campaña claramente llevada de forma constante por un sector político para cargarse a la Corona está tapando innumerables casos, muchos más graves en cuanto a su cuantía. Es indudable que el caso del rey emérito llama más la atención por la ejemplaridad que se le presume y por la decepción causada a muchos españoles, que lo tenían como un verdadero ejemplo de trayectoria intachable y de una buena actuación en los momentos más complicados de nuestra historia reciente. Gracias a él, junto a Adolfo Suarez y los políticos de la Transición, podemos presumir de disfrutar de una de las mejores democracias del mundo. Una democracia que otros tanto desean denostar.
En cualquier caso, nadie puede negar un declive en su reinado que comenzó con la famosa foto del elefante muerto en Botsuana y que ha terminado con su salida del país el 3 de agosto de 2020. Un reinado que ha gozado en su mayor tiempo con la confianza de los ciudadanos (74%), pero que, tras los últimos acontecimientos, no solo ha ido perdiendo popularidad, llegando a tener un 42% de apoyo a su gestión, sino que está complicando en gran manera el reinado de su hijo. Y en esta vida, más tarde o temprano todos pagan sus errores.
No obstante, ¿dónde están ahora todos los empresarios que vieron crecer sus empresas y se llevaron grandes contratos gracias a la intervención de Juan Carlos I? Porque habrá hecho cosas mal, pero de lo que no hay duda, es del gran poder de comunicación y de la simpatía que gozaba a nivel mundial. Ha sido el mejor embajador de las empresas españolas. El proyecto del AVE de la Meca y Medina, el mayor contrato de un consorcio de empresas españolas en el extranjero, un acuerdo de una superestructura, valorado en 6.736 millones de euros. Empresas como Adif, Renfe, ACS, Copasa, Dimetronic, Imathia, Inabensa, Indra, OHL, Talgo, etc., reconocen que se ha conseguido gracias a las buenas relaciones entre Juan Carlos I y la familia real saudí. Ese es solo un ejemplo de los muchos contratos que se han conseguido gracias a sus facultades negociadoras.
Sin embargo, ¿y del caso del 3 per-cent de Cataluña (CDC 1.800 millones), del de Abogados Melilla (PP, 1.114.510), Aceinsa (PP, 300.000), Aceinsa II (700.000), Pokémon (PSOE/PP 1.882 millones) ACM (PSOE, 500.000), Acuamed (PP, 20 millones), ADIF/AVE la Sagrera (133 millones), Aller (PSOE 180.000), Aguas de Calpe (PP 1.073.316), Púnica (500 millones) y como no «Fondo de reptiles», el caso más copioso de la historia de España (854.838.243), etc. La lista sería interminable.
Cuando algún día todo se vea con el prisma del paso del tiempo y se haga un computo global de su reinado, quitando los motivos de faldas o acusaciones, en muchos casos más que dudosas, de la amante Corina o de Villarejo, deberíamos balancear objetivamente la misma. Y aunque ningún fraude es justificable y menos en él, deberíamos de valorar a todo servidor público de la misma manera. Porque muchos, no solo no han ayudado a ingresar absolutamente nada, sino que lo único que han hecho ha sido robar a espuertas, malgastar los fondos públicos y lo que es peor, crear un nivel de crispación donde antes había calma.
Porque se puede ser monárquico o republicano, pero república no es sinónimo de honradez o de buena gestión. Eso dependerá siempre de la honorabilidad y honestidad de quien nos represente, y por ahora, los que prometen con una mano acatar la Constitución y con la otra intentan destruirla, no pueden presumir de esas virtudes.
06/03/2021
OTRO AÑO SIN FALLAS
Finaliza un nuevo mes y la historia se repite. Sin darnos apenas cuenta nos estamos preguntando de nuevo como será la Semana Santa. Pero antes de esta importante fiesta nacional, que la mayoría espera con ansia para tomarse unos días de merecido descanso, están las Fallas. El acontecimiento festivo más importante para los valencianos, y que ya tenían asumido desde hace tiempo que no podrían disfrutar. El primer día de marzo debería de comenzar a tronar la mascletá poniendo de nuevo a prueba la resistencia de los cristales de la zona. Otro año de ausencia de olor a pólvora. De no poder admirar las lágrimas de emoción contenida de las falleras, cuando levantan la vista al pasar junto a su Virgen de los Desamparados, engalanada de infinidad de claveles que forman su manto y cuyo aroma se extiende por toda la Plaza de la Virgen y sus aledaños. Otro año que echaremos en falta el pase de modelos constante por las calles de Valencia, de los miles de ornamentados vestidos que hacen de la mujer valenciana la protagonista del festejo. Un año más donde los monumentos permanecerán escondidos en la memoria del artista fallero, para que a la mínima oportunidad pueda sacar a relucir su obra de sarcasmo y sano humor. Crítica y sátira en cada figura que elevan al cielo con posturas y equilibrios imposibles. Un escarnio público del que nadie se libra y que bien merecen los que han estado protagonizando la escena política, social, económica y cultural del último año. Pero tendremos que seguir esperando.
La familia real, Pedro y Pablo, Casado, Jorge Javier, Belén Esteban, etc., personajes que aparecen por costumbre, seguirán guardados hasta más ver. Aunque, sin ninguna duda, este año los protagonistas indiscutibles habrían sido: el rey emérito, el coronavirus y como estrella principal Fernando Simón. Seguro que sus grises rizos inconfundibles y su desaliñado aspecto, habría sido motivo de mofa fallera.
Tendremos que esperar un poco más. Demasiada historia se está acumulando en los blocs de dibujo. Ahí donde empieza a crearse el sueño que algún día se hará realidad y que ocupará gran parte de las plazas y calles de la ciudad.
28/02/2021

UNA SOCIEDAD EN DECADENCIA

Socialistas de renombre, a los que algunos de sus actuales compañeros califican como «los de antes» o «viejas glorias desfasadas» como Alfonso Guerra, Leguina, etc., critican sin remilgos la actuación poco sensata del presidente del Gobierno. Reprochan y censuran que nos haya llevado a esa absoluta dependencia de Podemos. Que, a pesar de la opinión mayoritaria de muchos de sus compañeros de partido, siga pactando compromisos con todos aquellos que prometió una y mil veces que nunca lo haría. Con podemos, con Bildu, con los independentistas… A nadie se le escapa que todas las decisiones se ven influenciadas por ocultos pactos de dudosa objetividad y cuyo fin sea el bienestar nacional. Él ha criticado a los antiguos dirigentes de su partido, como así hizo Pablo Iglesias con Julio Anguita, al que mando directamente «a la mierda» Estos señores, denominación que les queda algo grande, pertenecen a una generación de políticos que desprecia sus propias siglas, sus señas de identidad e incluso sus ideales, con tal de llegar al poder. Unos ideales que a otros les costó con mucho esfuerzo defender y que simplemente han destrozado porque sí. La mayoría de lo que exponen, se contradice posteriormente con sus hechos. La coherencia no es ni mucho menos una de sus virtudes, y son la mentira y la falsedad sus guías de comportamiento. Vemos continuamente sus discrepancias y como, aun sabiendo del peligro que ello puede suponer, son capaces de crear una tensión que luego se trasladará a las calles. Pero, lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado a la corruptela política, sea esta por un bien económico o por un engaño continuo hacia el ciudadano. El compañero de Pedro Sánchez, aquel con el que no podría dormir si llegase al Gobierno, no solo le tiene cogido por sus partes nobles, sino que cada vez aprieta más. Pero a pesar del dolor, hará lo que sea necesario para no perder lo que tanto le ha costado conseguir. Porque a pesar de pertenecer a un partido con muchos años de historia (2 de mayo de 1879) y tener grandes hombres de Estado, sus componentes no han podido frenar las aspiraciones de un solo hombre. Y uno solo puede llevarnos al desastre.

Debemos de tener mucho cuidado porque nuestro país se está debilitando. Está en decadencia y parece que no lo queremos admitir. Solo la actitud de unos pocos nos está llevando a una situación de difícil escapatoria. Ya no nos ven en Europa como el gran país que éramos y los constantes disturbios en Cataluña, por ejemplo, tampoco ayudan. Los catalanes están cansados y las fuerzas políticas no son capaces de condenar de forma unánime los actos vandálicos. Unos disturbios que ya no tienen nada que ver con el derecho a la libertad de expresión, y que están incluso espoleados por los propios gobernantes. Una juventud que es el caldo de cultivo de unos intereses que solo desean desequilibrar la estabilidad nacional.

Y uno de nuestros mayores errores es que tenemos la mala costumbre de retirar de la escena política a los que lograron una España unida y constitucional. A hombres de Estado de verdad. A aquellos que, a pesar de las grandes diferencias ideológicas, fueron capaces de ceder lo necesario para construir una de las mejores democracias. Una democracia ejemplar a los ojos del mundo, y que el vicepresidente dilapida con una frase inoportuna, pero perfectamente estudiada. Porque este individuo «no da puntada sin hilo». Es necesario prescindir de él lo antes posible, porque solo sabe crear incendios difíciles de apagar. Porque no representa el «espíritu del 15M», eso solo fue su trampolín para llegar a ser parte de «la casta».

Estamos sufriendo un deterioro constante y perdiendo muchas de nuestras señas de identidad. Nuestros mejores hombres y mujeres cuya integridad, honestidad y, ante todo, con una experiencia vital y profesional altamente demostrada, sean del partido que sean, los aparta la sociedad antes de tiempo, y han sido sustituidos, salvo excepciones, por protagonistas con una mínima ética moral. ¿No han aprendido nada de sus mayores? Los espectáculos vistos en el Congreso han sido y son innumerables, a la par de ridículos. Las escenificaciones de Rufián, a quien le gusta ante todo escucharse a sí mismo; el bebé de Podemos; las salidas de tono de Iglesias, quien ha cambiado su habitual inflexión agresiva y dañina, por la excesiva meliflua voz que no convence a nadie; las hipócritas palabras de Bildu, que ahora presume de ir de demócrata por la vida; las obsesiones independentistas de Esquerra, quienes todavía no han aclarado que ventajas reales supondría la autodeterminación…

Todo esto, mientras el pueblo se mata a trabajar, nuestros sanitarios siguen dando su vida por los demás, los restauradores soportan lo insoportable, la mayoría de los trabajadores intentan subsistir en la crisis más complicada tras la Guerra Civil y/o tenemos un paro juvenil cercano al 50%. Un peligroso caldo de cultivo para la rebelión en las calles que estamos viviendo esta última semana, principalmente en Barcelona. Unas violentas protestas callejeras que ya nada tienen que ver con el rapero ni con defender la libertad de expresión, como ya he dicho antes. Manifestaciones llevadas por la rabia, frustración, desánimo y/o decepción de muchos jóvenes que solo ven la revuelta, según los expertos consultados, como vía útil de expresión. La pandemia, la crisis económica y social, las pocas expectativas de futuro, etc., influyen claramente en el incremento de la crispación. Pero si ya es un problema que sea una minoría los que queman los contenedores, es más peligroso aún, que la mayoría de los jóvenes no lo condenen. La juventud siempre ha sido una parte activa de la población a la hora de hacer reivindicaciones sociales, aunque esta se debe de hacer siempre, eso sí, de forma pacífica. Sin embargo, hoy en día se ven espoleados por un mal ejemplo de sus representantes públicos y por la tensión que estos, ya de por sí, transmiten. En lugar de ver en sus mayores un espejo donde mirarse, es todo lo contrario. Porque, además, lo único que observan es corrupción, o desunión en momentos tan difíciles como esta pandemia. Debemos de admitir que es uno de nuestros problemas más graves como país, porque es el futuro de todos el que está en juego, y en estos tiempos no tienen modelos o prototipos de comportamiento en los que fijarse.

Quiero creer que la mayoría de nuestra juventud tiene buenos valores y está bien preparada, pero sería injustificable por nuestra parte si miramos para otro lado.

Por eso, no se puede mantener esta situación de inanición política. Hace falta mucha más exigencia y rapidez en la toma de decisiones porque cada día que pasa alguna empresa se ve obligada a echar el cierre por falta de ayuda. Hay personas que por ausentarse de su domicilio dos semanas les han ocupado su casa, y a pesar de más de un año de litigios y denuncias, y de pelear gastándose el dinero que no tienen, siguen sin recuperarla por la lentitud de una absurda protección al delincuente. No solo somos el único país europeo que no tiene un proceso ágil de expulsión del okupa, sino que tenemos representantes públicos, como la alcaldesa de Barcelona Ada Colau que los defienden y crea talleres de okupación basados en teorías anarquistas. El primero titulado «Taller de liberación de espacios» y este último bajo el título «Autogestión y modelos de vivienda alternativos». Estas incongruentes decisiones han llevado a Barcelona a ser la ciudad de España con más número de ocupaciones ilegales (600 mes), un número seis veces superior a la que está en segundo lugar que es la Comunidad de Madrid.

Los ERTE es una buena solución que, sin ninguna duda, ha evitado un mayor desastre en cuanto a los despidos, así como la aprobación del Ingreso Mínimo Vital, aunque este vaya con un excesivo retraso. Y es esa lentitud, tanto en esta como en otras cuestiones, la que nos puede llevar a un camino de no retorno.

Muchas personas están al límite de su resistencia y están dispuestos a salir a las calles y pelear porque ya no tienen nada que perder. Muchos jóvenes que les pilló la crisis del 2008 con 25 años llevan sin trabajar desde entonces, porque cuando parecía que nos recuperábamos llegó la pandemia y les ha vuelto a castigar. Seguramente dos generaciones habrán visto, sin apenas darse cuenta, como han pasado veinte años sin la oportunidad de encontrar una seguridad laboral. Y si ya lo han tenido complicado, llegan algunos cabecillas para servirse de ello para la manipulación.

En todas las grandes crisis internacionales, siempre ha existido el espabilado de turno, que se ha aprovechado de ellas para llegar al poder. Hasta Hitler llegó al poder influenciado, en cierto modo, por la gran crisis económica que estaba sufriendo Alemania. Cuando la gente no tiene trabajo o está pasando por momentos críticos de subsistencia es mucho más manipulable e influenciable por parte del «mesías» de turno que promete la tierra prometida y si, además, ha habido un planificado sistema educativo pensado para influir desde edades tempranas, aún falseando la historia, consigues un caldo de cultivo perfecto para que se mueva al antojo de los intereses de unos pocos. Esa es la causa de que muchos jóvenes de los que se manifiestan en las calles no sepan ni la razón real de porque lo hacen. Algunos de ellos menores de edad que no llegan ni a los trece años y que en lugar de intentar labrarse un porvenir, ya están lanzando piedras guiados por el ejemplo de las masas.

A algunos irresponsables públicos les interesa la confrontación y las algaradas. Mientras que hay jóvenes que se manifiestan con coherencia e intentan transmitir lo abandonados que están, otros saquean, roban o lanzan piedras guiados por la sinrazón y no piensan en los verdaderos motivos que los ha llevado a ello. Porque no hay nada casual. Todo está muy bien planeado. No se percatan que son las piezas de una partida que mueven gente de las altas esferas a su antojo.

Y mientras tanto, nuestro vicepresidente sigue creando toda la tensión posible cada vez que abre la boca. Aprovecha cualquier situación para hacerse notar. Ayer mismo en la celebración del cuarenta aniversario del Golpe de Estado del 23F, sabiendo que las cámaras estarían pendientes de sus salidas de tono habituales, ya se encargó de dejar bien claro que no está a favor de nada ni de nadie. Es el «rebelde sin causa». Que no está a favor de la Constitución, de los órganos del Estado ni de la Monarquía, pero que prometió servirlas con tal de lograr sentarse en el sillón azul del Congreso. Uno puede ser republicano o monárquico, pero no hipócrita. Sigue poniendo en entredicho la actuación de todos los que participaron en la Transición denominándolos Régimen del 78 de forma despectiva, y después de tanto repetirlo, consigue que le sigan un grupo de personas, cuya mayoría todavía no habían nacido y que ponen en cuestión todo el trabajo, ya no solo de los políticos y hombres de Estado de entonces, sino del pensamiento mayoritariamente compartido de todo el pueblo español que fue testigo. Y como el señor Pablo Iglesias tenía que decir la estupidez de turno, volvió a poner en duda la actuación, ya no solo del rey Juan Carlos I, sino de todos los que pueda, para levantar toda la polvareda posible sobre lo que sucedió aquel fatídico día 23 de febrero de 1981. Sigue, una vez más, soltando falsedades una tras otra para crear confusión, y lo peor de todo, es que muchos de los que no lo vivieron terminan por creérselo.

Ojalá esté equivocado y solo sea una época más de la historia para olvidar. Ojalá pase ya este virus, crezca la economía y entre todos consigamos que los jóvenes vuelvan a vislumbrar oportunidades de futuro. Aunque hay maneras diferentes de protesta. Mientras unos tiran adoquines, otros no dejan de esforzarse a pesar de las dificultades, para estar bien posicionados en el punto de salida cuando se abran las puertas de la oportunidad.

24/02/2021

LA CREDIBILIDAD DEL PFIZER EN JUEGO

Estaba deseoso de contar buenas noticias relacionadas con esta larga pandemia y por fin ha llegado el día. Ante todo, para que no vean en mis escritos ninguna intención de acabar con el ánimo de nadie, sino para volver a constatar que es simplemente narrar la realidad de la manera más objetiva posible.

Cosas buenas están por llegar y son las vacunas las principales culpables de este optimismo, y aunque siempre entran ciertas dudas cuando vemos cambiar con excesiva frecuencia las opiniones de los expertos con respecto a la fiabilidad de alguna de las vacunas, es bien cierto también, que cuando esta opinión aporta nuevos datos y estos son muy positivos, tendemos a admitirlos por propio interés. Como así es el caso de la nueva opinión publicada sobre las vacunas Pfizer y Moderna. Las cuales, a pesar de dar una sola dosis, esta puede llegar a tener una inmunidad del 92%. Como es lógico eso sería un golpe en la mesa de cara a poder controlar de una vez por todas al virus, pues la velocidad de vacunación se multiplicaría por dos de forma instantánea. ¿Será verdad? Si fuera así, la previsión de llegar a la inmunidad de grupo para el verano ya no sería un objetivo inalcanzable. Siempre y cuando, eso sí, no nos olvidásemos de los países con menos recursos, pues hasta que estos no tengan el mismo porcentaje de vacunados, el mundo no estará exento de peligro. En cualquier caso, una buena noticia para el Gobierno, para la Unión Europea y para todos en general.

La buena nueva procede de Danuta M. Skoronski, del Centro de Control de Enfermedades de Columbia Británica (Vancouver) y Gaston de Serres, del Institut National de Santé Publique du Québec (ciudad de Quebec). Estos han sido los que han mandado una carta a la revista científica de New Ingland Journal of Medicine, donde aseguran que la inmunidad con solo la primera dosis puede llegar al 92,6%; que la segunda dosis no proporciona tanta protección como creían en un principio. Que puesta dentro de un mes después de la primera, «no proporciona un beneficio a corto plazo». Por último, insisten en que, dada la escasez de vacunas, «el aplazamiento de la segunda dosis en una cuestión de seguridad nacional» y que ignorarlo, puede provocar miles de hospitalizaciones y muchas más muertes por culpa del Covid-19. Sin embargo, Israel, aunque también confirma la efectividad con una sola dosis de Pfizer, baja su nivel de inmunidad al 85% entre las dos y cuatro semanas después de la vacunación. No solo eso, sino que el mantenimiento de esta no necesitaría de unas condiciones térmicas tan exigentes. Ya no son necesarios los 80 grados bajo cero que dijeron en su momento. El nuevo estudio muestra que a 25/30 grados bajo cero sería más que suficiente, lo que facilita muchísimo todo el plan logístico inicial.

Las informaciones provenientes de Israel, me imagino que deben de tomarse con consideración pues es el país que a más porcentaje de la población ha vacunado, por lo que su experiencia es mayor.

Todas estas nuevas noticias habrán supuesto, me imagino, un cambio en las condiciones contractuales con Pfizer, puesto que además de que muchos países necesitarían la mitad de las dosis con el correspondiente ahorro que eso supone, también deberían verse reducidos los precios pues el proceso de mantenimiento y logística de traslado provocarían un abaratamiento de los costes de forma inmediata.

Sin duda es una magnífica noticia que llega en el momento oportuno, ya que cambia sustancialmente todas las previsiones de mejora, tanto en relación con la salud pública como con la recuperación económica. No obstante, y aunque nadie oculta la satisfacción general, este cambio vuelve a provocar que se sospeche de la mala praxis de las farmacéuticas. De nuevo llueve sobre mojado en Pfizer. Esta gran farmacéutica ya fue multada con 1.613 millones de euros por sus prácticas ilícitas en la comercialización de algunos medicamentos, como los tratamientos contra el dolor de los fármacos Bextra y Lyrica. La multa más grande en la historia de Estados Unidos aplicada a una farmacéutica por la comercialización fraudulenta de un medicamento.

Con la cantidad de litigios ya conocidos de la empresa y su forma poco ética de comercializar sus productos que le han llevado a tener que evitar los juicios a base de talonario, ¿es obvio pensar que esta empresa ya supiese desde un principio que era suficiente con una dosis y haya vendido el doble de lo realmente necesario para incrementar su cuenta de resultados? Podrían ser muchas las dudas y pocas las respuestas ante los intereses comerciales de un gigante farmacéutico, pero de nuevo se vuelve a demostrar que el mundo es dependiente de estas grandes multinacionales.

De todas formas, no nos queda mucho para ver los resultados y la eficacia de la vacuna en nuestro país. Se avanza lento, pero se avanza, e independientemente de los beneficios de Pfizer, lo que nos interesa es el drástico cambio que esta noticia supone para llegar antes de lo previsto a la tan deseada normalidad. Y hablando de normalidad…

Bill Gates, además de plantear inyectar una tercera dosis para prevenir los casos graves provocados por las nuevas cepas del coronavirus, como la británica, Brasileña o Sudafricana, ha hablado recientemente sobre cuando cree él que España podrá vivir como antes, y la fecha que nos anticipa es el año 2022. Es decir, todavía nos quedaría todo un año de prevención y de paciencia. Un análisis al que todo el mundo le da una gran credibilidad, después de ver como este magnate de los negocios acertaba de pleno hace años en todos sus pronósticos sobre la situación actual. Asimismo, Gates advierte de que debemos de prepararnos para una nueva pandemia. Pandemia para la que el mundo debe estar preparado para que no le pille por sorpresa. De cualquier forma, creo que por el momento tenemos que ir «partido a partido», y lo primero es, que recibamos la vacuna lo antes posible, no para salvar el verano, sino para dejar de escuchar de una vez por todas la cifra diaria de fallecidos

21/02/2021
NO SOLO EL ETNA ENTRA EN ERUPCIÓN
Estos dos últimos años, tras mis cincuenta y nueve años de vida, puedo decir que están siendo de los más convulsos que he conocido. Pocas cosas más pueden suceder. Lo que si tengo bastante claro es, que después de terminar con mi obligación de contar la realidad para que se conozca en el futuro, volveré a destinar mi tiempo al arte de dibujar historias ficticias sobre el papel para distraer mi memoria y la del lector. Pero, como dije en su momento, considero que es mi deber transcribir esta parte de la historia de nuestro país y que, de esa forma, a modo de diario como hizo Galeno narrando las guerras internas para suceder al emperador Cómodo en el 192 dc, quede reflejado para que se lea en un futuro no muy lejano. Puede que no sea tan interesante como hablar de las intrigas de Septimio Severo, Nigro, Pértinax, Albino o Juliano, pero no me dirán ustedes, que hablar de las batallas internas del Partido y de las lágrimas que llevaron a Pedro Sánchez al poder, o narrar las ocurrentes frases del bufón de la corte de Podemos Pablo Echenique o del aspirante al trono republicano Pablo Iglesias, no tiene su punto. Porque a pesar de todos los siglos que han pasado siempre hay cosas que se repiten en la historia. Y la envidia, la codicia, las puñaladas por la espalda, las mentiras y las luchas por el poder seguirán siendo «virtudes del mal político». Ahora no esperan las Legiones fuera de la ciudad para derrocar a un emperador, ahora las huestes esperan pacientemente a que el gobernante de turno diga las palabras adecuadas y las arengue para crear una república ficticia que nunca se consolidó. Y como toda buena novela que se precie no podía faltar el traidor. El que después de actuar con nocturnidad y alevosía, espera el momento oportuno para escapar por la puerta de atrás.
El trabajo de transmitir lo que está sucediendo tiene el inconveniente de imbuirme en un mundo de extrema negatividad. Nunca había visto a nuestro país con tanta tensión desde los años difíciles de la Transición. La primera noticia del día ha sido un apuñalamiento en directo y acto seguido, las imágenes de los disturbios en diversas ciudades españolas en protesta por el encarcelamiento del rapero.
Ahora que comenzábamos a ver la luz al final del túnel de la pandemia, y a que los números de la disminución de los contagios son esperanzadores, volvemos a una tensión en las calles que se está agravando por momentos. Más aún, si las palabras del vicepresidente del Gobierno o de Pablo Echenique, en lugar de condenar los actos vandálicos, como así han hecho todos los partidos, incitan a los violentos para que sigan peleando y destrozando cientos de negocios.
Tenía la pretensión de, tras ver las emocionantes imágenes de ayer de la llegada del Perseverance a Marte, un logro más de la ciencia, comentar brevemente las hermosas y a la vez destructoras consecuencias de la fuerza de la naturaleza. El volcán Etna vuelve a mostrarnos un hermoso espectáculo con su erupción en el día de ayer. Los ciudadanos de la isla de Sicilia no tuvieron un amanecer como todos los días. En esta ocasión, el orto se ocultaba tras la inmensa columna de humo y cenizas que superaba el kilómetro de altura, provocando el cierre del aeropuerto de Catania. Sus habitantes, aunque no han tenido la obligación de evacuar la zona, si han visto con cierta preocupación como un río de lava de más de 1.700 metros que, descendía por el Valle del Bove, se acercaba a ellos a gran velocidad. Por ahora no ha habido daños personales, pero sí grandes pérdidas en los cultivos. Un volcán que todo el mundo conoce por su actividad. Es difícil, según los expertos, predecir cuando se van a producir nuevas erupciones, pero según su historial, puede suceder en cualquier momento. Desde 1977 ha habido infinidad de ellas, incluida las 66 que hubo entre enero y agosto del 2000 y las cerca de 50 entre 2011 y 2013. Visto lo cual, seguro que muy pronto volveremos a deleitarnos con este maravilloso espectáculo que solo nos puede ofrecer la rabia interna de nuestro planeta.
En cualquier caso, mientras la erupción del Etna pierde fuerza, el volcán del descontento por la última sentencia al rapero se incrementa, así como la insatisfacción general de los demócratas de verdad, los que rechazan toda violencia como forma de manifestación y están hartos de los disturbios y destrozos en las calles.
19/02/2021

UN REFERENDUM IMPARABLE

En medio de toda esta pandemia, Cataluña nos sigue dando juego como tema político principal, algo a lo que ya estamos acostumbrados desde hace años. Hoy se ha iniciado, posiblemente, el primer día del fin de una Cataluña española. Hay que saber reconocer la realidad, y no hay ninguna duda de que la independencia gana terreno; por otra parte, algo normal, porque aquellos que quieren cambiar las cosas suelen pelear con más fuerza e ilusión por lograrlo. Mientras que los nacionalistas, bien por el miedo provocado por la pandemia, por conformismo o por una falsa seguridad de victoria, se quedan en casa convencidos de que serán otros los que voten por ellos. Es obvio que Cataluña se nos va poco a poco y que aquellos que quieren pertenecer a España, o salen con la misma fuerza a pelear por sus intereses o se les avecina una convivencia cada vez más complicada. Porque lo único que sí nos ha enseñado la historia es que algunos independentistas son menos permisibles con los que no piensan como ellos y menos amigos de un entendimiento pacífico. Lo que también hay que reconocer son las tremendas fluctuaciones existentes, las grandes dudas sobre cuál puede ser la mejor opción. Como aquellos que votaron a Ciudadanos, partido ganador en las últimas elecciones, y que casi desaparece de la escena política catalana. Comportamientos que ya estudiaran los politólogos.

Tampoco querría extenderme demasiado en un tema que todavía nos queda mucho por ver. La carrera hacia lo que parece ser un referéndum es imparable si el 50% de los catalanes se quedan en sus casas. Con la cifra más baja de participación de la historia (26 puntos menos que en 2017), la mitad de los catalanes han optado por desentenderse de las elecciones que decidían la composición del Parlament y, de forma indirecta, del próximo presidente de la Generalitat.

Me imagino que muchos estarán hartos de tanta política y, en cierto modo, la han despreciado al compararla con un problema tan grave como la pandemia. Con cientos de negocios cerrados, con miles de trabajos perdidos, con un virus que se nos resiste desde hace un año y, ante todo, con el espectáculo que a menudo nos regalan nuestros políticos, muchos han encontrado la excusa perfecta para mandar todo a hacer puñetas, e independientemente del ganador o de quien vaya a gobernar, la ciudadanía ha mandado un mensaje a la clase política catalana, y es que están ahítos y saturados. Porque, por más lecturas que se hagan, una caída de tal calibre es un fracaso democrático se mire por donde se mire. Puede que este sea un aviso más para aquellos que aún confíen en una Cataluña unida a España. Para que una vez termine esta pandemia, vuelvan a salir a pelear a las calles a favor de la integración y de la unidad. En caso contrario, una maravillosa región irá encaminada a crear fronteras con el resto del país y la separación será inevitable. Y lo peor de todo es que eso abriría las puertas a que otras regiones siguieran su mismo camino. Habría creado jurisprudencia.

Estas son las primeras elecciones que conocemos, que se tienen que conjugar con un desastre de salud pública de enormes proporciones. Los datos son cada vez más alarmantes y ya hemos visto la primera consecuencia, una drástica bajada en la participación. ¿Es todo culpa de la pandemia? Puede que no, aunque los expertos no dudan en poner al virus como problema principal a la hora de ir a votar. Sin duda habrá influido también el comportamiento de sus señorías y, como decía anteriormente, el hartazgo. Pero independientemente de buscar causas o culpables, el descalabro ha sido mayor del esperado.

Esta pandemia a nivel global ya se ha llevado a 2.390.000 personas y ha contagiado a 108,5 millones. En España ya son 3.056.035 los contagios y si la diferencia con el número de fallecidos que facilita todos los días Sanidad es de 30.000, según el INE, eso significa que estaríamos cerca de los 97.000 fallecidos en España. Unas impresionantes cifras que nunca nos hubiésemos imaginado hace exactamente un año.

Todos hemos cambiado en estos doce últimos meses. ¿Somos de veras fuertes o nos hemos hecho insensibles? El ser humano es capaz de aguantar hasta límites que solo conocerá cuando le pongan a prueba. Y la pandemia es una de ellas.

Esta crisis nos está haciendo mella y pasando factura psicológicamente. Hasta los más optimistas empiezan a notar la falta de argumentos a la hora de contagiar su alegría a los demás. Me imagino que todos conocemos algún ejemplo de ello. El pesimismo se ha ido extendiendo como una epidemia más por la población y una de las causas puede que sea la excesiva información. Una información que en algunos momentos deberíamos de saber filtrar como sano ejercicio cerebral.

Hoy en día la información nos llega por múltiples medios y, aunque somos nosotros los últimos que tenemos la potestad de decidir si la queremos o no recibir, no es más cierto también, que estamos conectados a este nuevo mundo de forma constante. El teléfono móvil, al que la mayoría de los ciudadanos son esclavos, nos abre las puertas a todo tipo de redes sociales de forma inmediata y si no estamos en ellas, parece que nos quedemos congelados en el tiempo. Pero si queremos sobrellevar mejor la situación, necesitamos respirar aire fresco intelectual. Todos con los que he hablado últimamente están de acuerdo en pensar, que es imposible mantener una actitud positiva si escuchas todos los días la cifra de fallecidos. 530, 480, 620, 510… ¿Quién es capaz de resistir eso diariamente?, nadie. Por eso el cerebro humano se defiende convirtiéndolo, sin darse cuenta, en algo rutinario y eso es un peligro porque lleva a la relajación. No es porque no se sea consciente de la gravedad y de que detrás de cada número hay una familia destrozada, es simplemente un acto de autodefensa. Excepto aquellos, claro está, que han sido inconscientes e irrespetuosos con los demás desde el principio. Pero a este tipo de personas les da exactamente igual las cifras, sean las que sean, porque su prioridad será siempre ellos mismos.

Cuando llegue el momento veremos cuantos no han sido capaces de levantarse o, por el contrario, si la resiliencia prevalecerá en la mayoría de los casos. Me imagino que será esta segunda opción. Estoy convencido que saldremos más fuertes y de que esta experiencia habrá servido para dar un toque de atención a nuestras prioridades. Ya lo ha hecho en estos meses, pero no debemos de olvidarnos de ellas cuando todo esto haya pasado.

La gente ha aprendido a apreciar las cosas más sencillas. Quién nos iba a decir que un abrazo era tan importante, que una tertulia de bar con los amigos sería tan necesaria, que en las reuniones familiares no era tan incómodo el inoportuno cuñado, que los problemas con el jefe podían minimizarse o que los piques deportivos nunca deberían de llegar a las manos. Pero, ante todo, que nunca deberíamos dejar de decir lo que sentimos porque puede que no tengamos una segunda oportunidad.

Hemos aprendido a que nadie debería irse de este mundo en soledad. Que hemos fallado a nuestros mayores y les hemos abandonado a su suerte en nefastas residencias impropias de un país supuestamente avanzado. Y también, como no, hemos aprendido mucho de la política y de nuestros representantes públicos. Hemos aprendido a ver que nadie dimite, que por más que corrompan siguen sentados en sus poltronas. Que, aunque hayan realizado una nefasta gestión, usen la mentira como norma de actuación, falsen todo lo necesario con tal de llegar al poder o se salten los turnos de vacunación demostrando todo, menos ética moral, no se van ni con agua caliente.

Pero, no obstante, hemos aprendido: a echar balones fuera, a no ser autoexigentes, a seguir votando a los mismos por más que nos manipulen o nos engañen, a asimilar como normales comportamientos los que deberían de ser extraordinarios. A que el cambio climático es real y ya no podemos evadirnos de nuestra parte de responsabilidad. A que, si no hacemos nada y pronto, lo pagarán las generaciones venideras. Es decir, hemos aprendido a valorar las cosas sencillas en lo personal, y a seguir igual en lo demás. Al parecer esta pandemia no será suficiente para que algunos se pongan las pilas, por lo que deberíamos de reaccionar de una vez por todas y exigir la calidad de gestión que este país se merece.

15/02/2021

SAN VALENTÍN

Numerosas personas se levantan hoy con la ilusión de regalar un detalle a su compañero/a de viaje, para demostrarle su amor infinito. Un día de San Valentín distinto a otros por el impedimento de posibles celebraciones algo más pomposas. Realizar el viaje soñado, el crucero prometido o simplemente una cena romántica en un restaurante Estrellas Michelín. Este último plan se ha complicado por el cierre en muchas ciudades de la restauración.

La gente está desesperada y no se le puede quitar ni un ápice de razón. Estamos a punto de cumplir nuestro más triste primer aniversario, y muchos ya no pueden más. Ayer se originaban largas colas de vehículos en diferentes puntos de España. Muchos se levantaron a las seis de la mañana y ni, aun así, lograron evitar el gran atasco que se produjo para subir a Valdesquí, para ir a tomar el aperitivo a El Pardo, para disfrutar de un día de nieve los valencianos en Valdelinares (Teruel), su estación de esquí por excelencia, o para disfrutar un día de playa los que decidieron ir a la costa. De nuevo bajan un poco los datos y enseguida nos dejamos llevar por un irreal optimismo. La cifra de muertes se ha convertido en un dato más de los noticiarios de turno y las personas lo escuchan como «quien oye llover». Por otro lado, es lógico que necesitemos respirar. Cada uno con sus circunstancias requiere, aunque sea por un breve instante, sentir la normalidad. El problema es que es muy fácil pasar la línea de la ecuanimidad y de una razonable prudencia a todo lo contrario. Y es la necedad e insensatez de unos pocos lo que luego repercute en la mayoría. Porque un restaurador, aunque ponga todo de su parte para cumplir las reglas, si luego los clientes «hacen de su capa un sayo», toda su inversión y trabajo salta por los aires. Ese límite es el que muchos no son capaces de controlar y llevar a cabo.

Los nervios están a flor de piel y la tensión aumenta por momentos en las calles. Una tensión que se podría haber evitado en gran parte, con mucha más diligencia y unanimidad en la toma de decisiones. La crispación se ha visto incrementada por culpa de tanta mentira y descoordinación. No sé si esto nos hará aprender, pero más vale que así sea si queremos tener una mínima oportunidad de vencer a este u a otros virus que aparezcan en el futuro.

En cualquier caso, solo falta un poco más de tiempo y un último esfuerzo. Muchos, aunque no todos los que debieran, ya han recibido dos dosis y, en teoría están inmunizados. Digo en teoría, porque este dichoso virus quiere jugar al despiste y ya ha mutado varias veces para poner a prueba el reflejo y la inteligencia de nuestros científicos. Tengo un hermano médico que ya ha recibido el supuesto tratamiento completo y, sin embargo, no puede cantar victoria porque no está muy claro el porcentaje de fiabilidad de la vacuna ante la variante sudafricana. Esto es un no parar de constante incertidumbre. Todos tenemos la gran esperanza puesta en un proceso de vacunación lento y tedioso. Hasta eso no somos capaces de hacerlo con la celeridad que se necesita. Hablan de contratar a personal sanitario retirado, a jóvenes, aunque no hayan terminado la carrera de enfermería, a odontólogos, etc… Todo está muy bien, pero eso ya tenía que haberse planeado desde hace mucho tiempo. Sabían que las vacunas iban a llegar. Esas cosas son las que desesperan.

He dicho en multitud de ocasiones que será el tiempo el que juzgue, y al final la historia penalizará a aquellos que por sus malas acciones fueron parte activa en que el número de fallecidos terminase siendo excesivo y parte de este, evitable. Todavía nos

queda demasiado camino por recorrer. No sabemos como vamos a responder a las diferentes variantes o mutaciones del virus. Muchas incógnitas para poder dar la victoria por ganada. Pero eso no quita para regalar un buen ramo de rosas rojas a la persona amada en un día como el de hoy. El amor es lo único que pase lo que pase, seguirá moviendo al mundo. Y, aunque el día de San Valentín, es posible que esté inventado por El Corte Inglés o alguna otra multinacional con la intención de hacer negocio, no está demás recordar con más fuerza y ahínco, un amor que en teoría debe demostrarse todos los días del año. Pero pequeña chanza aparte…Deberemos tener paciencia y no volver a relajar las restricciones en exceso. Aún las cifras son alarmantes y cualquier reducción, por poca que sea, es el fuego que enciende la mecha de la irresponsabilidad.

Será un San Valentín que quedará algo eclipsado por las elecciones catalanas, otras más. No podrán quejarse de falta de democracia, porque ya es la treceava ocasión en que los catalanes han ejercido su derecho al voto desde 1980. Una región que es el ejemplo perfecto para saber que «no por mucho votar mejora la vida de la gente». En este caso, todo lo contrario, porque en algunos terrenos han ido incluso a peor.

El último tirón fueron los Juegos Olímpicos. Desde entonces la cosa no ha hecho más que empeorar. Cataluña ha dejado de liderar la economía española. Ha caído la inversión extranjera. Cuatro mil empresas han cambiado su domicilio social fuera de Cataluña, lo que supondrá un impacto negativo progresivo en los próximos años. Las agencias de rating siguen calificando la solvencia catalana como «bono basura». El independentismo no ha sentado bien a la economía catalana, pero ellos probablemente seguirán con el victimismo y con el «España nos roba». A todo eso hay que sumarle, el alto coste de la construcción de la Administración autonómica, la política lingüística que ha actuado como freno de la llegada de talento, la mayor presión fiscal, la pérdida de peso con respecto al sector industrial en la economía española y europea, la corrupción con Pujol a la cabeza, la gestión y el gasto público que ha provocado el procés, la incertidumbre política e inseguridad jurídica, etc.

Lo dicho… «no por mucho votar, mejora la vida de los catalanes»

¡Feliz día de San Valentín!

14/02/2021

LOS VACUNADOS DE LA VERGÜENZA

Hoy de nuevo son más de quinientos los fallecidos por este dichoso virus que no nos da ni un respiro. Ni un minuto de tregua para ir asimilando la pérdida de todos los que ya no están. Porque ahora es muy sencillo, si tienes un descuido, pasar a ser parte de esa letal cifra diaria. Es cuestión de ganar un poco de tiempo hasta que nos llamen para darnos la primera dosis de esperanza. Pero, mientras la mayoría seguimos esperando nuestro turno de vacunación, otros son la muestra de que no perdamos la fama de ser el país del «Lazarillo de Tormes». Pero esto va más allá de una simple picaresca. Esto no es una travesura o una estúpida chiquillada, es algo mucho más serio que demuestra la bajeza moral de algunos. Porque en esta vida no todo vale. Porque lo primero para mantener una mínima paz social, es saber cuáles son los límites. Y, a pesar de que es tan sencillo como no hacer aquello que no quieras que te hagan a ti, el ser humano es capaz de complicar las cosas hasta términos insospechados. La palabra respeto y todo lo que esta conlleva parece estar ausente en nuestro diccionario. Si ya de por sí el hecho no tiene justificación posible, es más degradante aún que la mayoría de los que han tenido esa reprochable actuación, sean puestos de cierta responsabilidad y estén en sectores que deberían de ser ejemplarizantes.

Alcaldes, concejales, funcionarios públicos, altos cargos de la Iglesia, personal de la Administración e incluso de la Justicia, etc. Más de setecientas personas que se han saltado su turno con escusas tan vergonzosas como incoherentes. Ver a un alcalde llorando, mostrándose arrepentido y compungido por haberse vacunado sin corresponderle, es el mejor ejemplo de la calaña moral que nos rodea. Es verdad que la mayoría es honrada, pero la cifra ya empieza a representar un porcentaje al que no se le puede considerar como de minoría. Porque, aunque existan fallos con respecto al uso de la cantidad sobrante de la dosis o algún error de protocolo, no hay escusa ninguna. Siempre hay alguien que la necesitaba más que estos caraduras.

El obispo de Cartagena manipula el registro de una residencia y se hace pasar por capellán para vacunarse. El consejero de Sanidad de Murcia, Manuel Villegas, utiliza su posición, como la mayoría, para incumplir el orden de vacunación. ¿Qué tipo de ética moral y personal tienen todos estos personajes? ¿Son capaces de mirar a los ojos a sus vecinos? Puede que algún anciano haya fallecido porque un «politicucho desalmado» ha usado su dosis; ¿será entonces capaz de dormir tranquilo después de un acto cobarde, muestra de su acoquinado y pusilánime cerebro?

13/02/2021
LA GOTA
Toda esta situación que ya se extiende demasiado en el tiempo, está consiguiendo que muchos no puedan descansar y tengan problemas de insomnio. Como un servidor, ya que, aun siendo madrugador por costumbre, últimamente no consigo conciliar las horas suficientes de sueño como para poder soportar el cansancio diario con normalidad. Porque por más que intento evadirme de ciertas noticias y me prometo a mí mismo no participar en ciertas cuestiones, necesito expresar sin remilgos lo que creo injusto. Y hablando de dormir…
Nuestro presidente Pedro Sánchez hizo famosa la frase de «no podría dormir con podemos en el gobierno». No sé si él podrá
dormir o no, pero quienes no pueden descansar son la mayoría de los españoles. El deseo de poder llevó a elegir a Pablo Iglesias como vicepresidente y lo estamos pagando demasiado caro, pues cada vez que este señor habla «sube el pan». La última ha sido poner en cuestión nuestra calidad democrática, palabras que enseguida han encontrado réplica de sus propios socios de Gobierno.
Un vicepresidente siempre enojado consigo mismo y con su propia historia. Ha conseguido dividir mucho más a los españoles, ha provocado una pérdida de credibilidad en nuestro país por parte de nuestros vecinos europeos. Por la mañana defiende a los que quieren romper España y por la tarde se resguarda bajo la Carta Magna. Ha prometido respetar a la Constitución para llegar al hemiciclo, y luego protesta en el exterior contra este. Se mueve a la perfección en la hipocresía, pues lo que dice es todo lo contrario a lo que efectúa. Critica a la casta y luego es parte de ella. Va de progre, pero vive como un burgués. Se ha servido de una necesidad real del pueblo de reinventar la política y terminar con la corrupción, para llegar al poder. Porque este personaje no «da puntada sin hilo» y utiliza las palabras sabiendo del daño que causarán. «Presos políticos», «Régimen de 78», expresiones que repitiéndolas con frecuencia intenta convertirlas en verdad.
Frases como: «Nosotros hacemos política masculina; con dos cojones». «A mí me gustaría que un partido de izquierdas ganara las elecciones y me nombrara director de una televisión pública, eso es lo que más me gustaría». «Pido disculpas por no romper la cara a los fachas con los que discuto en la televisión». «Cualquier demócrata debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA y aquellos vinculados al independentismo vasco… no deberían ir saliendo de las cárceles». «De ETA no se puede decir que no razonara políticamente». ¿Cómo puede ser este individuo nuestro vicepresidente del Gobierno?
Ha mandado a la mierda a Julio Anguita, ha faltado al respeto a Baltasar Garzón, ha insultado a los de IU, y eso que son los suyos. Ha sido autoritario en su propio partido al provocar una purga de todo aquel que pusiera en peligro su liderazgo. Ha despertado a Franco, ha abierto cicatrices que otros habían logrado cerrar con tiempo, perdón y mucho consenso y ha desadormecido a la ultraderecha. Equipara a los políticos presos con los exiliados republicanos de la Guerra Civil, etc. Podríamos seguir y no parar, porque su historial de declaraciones fuera de lugar es interminable.
El solito se las ha apañado para crispar a la población, y se ha servido de un político con excesivas aspiraciones, para llegar al poder. Y, poner en cuestión nuestra calidad democrática ha sido la gota. Por eso 200 personas, entre intelectuales, diplomáticos, economistas y políticos de diversos partidos, han hecho un comunicado donde le tachan de «torrencial chabacanería intelectual y moral» y piden al presidente del Gobierno su destitución inmediata.
12/02/2021
UN POCO DE LA SEGUNDA PARTE
Dos pequeños ejemplos de la 2ª parte de La actualidad en tiempos de pandemia. No dejes de leer la primera:
«No vamos a descubrir a estas alturas que los países somos rehenes de las élites económicas y políticas. Que se nutren las unas de las otras, bien para ventajas personales en lo político, como acabamos de ver, o para incrementar al máximo los beneficios en lo empresarial. Pero si hubiera que concluir quien lidera esta batalla de gigantes, no hay ninguna duda de que son las grandes multinacionales farmacéuticas y tecnológicas las que tienen cogido por el cuello a las instituciones políticas, pues logran que estas se comporten en gran manera como marionetas de los intereses empresariales y de sus lobbies. Unos grupos de presión que de forma transparente o en la sombra, terminan influyendo en nuestra forma de vida.
Todavía no llegamos a tener casos en España como el de Jack Abramoff, representante de los casinos indios ante el Capitolio y que terminó cinco años entre rejas por sobornar a congresistas, pero poco nos queda. Aquí, por ejemplo, la Ley Española del Medicamento, fue redactada por la presión de grupos farmacéuticos que no estaban dispuestos a aceptar la cuota de mercado destinada a los genéricos en el borrador inicial. O en
la Ley de Igualdad, en la que influyeron los padres de hijos prematuros en la ampliación de la baja por maternidad. Habría una larga lista de ejemplos, pero eso lo dejaremos para otra ocasión.
No cabe duda de que, gracias a la industria farmacéutica, hemos mejorado la calidad de vida del planeta en muchas partes del mundo. Se han erradicado enfermedades como la viruela (1980 según la OMS) o han ayudado a combatir enfermedades como la tuberculosis y la lepra. Enfermedades que siglos atrás causaban importantes problemas de salud pública en muchos lugares del mudo. La colaboración de estas con las industrias químicas y su constante apuesta por el I+D, han ayudado al desarrollo tecnológico y al crecimiento de la economía. Pero esto, a su vez, les ha convertido a algunas en un oligopolio de gran poder de influencia para presionar a gobiernos de todo el mundo. Principalmente a aquellos …»
«¿QUE SE CONTARÁ EN EL FUTURO?
Dentro de unos años habrá numerosos libros y miles de historias sobre la gran pandemia que sufrió el mundo a principios de 2020. Y también se contarán cientos de historias, unas que se transmitirán por diferentes medios escritos y otras que pasarán de generación en generación, como así se enteró la mía sobre la Guerra Civil. Historias que pasaron de padres a hijos y de estos luego a los suyos, con el añadido del sentimiento personal. Por eso no podía dejar de pasar esta oportunidad que, aunque hubiese preferido no tener que narrarla, me da la historia. Porque a pesar de sufrir, estamos siendo parte de un momento histórico del que todavía estamos por descubrir su final; y no solo referente a la pandemia, pues el virus es una pequeña parte de la gigantesca alteración que estamos sufriendo a nivel global. El cambio climático, la nueva forma de vivir, peligrosamente dependiente de una inteligencia artificial, la nanotecnología, las nuevas guerras informáticas, etc.
Para empezar, todavía está por ver cual será nuestra forma de vida una vez dominado el coronavirus. Aunque la palabra dominado puede que sea demasiado alentadora. Es posible que tengamos que acostumbrarnos a convivir con este u otros virus que aparezcan, muchos de ellos, por culpa de esta gran amenaza medioambiental. Vamos a tener que ser especialmente fuertes, como ya lo están siendo, casi sin darse cuenta, todos aquellos que además de sufrir el coronavirus, han visto como se anegaban sus casas y terrenos y se perdía el trabajo de todo un año.
Cambiará nuestra forma de pensar, nuestra forma de creer y nuestra forma de enjuiciar, porque cambiaremos nosotros mismos. Porque daremos menos importancia a lo que hace unos años le dábamos demasiada. Porque estaremos dispuestos a pelear por cosas, que creíamos imposibles que invertiríamos ni un minuto de nuestro tiempo.
Pero también habrá, espero, una gran parte de nuestros jóvenes que pelearán por un mundo menos influenciado por la política y más por el sentido común, y por el que no dejarán de investigar con la esperanza de conseguir un mundo más limpio basado en las energías renovables.»
11/02/2021
MÁS DE LO MISMO
Multitud de tristes historias se suceden cada minuto. Es imposible plasmar o dejar reflejado, aunque sea una mínima parte, de los cientos de sucesos que por una u otra razón nos harían, cuando menos, meditar sobre si de verdad invertimos demasiado tiempo en preocuparnos por cosas que no nos deberían de llevar ni la más mínima inversión de desasosiego.
Graves problemas acechan a muchas familias. Problemas también de salud que no tienen nada que ver con el coronavirus y que se agravan más aún por el miedo que existe ante un posible contagio, que aumenta considerablemente en los ambientes hospitalarios. Por lo que, a la intranquilidad de la enfermedad ya existente, hay que sumarle la angustia de la cercanía del virus cada vez que hay que seguir algún tratamiento en el hospital. Y a los que tienen la fortuna de contar con una buena salud les castiga, sin embargo, los problemas económicos provocados por esta pandemia y que a tantos negocios los ha llevado a echar el cierre. Unos negocios que se ven forzados a seguir pagando sus obligaciones contractuales, mientras siguen esperando una ayuda que nunca llega. Somos el único país europeo que sigue sin dar ayudas directas al sector de la restauración. Y como somos más chulos que nadie y para diferenciarnos del resto, también somos los únicos que subimos los impuestos en plena pandemia. Tienen prisa para lo que les interesa, porque mientras faltan rápidas resoluciones para nuestras pymes, para contratar sanitarios, para regularles un salario que tienen bien merecido, etc., se aprueban otras leyes que necesitarían de más diálogo y consenso con nocturnidad y alevosía, porque la gente está, como es lógico, más preocupada por sobrevivir a la pandemia y por conseguir unos mínimos ingresos que les dé de comer.
¿Por qué este inicio de cruda realidad? Porque todo sigue igual en el ámbito político y me hierve la sangre por dentro. He escrito tanto, he intentado transcribir con la mayor objetividad posible lo que está aconteciendo, han sido multitud de ciudadanos los que llevan manifestando su desánimo por la clase política durante los últimos siete meses, los que han dejado bien claro que así no podemos continuar… ¿A qué esperan para reaccionar? ¿Hasta qué cifra hay que llegar para que, aunque sea una sola vez, se den en algo la razón? Ya he gastado todos los adjetivos posibles en unos individuos que aburren. Que excepto una minoría, los demás siguen metidos en su irresponsable y engreída burbuja. Porque cuando no es Pedro es Pablo, o cuando no es Casado es Ayuso. Disfrutan de una constante confrontación que les lleva un aniñado comportamiento, más propio de pueriles criaturas con falta de experiencia vital. Ha pasado casi un año, tenemos cerca de los 90.000 fallecidos, una cepa británica mucho más agresiva, y todavía siguen discutiendo por las mismas gilipolleces. Las regañinas y reprimendas de la presidenta del Congreso a sus señorías… «compórtense, no se escondan detrás de las mascarillas», parecen de patio de colegio. Si echáramos de la hemeroteca de los debates del Cámara Baja, nadie sabría si estamos en marzo de 2020 o enero 2021, porque todo sigue exactamente igual. Si todos dicen blanco, siempre habrá uno que diga negro. Ahora Ayuso quiere vacunar a los taxistas, etc., cuando supuestamente había un consensuado plan de vacunación por parte de los expertos. Un plan del que cada día aparecen más caraduras que se lo han saltado; la mayoría de ellos responsables públicos. Hemos conocido el dato de los casi 800 fallecidos del último día, estamos en lo peor de la tercera ola por culpa de «salvar la Navidad» y han empezado a proponer «salvar la Semana Santa».
Tenemos la mala experiencia del verano y de la Navidad, pero queremos seguir repitiendo los mismos errores. Por no haber tomado una decisión mucho más agresiva en su momento, ni salvamos vidas ni salvamos negocios. Unos negocios que me imagino hubieran preferido cerrar catorce días después de verano, que no estar siete meses con restricciones un día sí y otro también.
Todos sabemos que no debe de ser fácil manejar esta situación, pero eso no nos debe de llevar al conformismo y a refugiarnos en una constante comparativa con los que están peor que nosotros, sino con aquellos que lo están haciendo infinitamente mejor, como es el caso de Corea del sur (51.835.110 habitantes, 1.500 fallecidos por coronavirus, 4,5% de paro) o Nueva Zelanda, Japón, Taiwán, Finlandia, etc.
En cualquier caso, aquí ya no hablamos de hacerlo mejor o peor porque ya ha quedado demostrado de lo que son capaces, sino del vergonzoso comportamiento que hemos visto, seguimos viendo, y por desgracia creo que veremos en sus señorías.
04/01/2021

CUIDEMOS LA DIGNIDAD DE NUESTROS MAYORES

No era mi intención, después de escribir Recuerdos por escrito de un padre y un hijo y como ya dije en la primera parte, meterme de lleno con un proyecto como este. Necesitaba tirar de imaginación y volver a dibujar una historia ficticia, pues es la mejor forma de que, tanto el lector como un servidor consigamos salir, aunque sea brevemente, de una pesadilla que parece no querer terminar.

No soy amigo de publicar una historia donde intervengan en exceso sentimientos personales, pero queramos o no, todos los escritores dejamos plasmado en el papel, de una u otra forma, nuestra personalidad y estamos obligados a utilizar nuestros teclados para difundir ideas, denunciar injusticias o exponer todo aquello que sea necesario para transmitir a los lectores actuales y a las generaciones venideras parte de la historia. Y lo que estamos viviendo ahora, es demasiado transcendente como para dejarlo en el tintero.

Vivimos una época especial, algo alejada de un deseado optimismo y provocadora de infinidad de confusos sentimientos. Todos los sucesos posibles han querido coincidir en el tiempo y el destino no deja de depararnos situaciones difíciles de asimilar. Llevábamos cuatro décadas de relativa normalidad y nadie se podía imaginar cómo nos podía cambiar la vida de un día para otro. Porque los que tenemos ya cierta edad, esos que nos vamos despidiendo de la vida laboral, los que empezamos con ilusión a asimilar las connotaciones que lleva consigo la palabra abuelo, solo queremos que nuestros hijos y nietos disfruten, como mínimo, de la tranquilidad y paz social que hemos tenido nosotros; porque da la sensación de que alguien hubiera cogido el mundo con ambas manos y lo estuviera sacudiendo con fuerza; porque ya no solo es el Covid-19, sino los nuevos virus que según los expertos están por venir; porque mientras escribo estas líneas el viento no deja de azotar los cristales con virulencia, y con una velocidad de 120 kilómetros por hora ya ha provocado la caída de algún muro del vecindario; porque no hay duda de que el cambio climático está ahí, a pesar de los que todavía creen que es un ciclo más en el tiempo.

El mundo va a tal velocidad que reconozco que en ocasiones me cuesta seguir el ritmo y su comprensión. Y lo peor, es que con esta dura pandemia han aflorado comportamientos difíciles de explicar. El egoísmo de unas generaciones que lo han tenido demasiado fácil o los errores que hayamos podido tener los que no hemos sabido transmitir una correcta escala de valores. De lo que no hay duda, es de que tenemos una deuda pendiente con nuestros ancianos. La generación que trabajó duro para dejarnos un país mejor, la hemos abandonado a su suerte en lugares llamados residencias, que solo han servido para que unos pocos ganen dinero a costa de unos pacientes cansados y prácticamente sin fuerzas ni para mantenerse ellos mismos en pie. Se hacen mil homenajes a un deportista y todavía estoy esperando a que a nuestros mayores alguien los recuerde y honre como es debido.

Pero habría mucho que hacer desde los inicios. Es cuestión de educación social y eso no se hace en dos días. Algunos se han convertido en un estorbo para las familias y están hacen lo que sea posible para que sus abuelos no les estropeen las vacaciones. ¿Cómo lo hemos podido permitir? ¿Qué dice eso de nosotros mismos? No intenten buscar una justificación, porque no la hay. Porque en cierto modo, todos y cada uno de nosotros tenemos las manos manchadas de haber construido una sociedad donde los mayores no cuentan lo que deberían contar. Estamos apartando la sabiduría y experiencia de los años, en ocasiones, de forma prematura. No quiero decir con ello que el concepto de que vivan los abuelos juntos esté equivocado, todo lo contrario. Me imagino que muchos se encuentran mejor echando su partida de cartas con gente con sus mismas necesidades que no sintiéndose incluso más solo, aunque vivan con los hijos, pues estos no pueden prestarles toda la atención que quisiesen por las obligaciones que esta sociedad tan competitiva les ha impuesto. Habrá opiniones para todos los gustos y dependerá del carácter, del sentido de independencia o de la economía de cada uno. Pero eso no quita para reconocer que nos hemos equivocado, que lo ocurrido no puede volver a repetirse, que hay que terminar con el maltrato y el abandono, que hay que vigilar de cerca y sancionar a todos aquellos que se quieran lucrar con la debilidad de la longevidad y que a las residencias hay que prestarles mucha más atención con ayudas e inversión pública.

Nuestro objetivo debe ser tratar con dignidad a un país cada vez más longevo. Se envejece más y en mejores condiciones cognitivas y todos querremos que nos traten bien cuando nos toque, si es que hemos tenido la fortuna de llegar a la vejez.

PARA LLORAR

Hoy muy temprano y mientras esperaba que los primeros rayos de sol se dieran a conocer, escucho las primeras noticias para ponerme al día en cuanto a la pandemia, pues me es imprescindible para seguir trabajando en la segunda parte de mi última publicación. Una segunda parte que ojalá nunca hubiera habido motivos para escribirla.
Entre tanta mala noticia, tenía la pretensión de darle hueco al optimismo, porque seguro que, aunque haya que rascar más de lo habitual en los noticiarios, habrá alguna noticia que nos alivie un poco de tanto dolor. Pero el primer intento ha sido baldío y no puedo. Mi inicial empeño se ha visto invadido por un sentimiento que expresa todo lo contrario, tristeza, y sin darme apenas cuenta en la soledad de mi despacho, notaba como los ojos se iban humedeciendo, queriendo soltar alguna lágrima.
Los acontecimientos que se suceden todos los días van de mal en peor y no hay datos que nos lleven a una rápida salida. La primera noticia era sobre los paritorios del hospital La Fe de Valencia, los cuales, no han tenido más remedio que usarlos para enfermos de Covid. Pero las imágenes que me han impactado y me han producido un gran dolor, y no es porque sean las más duras que hemos visto a lo largo de este último año, han sido de nuestros vecinos lusos. Una cola de ambulancias esperaba frente a las puertas de un hospital, y no era para dejar a pacientes o para esperar a que estos pudieran ser ingresados, sino que hacían de habitación provisional. No quedan camas ni espacio para ser acogidos y los enfermos, la mayoría ancianos, son atendidos en la propia ambulancia.
Aquí en Valencia estamos cada vez peor, y los enfermos ingresados en las carpas instaladas junto a La Fe, o bien salían volando por los aires por el vendaval hace unos días o en lugar de morirse por el Covid se mueren de una pulmonía provocada por las bajas temperaturas y la falta de calefacción; menos mal que el tiempo nos ha dado una pequeña tregua. Siento no haber podido encontrar mejores noticias, pero esa es la cruda realidad del momento.
En cualquier caso, tenemos algo muy importante para sentirnos orgullosos y son los sanitarios y toda la cadena de profesionales que están luchando sin cesar para ayudar a los demás. Desde médicos hasta personal de limpieza o fontaneros, me es igual. Todos trabajan a destajo para hacernos la vida un poco más fácil. Por eso no entiendo tantas cosas, porque mientras unos se parten el pecho en esta guerra bacteriológica, otros pierden el tiempo jugando a política barata, prometen cosas que nunca podrán cumplir, tienen discusiones estériles o se saltan los protocolos de vacunación para robar un trozo de derecho a la vida a quien sí le correspondía.
Pero antes de terminar estas líneas y con el ánimo algo más sosegado, querría expresar mi especial agradecimiento al Cuerpo de Enfermería. Ellas/os son las que te cogen la mano en los momentos difíciles y están junto a ti cuando la soledad te invade. Son las que con una simple mirada te consuelan y con una sonrisa te alivian el dolor. Gracias por estar siempre ahí.
28/01/2021
UN NUEVO DÍA

Creía que me levantaría con mejor estado de ánimo, pero el descanso no ha tenido el resultado que esperaba. Porque mientras más necesito desconectar buscando información en el ordenador ajena a esta pandemia, una pequeña ventana se abre para recordarme el desastre de las últimas veinticuatro horas. Todo porque no tengo más remedio que aceptar la entrada de publicidad si quiero acceder a ciertas aplicaciones.

Cuando comencé mi undécima publicación, es decir, el primer libro referente a esta desagradable experiencia dejaba por escrito a mi mujer, de que se encargase de llevar el libro a mi editor en caso de que un servidor se viera atacado por este virus. Lo reflejaba entre una mezcla de sorna y oculta verdad. Como queriéndole quitar importancia a algo que de veras sabes que la tiene. Porque reconozco que en algunos momentos pasé miedo. El miedo que me imagino tuvimos muchos en las primeras semanas, porque no sabíamos a qué nos enfrentábamos en realidad. Y lo único que escuchábamos eran las cifras de los fallecidos. El miedo dio paso a la aceptación, la aceptación a la prudencia y la prudencia a la esperanza. Así hasta llegar a creer, aunque solo fuese por un instante, que todo estaba bajo control. Y entonces llegaron las desacertadas palabras del presidente. Una frase que nunca debió pronunciar y que fue movida por un falso triunfalismo político, más que por la información verídica de los expertos. «Hemos ganado la batalla al virus». Fue la chispa que encendió la mecha de la segunda ola. Fue la excusa perfecta para que la gente saliese desesperada a la calle porque se ahogaba, no sin razón, en sus hogares. Porque necesitaban llenar sus pulmones de aire renovado. Porque no todos podían disfrutar de más de cien metros cuadrados o de un pedacito de jardín que les haga creer que con eso les sobra. Algunas familias se las apañaban como podían en sesenta metros y con cuatro hijos. De repente, en el paseo marítimo de la Barceloneta y en otras muchas zonas de España aparecieron runners a miles. Todo el mundo salió a correr como queriendo escapar del virus de forma virtual.

En cualquier caso, esas palabras nunca se debieron de pronunciar. Porque, aunque tuviese la intención de animar a la economía, esas palabras volvieron como un bumerang para hacernos regresar a la realidad. Pero eso ya pasó y la tercera ola ya no ha sorprendido a nadie. Porque a pesar de las palabras eufóricas de Pedro Sánchez, Illa o Simón, el ciudadano ya ha aprendido, o eso quiero creer, y no se deja engañar tan fácilmente.

Dicen los expertos que, como en todo, hay que tener respeto, pero no miedo. Y sí, un servidor siente algo de miedo. Puede que sea porque tanto mi mujer como yo somos pacientes de riesgo y en mi caso también dependiente, o porque la Comunidad Valenciana se está quedando sin camas UCI. Las pruebas de las que estoy pendiente, como otras muchas personas, se han suspendido y tenemos el mayor cuidado para no rompernos una pierna o una cadera; gracias a Dios a mi no me puede pasar porque siempre voy sentado, por lo que las probabilidades de lesión se ven minimizadas bastante. Pero broma aparte, dejaré el mismo mensaje en esta publicación.

El miedo es libre, se suele decir, y está visto que se ha extendido rápidamente por todo el globo. Un temor natural por la cantidad de víctimas que ya se ha llevado esta pandemia y que algunos no están sabiendo manejar como es debido. No solo se ha demostrado con todas las personas que se han saltado el orden de vacunación y su protocolo, también el pánico se ha apoderado de aquellos de los que se presume valentía, compañerismo y honor, como son las personas del entorno militar. De ahí la gravedad de los últimos casos, ya que el Ministerio del Interior ha cesado por este motivo al oficial de la Guardia Civil que hacía de enlace en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) por vacunarse cuando no le correspondía y al Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) el general Miguel Ángel Villarroya, y otros cargos militares.

Como se está viendo a lo largo de todos estos meses, es el pueblo y sus ciudadanos más humildes los que de verdad están dando el ejemplo. Alcaldes, algún responsable político y altos cargos militares, son los que han demostrado, por desgracia, bajeza moral…quién lo iba a decir.

Para ir cerrando el artículo de hoy un breve resumen de la situación: llevamos cerca de 98 millones de contagios en todo el mundo, la cifra de muertes supera los 2,1 millones. Sin embargo, el problema que se nos presenta ahora está en las vacunas. La UE había adquirido 400 millones de dosis y esta cantidad se ha visto reducida en un 60% por problemas en la producción. Lo que significa que en el primer trimestre solo se proporcionarán 31 millones.

No sabemos qué es lo que nos queda por delante. Aun así, intentaré, porque es mi pasión, escribir hasta el último día si tengo facultades para ello.

23/01/2021

LA GRAN GRANIZADA

Hoy muy temprano, pues soy de los que a pesar de estar jubilado me suelo levantar a las seis de la mañana, y tras una pequeña calma tensa, ha comenzado lentamente un orto de extraño color anaranjado que presumía que el día no iba a ser como los demás. Y así ha sido en cuanto los árboles del jardín se empezaban a divisar. Los truenos han hecho de despertador y una corta pero intensa granizada ha dejado pintado de blanco por unos instantes, el césped del que tengo la fortuna de disfrutar. Puede que fuera una señal de la nueva tormenta política, que un día más, se avecinaba. Entretanto y cuando me disponía a comenzar a escribir, el sonido del móvil me ha exaltado de un modo que no había conseguido la tormenta. Era un hermano de iguales costumbres mañaneras.

Durante la larga conversación, me comentaba que en la primera parte de esta aventura literaria «La actualidad en tiempos de pandemia; el virus que puso a prueba a la clase política», quedaban bastante claros mis cambios en el estado de ánimo según pasaban los meses, por lo que no tengo por más que seguir contando, aunque de sensación de negatividad, la realidad de lo que está pasando con el objetivo, como ya comenté en su día, de que los futuros lectores nunca olviden lo que sucedió en realidad. Algo difícil, pues todos los que estamos viviendo y padeciendo esta dura crisis, seguro que lo mantendremos en nuestra memoria indefinidamente, y también, en cualquier caso, para que tengamos la oportunidad de rememorar la verdad cuando todo esto ya sea parte de la historia.

Estamos pasando una de las peores rachas de esta dura pandemia y nos volvemos a acostar con la escalofriante cifra de 400 fallecidos y una tasa por cada cien mil habitantes de más de 800; cuando la que se había propuesto y se consideraba como de máximo riesgo era de 250 por cada cien mil.

Casi todas las CCAA, debido al incremento de casos descontrolado, al número de ingresos en los hospitales y, ante todo, a los ingresos en UCI, solicitan un confinamiento o restricciones más duras al Gobierno y este, no solo hace oídos sordos a las peticiones, sino que el presidente Pedro Sánchez esta misma mañana, tiene «la gran desvergüenza» de presumir de que los datos mejoraban y las perspectivas eran buenas; a lo que se suma el comentario optimista de hace dos días de Fernando Simón «estamos llegando al pico de la curva». Todo esto con un ministro de Sanidad metido de lleno en la campaña de las elecciones catalanas. ¿Se puede hacer peor?

Como decía en la página anterior, mi hermano, además de admirado lector, me comentaba la clara modificación que transmitía según avanzaban los meses. Que mientras en los comienzos reflejaba los sentimientos con una inequívoca dosis de diplomacia, con el paso del tiempo usaba la escasez de esta, utilizando un lenguaje más directo y sin ningún tipo de reparos; y al parecer, no ha sido el único que ha advertido dicha alteración en lo que he ido escribiendo últimamente. Lo más seguro porque de una forma u otra a todos nos está influyendo esta dura y difícil situación.

Lo cierto es que no sé como saldrá y finalizará esta segunda parte (esperemos que con un gran sector de la población vacunada), pero mientras tanto tengo que reconocer, que necesito de un esfuerzo extra para no transcribir la cantidad de improperios que me vienen a la cabeza en días como el de hoy. Parece que algunos siguen en una adulterada burbuja, en una ficticia situación de irrealidad y no son capaces, por más que se lo repitan miles de ciudadanos todos los días, de escapar de su hipócrita situación. ¿A quién quieren convencer?

Y si hace dos días hablaba del comportamiento pueril y codicioso de algún espabilado que se ha saltado el turno de vacunación, ahora siguen floreciendo casos similares por doquier. ¿Cómo no voy a estar cabreado? ¿Cómo no voy a transmitir el desencanto que como ser humano siento?

Dejaré pasar el día para ver si esta noche me sirve de bálsamo y, de esa forma, vuelvo a retomar el tacto y la cortesía en mis escritos, a pesar de que necesite expresarlo en muchas ocasiones con vipéreo e hiriente lenguaje.

22/01/2021
EL CONFLICTO SANGUÍNEO
Nuestros políticos no se percatan de que ellos son los culpables, no solo de la confusión de los ciudadanos, sino de parte de su desánimo y confrontación. Es frustrante que no haya una coordinación razonable después de diez meses de pandemia. No existe ningún liderazgo y la mayoría de las decisiones se siguen tomando influidas por intereses políticos. Se les ha elegido para que lleguen a consensos en beneficio del pueblo y a pesar de ello, las discusiones y descoordinaciones son constantes y siguen pasando los días sin una clara gestión. Nadie niega que no debe de ser fácil manejar esta complicada crisis, pero escucharlos da vergüenza. Hoy mismo el Consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid comentaba «pensamos que el crecimiento de los contagios seguramente es debido a la cepa inglesa, más que a las reuniones de la Navidad. Esperaremos unos días para ver como transcurre o como van los datos». Pero ¿cómo que esperar? ¿cuántas veces hay que decir que cada día son 400 familias destrozadas?
Discuten por la apertura de los colegios, por la hora del toque de queda, por el cierre de la restauración, por quién debe retirar la nieve de las calles, por si la ayuda del Ejército debe o no mantenerse, por si es necesario el confinamiento y de serlo, si debe de ser completo o parcial. Es decir, usan el conflicto continuo e incesante como forma de actuación porque al parecer lo llevan en la sangre, y de un político se espera todo lo contrario.
Y como no tenemos bastantes problemas, el Sr. Iglesias insulta a los exiliados de la Guerra Civil comparándolos con la fuga de Puigdemont para que quede bien claro su apoyo a los independentistas. Eso lo dice el vicepresidente del Gobierno, quien «prometió por su conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones de su cargo con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado». Un poco más de contenido, para guardar en su ya extensa hemeroteca de hipocresías.
Pero acabemos con esperanza… Nuestra salvación es la vacuna, por eso tendríamos que estar las 24 horas del día los siete días de la semana, antes de que las nuevas cepas nos arrebaten más vidas. Sin embargo, no solo no lo hacemos, sino que tenemos al político espabilado de turno que, con un comportamiento pueril y codicioso, ha decidido saltarse los turnos establecidos poniéndose la vacuna que no le correspondía. Menos mal que es la excepción.
Conclusión…, vivimos en un país de pandereta.
20/01/2021
PALO A LA RESTAURACIÓN
Seguimos viendo como se pasan la pelota Gobierno y CCAA en cuanto a las restricciones, confinamiento, etc., esperando a que se pongan de acuerdo, cuando no se puede perder ni un minuto más de tiempo. Nos hemos acostumbrado a escuchar las cifras de fallecidos con demasiada frialdad y eso nos tendría que avergonzar. Unas restricciones que ya no hay quien entienda, porque son distintas en todas las Comunidades. Ahora en Valencia cierran toda la hostelería (el sector más castigado) cuando sin embargo hace dos semanas estaban “salvando la Navidad” y nadie puso remedio. Cuando es más seguro estar en la terraza de un bar a la distancia necesaria, que en el transporte público o en algún supermercado. La hostelería está siendo el patito feo cuando muchos se han esforzado y han invertido para mantener las normas que se les exigía. Además, el cierre de estos también perjudica a agricultores, proveedores, transportistas del género, etc. En cualquier caso, que a estas alturas todavía estemos hablando en estos términos y de estos comportamientos de los responsables, mientras cientos de familias sufren la pérdida de sus seres queridos es la muestra del fracaso. Como bien decía la periodista Silvia Soria, es difícil tomar decisiones, pero esta del cierre total a la restauración ha pecado ante todo en las formas. Una decisión tomada de forma unilateral y sin contar con los responsables del sector, que se han vuelto a quedar con el género comprado y contratos comprometidos.
La única solución es la vacuna y llevamos vacunados el 1,70%, por lo que no podremos cantar victoria hasta el famoso 70%, siempre y cuando las variantes que siguen apareciendo no modifiquen los criterios de éxito de las existentes.
Pero tranquilos, porque Fernando Simón ha dicho que estas van a ser insignificantes en nuestro país y que «ya estamos llegando al pico de la tercera ola»
19/01/2021

LOS INFLUENCERS

Hoy vamos a cambiar de tercio y a olvidarnos por unos momentos de la pandemia y sus consecuencias, de los políticos o de los desastres naturales. Hoy unas pocas palabras sobre un tema que, más bien, tiene que ver con la educación social y la escala de valores en la que se está basando el crecimiento de parte de nuestra juventud.

Ayer vi unas imágenes en televisión de, al parecer, una famosa influencer con más de un millón de seguidores en las redes. Ideal para las empresas que necesitan promocionar sus marcas, sean estas de ropa, joyas, zapatos, etc.

Es posible que el cambio generacional me haga entender menos este nuevo mundo de las redes sociales y su manejo. Y a pesar de que siempre me he considerado bastante abierto en cuanto a pensamientos e ideas, hay cosas que no llego a entender y de las que creo estar convencido de su influencia negativa.

Un influencer es una persona con credibilidad sobre un tema concreto y en una comunidad determinada. Por lo que basándonos en la palabra credibilidad, se da por hecho de que sus actos van a ser aceptables o van a tener cierta verosimilitud ante cientos de miles de personas. En este caso en particular, un millón de jóvenes. Un comportamiento que, como bien dice la propia palabra, va a influir posteriormente en sus seguidores. De ahí el gran interés que estos despiertan en las empresas, las cuales les van a utilizar como mera herramienta de marketing.

En realidad, siempre han existido, pero antes solían ser personajes habitualmente famosos de toda índole y profesión, que provocaban que muchos se sintieran identificados con ellos e intentasen copiar su vestuario, peinado o forma de vida. Ahora, sin embargo, puede convertirse en influencer cualquier joven desde su casa.

Todos en alguna ocasión nos hemos sentido influenciados por alguien, y nuestra forma de ser y actuar se basa en las experiencias que, buenas o malas, hayamos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida y en querer copiar las actitudes que creíamos más afines a nosotros. Se podría decir que los primeros influencers han sido nuestros padres. Pero sigamos con la joven en cuestión.

Esta, ha llamado principalmente la atención por la incultura mostrada al pintar un mapa de España con Portugal en su interior. Es decir, poniendo al país luso ocupando el espacio de Zamora, Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva, y por bailar con movimientos insinuantes muy ligera de vestuario. -No creo que en este caso pueda representar a una empresa textil-.

En cualquier caso, lo dicho… Bailando de forma sugerente, hablando sin que prácticamente se la entienda y demostrando su nulo conocimiento en geografía, ha conseguido nada más y nada menos que un millón de incondicionales. Ella no es culpable de nada, ni mucho menos, pues puede ponerse la ropa que le dé la gana o quitársela, si es lo que le apetece. Eso es mucho menos peligroso que idolatrar a influencers que inciten a rebeliones o a golpes de estado. Pero lo que sí nos debería de preocupar, en general, es saber qué tipo de personas estamos formando en nuestros días a todos los niveles, por lo que habría que empezar por aclarar, cuáles son los valores en los que se está sustentando nuestra juventud, ya que estos serán los líderes del mañana. Porque tenemos jóvenes impresionantes, algunos verdaderos ejemplos a nivel mundial, como César Velasco y Jordi Prat-Camps, ambos menores de treinta años, que son de los investigadores más influyentes de sus respectivos campos; epidemiología y salud global, y física cuántica y que, a pesar de servirse de las redes, como todos los de su generación, nunca llegarán a las cifras tan astronómicas de admiradores como la anterior.

Es obvio que no todos valemos para científicos y que los valores son algo más que un curriculum. Que lo importante es la honestidad, capacidad de trabajo, responsabilidad, tolerancia, el respeto…Pero a lo mejor, en el término medio está la virtud. Puede que los dos científicos no tengan miles de seguidores, pero tampoco deberíamos de estar satisfechos de que los líderes de nuestros jóvenes en las redes sociales sean aquellos que no tienen dos dedos de frente, que usan un vocabulario en muchas ocasiones agresivo y repleto de improperios, o que lo único que hacen es quitarse la ropa para darse a conocer.

17 de enero de 2021

NO APRENDEMOS
No pretendo ser ni mucho menos agorero, ni mi intención es desanimar, más de lo que ya está, al lector. Solo es exponer la grave situación en la que nos encontramos, para que cuando se lea este artículo dentro de un año, se demuestre que la mayoría no íbamos mal encaminados. Nuestros responsables públicos, digamos que los más influyentes, nos engañaron con la existencia de un comité de expertos y tampoco a estos se les ha hecho un mínimo caso cuando ya avisaban del peligro de lo que se ha denominado como “salvar la Navidad”. El peligro de la tercera ola siempre ha estado en la mente de todos y, aun así, no han sido capaces de coger el toro por los cuernos. Ahora no vale lamentarse y de nuevo la única esperanza que nos queda es que aprendan de ello. Pero se ve que el aprender de los errores sigue siendo una quimera. Los datos siguen en un aumento descontrolado y, mientras algunas CCAA solicitan el confinamiento total debido a las preocupantes cifras, el Gobierno continúa titubeando y no termina de tener una postura clara sobre la situación.
No entiendo ni entenderé la parsimonia con que toman las decisiones, sabiendo que cada día nos jugamos demasiado. Un día son trescientas vidas que se nos van. Cada día que no se vacuna, es dar la oportunidad al virus para que siga contagiando a miles de personas. Entonces, ¿por qué no se vacuna las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana? Dicen que tenían un plan de vacunación desde agosto, ¿por qué no se ha contratado al personal necesario? Y si no lo han hecho y tienen dificultades, como así se está demostrando, ¿por qué no se dejan ayudar por todos aquellos que se han ofrecido, como farmacéuticos, veterinarios, Ejército, sanitarios jubilados, etc.? ¿A qué están esperando? ¿Prefieren culpar a las CCAA y tacharlas de ineficaces?
Ahora, para colmo, nos encontramos con tres cepas más, la de Reino Unido, Sudáfrica y Brasil que, al parecer, tienen un mayor grado de contagio. Al SARS-Cov-2 le han salido otros amigos, el VUI-202012/01 (Reino Unido) y el 501.V2 (Sudáfrica) más el de Brasil, que tienen la intención de complicarnos más la vida y seguir haciéndonos la puñeta. Por lo que nuestra única y aparente salida es que las vacunas existentes den el resultado esperado y frenen cuanto antes la expansión a nivel mundial.
Pero no toda la culpa la tienen siempre los mismos, pues, aunque hay muchos trabajadores públicos que están haciendo todo lo que pueden por los demás, hay muchos inconscientes que continúan negando la situación, y a pesar de las advertencias, ha vuelto a producirse colapsos en las carreteras de la sierra de Madrid. Si seguimos así, nunca terminaremos con esta pesadilla.
17/01/2021
LA EDUCACIÓN COMO CIMIENTO
Todo comienza con la educación. Sin una buena política educativa que nos lleve a un Pacto de Estado con el mayor consenso posible, un país nunca podrá prosperar, y lo que es peor, el pueblo tendrá muchas más posibilidades de ser utilizado al antojo de unos cuantos espabilados sin escrúpulos de léxico fluido. Por eso es necesario que algún día, aunque creo que mis ojos no lo verán pues ya llevamos siete leyes desde 1970 y, al parecer, lo primero que hace un partido cuando llega al Gobierno es derogar la ley anterior, que las generaciones venideras se pongan las pilas y tomen dicho objetivo como prioritario. Es la única forma de evitar que algunos personajes con una ética personal y profesional más que cuestionable, e incluso en ocasiones sin ninguna preparación, lleguen al poder. Algo de lo que ayer vimos un claro ejemplo, en el supuestamente país más avanzado del mundo. Porque el peligro real, ya no es que salga un Trump de entre los muchos de los que por desgracia existen, sino que le votan setenta millones de personas. Eso es lo verdaderamente grave.
El conocimiento, al que se puede llegar mediante estudios o mediante la propia experiencia vital, lleva consigo un mínimo nivel de exigencia hacia aquellos que nos representan y una demanda constante de honestidad, justicia, rectitud y respeto como normas primordiales de actuación.
Lo demuestran los resultados de los diez mejores países en cuanto a nivel educativo (según informe PISA). Países entre los que, como se pueden imaginar, no está España y tampoco Estados Unidos.
Corea del Sur, Japón, Finlandia, Estonia, Canadá, Polonia, Suiza, Países Bajos, Irlanda y Alemania. Lo más curioso es el caso de Corea del Sur (en el primer puesto), que en 60 años ha conseguido combatir y eliminar casi por completo el analfabetismo. En Japón, por ejemplo, se le da mucha importancia a la educación y como en Finlandia, el profesorado está muy preparado y son muy respetados por la sociedad. Igual que aquí, que no solo se les pierde el respeto, sino que además se han visto agredidos en alguna ocasión mientras se les graba para hacer el vídeo viral. Y cuando alguno de los profesores pretende imponer la autoridad que le corresponde, debe de hacerlo con sumo cuidado para no ser desautorizado o denunciado por los padres del agresor.
Pero anécdotas aparte…
El conocimiento nos lleva a una constante autoexigencia, con el fin de ser libres de pensamiento e ideas, a estar capacitados para razonar con el fin de que nadie nos dicte el qué pensar o con el objetivo de no dejarnos manipular. El saber es la antítesis de la ignorancia y la ignorancia sinónimo de ineptitud.
Aun así, que nadie me malinterprete, pues hay preparados ignorantes e ignaros tremendamente inteligentes. En cualquier caso, ojalá evitemos los dignatarios perturbados empezando por no auparlos al poder. Y para eso, debemos empezar porque todos puedan acceder a una buena y consensuada formación, y que esta no sea utilizada como arma arrojadiza por intereses políticos.
08/01/2021
EL ASALTO AL CAPITOLIO
Nefastas, desgarradoras, vergonzantes…Habría una cantidad ingente de calificativos para las imágenes vistas ayer de la toma del Capitolio en Estados Unidos por parte de los seguidores de Trump. Eso es lo que pasa con el fanatismo y cuando se elige a un loco como representante político. Muchos le han reído las gracias a sus innumerables comportamientos fuera de lugar y han puesto en peligro la democracia del que se supone el país más avanzado del mundo. Y en lugar de condenar el asalto en sus obligadas declaraciones, sigue apoyando a sus huestes y negando la victoria de Baiden. Una lección más del peligro que supone la exaltación o excesivo fervor hacia algo o alguien. Un personaje como este hace daño a su propio partido, a la política en general y a la democracia.

07/01/2021

LLEGÓ LA VACUNA
El 27 de diciembre de 2020 es un día que se recordará y pasará a la historia por haber sido vacunada la primera persona en España contra el coronavirus Covid-19. El virus que comenzó un 31 de enero contagiando a un paciente alemán ingresado en La Gomera.
Hoy, con casi 1.786.000 contagios y 67.000 fallecidos (según el INE) Araceli, una anciana de una residencia de la provincia de Guadalajara, tras santiguarse para solicitar un poco de ayuda divina, que en estos casos no viene nada mal, ha sido la privilegiada de recibir la primera dosis de lo que todos denominan como «el principio de fin». La vacuna de Pfizer que, según todas las previsiones, cuenta con un alto grado de efectividad.
Ahora solo toca esperar. Aguardar pacientemente con la esperanza de que los resultados sean los esperados, pero, ante todo, que aquellos que sean vacunados no sufran síntomas adversos de consideración.
Hoy es un día para la esperanza. Es el primer paso realmente positivo en un camino de once meses repleto de baches, piedras y obstáculos, que lo único que conseguían era desanimar a una población ya muy cansada y que solo veía perder personas queridas todos los días.
La ciencia ha trabajado a un ritmo nunca conocido hasta la fecha y, en tiempo récord, gracias a proyectos de colaboración y a grandes inversiones, ha conseguido poner en el mercado una vacuna, que normalmente hubiera llevado entre cinco y diez años de trabajo. De ahí la desazón o cierta dosis de intranquilidad que siente una parte de la población. Una contrariedad, que seguramente se irá aliviando cuando se constate que la población vacunada no sufre efectos adversos.
En cualquier caso, y aunque no hay duda de que puede ser el principio del fin y de que es una formidable noticia, siempre nos haremos la misma pregunta, y más, si nos comparamos con países como Alemania. ¿Podríamos haber hecho algo más? o, dicho de otra forma, ¿cuántas muertes se habrían evitado si no hubiera habido tanta confrontación y se hubiese trabajado en equipo y con ideas claras y sin engaños desde el comienzo?
Independientemente de las desigualdades insalvables que tengamos con ellos en cuanto a idiosincrasia o temperamento, es obvio que no puede haber tanta diferencia en los resultados entre dos países supuestamente avanzados. Porque si tuviéramos el mismo porcentaje de fallecidos según la población, el número debería haber sido 17.000 y no los cerca de 67.000 muertos que llevamos contabilizados.
Por lo que, ¿es un día para celebrar y estar contentos? sí, ¿satisfechos? en absoluto. Por eso nunca he entendido el excesivo grado de optimismo transmitido por algunos de nuestros representantes.
27/12/2020

A CUATRO DÍAS DE NAVIDAD

Este país ha estado sufriendo la lacra del terrorismo durante unos interminables cuarenta y tres años. Una época donde nos levantábamos todos los días pendientes de cuantas víctimas habría y a quién le tocaría. Una herida que nos dejó casi novecientos muertos y que se consiguió cicatrizar gracias a la colaboración sin fisuras de todos los partidos. Casi medio siglo de tensión constante por culpa de alguna posición ideológica extrema. Tan extrema que mataban por esta. Por lo que no dejo de hacerme todos los días la misma pregunta: si fueron capaces de estar unidos durante ese largo período, ¿por qué con este terrorismo bacteriológico que ya se ha llevado por delante a casi setenta mil personas en solo nueve meses, no han sido capaces de aproximar posturas por el bien común?
Es obvio que nuestro nivel de exigencia cada vez es menor y que nos dejamos engañar con mayor facilidad. Hemos convertido en costumbre lo que debería de ser extraordinario. Nos engañan hasta con la cifra de fallecidos y ni para eso se ponen de acuerdo. Una falta continua de ética política. Mientras unos se han justificado detrás de un Comité de Expertos que nunca existió, otros no dejan de poner palos en la rueda con tal de que su adversario político fracase.
Y para complicarlo un poco más, ahora hay diecisiete normativas distintas que cambian constantemente y no dejan de pasarse la responsabilidad unos a otros. Ya se sabe que “el éxito tiene muchos padres, el fracaso es huérfano”. Estamos a cuatro días de Navidad y nadie sabe con seguridad cuales son las reglas. ¿Qué se puede hacer? ¿Dónde se puede acudir? ¿Son seis o diez personas? ¿A qué hora el toque de queda? En alguna Comunidad se puede salir, pero no se puede entrar. En otra solo los empadronados. Los bares dependen de si están en el sur, norte, este u oeste, etc.
Por ese motivo los profesionales ya se han cansado y han hecho publico un escrito pidiendo responsabilidad individual, porque ya ha pasado el tiempo de los políticos. Hay que olvidarse de ellos, porque ya han demostrado de lo que son capaces. Ya no es cuestión de echarles la culpa. Ahora toca al resto ponernos en marcha y actuar con sensatez.
Os deseo una Feliz Navidad y cuidaos mucho estas fiestas, para que no falte nadie en las próximas.
20/12/2020

EL GRAN DISCURSO

Hace un par de días me sorprendió escuchar el discurso repleto de emoción de la canciller alemana, la Mutti (mamá) Ángela Merkel, donde abogaba por poner restricciones más duras en las próximas semanas. Todo, usando una vehemencia que se ha echado de menos en más de una ocasión. Una actitud que la engrandece más si cabe como ser humano. Entre tanto, pedía a sus ciudadanos responsabilidad individual, porque no se podía permitir seguir perdiendo más de quinientas vidas todos los días. Con los ojos humedecidos y a punto de soltar unas lágrimas, apelaba con fuerza y pasión, a que las personas tuviesen un comportamiento adecuado a las circunstancias extremas que se están viviendo.

Sinceramente, lo echaba de menos. Eso es lo que he echado en falta en nuestro país. Eso es lo que esperamos, una expresión de preocupación directamente proporcional a la tragedia que estamos pasando. No significa llorar, pero sí demostrar en el rictus un mínimo de consideración hacia las personas fallecidas y familias destrozadas, en lugar de dirigirse a la población como si fueran a exponer los resultados de unas elecciones generales (mal ejemplo, pues han gimoteado mucho más por este motivo en alguna ocasión).

Claro que hace falta optimismo en los momentos duros y que una sonrisa es la mejor cura. Pero, «lo cortés no quita lo valiente» y eso no es excusa para un comportamiento decoroso y acorde con las circunstancias.

Será que ya voy teniendo cierta edad y me estoy volviendo sensible, o que la vida me hace demasiado exigente con una parte de nuestra clase política actual, que solo ha transmitido sentido de la confrontación, egoísmo, poca dignidad y falta de humildad.

No es la primera vez que alguien me comenta «estoy harto de tanta cifra, de que nos estén bombardeando todos los días con el número de fallecidos u hospitalizados». Puede que tenga razón o puede que demuestre insensibilidad. Eso quedará a juicio de cada cual y a su criterio.

Lo que sí es posible, es que el estar escuchando las cifras de los fallecidos todos los días nos haya hecho imperceptibles a la gravedad, irreconocibles al dolor ajeno y despreocupados de la verdad.

10/12/2020
¿HA SIDO MEJOR GESTORA LA MUJER?
En cuanto a esta crisis, al parecer, no hay ninguna duda.
Una de las mayores virtudes del ser humano es la humildad. El reconocer que siempre tenemos algo y alguien del que aprender. Y aunque me repita con la frase que considero un dogma de vida, un pensamiento que me hace seguir aprendiendo todos los días y que he escrito en numerosas ocasiones «el primer paso de la ignorancia es presumir de saber», en este caso viene perfectamente a colación.
Deberíamos de sentir vergüenza o, cuando menos, algo de envidia por cómo ha sido gestionada la pandemia en otros países. Ante todo, preguntarnos además el ¿por qué los países que mejor han gestionado la pandemia están dirigidos por mujeres? No es una casualidad y lo avalan los datos.
Han sido más rápidas, más eficaces y mucho más resolutivas a la hora de tomar decisiones. La capacidad a la hora de hacer los test y de aislar a los pacientes ha sido máxima.
Angela Merkel, además física de formación, decidió y tomó medidas antes que sus vecinos europeos. 19.434 fallecidos en una población de 83 millones de habitantes, mientras que España contabiliza más de 60.000 muertes con la mitad de población.
Mette Frederiksen, primera ministra danesa desde 2019, decidió con prontitud el cierre de fronteras y siguiendo el ejemplo de Noruega dio una breve conferencia dirigida a los niños del país, con el objetivo de que fueran estos los que concienciasen a sus padres. El resultado ha sido espectacular.
Sanna Marin de Finlandia, gracias a su previsión en cuanto a suministros médicos y equipos necesarios para tratar a los pacientes, el coronavirus no le pilló desprevenida. Su gestión de la pandemia con solo 72 muertes (a 16 de abril), en una población de 5,5 millones de habitantes, ha sido aprobada por el 85% de la población finlandesa. Mientras que Madrid ya suma 11.500 fallecidos, Finlandia lleva 415 muertes con prácticamente la misma población.
Katrín Jakobsdóttir de Islandia mantiene a raya el coronavirus con una estrategia única en el mundo. Ofreció pruebas gratuitas a todos los ciudadanos con la intención de detectar y aislar a los contagiados, sin tener que cerrar las escuelas.
Erna Solberg de Noruega, fue de las primeras en reaccionar de toda Europa desde que se detectó el primer caso el 26 de febrero. También involucró a los más pequeños y funcionó.
Jacinda Ardern de Nueva Zelanda nunca habló de aplanar la curva, sino de eliminarla. Fue de las más agresivas proponiendo un confinamiento cuando apenas había seis casos confirmados.
Y por último la presidente de Taiwán Tsai Ing-wen, quien introdujo 124 medidas para no tener que recurrir al confinamiento de la población.
Además del ejemplo de Finlandia, también tenemos el de Noruega que, con una población aproximada a la Comunidad de Madrid, contabiliza 359 fallecidos en lugar de los 11.445 de la capital.
¿Y dicen que no hay que pedir responsabilidades? Estamos hablando de vidas humanas, no un dato más para salir bien en la foto de las estadísticas. Mientras aquí se han dedicado a discutir mes tras mes, teníamos países a los que podríamos haber copiado sus tácticas y normas de actuación.
¡Señores, nos han dado «sopas con honda»! Hemos ido de prepotentes asegurando que no iba a pasar nada, que estábamos preparados para actuar y cuando llegó el momento también presumíamos de haber doblegado la curva. Todo, palabras bonitas y fuera de la realidad, mientras seguían y siguen aumentando el número de fallecidos. Mientras otros ya lo han controlado, aquí seguimos discutiendo si incluimos a los allegados en la cena de Navidad.
Con más de 60.000 muertes ¿cómo hemos sido capaces de presumir de nada?
En algún momento de la historia, esta tendrá que juzgar por sí sola a aquellos presuntuosos y faltos de humildad que se han estado jactando de hacer bien las cosas o alardeando de tomar las mejores decisiones.
8 de diciembre de 2020

EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN

Hoy nos levantamos con la gran preocupación de ver como se está perdiendo el espíritu de la transición, y de observar como algunos se quieren cargar poco a poco los valores que nos han llevado a disfrutar de una de las épocas más largas de consenso, convivencia en paz y solidez democrática de la historia reciente de España. En este caso tras una celebración de un Día de la Constitución algo triste por la forma, debido a las exigencias de la pandemia, pero más por el fondo. Una Carta Magna que se utiliza desde hace tiempo como otro motivo más de disputa. Justo todo lo contrario con el fin para el que fue creada.

La Constitución tenía como principal objetivo facilitar el punto de unión entre las personas. Unas reglas de juego para la convivencia en paz y libertad entre todos los españoles.

Sin embargo, las actuaciones incongruentes son cada vez más numerosas y nos llevan a pensar de la hipocresía con la que se actúa en su nombre, ya que unos prometen acatar sus normas con una mano en el momento que llegan al cargo, para posteriormente con la otra querer anular o romper lo que esta dicta. Por eso, el espíritu de la transición no es solo una expresión, es mucho más. Es el reconocimiento de un pluralismo que necesitó de un amplio consenso. Un acuerdo en el que todos trabajaron con sentido de Estado.

Pero ahora, los jóvenes de la política actual le han cogido el gusto a la disputa y al enfrentamiento. No saben moverse en aguas mansas y necesitan de las bravas para tapar la incompetencia y para desviar la atención de los problemas verdaderamente importantes.

La pandemia ha servido para que salgan a relucir los trapos sucios. Para demostrarnos donde estaba escondida la ineficacia y la ineptidud, pero también para evidenciar, una vez más, que lo mejor de este país son sus ciudadanos. Que, salvo excepciones, estos son los que se revelan ante los momentos difíciles, los que son capaces de dar su vida por los demás, los que no se rinden y se levantan todos los días para construir un país mejor. Pero para completar la ecuación, los que nos representan deberían de estar a la altura. Tendrían que evitar tirar por la borda el trabajo válido que otros hicieron.

Esa es la razón por la que uno de los padres de la Carta Magna, Miquel Roca, pida respeto hacia esta y a los que hicieron posible la Transición Española. «Invocarla constantemente para decir éste la cumple y éste no, es manosearla en balde».

No se puede estar siempre hablando de forma despectiva, denominándola como «Régimen del 78». La utilizan como arma arrojadiza y para hablar de ellos y nosotros. Invocando a bandos para alejarse cada vez más de una unión que parecía consolidada, pero que están poniendo en peligro con ideas extremistas. Los extremos nunca han sido buenos porque alejan de un posible consenso a sus interlocutores.

De vez en cuando sale alguna voz cualificada a la palestra, pero no tardan en intentar clausurar sus palabras, y en lugar de aprender de la experiencia de hombres y mujeres sabios/as, que los hay, se rechaza a los mayores porque dicen que ha pasado su hora. Que deben retirarse de la escena política. Si es así, que apunten dos frases que no será la primera vez que me vean transcribir, «el primer paso de la ignorancia es presumir de saber» (Baltasar Gracián) y «los inteligentes resuelven los problemas, los sabios los evitan» (Albert Einstein).

07/12/2020

UN LÍO DEL CARAJO

He tenido que interrumpir mi escritura durante un par de días por problemas de salud, y en este corto intervalo de tiempo, el ministro Illa ha comunicado el acuerdo referente a las normas necesarias para esta Navidad y que, según él, está consensuado con las CCAA. Algo al parecer incierto, porque no han tardado ni media jornada en contradecirle más de un presidente. Por lo que estamos como siempre.

A pesar de las instrucciones que se dan después de una larga reunión, para decidir el número de comensales o la hora del toque de queda, siguen queriendo buscar la confrontación para demostrar, ante todo, quien lleva los pantalones en cada región. Y como no tienen bastante, han sacado a la palestra un motivo más para poder deliberar. Ya que se han unido como elemento de discordia en las reuniones de Noche Buena y Noche Vieja, además de a los ya autorizados abuelos, hijos, nietos, nueras, cuñados, etc., con un máximo de diez, los allegados.

No sería de extrañar que alguno aproveche la coyuntura para cambiar a la suegra por un allegado. Y llegado el caso, nunca mejor dicho, hasta para incluir a la amante del cuñado del que nadie quiere saber nada durante todo el año.

Unos dicen, que solo sea válido el núcleo familiar otros que, de acuerdo, pero, siempre y cuando sean convivientes. Unos terceros que cuenten los niños, los cuartos que si no se supera la cifra de diez comensales que sí puedan dos familias, y los quintos, que el número dé exactamente igual y que lo que sea prioritario sea la carga viral del espacio. Y no nos olvidemos de los sextos, que son los que quieren mandar a los abuelos a la cocina para evitar el riesgo de contagio, mientras que los séptimos se niegan a aceptar el toque de queda, si además se queda, nunca mejor dicho, el cuñado de la amante de la otra familia conviviente que, si no recuerdo mal, nadie se hablaba con él, porque era el que había propuesto que los niños no entrasen en la norma y se fueran a la cocina a cenar con los abuelos. Y por último y al que nadie ha mencionado es el perro. ¿Qué hacemos con el perro? ¿Puede otra familia de convivientes traer al suyo, siempre y cuando no se exceda de diez y vuelvan a casa después de su paseo antes del toque de queda?  Es decir, un lio del carajo.

Bromas aparte, lo cierto es que debemos de apelar a la responsabilidad individual. El amor no entiende de fechas ni de fronteras, y los que se quieren de verdad, lo suelen demostrar todos los días del año. Y puede que este año que termina, el mejor síntoma de cariño hacia los tuyos sea el demostrárselo a distancia, para que nadie falte en el 2021.

Solo hay una cosa bien clara, ¡ser felices y cuidaos mucho!

06/12/2020

DEMASIADAS DUDAS

Por fin empieza a verse la luz al final del túnel. A pesar de las, todavía elevadas cifras de fallecidos, la esperanza de volver a disfrutar de una vida normal aumenta con el paso de los días. El proceso de vacunación está cada vez más cerca y ahora solo falta salvar el último y, a su vez, importante escollo. Es decir, que la efectividad prevista por las farmacéuticas se veraz y que no haya excesivas contraindicaciones.

Dicho proceso de vacunación, como es lógico, no será obligatorio y muchos, entre ellos los negacionistas, movimiento que respeto, pero no comparto, me imagino que no querrán vacunarse. Cuando llegue el momento, nos daremos cuenta de si ha sido un sentimiento real o solo se han dejado llevar por cierta dosis de rebeldía y de llevar la contraria a la mayoría.

El problema de la libertad en lo que se refiere a la salud, es mucho más complejo que escoger el color del toldo que cada uno se quiera poner en su balcón. Y si las personas son capaces de llegar a un consenso en ese tipo de cuestiones, en este caso, con el fin de mantener la estética del edificio, tendría que ser más sencillo, el ponerse de acuerdo en cuanto a las personas a vacunar, con el objetivo de no enfermar y de no contagiar al resto. Algo que todavía no está lo suficientemente claro, debido a las numerosas incógnitas que quedan por resolver.

Refiriéndonos a la de Oxford, por ejemplo, no se puede asegurar, o por lo menos existen muchas dudas referentes a que, aunque la vacuna impida que se desarrolle una versión grave de la enfermedad, esta evite que las personas se infecten o contagien a los demás. Según una publicación de NIUS.

«Las vacunas más avanzadas, como la de Oxford, podrían suavizar los síntomas, pero no evitar que la gente se infecte y contagie a otros»

«Los proyectos más destacados en la carrera por la vacuna presentan limitaciones similares»

«Este tipo de vacuna sólo protege a quien consigue una dosis y puede dejar expuestos a los ancianos»

La lista de preguntas sin aclarar es aún demasiado amplia y crea, si cabe, más incertidumbre.

«Reducir el riesgo de infección es la base de la inmunidad de rebaño. Una vacuna que protege de la enfermedad, pero no de la infección y la transmisión, puede ayudar a quienes reciban una dosis, pero no al resto de nosotros» Palabras del epidemiólogo de la Universidad de Harvard, Marc Lipsitch.

La mayoría piensa o tiene la sensación de que, en cuanto nos vacunemos, ya podremos hacer una vida totalmente normal, y según numerosos expertos epidemiólogos, todavía está por ver. Es decir, seguimos con un «cacao mental del carajo».

La propia OMS avisa de que las vacunas no van a erradicar, por ahora, al coronavirus, pues mientras se vacunan todos los grupos prioritarios, seguirá habiendo los llamados «supercontagiadores»

Como suele ser habitual, la Organización Mundial de la Salud se cubre las espaldas ante un posible fracaso y comunica que esperan controlar la expansión del virus con la vacunación, pero que, hasta que no conozcan como va a funcionar en la vida real y tenga más detalles de cómo se transmite, no puede asegurar su erradicación. «Mientras exista el potencial de una persona supercontagiadora, nos arriesgamos a que haya una transmisión a pesar de la campaña de vacunación». ¿Pero no conocían ya la forma de transmisión?

A estas alturas de la pandemia y lo único seguro que sabemos, es que no sabemos nada.

29/11/2020

HASTA SIEMPRE DIEGO

Tenía la intención de comentar la triste noticia de la cifra de los 537 fallecidos habidos en el día de ayer. 537 familias destrozadas por el dolor, aún más si cabe, sabiendo de lo cercanos que han estado de una vacuna que les habría salvado la vida. Un sentimiento que se irá acrecentando en muchas de las familias que a partir de ahora pierdan a algún familiar.

Por eso, ahora más que nunca, la impaciencia es una mala compañera de viaje. La ansiedad o exasperación por el deseo de celebrar la Navidad sin las medidas necesarias nos pueden hacer retroceder gran parte de lo ya andado.

Y solo podemos ser nosotros, a nivel individual, los que actuemos con responsabilidad. Que es mejor no celebrar la Navidad que hubiéramos deseado, con tal de poder disfrutar de todas las que quedan por delante. Ante todo, porque no podemos esperar a que se pongan de acuerdo nuestros responsables políticos. Una vez más, ayer fracasó la reunión entre CCAA. Un acuerdo al que no son capaces de llegar por nimiedades. Unos dicen que un máximo de seis personas, otros que diez. Algunos que el toque de queda en Noche Vieja sea a la 01.00, otros a la 01.30 u otros a las 02.00. ¿De verdad creen que lo van a poder controlar?

No hay duda de que algunos solo tienen el afán de buscar por todos los medios la crispación. De buscar exclusivamente la confrontación. El discutir por discutir. Son capaces de poner en peligro la unión por media hora.

En cualquier caso, el 25 de noviembre de 2020 se recordará a lo largo de la historia porque a Diego Armando Maradona, el Dios del fútbol, se le paró definitivamente su más que desgastado corazón.

Un ídolo en vida y ya toda una leyenda. El que para muchos fue el mejor jugador del mundo se ha ido para siempre. Ejemplo de lo mejor del deporte y de lo peor de la vida. Sus excesos y principalmente sus problemas con la droga le llevaron en numerosas ocasiones a rozar una muerte que al final le ha ganado el partido más importante.

Y aunque un servidor piensa que Pelé fue mejor, eso ya va en gustos, no cabe duda de que la pasión nacional que provocó Maradona no ha sido igualada por nadie.

Fue el salvador y ejemplo del orgullo patrio. Un país que pasaba por malos momentos y que sufría la humillante derrota en la Guerra de las Malvinas en 1982, fue vengado con el famoso gol ante Inglaterra el 22 de junio de 1986. El mejor gol del siglo según una encuesta de la FIFA. Regateó a todos los jugadores que se fue encontrando en su camino hacia la portería, como si estuviera avanzando en la batalla eliminando enemigos a su paso. Fue el sinónimo de la vendetta perfecta de toda una nación a través del deporte. Un balón que golpeó con fuerza en el corazón de los ingleses y alivió, en parte, el de los argentinos.

Una muerte que la sufren tanto como les dolió la de Evita Perón.

¡Impresionante! Hasta siempre Diego.

26/11/2020

OTRA MÁS
La Educación es sinónimo de la prosperidad de un país, de riqueza cultural y social. Y, por esa razón, no creo que sea positivo que se apruebe la octava ley de Educación de la democracia. Y no me refiero a la ley en sí, que tendrá sus detractores y partidarios, sino a que se modifique una y otra vez las reglas de juego de algo tan importante como la educación de nuestros hijos. Una ley que, a pesar de los vítores de alegría mostrados por la mayoría con la que ha sido aprobada y a los, a veces excesivos aplausos como muestra de apoyo a la ministra Celaá, ya comienza cojeando, como así le pasó a las anteriores.
Cuando se aprueba sin un amplio consenso, solo significa una cosa, que cuando vuelva otro partido al Gobierno, lo primero que hará será revocarla. Y no podemos seguir así, porque perdemos todos. Porque el sistema educativo aumenta año tras año sus deficiencias. Una ley de educación cada cinco años, porque nunca se han puesto de acuerdo Gobierno y oposición.
Una ley que tiene muchos puntos polémicos y que ha hecho saltar, no solo a los padres, sino a una gran parte del profesorado. Ante todo, en lo que se refiere a los alumnos de centros de Educación Especial, pues el texto de la ley no deja de ser ambiguo y lleva a interpretaciones. “Las Administraciones educativas velarán, para que las decisiones de escolarización garanticen la respuesta más adecuada a las necesidades específicas de cada alumno o alumna”. Y “da un plazo de diez años para que los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones a los alumnos con discapacidad”. Pero ¿quién evalúa esas necesidades y condiciones? Lo que para unos puede ser adecuado, para otros puede ser insuficiente. Demasiadas incertidumbres.
A eso hay que sumarle la supresión de la referencia al castellano como lengua oficial del Estado en la enseñanza, la consideración del castellano y las lenguas cooficiales como lenguas vehiculares y la fijación de la “excepcionalidad” de la repetición de curso, etc.
Vamos de mal en peor. En la actualidad ocupamos el puesto 38 de 137 según el último informe del World Economic Forum, por detrás de Indonesia, Líbano o Costa Rica.
No me extenderé, porque seguro que comenzarán las enérgicas expresiones y agresivos mensajes, con los que algunos contestan debido a un fanatismo exacerbado en un tema, además, tan delicado y con la gran diversidad de puntos de vista. Pero si la ley se queda como está, podría conllevar el cierre de colegios de Educación Especial.
La intención de la ley o el fondo de esta, no tengo la menor duda de que es positiva, ya que busca eliminar la discriminación social. Y son los padres los primeros a los que les gustaría dicha integración. Pero los que tienen un hijo necesitado de esa pedagogía, saben que la unificación es una quimera. Aceptan la realidad y son conscientes de que requieren de terapeutas y tratamiento específico.
Lo único seguro de tanto cambio legislativo es que siempre pierden los mismos, los niños. Y con el paso del tiempo, la sociedad en su conjunto.
21/11/2020
TOPOS
Un escritor, con el añadido de una incapacidad física, es decir, un servidor, está acostumbrado a confinamientos prolongados. A pasarse cientos de horas oculto entre sus libros, imbuido por unas historias necesitadas de ser contadas. Pero todo el mundo sabe, que no es lo mismo un encierro elegido que un aislamiento obligado. Apartado temporalmente de la vida social por un voluntario ostracismo sanitario. Y, sobre todo, cuando este es por causa de supervivencia, como les sucede a muchos de nuestros mayores. Son nuestros topos del siglo XXI. Recluidos en las habitaciones de las residencias o entre las desoladas paredes de su hogar.
Pero ¿hasta cuándo sería capaz el ser humano de soportarlo? El hombre puede soportar más de lo que se imagina. El ejemplo perfecto fueron los llamados topos. Todos aquellos que vivieron ocultos para poder escapar de la represión franquista tras la Guerra Civil. Hasta 38 años estuvo escondido el alcalde Protasio Montalvo.
Sin embargo, nunca terminaremos de sorprendernos a nosotros mismos, ya que podemos ocultarnos el tiempo que sea necesario para proteger nuestra integridad o, todo lo contrario, exponernos al peligro sin ningún tipo de reparo.
Pero olvidémonos de los topos y del aislamiento por el momento, porque ya queda menos para que salgamos de esta.
El ministro Illa ha recalcado que el proceso de vacunación será esta próxima primavera. Ante la pregunta del periodista de que si iba a ser mayo la fecha esperada, él ha comentado con énfasis que, incluso antes. Finalizando su respuesta con “En mayo habrá un porcentaje de vacunación relevante en España. Serán vacunas seguras y eficaces”.
Si en esta ocasión las palabras del ministro no son ficción, son buenas noticias. Ojalá no yerre en algo tan importante, pues con la esperanza no se bromea y con la cura de la pandemia, mucho menos.
Porque este país, independientemente de los incívicos comportamientos que hemos visto por partes de una minoría, o de los negacionistas con mascarilla, siempre ha demostrado que sabe salir adelante. Y solo le hace falta un mínimo empujón moral, para convertir lo negativo en positivo, lo arduo y complicado en alcanzable, y lo imposible en hecho consumado.
Porque cuando esto termine, los topos saldrán de sus madrigueras para que el rebrote, esta vez económico, se extienda rápidamente.
09/11/2020
UN ENGAÑO SIN SENTIDO
Ya se veía venir.
El hambre lleva al ser humano a hacer todo lo que sea posible para dar de comer a los suyos, y le da igual ser contagiado por cualquier tipo de virus si se ve en esa tesitura. Los cierres de los negocios, sobre todo, en restauración, no han hecho nada más que crecer, y se les ha llevado al máximo nivel de resistencia. Y mientras que en Alemania perciben ayudas directas, como por ejemplo recibir el 75% de lo facturado en noviembre de 2019 , aquí en España, no solo siguen esperando a recibir cualquier tipo de ayuda, sino que continúan pagando todos los impuestos habidos y por haber. “O nos ayudan o cerramos definitivamente”, declaran los de Cataluña.
Lo cierto es, que no estamos pasando por los mejores momentos a nivel global, lo miremos como lo miremos, pues además de a la pandemia que está castigando al mundo, tenemos que sumarle los desastres naturales provocados por el cambio climático. Y como no tenemos suficientes problemas, el ser humano con su estupidez, los incrementa más si cabe.
Donald Trump se agarra a la Casa Blanca como una lapa y provoca uno de los cambios de presidencia más ignominiosos de la historia de Estados Unidos, llevando a la nación a una confrontación social cuyo final está por ver.
El Frente Polisario, el movimiento que se identifica con la República Árabe Democrática Saharaui (RASD), da por terminado el alto el fuego firmado con Marruecos en 1991 y declara la guerra al reino alauí, argumentando que es por un cambio en el statu quo del Sahara.
Las protestas en contra de Merino en Perú terminan con duros enfrentamientos con la policía. Una represión que aumenta con el paso de los días.
Podría estar dando noticias de conflictos internacionales sin parar, pero no es cuestión de amargar la lectura más de lo necesario.
Pensemos, en cualquier caso, en las noticias positivas, que también las hay, aunque últimamente cueste encontrarlas, y centrémonos en lo que sucede dentro de nuestras fronteras.
La vacuna cada vez más cerca. Esa es la esperanza.
En cualquier caso, han sido dos las noticias que han destacado en estos días. La petición de cese inmediato de Fernando Simón por parte del Colegio de Médicos de España y el supuesto pacto con Bildu para sacar adelante los Presupuestos. Algo que todavía está por ver.
Fernando Simón cada vez tiene más enemigos y hay que reconocer que, además de equivocarse en innumerables ocasiones demostrando su incapacidad para gestionar la pandemia, ha tenido expresiones impropias para el cargo que ostenta, falta de tacto e incomprensión hacia todo el Cuerpo médico. Es un desgastado personaje que debería de salir de la escena política y dar paso, de una vez por todas, a un Consejo de Expertos. Un Consejo que, a pesar de las promesas e innumerables ocasiones en que ha sido nombrado, nunca existió. Una falsedad más a aumentar a la larga lista de mentiras.
Pero ¿por qué engañar con algo así?, ¿qué han conseguido con ello? ¿Era tan complicado nombrar al grupo de expertos o, de no ser así, asumir que son ellos los que han estado tomando directamente las decisiones?
Son comportamientos infantiles e inadmisibles que no tienen justificación, y más, con todo lo que está en juego. Un embuste sin sentido con el único afán de, lo más seguro, exculparse de las críticas sociales.
17/11/2020
UNA PRUDENCIA MÁS QUE NECESARIA
No podría suceder nada tan positivo, como el anuncio del, más que posible, lanzamiento de la vacuna de la farmacéutica estadounidense Pfizer y la firma alemana BioNTech. Un subidón para un estado de ánimo que se estaba viendo hundido por momentos. Algo que ha servido para que algunos se forren por la subida de la bolsa, pero que no minimiza ni un ápice la importancia de la noticia.
Pero los fallecidos siguen aumentando, por lo que ahora más que nunca, y con el futuro algo más halagüeño, debemos de actuar con precaución y no con impaciencia. Sería una pena que con la vacuna tan cerca muchos se vean contagiados, y lo que es peor, fallecidos. El haber estado tan cerca de la solución y por un ansia anticipada, perder todo un futuro.
Me imagino que muchos verán el cielo abierto y se sentirán con ganas fiesta, cuchipandas y festejos varios. Es preferible perder una Navidad, que no la vida entera. Porque hay mucho por delante y mucho por disfrutar.
La vacuna llegará, pero no el mes que viene. Todavía tiene que ser aprobada por la Agencia Europea del Medicamento y seguir los procesos necesarios. Por eso, más que nunca la regla de las tres pes: paciencia, prudencia y perseverancia con nuestra actitud.
Dentro de unos meses podremos decir que pasamos una de las peores pesadillas de nuestra vida, y la economía seguro que repuntará con más velocidad de lo esperado. Para eso debemos de hacer un último esfuerzo y ser más precavidos que nunca, para dejarnos a los menos posibles por el camino.
10/11/2020
ORGULLO PATRIO (15/10/2020)
Tras haber celebrado el día del Pilar, un extraño día de la Hispanidad marcado principalmente por la pandemia y tras leer diferentes artículos de opinión sobre este, me viene a la mente la pregunta del ¿por qué estamos los españoles tan faltos de autoestima nacional?
Soy el primero que, a lo largo de esta pandemia, he practicado ante todo el sentido crítico, más que el constructivo, posiblemente, porque en tiempos de tanta tensión como el que estamos viviendo, la peor experiencia vivida tras la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial, si extrapolamos dicha vivencia a nivel internacional, uno espera lo mejor de las personas. Uno necesita creer que, a pesar de las diferencias lógicas entre los seres humanos, va a prevalecer el sentido común como prioridad, con el único afán de ayudarnos unos a otros.
Es obvio que estoy equivocado y que mis deseos, son más una utopía o un anhelo difícil cumplimiento, pues no hace falta salir de nuestras fronteras para percatarnos de todo lo contrario.
España tiene mucho de lo que presumir y, sin embargo, como suele ser habitual, siempre destacamos o sacamos a relucir todo lo negativo.
Los entendidos en marketing internacional opinan que necesitamos promover una campaña de orgullo patrio, pero para eso tendríamos que comenzar a sentirnos orgullosos de verdad y no avergonzarnos de todo lo que tiene que ver con la nación. Somos el único país donde portar la bandera nacional supone un peligro para la integridad de la persona que la lleva con orgullo. El único país sin letra en su himno. El único donde cuando competimos en un deporte a nivel internacional pitamos a quien defiende nuestros colores, que, aunque pueda haberse buscado la crítica, ya habrá tiempo de demostrarla y no cuando puede perjudicar a todo un equipo. Se desea que pierda o se menosprecia la victoria de Rafa Nadal porque simplemente ha hablado sobre el Gobierno.
Somos un país que tenemos mucho de lo que presumir. Primer productor de biocombustible, estamos a la cabeza de las energías renovables o de donantes de órganos, somos el tercer fabricante de automóviles de Europa, etc., y así podríamos seguir con una lista muy extensa, pero a pesar de ello tenemos una imagen derrotista. Todo se lleva al terreno de la política, porque estos han sido los primeros que se han encargado de crear un clima de irritación y confrontación.
De ese modo, parte de la sociedad, principalmente los jóvenes bien preparados, perciben una situación complicada y de futuro incierto, y se buscan las habichuelas fuera de nuestro país, porque están mejor valorados.
Hay una cosa bien clara. Desde hace cuarenta años no veía tanta desunión, y es ahora cuando tenemos que estar más unidos que nunca, más orgullosos de este país y ofrecer todo nuestro apoyo a aquellos que luchan diariamente por salvaguardar la vida de los demás anteponiendo la suya.

UNA BRISA DE OPTIMISMO EN TIEMPOS DE PANDEMIA (13/10/2020)

Hace un par de días, la mayoría de los españoles consiguieron olvidarse durante unas tres horas de la pandemia, de las tensiones políticas y de los problemas cotidianos a los que se están enfrentando. Son ya sietes meses que lo único que escuchamos son las cifras de contagios, la de fallecidos, las de aquellos que están en ERTE o las negativas previsiones económicas que están por llegar.

Durante ese breve período pareció congelarse el tiempo. Una brisa de optimismo entró en cada hogar porque un gran deportista y mejor persona demostró, una vez más, lo que se puede llegar a conseguir con esfuerzo, mucho entrenamiento y una mentalidad fuera de lo normal. Rafa Nadal volvió a conseguirlo. Repitió una hazaña, que no por ser habitual, pierde la importancia ni el valor que supone el conseguir la ensaladera por treceava vez.

París y su torre Eiffel se rinde a sus pies y España presume de tener a uno de los deportistas más grandes de la historia. Pero lo más importante es la lección de humildad que sigue dando y el orgullo que demuestra hacia su país sin tapujos. Todavía, y a pesar de sus innumerables victorias, de sus ojos brotan lágrimas de emoción mientras escucha el himno español. Un gran ejemplo para muchos jóvenes deportistas que empiezan y un ídolo para toda una nación.

Un reportero preguntó a un ciudadano sobre la victoria de Nadal y este le respondió: “Rafa es ahora la única y verdadera marca España”. El señor no estaba exento de razón pues la imagen no es algo de lo que España pueda presumir en estos meses. Por cierto…, creo que ya va siendo hora de proponer que se cambie el nombre del torneo por el de Torneo Rafa Nadal.

Bromas aparte. Todos pensamos y actuamos de forma distinta, sin embargo, en momentos como el vivido el pasado domingo, somos capaces de unirnos ante un sentimiento común. Un sentimiento que, aunque por poco tiempo, parece empujar en la misma dirección. Pero, por desgracia, al día siguiente tenemos que volver a enfrentarnos a la cruda y triste realidad. Regresamos a la desazón y a la impotencia que se siente en esta pesadilla que no quiere terminar.

Esas tres horas son un breve nanosegundo en la historia. Una fracción de un espejismo que nos gustaría que fuera interminable. Una quimera, que se destruye cuando volvemos a reencontrarnos con unos verdaderos comportamientos, que demuestran las desavenencias tan abismales que existen para buscar soluciones ante una pandemia, por ejemplo, en Madrid. Unas actitudes donde salen a relucir las diferencias, más que lo que nos une.

El partido de tenis entre el Gobierno central y la Comunidad Autónoma de Madrid, por seguir con el símil deportivo, no tendrá vencedor. Ya que enrocarse en una actitud irresponsable, solo puede conllevar más incertidumbre y más pérdidas humanas, algo que no nos podemos permitir.

Mientras tanto, mientras esperamos con paciencia a que nuestros políticos sean iluminados por un halo de sensatez y conocimiento, disfrutemos de la 12 + 1 victoria en Ronald Garros de Rafael Nadal Parera, a quien se le entregará la Gran Cruz de la Orden del Mérito Deportivo.

DIGNIDAD

En este país no dimite “ni Dios”. Da igual lo que se haga. Da igual lo que se diga. Da igual lo robado o lo no declarado. Da igual que esté uno investigado, acusado o incluso sentenciado, que se agarran a sus políticos aposentos o a sus aforadas poltronas de tal forma, que no se van ni con agua caliente o lo que sería más normal, por la poca dignidad que les pudiese restar, si es que llegaron a tenerla en algún momento.

Pero para poseer dignidad política hay que empezar por tenerla personal, y eso ya es mucho pedir para unos señores que usan el engaño como norma habitual de actuación. “La dignidad indica el respeto y la estima que todos los seres humanos merecen y se afirma de quien posee un nivel de calidad humana irreprochable”. Por eso me gustaría pensar que no siempre es la falta de dignidad, sino un exceso de ambición el que les mueve a actuar de ese modo ya que, si todos actuasen con la autonomía que disponen para gobernarse a sí mismos con integridad y decencia, pondrían por encima estas cualidades en lugar de seguir en el puesto despojados de toda conciencia.

Aun así, ni mucho menos es todo culpa suya. Todos tenemos una parte de responsabilidad en este sainete político en el que cada vez estamos más acostumbrados a estos fraudes morales, ya que los principios y deberes bajo los que todos debemos de actuar se ven vulnerados y corrompidos una y otra vez, porque hemos perdido nuestro nivel de exigencia hacia aquellos que, como representantes del pueblo, deberían de tener como cualidad principal.

Tenemos que ser mucho más rigurosos en el cumplimiento de los deberes públicos e intransigentes con aquellos que los incumplan, en caso contrario iremos de mal en peor.

La dignidad está relacionada con la excelencia y la honestidad de las personas en su forma de comportarse. Y una persona digna es la que actúa a su vez bajo la ética y la honradez. De ahí que la frase de Gandhi de que “la ética es el fundamento de las cosas y la verdad la esencia de toda moralidad”, sean pensamientos y formas de actuación cada vez más difíciles de ver.

Ojalá dejemos poco a poco de ser el país de la picaresca del “Lazarillo de Tormes”, del constante fraude político o de la seducción lingüística que algunos manejan a la perfección, pues ya se sabe que: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

8/10/2020

NUESTROS ANCIANOS

De nuevo las personas de mayor edad son las más perjudicadas en estos tiempos tan difíciles. Si ya existía antes de la pandemia el problema de la soledad de nuestros mayores, ahora se ha incrementado todavía más. Una grave situación que tiene la sociedad por resolver. Un tema pendiente que, si no se le pone solución, lo pagaremos con creces en el futuro debido al incremento de la longevidad.

Algunas decisiones políticas o sanitarias, y más cuando se trata de la salud, pone a las personas en un estado de excesiva vigilancia para no ser contagiado, lógico por otra parte pues el miedo es libre y cada uno lo maneja de forma distinta, y hace renacer una serie de antipatías locales, como por ejemplo el repudiar a los madrileños en algunas zonas de España. Un rechazo aparentemente absurdo y temporal.

Pero el rechazo a algunos de nuestros mayores es cosa bien distinta, pues a la distancia que mantenemos de nuestros ancianos, a veces muy justificada por el peligro que conlleva el virus, hay que sumarle la que ya existía, simplemente por motivo de la actual estructura social. No hay lugar para ellos y en ocasiones son apartados porque son un estorbo. No es el primer caso, ni por desgracia será el último, que algún desalmado de pésima moral deja abandonado a su padre en un hospital cuando llega la temporada estival.

Son muchos los que disfrutan de cariño, aunque este provenga de un simple paseo matinal con el nieto o de un obligado trabajo de niñera. Pero este no es el caso que nos ocupa. Ahora muchos abuelos están cerca y a su vez lejos de los suyos. No pueden abrazar a sus nietos y para ellos es más difícil si cabe, sobrellevar esta situación. Saben que no tienen mucho tiempo, que cada minuto cuenta y que el contacto directo o una acaricia es el mayor de los regalos. Algunos han optado por arriesgarse y prefieren pasear a sus retoños, aunque eso les suponga una grave recaída. Prefieren unas horas de disfrute, que seguir con un encierro que cada vez se hace más duro de soportar. Todos sabemos que no es lo mismo la soledad elegida que la soledad obligada, y este virus ha conseguido que muchos se vean forzados a un desamparo que no deseaban.

Debemos de concienciarnos, cada vez más, sobre la falta de atención que la sociedad tiene hacia aquellos que nos precedieron y de los que aprendimos y deberíamos seguir aprendiendo. Son la enciclopedia viva de nuestras raíces y tienen mucho que aportar. Pero algo estamos haciendo mal, cuando es la tristeza la que embarga los corazones de nuestros octogenarios. Cuando resbalan las lágrimas sobre un rostro repleto de los surcos de la experiencia. Cuando es un solo cristal el que separa la desazón del sosiego.

Es un tema triste de tratar, pero no por ello hay que apartar la mirada o esquivar responsabilidades. En cualquier caso, el Covid ha hecho brotar un problema que ya estaba latente. Muchos han fallecido en completa soledad y eso rompe el alma de cualquiera. No hay nada peor que irte de este mundo sin una simple mirada hacia aquellos que dejas. Por eso, y aunque sea desde estas pocas líneas, mi más sincero agradecimiento, y creo que lo hago en nombre de todos, a aquellos sanitarios que ofrecieron su mano y una última mirada de consuelo, a aquellos que se fueron.

A continuación, adjunto un enlace de un poema que muchos conocen, que, aunque triste, no deja de reflejar un sentimiento veraz.

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2yi6cm2l-GI

07/10/2020
La OMS
La OMS se levantó ayer con la noticia de que en realidad es el 10% de la población el que ya se ha contagiado del Covid 19. Es decir, 760 millones de personas ya están infectadas, por lo que ya se podrán imaginar la cantidad de mortalidad que está por llegar.
No soy, ni mucho menos, experto epidemiólogo ni doctor en medicina, pero además de dañar la moral de la mayoría y de actuar como simple contable de la pandemia, ¿qué soluciones ha aportado la Organización Mundial de la Salud hasta ahora?
Aunque está claro que no tiene poder ejecutivo, sino una función meramente asesora en cuestiones de salud, los cambios de criterio, la laxitud y la falta de contundencia en algunas recomendaciones, han sido la constante de su funcionamiento. Lo que para ellos era una “neumonía de origen desconocido”, ya hemos visto en que se ha convertido. En cuanto a las cifras, que prácticamente es lo único que comunican a la sociedad, siempre han ido por detrás de las reales. Y si echamos la vista atrás y nos remontamos al 12 de enero, dicha Organización afirmó, que la posibilidad de que los casos saliesen de la zona en la que se originó el brote eran escasos y que no había constancia alguna de que se transmitiera de persona a persona. Sin embargo, al día siguiente ya se estaba confirmando el primer caso en Tailandia. Incluso, se permitió el lujo de aconsejar a los países que tuvieran una baja incidencia en la transmisión, que no hicieran acopio de material sanitario.
Las contradicciones y los numerosos errores informativos y de asesoramiento han sido la tónica general de una Organización en la que todo el mundo buscaba un poco de esperanza, o cuando menos veracidad. Las diferentes informaciones que se han ido dando con cierta regularidad a la prensa internacional, más que aclarar han servido para todo lo contrario, crear más confusión e incertidumbre.
Han sido muchos los cambios de criterio y la falta de seguridad que han mostrado desde el inicio de la pandemia. Siempre han ido por detrás e informando de hechos ya consumados. Me pregunto si de verdad la OMS está actuando y dando respuesta a los objetivos para los que fue creada.
06/10/2020
AMBICIÓN
Como ya he comentado en ocasiones, las peores drogas son la ambición y el poder. Virtudes o defectos, ya que pueden ser ambas cosas, a los que ya les dediqué su particular artículo. La ambición controlada es positiva, sin embargo, la desmesurada nos corrompe y nos vende de por vida. El poder relacionado con el ansia de lograr es malo, pero poder también significa pasión, energía, confianza y, ante todo, logro. Logros que tenemos que construir entre todos, a través de la concordia, conciliación y consenso.
Cuando la ambición es extrema, nunca se es feliz porque nunca se es o se tiene lo suficiente. Siempre se quiere más y nunca se está conforme. Y lo peor de todo, es que cuando ya no dominas esa excesiva aspiración y es la avidez la que te domina a ti, por alcanzar lo perseguido se es capaz de cualquier cosa con tal de no perder lo ya logrado. Mentir, ir en contra de tus propias convicciones, actuar de forma incongruente, engañar a los tuyos…
Todos sabemos que la política es el mejor caldo de cultivo para las ansias de poder y donde más expuestos están aquellos que sufren dicha adición.
Da igual del color político al que se pertenezca, pero tengo que reconocer que, en los últimos cuarenta años, el mejor ejemplo de tal infelicidad moral ha sido y es nuestro presidente del Gobierno. Y sinceramente lo siento por el partido al que pertenece, donde ha habido y hay grandes estadistas. Tierno Galván, J. María Maravall, Gregorio Peces Barba, Solana, Margarita Robles, etc. Porque insisto, esto no es una crítica a un partido, sino una descripción de personalidad.
Podremos estar de acuerdo con uno u otro político, pero las miradas y las expresiones faciales o corporales nunca engañan. Un vivo ejemplo de ello fue la reunión de hace seis días entre Sánchez y Ayuso. Nadie podía negar la falsedad de ambos y la hipocresía de sus palabras. Y cuando algo empieza mal, ya se sabe como acabará. Cinco días después todo lo acordado ha saltado por los aires.
Existe una definición que ilustra bastante la ambición. “Es una pulsión que arrastra a las personas hacia lugares donde uno puede encontrarse peligrosamente fuera de su propio eje”. Creo que da en el clavo de lo que está sucediendo con Pedro Sánchez. Que ha perdido el norte y se levanta con quien no podía dormir, que pacta con quien nunca negociaría o firma acuerdos medio a escondidas con quien nunca lo haría, mientras negociaba lo contrario con otro. Un verdadero trilero que mueve los cubiletes mientras la bolita la tiene en el bolsillo.
Las lágrimas que en su día soltó nuestro presidente, no fueron de pena o frustración, sino de rabia contenida por no haber logrado lo que tanto ambicionaba. Pero no se rindió, y aun dividiendo a sus compañeros y tensándolos al máximo, consiguió con tenacidad y obstinación, el puesto ansiado.
Ya estaba de presidente del PSOE, nuevo objetivo La Moncloa. A pesar de tener uno de los peores resultados de la historia de su partido y a través de una moción de censura, el objetivo ya estaba cumplido. A partir de entonces, han sido infinidad las ocasiones donde lo dicho con lo hecho no tiene nada que ver. La hemeroteca está a disposición y en el recuerdo de todos, y son muchas las frases que pasarán a la historia como ejemplo de falsedad. “No podría dormir con Podemos en el Gobierno”.
La verdad es que estamos viviendo una de las peores etapas en cuanto, no solo a dignidad parlamentaria, sino a falta de valores. Una honorabilidad que nunca se debería de vender a ningún precio. Pocos son los políticos que han dimitido por fracasar.
Todos somos diferentes, pensamos diferente y actuamos diferente. Lo importante es pelear por lo que cada uno cree, pero siempre desde el respeto hacia los demás, a las instituciones y a las normas que nos salvaguardan. Actuamos bajo una democracia que costó construir y por la que muchos dieron su vida, y no podemos ni debemos ponerla en peligro por la excesiva ambición de unos pocos. Pero para eso la ciudadanía debe actuar y no debe dejarse engañar una y otra vez. Porque últimamente estamos convirtiendo lo que debería ser insólito en habitual.
27/09/2020
Nota: las críticas u opiniones con educación, por favor.
GRACIAS

Hoy no pretendo escribir sobre el coronavirus, el cambio climático o cualquier otro tema, desgraciadamente triste de actualidad. En esta ocasión solo quería agradecer el gran apoyo, prácticamente general, que tengo en esta red social, así como las palabras de ánimo que recibo frecuentemente desde hace años de aquellos que me conocen un poco más de cerca. Y, por supuesto también, a todos aquellos que aun pensando diferente contestan y/o dan su opinión con educación y un mínimo civismo. Pensar diferente, no solo enriquece, sino que es necesario e imprescindible en cualquier ambiente democrático.

Todos sabemos de las virtudes y ventajas que poseen las redes sociales. Una de ellas, por no decir la principal, es la rapidez en la divulgación de la información, razón por la cual se han derrocado gobiernos y han caído mandatarios que nunca nos hubiéramos imaginado, en un corto período de tiempo.

Sin embargo, también somos conocedores de sus defectos, y esos son: primero, los numerosos insultos y la falta de respeto de aquellos que, aprovechando cierto anonimato, se amparan bajo el paraguas de la libertad de expresión para agredir verbalmente, ofender, vejar o difamar; y segundo, la facilidad de difundir bulos y mentiras, fácilmente creíbles por una amplia mayoría.

He tenido la oportunidad de ser entrevistado en prácticamente todas las cadenas de radio, alguna TV autonómica y mucha prensa nacional con motivo del lanzamiento de mis libros, y la profesionalidad y objetividad, independientemente de las ideas que les rigen y salvo excepciones, ha sido la tónica general. Una humilde trayectoria literaria trabajada de forma autodidacta y de la que queda mucho por hacer y aprender.

Tengo grandes amigos en la radio, medio al que profeso una especial admiración, pues, además de participar como tertuliano en numerosas ocasiones, es el que más oportunidades y ánimo me dio, en momentos muy complicados que algunos conocen. La radio fue la vía de escape de una falta de movilidad obligada.

Por eso quería intentar, o mejor dicho reivindicar, la buena praxis dentro de este increíble medio de comunicación de las redes sociales. La cantidad de información que corre a través de ella es infinita e influyente, por lo que todos deberíamos de cuidar al máximo la forma de expresarnos.

Seré el primero en errar, pero siempre intentaré no saltarme las normas básicas de respeto hacia los demás. Menos mal que los improperios, ofensas e insultos no son la norma general, sino la falta de argumentos de aquel que los utiliza.

De nuevo gracias a todos, estéis o no de acuerdo, por enriquecer las tertulias de estos espacios virtuales. Tertulias que ayudan a comunicarse en momentos de encierro obligado. Aunque preferiría, en cualquier caso, una buena conversación acompañada de un buen ágape en la cafetería Aquarium o en el Café Gijón.

25/09/2020
HAN PASADO SEIS MESES

El INE maneja unos datos verdaderamente preocupantes. El país va a sumar más de 50.000 fallecidos que en el 2019 y los expertos dan por hecho que son debido al Covid 19. No se puede entender que todavía haya personas que se tomen a risa todo lo que está sucediendo y no respeten ninguna medida, sabiendo que con su actitud no solo se perjudican a sí mismos, sino también a los demás. Una pelea que al parecer tenemos perdida, pues en sus cabezas no hay espacio para la razón.
Nos esperan tiempos difíciles. Una época a la que nos deberemos de enfrentar con el mayor pragmatismo que seamos capaces. Y ya que se han malgastado seis meses en algunos aspectos, por decisiones mal tomadas, o incluso no ejecutadas, debemos de actuar con la mayor disposición y competencia por el bien de las generaciones venideras.
Reconozco que es muy complicado mantener una actitud correcta, cuando los que se suponen que saben, son los primeros en dar palos de ciego constantemente. Donde antes eran catorce días de cuarentena, ahora son siete; donde antes contagiaba el virus, ahora ya no contagia; donde antes dijeron digo luego dijeron Diego, etc.
Pero más vale tarde que nunca. Por fin el pasado día 19, cincuenta y cinco sociedades científicas se suscribieron a un manifiesto presentado en la clausura del Congreso Nacional Covid-19, en el que solicitaron a las administraciones públicas que “reaccionasen de una vez” y que dieran una “respuesta coordinada, imparcial y basada en razones científicas” frente a la pandemia. Han tenido que pasar seis meses para que 171.656 profesionales sanitarios a los que representan “apelen al sentido común y a una lealtad y colaboración entre todos los partidos e instituciones”, imprescindibles para poder superar esta crisis.
Han pasado seis meses y en el Congreso siguen con las discusiones inútiles de siempre que no llevan a ninguna parte.
Han pasado seis meses y no se toman decisiones de fondo. Aquellas que en realidad son las que están perjudicando y perjudicarán en el futuro la calidad de nuestra sanidad. Estamos faltos de sanitarios y los que están ya no pueden más. Otros, sin embargo, se nos van por las malas condiciones laborales o porque se ofertan la mitad de las plazas necesarias.
Mientras tanto, somos el país de Europa con mayor número de ministros, 22 y 400.000 políticos, 300.000 más que Alemania y con la mitad de población que ellos. Un número que nos consolida como el país con más políticos de toda la Unión Europea. Diputados, senadores, alcaldes, concejales, europarlamentarios, asesores, miembros de las diputaciones provinciales, y así un larguísimo etcétera. Es decir, esa cifra es superior a la de policías, médicos y bomberos juntos. Y lo más importante de todo, ¿quién aporta más a la sociedad? ¿Quién es más necesario? Y ya no digamos si hablamos de rentabilidad. ¿Cuál es el salario medio de un bombero, médico o policía y cuál el de un político? Unos políticos, muchos de ellos sin preparación. ¿De verdad valen lo que cuestan?
¿Este organigrama nos hace más efectivos o eficientes que nuestros vecinos europeos? ¿Este es el país que de verdad queremos? Nos mienten una y otra vez. Prometen hace seis meses una cosa y hoy hacen la contraria. Nos hemos acostumbrado a ser engañados y, lo peor de todo, es que lo hemos convertido en algo cotidiano. La palabra dada ya no es un valor y un ejemplo de dignidad. “La ética es el fundamento de las cosas, y la verdad la esencia de toda moralidad” decía Gandhi. Algunos podrían aprender de ello.
Hace seis meses comenzó la pandemia y ahora los médicos conocen y controlan mejor al virus, pero en lo referente a la vida política y sus decisiones, todo sigue igual.
24/09/2020
DEMASIADO MARKETIG Y POCAS DECISIONES

Por más que lo intenten no nos pueden engañar, y lo peor de todo es que no se engañan ni a sí mismos.

La excesiva parafernalia y escenificación de la reunión mantenida ayer entre Pedro Sánchez y Ayuso, deja bien claro la falta de empatía. Podrán decir lo que quieran e intentar usar todas las palabras amables que se les ocurran, pero los gestos y expresión corporal es difícil de falsear. Toda una escena rocambolesca al estilo de Ronald Trump.

Repleta de banderas españolas y de la Comunidad de Madrid y con un despliegue de medios fuera de lugar, más parecía que se iba a celebrar el acuerdo más importante de la historia, que una reunión entre dos entidades, no solo del mismo país, sino vecinos de capital, que debería de estar manteniéndose cotidianamente desde el principio de la pandemia. Todo para concluir diciendo que habían creado un grupo de trabajo conjunto, pero eso sí, sin concretar medida alguna. Todo esto es un verdadero despropósito. Una engañifa vulgar y con poco estilo que roza el ridículo y que ya no engaña ni al más ingenuo de los mortales ¿Nos quieren tomar el pelo? ¿Se creen que los ciudadanos somo idiotas? No he conocido políticos tan fríos de mirada y falsos comportamientos. Que, aunque quieran disimular con todas sus fuerzas y pretendan dar a entender su preocupación por la ciudadanía, están pensando más en como quedar ante las cámaras y sus votantes.

Algunos titulares le daban más importancia al hecho de que era la primera vez que un presidente del Gobierno se desplazaba a la sede de la Comunidad de Madrid. Perdonen ustedes, pues siempre he criticado los insultos en las redes y en el lenguaje en general, pero con la que está cayendo necesito más que nunca decir, que me parece una verdadera gilipollez.

¿Han necesitado siete meses para reunirse? ¿La gente se muere y ellos se preocupan más del número y color de las banderas que de contratar inmediatamente, para empezar, a todos los que echaron de IFEMA? Los centros de salud de Atención Primaria no dan más de sí y las enfermeras lloran de impotencia cuando vuelven a casa después de un duro día de trabajo.

¡Que más dará el cómo y dónde se reúnan! ¡Ya está bien de tanta estupidez y marketing de fachada! ¡Que decidan y actúen de una puñetera vez!

22/09/2020

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

Por fin la Fiscalía actúa, agiliza el desalojo de la propiedad ajena y ordena actuar con “la mayor inmediatez”.
Menos mal que de vez en cuando hay noticias que alegran el día. La Fiscalía insta a los fiscales que actúen de forma rápida y eficaz contra la okupación ilegal de inmuebles, no solo por el perjuicio a los propietarios, sino también el de los vecinos, siempre, eso sí, teniendo en cuenta la situación de personas con una especial vulnerabilidad.
¿Tanto ha costado? ¿Han tenido que ser los vecinos, los que, con sus caceroladas, incesantes protestas y la defensa de sus conciudadanos por culpa de una insuficiente actuación policial, hayan logrado que la justicia actúe con diligencia en algo que dictaba el sentido común?
Más vale tarde que nunca y bienvenidos sean todos aquellos cambios que faciliten la convivencia. Bastantes problemas tenemos ya como para incrementarlos con la falta de uno de los derechos más importantes, la propiedad. Que invadan tu hogar mientras vas a por el pan o has salido a pasear al perro, y encima te acusen si has logrado recuperarlo porque has cambiado la cerradura, sinceramente…tiene guasa.
En cualquier caso, aquí van cuatro ejemplos de nuestros vecinos europeos (no se describen las multas y tiempo de prisión), para que nos demos cuenta de que siempre actuamos con cierta laxitud. Seguimos siendo “el país del Lazarillo de Tormes”, donde la picaresca y el engaño ganan con frecuencia a la sensatez y la ética.
Holanda: “Es suficiente con que el propietario de una vivienda denuncie ante la policía la okupación del inmueble de su propiedad”.
Francia: “La policía puede desalojar a los okupas durante las primeras 48 horas sin necesidad de permiso de un juez”.
Inglaterra: “En Inglaterra okupar una vivienda deshabitada está considerado un delito penal según consta en la ley aprobada en 2012. Dicha ley permite que la policía pueda en cualquier momento entrar en una casa o un edificio sin necesidad de autorización judicial siempre que tenga la sospecha de que está siendo okupada”.
Dinamarca: “Si el propietario de una vivienda demuestra que está siendo okupada será suficiente que acuda a la policía con el título de propiedad para que el piso o casa sea inmediatamente desalojada”.
No creo que haga falta decir mucho más. Solo hacernos una pregunta… ¿Tan complicado es aprender de quien lo hace mejor que nosotros?
A pesar de todo e insisto, “más vale tarde que nunca”.
16/09/2020

REITERACIÓN

Todos sabemos que los medios de comunicación no siempre son todo lo objetivos que debiesen, aunque presuman de ello. Es bien cierto que algunos no pueden ocultar hacia que sector de la población o ideas defienden, y eso no va a ser motivo de crítica por mi parte, pues cada uno tiene la completa libertad de dirigirse al público objetivo que desee o de influir según las directrices marcadas por la política del medio en cuestión.

Sin embargo, lo que sí es criticable o al menos opinable, es cuando la información, no solo se manipula, sino que se falsea en prácticamente su totalidad. De ahí que la ecuanimidad e imparcialidad, no sean características tan sencillas de cumplir, debido, me imagino, a la cantidad de puntos de vista que podemos tener ante un hecho concreto. Salvo, claro está, en cosas que solo admiten blanco o negro y no llevan a interpretaciones. Como por ejemplo “la ignorancia es temporal, la estupidez es para siempre”.

No tenemos más que asomarnos al arco parlamentario o a cualquier grupo de almuerzo matutino, para comprobar lo complicado que es ponerse de acuerdo ante cualquier tema, por muy trivial que este parezca. Sobre todo, cuando llega la hora de pagar el ágape. Decisión que se aconseja tomar con antelación para evitar pequeñas trifulcas. Porque siempre existirá aquel “que parece tener la cartera a una goma sujetada, ya que el gesto de sacarla suele ir y venir para terminar siempre guardada”.

Pero bromas aparte. La libertad de prensa es una de las bases de nuestra democracia y ante todo un derecho que se debe de ejercer con total libertad. Una libertad “que implica la omisión de interferencia del Estado, lo que conlleva una prohibición de censura previa y una preservación que debe obtenerse a través de protecciones constitucionales”.

Toda esta, a lo mejor extensa introducción, es para que nos hagamos una pregunta que tiene que ver con las últimas imágenes proyectadas en los medios, del maltrato producido a los ancianos en una residencia de Llíria.

Este mundo televisivo no hay quien lo entienda, y mucho menos las supuestas prohibiciones para la protección de la audiencia infantil. No se puede decir “prostíbulo”, “ir a fumar”, “alcohol”, “bingo”, etc., en ciertos programas. Sin embargo, se falta al respeto, se insulta o nos muestran en el noticiario de turno cadáveres en las pateras, un niño de dos años muerto en la orilla del mar, actos vandálicos, agresiones o la ya nombrada escena de la residencia. Pero lo peor de todo no es lo que se emite, sino el masoquismo que existe al repetirlo una y otra vez. ¿No se cansan?

Ayer, y a pesar de lo que ya estoy acostumbrado a ver, tuve que apagar el televisor ante la imagen del anciano que cae de bruces contra el suelo. ¿Qué pensarán sus hijos? ¿Es necesario cebarse y mostrarlo tantas veces? Algunos dirán que es para denunciar el hecho o para concienciar a la población. No creo que eso justifique tal redundancia durante un par de semanas.

Por favor, aunque solo sea por humanidad, respeto a los familiares y una verdadera protección y garantía de los derechos infantiles y/o ciudadanos en general, que se lo hagan mirar.

15/09/2020

LAS DOS CARAS

La pena, o lo positivo a su vez de esta pandemia, es que nos ha demostrado las dos caras del ser humano. Una ofrece aplausos a los sanitarios y la otra les agrede y les insulta. Pensaba, sinceramente, que todo lo sucedido nos iba a hacer mejores, que iba a modificar nuestra conducta y que influiría en poner en orden nuestra escala de valores. Pero, a pesar de perder alrededor de 40.000 vidas y de sufrir más de medio millón de contagios, muchos, no solo siguen estancados en la incredulidad, sino que no han modificado ni un ápice sus preocupaciones por lo que en realidad merece la pena.

No quiero decir con esto que caigamos en un alarmismo exagerado, que en este caso estaría totalmente justificado, pero ¿qué hace falta que suceda para que muchos se pongan a trabajar en pos del bienestar común, que se percaten de que es mejor sumar en lugar de disgregar, construir en lugar de destruir o que perder el tiempo en cosas triviales no nos lleva a nada positivo?

Nos estamos enfrentando a uno de los problemas más graves de los últimos cien años y para complicarlo un poco más, se están sumando a esta tragedia efectos devastadores provocados por el cambio climático. Quién sabe si a lo mejor también ha tenido algo que ver en la aparición del Covid 19.

No podemos olvidar que hay una parte de la población que, además de convivir con el virus, tienen que soportar la pérdida de todos sus bienes por culpa de las repetidas inundaciones o por incendios provocados por algún loco sin escrúpulos.

Hay suficientes temas como para no perder ni un minuto de tiempo. Hay demasiada gente que está necesitada de recursos y soluciones urgentes. Ya llevamos seis meses y tendríamos que haber aprendido algo.

Esta semana han sido dos las imágenes que se me han quedado grabadas. Los ancianos abandonados de Llíria o el llanto de impotencia de una enfermera de un centro de salud. Arrancaba a llorar mientras se la preguntaba. Fue entonces cuando con voz entrecortada dijo: “ya no puedo más”, “pero bueno, seguiremos hasta el final”.

Si con todo lo que está pasando no se nos revuelve el estómago y, ante todo la conciencia, es que no tenemos corazón. Pero ¿por qué digo esto? Porque podemos ser de izquierdas, de derechas, de centro, independentistas o no. Todas estas diferencias o las peleas absurdas provocadas por ellas, deberíamos ser capaces de apartarlas, aunque solo sea por un momento para centrarnos en un objetivo común. Generalmente la gente se ciega ante problemas que, mirados detenidamente, no lo son.

Hagamos un paréntesis y ya seguiremos peleando por nuestras convicciones, siempre y cuando estemos vivos.

Y para aquellos que ya estén pensando en criticar antes de leer, ruego entiendan la ironía y se guarden los insultos. Por cierto, y ya que esto es una red social, vigilemos más las faltas de ortografía para cuidar la rica lengua cervantina.

13/09/2020

UN BARCO A LA DERIVA

Después de tener que aguantar insultos e improperios a través de las redes, aunque reconozco que, con poca frecuencia, y no me refiero a lo de hoy para que el lector no se confunda, continuaré a pesar de ello describiendo hechos sociales o políticos con el mayor respeto. Manteniendo siempre las formas e intentando no caer en lo que muchos han tomado por costumbre, es decir, usar el vacío legal que se produce en este medio para insultar, protegidos bajo el falso paraguas de la libertad de expresión. Porque agraviar, injuriar o difamar, no creo que sea la mejor forma de opinar o responder a cualquier tipo de testimonio.

Pero vayamos al caso…El otoño no ha cambiado ni un ápice los absurdos y reprochables comportamientos de sus señorías. Luego dicen que soy pesimista, pero con lo visto de nuevo en el Congreso en este inicio de curso político, todo parece seguir incluso peor que como terminó el anterior.

Mientras el barco del país pierde agua por todos los lados, Pedro y Pablo siguen totalmente descoordinados dentro del Gobierno, transmitiendo a los ciudadanos todo, menos tranquilidad y seguridad. Pablo sigue confundiendo el trabajo de máximo responsable de su partido con el de vicepresidente del Gobierno. Un vicepresidente que critica al poder judicial, a sus compañeros o a sus socios de Gobierno sin tapujos, todo lo contrario, lo divulga por los medios de comunicación como si estuviese en campaña electoral.

Siguiendo con el símil náutico, ahora resulta que el PP rema en contra de la constitución, Podemos boga a favor y el PSOE maneja el timón según el viento que sople cada mañana. Eso sí, después de disculparse con su primer oficial de abordo por las opiniones vertidas sobre la jefatura del Estado. Esto no hay quien lo entienda.

Sin ninguna duda vamos a la deriva y lo peor de todo es que el lastre que se tira por la borda siempre perjudica a los mismos. Muchos están agotados de tanto remar. Les salen callos en las manos, y entretanto los oficiales siguen en sus camarotes ajenos al vendaval que se sufre en cubierta.

Pero la esperanza es lo último que se pierde y seguro que más pronto que tarde hay un cambio de rumbo y con el viento a favor llegamos a buen puerto. A lo mejor hay que cambiar a media tripulación, a toda o incluso el barco, para que se percaten de una vez por todas que solo remando todos juntos y en un solo sentido, podemos salir de esta.

10/09/2020

ASÍ PERDEMOS TODOS

Esto se nos está yendo de las manos. La agresividad en las calles va en aumento y los nervios brotan en cualquier esquina. Una agresividad, a veces desmesurada, que no siempre termina en un dulce y apaciguado dialogo. Las peleas son cada vez más frecuentes y las disputas entres las Fuerzas del Orden y la ciudadanía emergen por cualquier tontería.

La línea entre lo permisible y lo prohibido cada vez es más fina, y es ahora más que nunca, cuando los profesionales de garantizar el orden público debían tener empatía con los ciudadanos, lo que no exime a estos de cumplir las normas para facilitar la convivencia entre todos. Unas normas que, asumiendo que son confusas en muchas ocasiones y que nos coartan parte de nuestra libertad, deberíamos de acatar sabiendo que se toman por el bien de la mayoría.

El estrés de una pandemia que no mejora, el número de fallecidos, la falta de trabajo, la lucha entre iguales por aquellos que con ideas algo ensortijadas, aunque respetables, confunden más si cabe a la población, o la visión de un futuro demasiado incierto, son razones de sobra para que los nervios estén a flor de piel y solo valga una pequeña chispa de desasosiego para encender un fuego imposible de apagar.

Hay que ser más consecuentes que nunca y actuar con el mayor equilibrio del que seamos capaces. Solo yerra el que toma decisiones, pues el que se exime de ellas tiene más fácil la crítica.

Todo esto se habría evitado en gran parte, si nuestros políticos hubieran actuado con una sola voz, en lugar de echarse los trastos unos a otros. Al principio se pecaba de centralismo y ahora se quejan de la dispersión de ideas. Y mientras siguen discutiendo del por qué, el quién, el cuándo o el cómo, España continúa a la cabeza de Europa en cuanto a los peores datos y seguimos sin asumirlo. Si tenemos el número más alto de contagios, sale el político de turno a decir que es porque hacemos más PCR. Siempre hay una justificación positiva, ante unos datos que no lo son. Es el juego de palabras de siempre. Una maniobra más de distracción o engaño que, como expertos trileros del lenguaje verbal, usan nuestros gobernantes, sean del partido que sean. Porque detrás de su comportamiento está el poder y la vanidad, drogas que crean adicción. “La victoria tiene mil padres, mientras la derrota es huérfana”.

Solo hay una cosa bien cierta y a la que creo nadie puede llevar la contraria y es que así PERDEMOS TODOS.

06/09/2020

FALTA DE OPTIMISMO

El turismo se desploma. Ver las imágenes de los hoteles vacíos en Benidorm, es ejemplo del desastre económico en el que estamos inmersos. La falta de los turistas de siempre, de la alegría de la muchedumbre a veces incómoda para los del lugar, está provocando que los hoteles y establecimientos turísticos estén bajando la persiana. Un septiembre negro que nadie habría deseado y contra el que han estado luchando hasta el final.

En agosto se abrió un pequeño hueco a la esperanza llegando hasta más de 60% de ocupación en algunos lugares. Pero todo era un espejismo. Una ilusión que se ha apagado con las nefastas reservas para el mes que comienza.

Piscinas con una sola persona, jardines solitarios o paseos marítimos desamparados y huidizos del habitual gentío, dejan una fotografía para el recuerdo que a nadie le gustaría archivar en su memoria.

Si hablo de Benidorm es porque es el prototipo perfecto de la riqueza turística. Del sistema económico que hemos construido y que nunca creíamos que veríamos hundirse. Sin embargo, hemos observado tristemente que estábamos equivocados. Que un virus puede acabar con todo aquello que habíamos creado a través de años de trabajo y esfuerzo. Pero lo peor de todo es que los pronósticos no son nada halagüeños, todo lo contrario. Están convencidos de un hundimiento total en el sector.

La economía preocupa, pero más, la nueva y alarmante situación sanitaria, pues las cifras no dejan de aumentar.

Ahora, una vez más, la debilidad del ser humano sale a relucir. Un virus como el Covid 19 o los desastres naturales tan frecuentes en estas fechas, como las inundaciones e incendios, ponen en jaque a toda la población.

25.000.000 de personas contagiadas y aproximándonos peligrosamente al 1.000.000 de fallecidos, son los datos a nivel mundial. En España, con casi 440.000 casos, nos ponemos a la cabeza de Europa, pero lo peor es que las hospitalizaciones se han triplicado en el último mes.

Me imagino que muchos pensarán que lo escrito es excesivamente pesimista, sin embargo, son simplemente datos objetivos. Desearía ofrecer otros que llevaran al optimismo, pero por desgracia, no los hay. Por desgracia tenemos que seguir narrando lo de siempre, porque estamos anclados en el tiempo con los mismos defectos.

Sin embargo, hay un par de cosas que cambiarían bastante esta catastrófica situación. Por un lado, la tan ansiada y esperada vacuna. Y lo segundo, el que nuestros políticos llegaran a un consenso y trabajaran, de una vez por todas, en la misma dirección. Un deseo difícil de cumplir visto lo visto en los últimos seis meses.

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo” y sinceramente, las perspectivas de este joven veterano no son muy ilusionantes debido a la actual calidad política. Tendrían que cambiar mucho las cosas y no tenemos todo el tiempo del mundo. El país necesita, más que nunca, de una extrema diligencia en las decisiones y actuaciones que se tomen. Y para aquellos, sean del partido que sean, que hablan desde la tribuna del Congreso que recuerden que “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”. Un poco de humildad no estaría de más.

01/09/2020

ESPERANZA

“La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte”

Hoy he querido comenzar con esta frase de Nietzsche pues la esperanza es lo que nunca podemos perder, y más, en estos momentos difíciles a los que nos enfrentamos. Esperanza que en ocasiones se ve diluida por tanta negativa declaración. Es verdad que debemos de estar informados, pero una excesiva comunicación o divulgación de los datos y, sobre todo, cuando estos no siempre son conexos, lo que consigue es confundir más a los ciudadanos.

Durante toda esta pandemia, y creo que lo digo con conocimiento de causa pues suelo contrastar la información en distintos medios de comunicación, han salido diferentes epidemiólogos a exponer sus expertas opiniones, con el objetivo de aclarar o facilitar la comprensión de todos aquellos que no somos duchos en la materia. Un objetivo que, en ocasiones, más que lograrlo han conseguido todo lo contrario, confundirnos más todavía.

Algunos presagiaban que durante el verano se vería disminuido el potencial de propagación del virus, aunque solo fuese porque convivimos más tiempo en el exterior de los hogares.

Hace unos meses se publicaba: “La Comunidad científica investiga la posibilidad de que el coronavirus Covid 19 sea menos transmitible en un clima cálido”. “El Instituto de Salud Carlos III repasa las razones que podrían apoyar la hipótesis de una menor transmisión en primavera y verano”. Ambas publicaciones estaban equivocadas, como así se ha demostrado con el paso del tiempo. Lo que nos hace ver que todavía existe un gran desconocimiento científico del Covid 19.

Muchos ciudadanos sentimos incredulidad y, ante todo, desconfianza ante algunas decisiones. ¿Por qué el cierre de los bares a la una de la madrugada cumpliendo las normas de distancia e higiene, mientras otros a las doce de la mañana están a rebosar y sin cumplirlas?

Existen muchas dudas razonables sobre decisiones sin sentido, pero si hay una pregunta que está en la mente de la mayoría es: ¿Por qué España es el país europeo con más contagios a pesar de las medidas de prevención?

Sin duda hay algo que estamos haciendo mal. Todos conocemos a alguien que está o ha estado en países de nuestro entorno y no dejan de mostrar cierta perplejidad cuando observan que en esos países son mucho más laxos en cuanto, por ejemplo, al uso de la mascarilla. “Aquí nadie lleva mascarilla por la calle y las cifras siguen bajando”, “algo no me cuadra”. Un mensaje más de Twitter de entre otros muchos que reflejan la misma incertidumbre. Un escepticismo que se incrementa con el paso del tiempo y que lleva a saltarse las reglas a aquellos que tienen que decidir entre salud o economía.

Siempre he criticado a los que ponen en peligro la vida de los demás, pero ojalá nadie se tenga que ver en la tesitura de elegir entre morir por la enfermedad o morir de hambre. Una pregunta que no está, ni mucho menos, tan lejos de la realidad.

SEIS MESES

En esta especie de “diario del coronavirus”, vamos viendo como con el paso del tiempo han ido cambiando nuestras actitudes y comportamientos. Seis meses dan para mucho, sobre todo, para aceptar con cierta resignación que tenemos que convivir con el virus y para adecuar nuestras vidas con el objetivo de minimizar su impacto. Medio año que ha pasado demasiado rápido y que, aunque en ocasiones queramos creer que todo sigue igual, no es ni mucho menos cierto. Solo hace falta echar un pequeño vistazo a las cifras de contagios y fallecidos para percatarnos que seguimos metidos en una pesadilla de la que no podemos despertar.

Todos en alguna ocasión hemos intentado evadirnos del problema, simplemente por higiene mental y cuando nos hemos querido dar cuenta, ya teníamos algún conocido, familiar o amigo padeciendo la enfermedad.

En estos seis meses la mascarilla ha pasado a ser un complemento más de nuestro vestuario, nos lavamos las manos con más frecuencia y hemos aprendido a conversar entre nosotros separados por un muro invisible. Ahora, o elevamos el tono de voz o escuchamos con más atención si queremos mantener una conversación. Nos saludamos con el codo y nos reprimimos al máximo cuando la persona a la que quieres está esperando el abrazo de siempre. Un gesto que, cuando tuvimos la libertad para hacerlo, no supimos aprovecharla. Un simple abrazo que ahora echamos de menos y que es sustituto de las palabras cuando estas faltan.

Están cambiando muchas cosas y quedan muchas por modificar. “Las cosas no pintan bien”, son las palabras de Simón. “¡A buenas horas, mangas verdes!”.

La mayoría de los ciudadanos, porque siempre hay algún “iluminado” que no se entera, han comprendido la gravedad del virus (ahí están las tristes cifras que lo corroboran) y están poniendo todo de su parte para salvaguardar la vida de los demás. Sin embargo, para decisiones de importancia y a pesar de los seis meses transcurridos, nuestros representantes han actuado con excesiva laxitud.

Pero seamos un poco optimistas. La letalidad del virus al parecer es menor y, según los profesionales, se actúa más eficazmente contra este.

Y mientras las cosas no pintan bien en cuestión sanitaria, no digamos en la económica. Algunos ERTE no se han pagado, las perspectivas es que muchos de ellos terminen en la cola del paro, y para rematar en el país de “pandereta” en que vivimos, los okupas están haciendo su “agosto” desde que cierta señora promovió los “Talleres de okupación de espacios”.

Todavía queda mucho por resolver, porque aún nos queda mucho por pasar. El Covid no está dispuesto a rendirse, sin antes dañar todo lo que este mundo globalizado le permita. Hasta ahora, en esta segunda oleada o como lo quieran llamar, se ha medio salvado la situación, pero agárrense porque vienen curvas.

Antes se tomaban decisiones centralizadas y algunos se quejaban de falta de autonomía, y ahora que se ha descentralizado, la coordinación ha sido prácticamente nula. Como ejemplo de ello el comienzo del curso escolar. A solo una semana de su inicio no había ningún protocolo de actuación que permitiera la igualdad de oportunidades.

Yo, por ahora, seguiré la regla de las tres pes. Tendré pues paciencia hasta que salga la vacuna, perseverancia para no rendirme e intentaré ser prudente con mis palabras.

28/08/2020

¿ESTAMOS PREPARADOS COMO SOCIEDAD?

Los últimos acontecimientos que estamos sufriendo a nivel mundial, y no solo me refiero al Covid 19, sino al cambio climático; a las aglomeraciones urbanas en las grandes ciudades, culpables a su vez del abandono rural; al incremento y uso, no siempre bien entendido, de las nuevas tecnologías que ponen en duda la protección de nuestra privacidad, etc. En estos instantes estamos sufriendo una profunda revolución. Una transformación que nos está poniendo a prueba como sociedad y en la que, según los resultados que estamos viendo, no siempre salimos bien parados.
Es muy difícil en poco menos de una página, hacer un análisis exhaustivo de los temas nombrados, pues cada uno por sí solo, necesitaría de un libro entero. Pero detengámonos un instante en nuestro país.
Si hablásemos de los últimos cuarenta años, nos podremos sentir orgullosos de los logros conseguidos, pues a pesar de alguna que otra piedra puesta en el camino para que nos diéramos de bruces, han sido unos años de prosperidad y una consolidada convivencia.
Sin embargo, nos hemos acomodado.
Mientras estuvieron las generaciones que nos mantenían conectados con los sufrimientos de la guerra, las dificultades de la posguerra o con el duro trabajo que muchos hicieron para afianzar una democracia, todo fue relativamente bien, además de porque existía un objetivo común capaz de dejar a un lado cualquier diferencia política, porque estábamos vigilantes para no retroceder y perder parte de lo conseguido. Por eso no entiendo a esa generación de jóvenes políticos que siempre están enrabietados y llenos de odio, a pesar de haber crecido en democracia. Protestando y criticando todo aquello que no conocieron y sacando a relucir polémicas que hasta sus propios padres y abuelos consiguieron olvidar y perdonar.
Se mantenían vivos ciertos valores que ahora brillan por su ausencia. Por esa razón, algo habremos hecho mal viendo algunas actitudes y comportamientos, no exclusivamente de los jóvenes, sino de otros muchos que al parecer les es difícil comprender lo que supone el respeto a los demás.
La tecnología, que no hay duda es imprescindible para la sociedad, nos está manejando en lugar de nosotros a ella. Muchos se quedan empanados frente a la pantalla del móvil, en lugar de disfrutar de una buena conversación con los que tiene a su lado, un problema, en cualquier caso, fácil de resolver. Otra cosa muy distinta sería hablar de la cantidad de usos ilícitos e ilegales que se efectúan a través de la tecnología, y eso, sin contar el peligro en que se ha convertido en el campo de la circulación por utilizar el móvil en lugar de coger el volante. Muchas son las personas que están dispuestas a morir por mandar un WhatsApp. Lo que demuestra, una vez más, el grado de estupidez del ser humano.
En cuanto al cambio climático…, que quieren que les diga que ya no sepan. Hemos empezado a sufrir sus consecuencias, pero los dirigentes hacen oídos sordos y miran hacia otro lado. A pesar de que está en juego la vida de nuestros hijos y nietos, no se ponen de acuerdo, porque lo que prima ante todo son los intereses económicos.
El progresivo deshielo polar, la práctica desaparición del nevado del Quindo hace ya casi treinta años, el incremento de la temperatura global (0,76 grados en los últimos cien años) lo que está provocando un preocupante aumento del nivel del mar, etc. Pero no hace falta que no vayamos muy lejos para entender lo que se nos avecina, porque algunas regiones españolas ya saben lo que es el azote continuo de unas inundaciones que se repiten una y otra vez sin que nadie le ponga solución.
Y, por último, la pandemia que estamos sufriendo. No hay mejor ejemplo para demostrar la vergonzosa e ignominiosa conducta de unos políticos que no han estado a la altura. Ahora son diferentes las actuaciones y muchas las decisiones. La descoordinación entre CCAA es absoluta y el Gobierno, no solo se pone la mascarilla, sino que está marcando una distancia interesada, además de lavarse las manos y no precisamente por higiene.
Por eso y mucho más cuestiono, por lo menos en España, si de veras estamos preparados. Tenemos un país maravilloso en el que vivir, pero muchos prefieren jugarse la vida y la de los suyos por una copa de más.
¿Seguro que nuestras prioridades son las de una sociedad avanzada?
24/08/2020
EN BUSCA DE ALGO POSITIVO

Todos los días tengo que dilucidar entre escribir sobre la actualidad o descansar un poco de tanta negatividad. Últimamente todo son noticias que llevan al pesimismo. Aumenta la delincuencia; el crecimiento del virus no solo no cesa, sino que aumenta a toda velocidad; hay problemas con la educación y a quince días de la apertura del curso nadie sabe como actuar; los políticos intentan, aunque sin ágiles resultados, ponerse de acuerdo; la economía va de mal en peor…No quiero seguir para que no piensen que me excedo de alarmista, pues el optimismo siempre ha sido una de mis principales características.
Pero entre tanto desastre y con respecto al artículo de ayer sobre los “okupas”, parece que se abre un pequeño hueco a la esperanza. Gracias a las protestas vecinales por la ocupación de un pareado en Barcelona, la policía, por orden judicial y después de seis días de confrontación y lanzamientos de huevos y otros objetos de los vecinos contra la vivienda, ha desalojado a los ocupantes sin demasiados problemas, consiguiendo de ese modo que vuelva la paz y tranquilidad al barrio. Una actuación rápida y eficaz.
¿Por qué no se actúa siempre de la misma forma? No soy jurista, pero ¿qué impide a los jueces decidir con la misma diligencia que el caso ya narrado? Casos, por cierto, donde salvo excepciones, todas son ocupaciones a capricho de pequeños delincuentes que quieren obtener vivienda gratis. Y si los jueces están atados por una benigna y ciertamente dócil legislación, ¿por qué no se cambia y se actualiza a los tiempos que corren? Un incremento del 58% de ocupaciones ilegales en los últimos cinco años, es motivo más que suficiente, como para promulgar una ley que impida tanta injusticia, ya que cientos de ciudadanos se ven imposibilitados de entrar en su propia casa.
Mientras tanto los “okupas”, aprovechando la fragilidad y mano blanda de la jurisprudencia, siguen actuando con total libertad. Todo ello agravado por las decisiones de la señora Ada Colau, que no tiene otra ocurrencia que impartir talleres de “okupación” dirigidos a los jóvenes de la ciudad. “Taller de liberación de espacio”. Ese es el título de un curso cuyo objetivo es poner dichos espacios al servicio de las necesidades del pueblo.
Al final, su defensa hacia los sin hogar o, mejor dicho, el ataque a los grandes bancos o “buitres especuladores” se le ha ido de las manos y se ha vuelto en contra de esas personas, que a través de mucho trabajo y esfuerzo han conseguido un hogar en el que vivir. Porque, como se está demostrando, los delincuentes no se paran a pensar quien es el propietario del inmueble. Lo ocupan y punto. Y si para eso tienen que dejar a una familia con sus hijos en la calle, lo harán de igual modo. ¡Enhorabuena Ada Colau! ¡No lo puede hacer peor!
Perdónenme los lectores, pues a pesar de que era mi intención realzar algo positivo, me he visto influenciado por el texto y el resultado ha vuelto a ser todo lo contrario.
En cualquier caso, seré optimista, pues ha amanecido un día precioso con un cielo espectacular. Un día más para contar y disfrutar a pesar de las adversidades y eso, para los de mi generación, es el mejor de los regalos.
21/08/2020
OKUPAS

Las personas tienen un límite y están empezando a actuar por su cuenta porque ya no aguantan más. Debido a la blanda y lenta actuación judicial y policial ante los casos de ocupación de la propiedad privada, los vecinos se están tomando la justicia por su mano para echar, en la mayoría de los casos, a okupas caraduras y desaprensivos que se meten ilegalmente en la casa de los demás.
La situación va a más y, por el momento, no se ve ninguna previsión de actuación por parte del Gobierno. Si esto sigue así, las noticias sobre actuaciones vecinales las escucharemos cada vez con más frecuencia.
La razón nos dice que tenemos que dejar actuar a la justicia, que no debemos tomarnos la licencia de actuar por nuestra cuenta. Algo muy fácil de decir, pero no tanto de cumplir cuando te acabas de comprar una casa después de mucho esfuerzo y ahorro, y unos sinvergüenzas se te adelantan y se meten en tu casa antes de que te de tiempo a estrenarla. Hay cientos de casos, y si no se para a tiempo y las autoridades son algo más diligentes, lo sucedido no va a ser nada, comparado con lo que puede llegar a ser.
¿Por qué los políticos actúan con tanta lentitud ante problemas, a priori, fáciles de resolver?
En estos momentos algunas personas de riesgo salimos menos por la pandemia, por miedo a un posible contagio ante el que somos algo más frágiles que la mayoría. A eso hay que añadirle que cierta discapacidad no nos hace salir con la frecuencia que deseáramos. Y para colmo de tales despropósitos, no nos quedaba otra cosa, que tener que estar en una constante vigilancia por la sorpresa añadida de que entren en nuestras casas, simplemente porque hemos ido a comprar el pan.
La usurpación de la propiedad privada, como es lógico, es un delito y está reseñado en el artículo 245 del Código Penal, el cual dice: “El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses”.
Según el artículo parece bastante claro ¿verdad? Pues según estamos viendo con los últimos acontecimientos y para muchas familias, debe de ser una simple falacia.
Eso con respecto a la usurpación. Sin embargo, cuando se refiere a allanamiento de morada: Si la policía actúa en las primeras 48 horas de la “okupación”, el desalojo no precisa de orden judicial.
Si pasa más tiempo y los “ocupantes” cambian la cerradura, por ejemplo, el domicilio pasa a ser inviolable para sus nuevos usuarios y solo se puede actuar contra ellos bajo orden judicial. Por si fuera poco, cualquier intento de desalojo por la fuerza que pueda ejercer el propietario legítimo (corte de suministros, nuevo cambio de cerradura) podría suponer para el propietario una denuncia por allanamiento de morada o coacción.
¿Alguien puede llegar a entender lo especificado en el último párrafo? ¿Tienen más derecho los delincuentes que la gente de bien?
Poco más se puede decir.
19/08/2020
SENTIDO COMÚN

No sabía que con mi última opinión sobre los negacionistas iba a provocar una ola de opiniones, la mayoría, como no podría ser de otra forma coherentes con la situación. Siempre me enseñaron a respetar cualquier opinión, aunque esta no haya por donde cogerla. Unos negacionistas que están poniendo el riesgo la vida de los demás, por unas razones que no llego a comprender. Creen que hay conspiraciones judeomasónicas detrás de cada decisión, quieren liberar sus rostros de mascarillas porque necesitan “respirar para la divinidad”, que hay un espía en cada esquina, que solo nos quieren controlar con el pretexto de las vacunas, que es Bill Gates quien está detrás de todo y un montón de incongruencias más.
Si escuchase argumentos de peso, podría llegar a entender otro punto de vista, pues nada es blanco o negro. Pero, en este caso es mucho más sencillo. Si tienes la Varicela, la tienes y punto. No te ha tocado porque la Reina Vudú Marie Laveau te ha escogido al azar con el fin de “hacerte la puñeta”. Si estuvieran aislados sin perjudicar a los demás, también podría llegar a comprender el riesgo que quieran o no correr. El problema es, que con argumentos irracionales y sin sentido, con sus actitudes negligentes, insensatas y poco humanitarias con la que se comportan, ponen en peligro a todos los demás.
¿Podrían negar que existe la gripe común? ¿Piensan qué detrás del VIH estuvieron los soviéticos? ¿Qué el virus del Zica lo prefabricó algún millonario aburrido? ¿Qué la gripe española de 1918 fue un macabro invento publicitario o que el Ébola fue creado por intereses extraterrestres?
Sinceramente, no llego a comprender ciertas actitudes. Creía que habíamos avanzado algo y que habríamos aprendido del pasado. Enfermedades contagiosas, ha habido, las hay y, por desgracia, las seguirá habiendo, agravadas por este mundo globalizado. Ahora todo se extiende mucho y más rápido. Lo único que podemos hacer ante estas graves pandemias es confiar en los especialistas epidemiólogos, priorizar las decisiones técnicas ante las políticas y aportar lo que podamos individualmente basando nuestro comportamiento en el sentido común que, al parecer en algunos, es el menos común de los sentidos.
17/08/2020
BARCELONA

Hace ya 28 años que disfruté en vivo de las olimpiadas de 1992 en Barcelona. Independientemente de que era bastante más joven, la ciudad de la que ya conocía bastante me sorprendió por el cambio tan profundo que había experimentado en infraestructuras gracias a tal importante evento. Una ciudad que con la campaña “Barcelona, ponte guapa”, transformó completamente su aspecto. Unas olimpiadas que asombraron al mundo entero y que a pesar de los años trascurridos sigue en la memoria de todos. El impecable, pero con trampa, lanzamiento de la flecha para encender el pebetero, fue el remate, en esos instantes, de la ciudad de España más avanzada y cercana a Europa. Un lanzamiento que significaba mucho más que iniciar los Juegos Olímpicos.
Barcelona era, y lo digo en pasado, una ciudad tremendamente hospitalaria y con unos profesionales en cada restaurante, en cada hotel, etc., que hacían que estuvieses deseando regresar lo antes posible. Disfrutar del mar, de sus gentes, de un buen paseo por Las Ramblas o de su rica y variada gastronomía, te dejaba unos recuerdos inolvidables.
Una ciudad abrazada por sus dos puntos más altos, Montjuic y Tibidabo, desde los que puedes ver como se esconde el sol lentamente para dar paso al también atractivo ambiente nocturno.
Pero eso fue hace 28 largos años. Claro que todavía se puede disfrutar de muchos de sus atractivos, pero mi Barcelona amada, esa ciudad donde si tienes un amigo lo tienes para siempre, esa ciudad de la que todo era presumir ha cambiado considerablemente a peor.
Ya no es la puerta hacia Europa.
Ahora, sin embargo, la inseguridad se dispara y se convierte en el primer problema para los barceloneses. El 17% de sus ciudadanos no se sienten seguros y opinan que ha empeorado en los últimos años. Pero no hace falta hacer una encuesta para demostrar lo que aparece todos los días en los medios de comunicación.
Las peleas y agresiones en el barrio de “El Raval” o en “La Mina” son demasiado frecuentes y conocidas por todos. Lugares que, incluso los propios policías, se lo piensan antes de entrar. Los robos a turistas en la puerta de los hoteles y a plena luz del día, se han convertido últimamente en el peor reclamo para el turismo, ya de por sí muy castigado por la pandemia. Las imágenes constantes de insensibilidad de los jóvenes en la playa de la Barceloneta también han dejado constancia del incívico comportamiento de parte de la población.
Los “Okupas” …, daría para hablar un libro entero. También Barcelona, con más de 1.100 casas ocupadas ilegalmente, se encuentra a la cabeza de este grave asunto que se extiende cada vez más por toda la geografía nacional. ¿Tan complicado es adoptar una ley que expulse a estas mafias organizadas y que defienda la propiedad privada? Porque últimamente, no son personas aparentemente necesitadas, con falta de recursos y que se apropian de una casa abandonada de un fondo buitre. Son verdaderos jetas que no quieren pagar un duro de alquiler y de hipoteca, como hacen la mayoría de los ciudadanos de bien. Pero ¿qué se puede esperar de una alcaldesa que manifiesta su descontento con el Ejército, los mismos que se están dejando la vida con la pandemia y que organiza talleres de “okupación” dirigidos a los jóvenes de la ciudad bajo el título de “taller de liberación de espacios”, donde se instruía a los asistentes con teorías anarquistas que defienden estas apropiaciones ilegales?
El acceso a la vivienda con sus excesivos y abusivos precios de los alquileres; la falta de aparcamiento que ha provocado que todos sus chaflanes y calles se encuentren repletas de motos, una imagen que, sumada a la falta de limpieza, afea la ciudad considerablemente; el turismo descontrolado que por temporadas la convierte en un parque de atracciones, etc.
Y para sumar a todo lo anterior no podemos olvidarnos del mayor conflicto de todos, la problemática y cada vez más difícil convivencia entre vecinos, causado y desencadenado por el debate independentista. Una lucha que no hemos dejado de escuchar durante todo un año y que solo se ha visto calmado, informativamente hablando, porque un virus ha entrado en nuestras vidas, para que prioricemos y nos demos cuenta de lo que de veras merece la pena.
Ya no es mi Barcelona querida. Me la han cambiado profundamente y creo que Ada Colau y Torra están agravando más si cabe esta lamentable situación. Aun así, a pesar de sus inconvenientes e intentando esquivar esos males, seguiré yendo para disfrutar de su gente noble y encantadora, de la Sagrada Familia, del Barrio Gótico, de la Casa Batlló, de La Rambla.
Todavía hay mucho por hacer y, por el bien de los catalanes y de todos los españoles, espero y deseo que vuelva a ser esa puerta hacia Europa que conocimos los de mi generación.
15/08/2020
NO QUIERES CALDO, PUES TOMA DOS TAZAS

Lo que nos faltaba. La pandemia mundial mezclada con los desastres naturales debido al cambio climático, es un castigo demasiado severo para algunas poblaciones. Las últimas lluvias han causado enormes inundaciones. Unas riadas que siempre se suelen cebar con los mismos y que, aunque no se puede luchar contra la naturaleza cuando esta muestra todo su poder, si es cierto también, que algunos daños podrían evitarse porque son errores de construcción humanos los que los han agravado.
El hombre se ha aprovechado de los cauces de los ríos y riberas. Ecosistemas que se han visto modificados por este uso, además de por el derivado de su propia dinámica natural. Esta excesiva apropiación del espacio natural ha ejercido una presión y alteración al entorno, espacios que potencialmente pueden ser ocupados por las aguas, como así ocurre en cuanto se les da la más mínima oportunidad. Suele ser la propia vegetación de las riberas, sotos, etc., la que limita los caudales circulantes sobre el lecho principal, favoreciendo que parte de la crecida se desborde.
No soy, ni mucho menos, conocedor de los procesos fluviales y sus consecuencias, ni tampoco de que infraestructuras habría que crear para, si no evitar tanto desastre, sí por lo menos minimizar al máximo los daños que produce.
Son algunas poblaciones las que, por desgracia, se ven una y otra vez castigadas por la DANA. A Torre Pacheco, Los Alcázares o Molina de Segura, por ejemplo, les habría gustado ser conocidos por todo menos por ser los ayuntamientos más afectados cada vez que la gota fría hace su aparición.
Hay una cosa que cae sola por su propio peso, y esa es que la naturaleza se está revelando y quiere recuperar el espacio que le han robado. La DANA ha desatado toda su fuerza contra zonas del mediterráneo y ha dejado bien claro quién puede más.
Hemos invadido la costa con cientos de miles de viviendas a pie de playa y ahora lo estamos pagando. Un problema que por mucho que nos empeñemos se agravará con el paso de los años.
No sé lo que nos quedará por ver a los de mi generación, espero que mucho y bueno. Pero, si nuestros padres levantaran la cabeza, nunca se habrían imaginado lo que verían sus hijos y experimentarán sus nietos en el futuro.
El mundo está cambiando mucho y rápido, y por momentos no podemos asimilar la velocidad. Tenemos que superar una pandemia que, seguramente, no será la última. Tenemos que ajustarnos al cambio climático respetando al máximo el planeta y fomentando las energías renovables si queremos dejar un mundo mejor a nuestros hijos y nietos. Debemos de regular nuestra intimidad, puesta en peligro por culpa de un mundo excesivamente globalizado. Debemos de mejorar la educación de las generaciones venideras e invertir en I+D, si queremos tener un país competitivo. Deberíamos de diversificar los riesgos, pues hemos dejado de fabricar para dedicarnos casi y exclusivamente a los servicios. No puede ser que tres de cada cuatro trabajadores se dediquen a este sector. No podemos vivir solo del turismo con un empleo de baja calidad y tenemos que quitarnos la etiqueta, cuando se dice con desprecio, de que somos “un país de camareros” o “el balneario de Europa”.
Estamos obligados a defender y proteger nuestro derecho a la propiedad privada y echar a los “okupas” que la invaden, etc.
Con todo el trabajo que tienen nuestros políticos y solo saben pelearse y dedicar demasiado tiempo en temas triviales. Es una forma de mantener a la ciudadanía entretenida, para tapar su ineptitud ante los problemas verdaderamente importantes.
Es posible que sea un idealista o un soñador, pero ya deberían de existir desde hace tiempo pactos de Estado en asuntos de trascendencia como sanidad, cambio climático, educación, trabajo o pensiones. ¿Lo veremos algún día?
12/08/2020
¿CUÁNDO SUCEDERÁ?

Todos los días las mismas noticias. Las mismas y preocupantes cifras sobre el Covid 19. Creíamos que, aunque poco, habríamos aprendido algo de lo sucedido hace algunos meses. Pero no, todo lo contrario. Todo el mundo sabe que las cifras de fallecidos en España han sido endulzadas, me imagino que, con el único fin, de bajar algunas posiciones en el ranking para no delatar la mala gestión, según las opiniones de los expertos, y no denunciar la cruda y dura realidad. Hablar de 28.000 en lugar de 40.000, es una excesiva diferencia que se han olvidado de explicar por razones estrictamente políticas.
Pero no hemos aprendido nada. La coordinación entre las CCAA y el Gobierno brilla por su ausencia y sigue haciendo aguas en esta segunda oleada, quieran o no asumir el término.
Si en la primera ocasión nos salvó la supuesta excusa de la desinformación, en esta ocasión ya no se pueden buscar justificaciones a lo sucedido. Simplemente se vuelve a demostrar la incompetencia de algunos, y el destino, que es muy sabio, pone a cada uno en su lugar. Aquel que más reclamaba las competencias y que presumía de que habría tenido menos muertos si le hubieran dejado decidir, es el que tiene las peores cifras. Pero siguen jugando. Siguen sin ponerse de acuerdo mientras se incrementan los casos y las familias sufren la pérdida de un ser querido o el cierre de un negocio. Somos el país con más rebrotes y mayor índice de letalidad, y todavía estamos en verano. Europa nos pone como ejemplo negativo de la pandemia y cada vez son más países los que exigen la cuarentena para cualquiera procedente de España, lo que supone unas pérdidas millonarias para el turismo y en algunos casos, un incuestionable y prematuro cierre de miles de negocios. Y para colmo, los jóvenes hacen caso omiso de las recomendaciones y se pasan el peligro “por el arco del triunfo”.
Al parecer solo queda esperar. Muchos piensan que estamos predestinados a contagiarnos más tarde o temprano. Que, si no sale pronto la vacuna, nadie puede evitar al Covid por más que nos lavemos las manos, llevemos la mascarilla o mantengamos la distancia de seguridad. La mayoría de los ciudadanos ya pueden contar que algún familiar o persona cercana ha padecido la enfermedad. Solo queda esperar y pedir al destino o rezar el creyente, que el desenlace sea positivo.
Son ya muchos los artículos dedicados al virus. Muchas las opiniones, personales o no, que se han reflejado durante meses. Muchos los consejos que con buenas intenciones se han dado a esa parte de la juventud que solo aprende a base de multas, porque la responsabilidad no va con ellos. Y, sin embargo, caemos en los mismos errores, pecamos de los mismos actos, infringimos las mismas reglas y negamos la evidencia. El consenso no es la forma de actuar de nuestros líderes porque el peor virus, el del poder, solo lo están tratando con pastillas de la estupidez.
Se ha perdido mucho tiempo. Se ha desaprovechado la oportunidad de ir por delante del virus por falta de humildad y un exceso de vanidad. Pero esta vez son palabras mayores. Ahora no se trata de invertir las horas en cosas triviales porque nos jugamos la vida. Una vida demasiado hermosa, como para perderla por un insensato que quería una copa de más.
Me avergüenzo porque después de cinco meses siguen las peleas de gallos en la Cámara Baja. El tiempo corre rápido para todos, más de lo que quisiéramos y no se puede recuperar. Pero lo peor es que, mientras unos discuten sobre la forma de Estado, la independencia, etc., otros siguen muriendo en soledad. Ya habrá tiempo, porque a este virus le da igual que seas independentista, republicano, monárquico, del Partido Verde, rico o pobre. Solo está esperando y al acecho para seguir su guerra particular e incrementar el número de contagios mientras no aparezca una vacuna que lo frene. Hasta ese momento, intentaremos minimizar los riesgos para no ser uno más de los que perdieron la batalla, pero ¿cuándo será?
11/08/2020

SALIDA DE ESPAÑA DEL REY EMÉRITO

Podríamos estar hablando del coronavirus sin parar, algo que venimos haciendo desde el pasado mes de marzo, no solo por la cantidad de noticias que aparecen todos los días, sino porque esta pandemia ha cambiado el orden mundial. Algunas de estas noticias ya son demasiado conocidas por todos. Los incesantes rebrotes; el comportamiento inadecuado de muchos por más tiempo que pase y consejos que les den; los números de contagios que no dejan de crecer a nivel mundial; las siempre entretenidas peleas de gallos de la Cámara Baja, muestra de la actual incapacidad e ineptitud política, y que ha llevado la decepción unánime de la ciudadanía; las frecuentes opiniones expertas, pero no similares, de los epidemiólogos y profesionales de la medicina, que nos han estado mareando con cambios frecuentes en las normas, no con mala intención claro está, sino por el desconocimiento y comportamiento cambiante de nuestro invisible rival; las ya bien conocidas y no siempre ecuánimes opiniones de los diversos medios de comunicación, que a pesar de intentar usar la objetividad como norma, les es imposible ocultar sus tendencias; las cientos de imágenes de cadáveres, algunos dejados en las aceras, como en Bolivia, etc.
Pero en estos momentos ha irrumpido en nuestras vidas un suceso que pasará a la historia. Un acontecimiento que no se puede describir en unas pocas líneas. La salida temporal de España del Rey emérito.
Tengo que reconocer que sí, que soy de los que reconocen el papel jugado por Juan Carlos I durante la Transición, por su trascendente intervención del 23F, por una actuación que nos llevó a presumir de una transición modélica a nivel mundial, así como por la cantidad de puertas que se han abierto fuera de nuestro país a las principales empresas españolas, gracias a sus buenas relaciones internacionales.
Por esa y otras razones, también soy de los que se sienten decepcionado con las últimas y presuntas actuaciones fuera de la ley del Rey emérito, ya que manchan lo que podría haber sido una trayectoria intachable. En cualquier caso, el escarnio público está siendo extremadamente exagerado, sabiendo que a fecha de hoy todavía no ha sido imputado. Pero ya se sabe como somos en este país, que nos gusta hacer de jueces, sentenciar y ejecutar antes de tiempo y donde prevalece la presunción de culpabilidad en lugar de lo contrario.
No quisiera entrar en el debate de ¿Monarquía o República?, pues respeto cualquier opinión. Pero lo que no entiendo es que algunos nos hagan creer que la república es la panacea de la justicia social y de la honradez de sus mandatarios, algo que no se ha demostrado, sin ir más lejos, en nuestros vecinos al otro lado de los pirineos, donde la honestidad e integridad ha brillado por su ausencia. Y en cuanto a los que tanto se quejan de lo que nos cuesta la Monarquía, simplemente unos datos dados en El Objetivo sobre diferentes presupuestos: monarquía española 7,9 millones, monarquía británica 42 millones, república italiana 228 millones, república francesa 103 millones.
Para no confundir e independientemente de mi opinión, dejar claro que, si ha actuado de forma ilegal el Rey emérito, que actúe la ley y que pague como cualquier ciudadano. Mi prioridad es la decencia, por lo que siempre preferiría un presidente republicano honesto que un rey corrupto. Aun así, y con todas las luces y sombras que haya podido tener la Corona, creo que el resultado final ha sido muy positivo para España.
Hemos vivido cuarenta años de prosperidad bajo una consolidada democracia y no hay dudas de la ejemplaridad, preparación, honestidad y rectitud demostrado hasta la fecha por Felipe VI.
Y sinceramente…después de lo visto en el Congreso durante la pandemia y de la profesionalidad de los políticos actuales, salvo excepciones, por ahora prefiero a Felipe VI como Rey y embajador de nuestro país, que a otros como futuro presidente de una supuesta república.

05/08/2020

HARTO DE TANTA IRRESPONSABILIDAD

Llevamos demasiado tiempo bajo la ansiedad de la pandemia y hemos visto cambiar nuestra forma de vida por algo que ni nos hubiéramos imaginado hace solamente un año. Creíamos que este tipo de cosas solo sucedían en países lejanos. En esos que mal denominamos del tercer mundo y que siempre son castigados por todas las desgracias. Aquellos donde la sanidad es una utopía y donde los hospitales son simples chabolas siempre expuestas al capricho del tiempo.

Pero estábamos equivocados. En esta ocasión un virus desconocido nos ha dado en plena línea de flotación. Nos ha hecho ver que todos estamos igual de indefensos y que no entiende de diferencias sociales o raciales. Nos ha dado una lección de humildad. Una lección por la que hemos y estamos pagando un precio excesivamente alto.

Lo peor de todo es que esto no ha terminado. Una segunda oleada está llamando a la puerta, y en lugar de impedir que pase, algunos están poniendo una alfombra para facilitarle las cosas. Y esos son los miles de jóvenes inconscientes que tienen las prioridades confundidas.

Esta vez no quiero hablar de políticos, ni de la mayoría de juventud responsable, sino de todos aquellos que al parecer han recibido unos valores, más propios del hombre de las cavernas. Unos jóvenes, más preocupados por estar cachas y guapos, que por aportar algo más a sí mismos y a la sociedad.

Nuestros abuelos sufrieron una guerra, nuestros padres la posguerra y nosotros una transición que fue modélica ante los ojos del mundo. Todos trabajaron muy duro para construir un mundo mejor en el que vivir, siendo incluso capaces de apartar cualquier diferencia, para remar todos en la misma dirección. Pero, al parecer, y después de hacer lo más difícil, mi generación se ha acomodado y no ha sabido transmitir de forma correcta ciertos valores a esos jóvenes que priorizan ir de botellón, antes que proteger la vida de los suyos. Cuando se les pregunta, sus respuestas son dignas de la mayor incultura, muestra de pasotismo y evidencia de la más absoluta insensatez.

Muchos los escudan en que necesitan divertirse, que es lógico e imprescindible por su edad.

También los que nos precedieron y nosotros a su edad, nos queríamos divertir, pero todos hicimos lo que cada momento exigía. En la guerra no dejaban al compañero para irse de botellón. Y lo que está sucediendo, aunque algunos no terminen de admitirlo, es lo peor que hemos vivido tras la Segunda Guerra Mundial.

No significa actuar con miedo, pero si con responsabilidad. Ahora no vale la excusa de la falta de trabajo o de que tengan un futuro incierto, pues mientras peor sea su comportamiento, más tarde llegará la recuperación. No entienden la precaución de la mascarilla, ni la distancia de seguridad, y mucho menos el peligro de la muerte, de la que creen es algo exclusivo de los mayores de cincuenta. Deben ponerse las pilas de una vez por todas, porque si solo entienden la prohibición, el castigo en forma de multa o el cierre de los locales, no solo ponen en peligro la salud, sino que están ayudando al empeoramiento de la economía y la forma de subsistencia de muchos empresarios.

No sé qué valores se les habrá inculcado, pero el respeto, la empatía, la responsabilidad, la solidaridad, la humildad o el sacrificio, no están entre ellos.

29/07/2020

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Parece ser que estamos más cerca de una segunda oleada de lo que creemos. Incluso algunos epidemiólogos ya lo dan por hecho ¿Habremos aprendido algo en todo este tiempo? ¿Podrán nuestros políticos demostrar algo de humildad y olvidarse de sus siglas con el fin de no caer en los mismos errores? ¿Es que solo Margarita Robles, junto con Martínez Almeida, tienen algo de corazón, un comportamiento consecuente con la situación, y palabras coherentes y tranquilizadoras para no exacerbar los ánimos parlamentarios? ¿Serán responsables en esta segunda ocasión, o por el contrario pasarán los días sin ser resolutivos?

Aquellos que tanto reclamaban las competencias porque lo iban a gestionar mejor y que se atrevieron a decir “Si lo hubiéramos gestionado nosotros el número de víctimas habría sido inferior”. Unas declaraciones poco respetuosas y totalmente desacertadas.

Pero el destino al final pone a cada uno en su sitio. Ahora sí, ahora tenéis la responsabilidad que deseabais y, además de estar a la cabeza de contagios, exhibís vuestra pésima gestión mientras alardeáis de todo lo contrario.

Reconozco mi hartazgo de escuchar las mismas noticias una y otra vez. De que los artículos de otros, así como los de un servidor, denunciaran en su momento, anunciamos ahora y seguro que publicaremos en el futuro, las mismas palabras y los mismos comportamientos.

Llevamos desde marzo con este gran problema global, y no solo se estanca la actitud laxa de algunos, sino que hemos retrocedido en lo primordial. Han tenido tiempo de sobra para darse cuenta de las lagunas de nuestra sanidad. En lugar de mantener a los sanitarios contratados, como algunos prometieron, lo que hicieron fue todo lo contrario, ponerlos de patitas en la calle. ¿De verdad que han aprendido algo? En cualquier caso, y para que no parezca una crítica continua ampliaré el entorno de la pregunta. ¿Seguro que hemos aprendido algo?

Siempre se ha apelado a la responsabilidad individual, al compromiso que cada uno deberíamos de cumplir para expandir lo menos posible la enfermedad. Al parecer da exactamente igual. No podemos juzgar a los que nos representan, si nosotros somos los primeros en demostrar insensatez. Ayer mismo un grupo de jóvenes tras hacerse la PCR y dar positivos, se fueron a un bar provocando el cierre de este. Un negocio menos o, mejor dicho, uno más para sumar a la ya larga lista de empresas de la restauración que se han visto obligadas a echar el cierre. Un ejemplo más de irresponsabilidad juvenil.

Es una pena que solo aprendan a base de multas o por prohibiciones impuestas por la ley, porque ellos solos no tienen la capacidad de pensar. Y, como siempre, pagarán justos por pecadores. La juventud responsable, que quiero pensar, es la mayoría, se ve perjudicada por un grupo de desalmados, bárbaros e incultos, a los que no les importa contagiar a su familia o a todo aquel que se ponga por delante. Muchos se están viendo en la ruina por culpa de su intolerable comportamiento.

Lo mismo pasa con el resto de los ciudadanos. La inmensa mayoría ha mostrado una actitud ejemplar durante el confinamiento, una conducta que debería de mantenerse en el tiempo. Pero el ser humano tiene grandes defectos y uno de ellos es la capacidad de olvidar, algo que ahora no nos podemos permitir. Se nos han ido decenas de miles de personas, y algunos creen que no va con ellos. A lo mejor no tenemos una segunda oportunidad. Casi 16 millones de contagios y más de 640.000 muertos. ¿Cuántos más habrá que sumar para que unos actúen con responsabilidad y diligencia, y otros demuestren su madurez? No siempre tendremos una segunda oportunidad.

25/07/2020

UNA PERSONA DE MI EDAD

Me encuentro en esa época de la vida donde te das cuenta de que, ya han pasado dos tercios, que a pesar de lo aprendido eres consciente de que nunca sabrás lo suficiente, que comienzas a invertir tus enfados solo en aquello que es preciso, que sabes disfrutar de las cosas más sencillas, que son los tuyos los que de verdad necesitan de tu cariño y que inviertes tu esfuerzo mental en aquello que de veras merece la pena. Una época donde tienes mucho que aportar y poco que perder.
La pena, es que es una edad donde te llaman más para ir a tanatorios que para disfrutar de un buen ágape festivo de una boda. Donde las tristes noticias, en cuanto a despedidas, se repiten con demasiada frecuencia por razones del destino. Una época que hasta los de cuarenta te llaman de usted.
Hace treinta años, una persona de mi edad sabía que se acercaba peligrosamente el óbito. Una persona de mi edad hace treinta años, sabía que la jubilación era algo más que despedirse exclusivamente de la empresa. Hace treinta años para una persona de mi edad todo era distinto.
Sin embargo, en estos tiempos, y aunque sean frecuentes los decesos, una persona de mi edad tiene mucho que decir, infinidad de buenos momentos por vivir, amor que ofrecer y consejos que aportar.
Una persona de mi edad piensa que, solo sabe que no sabe nada, como Sócrates bien pronunciaba. Que es el conocimiento o la falta de este lo que beneficia o perjudica a un país. Que son los buenos valores los cimientos de una próspera sociedad. Una persona de mi edad debe aspirar a ser ejemplo para los que vienen detrás. Algunos de mi edad pueden disfrutar de malcriar a los nietos, porque ya educaron con esfuerzo a sus hijos.
Es ahora cuando me doy cuenta de que, “la ética es el fundamento de las cosas y la verdad la esencia de toda moralidad”. Es desde ahora cuando nos hemos ganado un mínimo de respeto, el mismo respeto que siempre hemos tenido a los que nos preceden.
Pertenezco a una generación donde a los mayores se le preguntaba ¿qué desean tomar?, en lugar de dirigirse a unos octogenarios con el – ¡Hola, chicos! ¿qué queréis beber? Un detalle sin importancia, que no va más allá de lo puramente formal. Siempre y cuando, eso sí, cedan el asiento al que lo necesite por cuestión física o de longevidad.
Puede que los de mi edad nos estemos haciendo mayores, porque empezamos a cuestionar lo mismo que cuestionaron nuestros padres y anteriormente nuestros abuelos.
Una persona de mi edad todavía querría disfrutar del tercio que le queda, y si su horóscopo o su salud no se lo permiten, que no sea la imprudencia de los amigos del botellón los que trunquen esa esperanza. Se suele decir que a partir de los cincuenta cada día de vida es un regalo, por lo que un servidor está más que agradecido de tanto obsequio.
Desde aquí quiero mandar un fuerte abrazo y mis mejores deseos a todos los de mi edad.

23/07/2020

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Todo el gobierno esperando a la puerta de la Moncloa para ovacionar a Sánchez por el supuesto “éxito” obtenido en Bruselas. Una escena algo absurda y excedida de marketing que solo se habría visto superada con una salida a hombros como los toreros tras completar una buena faena. Un peloteo ministerial fuera de lugar y exclusivamente de cara a la galería. Con un “enhorabuena” por parte de todos los presentes en esa amplia y descomunal mesa de reuniones habría bastado pues de público va sobrado. Pero no…había que incrementar más si cabe el ya elevado ego del jefe.

Y hablando de felicitaciones. Pablo Casado ha perdido una buena oportunidad de estar callado. Si quería elogiar la acción presidencial, como así comenzó, lo tendría que haber hecho directo y sin tapujos, pero que luego no lo estropee diciendo que “lo conseguido ha sido gracias a que las ayudas fueron propuestas por el PP europeo”. Como siempre un comportamiento infantil, porque ya se sabe que “el éxito tiene mil padres y el fracaso es huérfano”.

En cualquier caso, veamos lo positivo y demos por bueno los 140.000 millones que España va a recibir del fondo de recuperación europeo. Ahora solo falta que se inviertan rápido y justamente, y que de verdad sirva para ayudar a todos aquellos que se encuentran en el límite de subsistencia tanto personal como laboralmente.

Mientras tanto, los palos al rey emérito siguen dándose a diestro y siniestro. Unas acusaciones, muchas de ellas de dudosa credibilidad por los dos “pájaros” que las están dando a conocer mediante una conversación grabada. Como ya dije en otro artículo, que la justicia actúe con independencia y que se demuestre que todos somos iguales ante la ley respetando, eso sí, la presunción de inocencia.

Algunos se están frotando las manos porque han visto la oportunidad perfecta para cargarse a la monarquía. Insisto en que cada cual tendrá sus ideas con respecto a la forma Estado, pero que no nos quieran hacer entender que una supuesta República estaría libre de toda perversión y corrupción.

Felipe VI está teniendo un comportamiento, hasta ahora intachable, y como mínimo, se merece una defensa a ultranza y sin disimulos por parte del Gobierno. Especialmente del presidente PS y vicepresidente PI, los cuales, y aun sabiendo las condiciones republicanas del segundo, están obligados a no tener declaraciones vacilantes y a mostrar de forma clara y contundente su “lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución”, tal y como prometieron en la posesión del cargo.

Pero ahora toca ser constructivos y después de cinco días de dura negociación se ha llegado a un histórico acuerdo principalmente por tres razones: por la cantidad otorgada (140.000 millones), la forma de esta (72.700 millones en ayudas directas y el resto en créditos) y por el cambio de actitud en la colaboración de la UE. Dichas cantidades suponen un bálsamo para las cuentas públicas y ayudan a afrontar la crisis y la recuperación económica con más garantías.

Con esta decisión muchos se percatarán, de una vez por todas, de las ventajas que supone pertenecer a la UE.

22/07/2020

NUNCA APRENDEREMOS

Belgrado, con fuertes manifestaciones por el “toque de queda” propuesto por el gobierno debido a la situación alarmante por el Covid, se encuentra en las calles en una situación más que crítica. La India, que confirmó su primer caso de coronavirus el 30 de enero, no ha dejado de incrementar sus casos a un ritmo vertiginoso, contando ya con 719.665. Bolsonaro, el irresponsable presidente de Brasil que ha dejado al virus campar a sus anchas sin ningún tipo de medidas, comportándose durante todo este tiempo como un segundo Trump, es decir de una forma chulesca, insensata e irresponsable, se ha contagiado y va a sufrir en sus propias carnes lo que tanto ignoraba. A lo mejor, y tengo mis dudas, aprende de ello y cambia de actitud, siempre y cuando el virus le dé una segunda oportunidad.

En África se han notificado medio millón de afectados y 12.000 fallecidos ¿quién se lo cree?

Igual que la OMS calcula que la cifra de Estados Unidos puede ser diez veces más y también sospechamos que en nuestro país la cifra de fallecidos puede llegar a más de 40.000, es justo y lógico pensar, que las cifras de África e India, por ejemplo, sean muy superiores.

En cuanto a Estados Unidos… ¿qué puedo decir? Es un caso especial del que se podrían escribir cientos de páginas. Con más de 3.000.000 de contagiados y 131.000 fallecidos bate todos los récords. Mientras, el Sr. Trump continúa con su absurdo y barrio bajero comportamiento digno del más inútil de los mortales. Este individuo que pretende retirarse definitivamente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que acusa a China de haber ocultado el virus, junto a otros como el ya citado Bolsonaro, Maduro, Kim Jong-un, López Obrador, etc., son una bomba de relojería a nivel mundial. Si el virus no perdona y ataca a todos por igual, ellos todavía tienen la vileza de avivar la gravedad de la pandemia con sus malas decisiones. Lo cierto es que no podemos presumir de buenos líderes. Son simples gerifaltes de pacotilla, pequeños caudillos que se han servido de una poco exigente democracia para llegar al poder. Adalides de unos ciudadanos dejados llevar por el marketing, falsas promesas o peinados perfectos, porque si no es así, no me explico como alguno ha podido o puede dirigir el país.

En cualquier caso, esto es otra prueba más para el ser humano ¿De verdad estamos preparados y somos social y humanamente responsables, para actuar como es debido en una crisis mundial como la actual? ¿Hemos aprendido algo del pasado?

Queremos creer que sí. Que ya no estamos en la Edad Media y que nuestras actitudes de respeto y convivencia han mejorado sustancialmente. La pena es que, si rascamos un poco, veremos que cuando está en juego nuestra supervivencia anulamos todo lo aprendido a lo largo de los siglos y sale a relucir lo más abyecto e indigno de nosotros mismos. En esos momentos todo vale y la coherencia pasa a un segundo plano. Muchos se comportan como si nada pasara, y si les cambiásemos sus vestiduras modernas por harapos y pieles, nadie distinguiría si están en pleno siglo XXI o en la Edad de Piedra.

A lo mejor hemos avanzado tecnológicamente, hemos mejorado con creces nuestras comodidades, hemos construido ciudades impensables y algunos son más ricos, altos y guapos. Sin embargo, el 1% de los ricos del mundo posee el 82% de la riqueza global, más de mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, 2.800 millones con menos de dos dólares y 30.000 niños mueren cada día por enfermedades que podrían haber sido evitadas…Pero no hace falta irse fuera de nuestro país para encontrar un ejemplo de mezquindad humana, porque aquí mismo a algunos les da igual que haya habido más de 30.000 muertos. Como decía antes y a pesar de todo, nunca aprenderemos.

09/07/2020

YA SE VEÍA VENIR

No había que ser una lumbrera, y muchos ya lo denunciamos al finalizar el confinamiento por las imágenes vistas en diferentes puntos del país, para darse cuenta de que los rebrotes se abrirían paso en un corto período de tiempo, porque mientras la mayoría se ha comportado de manera ejemplar, miles de irresponsables se han saltado todas las recomendaciones para poner en peligro la vida de los demás. La mayoría de ellos, jóvenes que piensan que esto no va con ellos, que están libres de todo contagio y cuya prioridad en la vida es tomarse un cubata antes que proteger a su familia.

A todos nos gusta divertirnos, es más, estamos deseando poder tener algo más de libertad para poder disfrutar de una simple cerveza bien fría en buena compañía. Pero esto son palabras mayores. Esto no es un juego como muchos parece ser que se lo están tomando. Ante todo, porque nadie les ha quitado la diversión, simplemente les han puesto tres normas relativamente sencillas de cumplir para que puedan seguir disfrutando. Pero NO, ellos saben más que nadie, se revelan ante la autoridad sanitaria porque están por encima del bien y del mal, se sienten más fuertes porque creen demostrar una falsa y estúpida rebeldía social, se esconden y usan la muchedumbre como escusa de su inconsciencia y ponen en mal lugar a otros muchos de su generación que sí saben comportase como es debido. Por lo que se ve ellos “no tienen abuela”.

Hemos visto imágenes fuera y dentro de nuestras fronteras que producen verdadero pavor. Como ejemplo de la estupidez los cinco mil hinchas del Liverpool a las afueras del estadio. Se juegan los partidos a puerta cerrada para luego reunirse en el exterior. Todo un sinsentido.

Mientras, en España, la playa de la Barceloneta, los bares en Valencia o las terrazas en Málaga o Madrid, han sido el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer.

Ya se veía venir. Los médicos ya nos alertaban de ello y los epidemiólogos explicaban una y otra vez las razones del peligro inminente.

Todos hemos conocido o escuchado en nuestro entorno algún caso de muerte por culpa de la pandemia. Hay algunas pérdidas que, por desgracia, no se habrían podido evitar, pero otras sí.

Narraré un ejemplo que he tenido muy cerca. El hijo de un buen amigo se fue de fiesta con treinta personas. Dos de ellos estaban infectados y terminaron contagiando al resto. Al regresar a casa contagió a sus padres. Su madre estuvo ingresada muy grave y a mi gran amigo le volví a ver donde nunca hubiese querido, en el tanatorio.

Que me perdone el lector si cree que excedo de pesimismo, pero es la cruda realidad.

Claro que debemos de seguir adelante y con optimismo, un servidor es el primero, pero eso no quita para que algunos necesiten un toque de atención. Como he dicho al principio esto no es ninguna broma. No hay nada como ver los números globales para percatarnos de la extrema gravedad. 11.458.291 contagiados (se dice que en realidad son diez veces más, unos cien millones) y 534.460 fallecidos son las cifras que nos deben hacer pensar.

Por eso debemos de ser muy exigentes con nuestros compromisos de comportamiento, aunque eso suponga alertar dura, pero consecuentemente a ese sector de la sociedad que no asume la madurez y la responsabilidad que en estos momentos todo el mundo espera de ellos.

06/07/2020

UNA BUENA PREPARACIÓN

Algún día se arrepentirán de su comportamiento y cuando escuchen las palabras que se dijeron unos a otros en una de las mayores crisis de su país, sentirán vergüenza, si es que les queda algo de dignidad. Es la vergüenza que sentimos muchos españoles y que, por más que se difunden opiniones contrarias a su actitud, siguen queriendo hacer oídos sordos y continúan metidos en su equivocada y ególatra burbuja de soberbia. Por más que algunos no son capaces de hacer ni un ápice de auto crítica, la clase política sale generalmente castigada, cuando no hay la menor duda, de que muchos de ellos trabajan en pos del bienestar de todos y bajo unas normas de ética y profesionalidad. Cada uno de nosotros tenemos nuestros valores y, como es lógico, opiniones diferentes, pero creo que nadie puede estar en contra de que la humildad, honestidad, prudencia o coherencia, acompañadas de una buena preparación, sirven al ser humano para ejercer con más eficacia su trabajo independientemente de sus ideales políticos. Martínez Almeida, Margarita Robles…Gracias a personas como ellos, que han priorizado al ser humano por encima de cualquier animadversión u odio, todavía podemos pensar que no todo está perdido.

Por eso la preparación será siempre imprescindible. Será la educación lo que hará que un país sea más o menos próspero en el futuro. Serán la investigación y desarrollo los pilares en los que se sustente la competitividad de nuestra economía. Por eso debemos tener personas cualificadas y tenemos que ser muy exigentes con aquellos que nos gobiernen. Por cierto, como anécdota, esta misma mañana he escuchado atentamente a nuestra ministra de Trabajo y parece ser que existen los “contratos patológicos” y contratos paradigmáticos”. Creo que se ha vuelto a liar como en ella es habitual, porque, como siempre, está más pendiente de como suenen las frases, que del contenido de estas. Ante todo, hay que saber escuchar, pero al que te habla, no a ti mismo. A la mayoría les encanta oírse. Les agrada tanto, que suelen contestar lo que nadie les ha preguntado.

En cualquier caso, no todos son capaces de dirigir o gobernar un país. A lo mejor, esa es la razón de lo que estamos padeciendo en la actualidad. Mucha pose y estudiada palabrería para la audiencia, pero sin contenido. Demasiada expresión electoralista que ya no les convence ni a ellos mismos. En el Congreso solo se escuchan las palabras vacías de siempre, palabras que solo buscan el fácil aplauso de la grada. Reyertas y expresiones más propias de bar, que llevan a todo menos al deseado consenso. Hasta los abucheos se han puesto de moda mientras los gallos de pelea se disputan unos cuantos votos. Pero ahora no es el momento. Ahora es el tiempo de salvaguardar la vida de la población. Sobre todo, de aquellos que no tienen trabajo y que se han visto obligados a esperar pacientemente hasta que les llegue el turno de llenar un par de bolsas de comida. Porque desgraciadamente esto no ha terminado. Todavía hay demasiados problemas por solucionar y nos queda mucha pandemia por sufrir hasta que no salga la vacuna. Puede que para entonces ya se hayan puesto de acuerdo.

Nunca perderé la esperanza.

25/06/2020

CIUDADES DORMIDAS

Un día antes de comenzar con la nueva normalidad algunas ciudades, como Barcelona, parecían dormidas. Abandonadas de turistas se ofrecían desnudas a sus habitantes que, por algún tiempo, disfrutaban de su localidad como nunca la habían visto. Las calles resucitaban de sus orígenes y los transeúntes volvían a deleitarse de cada detalle arquitectónico con solo elevar un poco la vista hacia el cielo.

Por fin descansaba, y el parque de atracciones turístico en que se había convertido, dejaba paso a las pocas criaturas que se permitían el lujo de jugar en medio de la calzada sin peligro alguno. Era el vestigio que quedaba de aquellos primeros días de confinamiento y que grabó en nuestras pupilas unas imágenes que jamás olvidaremos.

Esta pandemia ha traído desgracia, pero también nos ha hecho un pequeño giño para recordarnos como estamos maltratando nuestro entorno y degradando el medio ambiente. Aunque poco y en contra de nuestra voluntad, pero las hemos dejado respirar. Las hemos dejado a solas para que puedan exhibir sus virtudes y presumir de cada calle, de cada esquina, de cada edificio que las caracteriza. La polución ya no actuaba de boina en la capital de España y tanto personas como vehículos dejaban espacio para unas fotos inolvidables.

El mayor ejemplo de contaminación humana en el mundo es la ciudad de Venecia. Se ha convertido en un reclamo constante y necesita de tornos para controlar el número de visitantes. Viajeros que, aunque solo fuera por unos días, dieron paso al sonido del silencio. Solo los pájaros y el agua que azotaba los edificios servían de fondo de esa bella postal.

Pero volviendo al interior de nuestras fronteras…

En soledad, los gigantes árboles de mármol que parecen alzarse hacia el infinito en el interior de la Sagrada Familia se iluminaban como de costumbre de cientos de colores cada vez que el sol acariciaba las vidrieras que rodean la basílica. En Madrid, el dios Neptuno podía flirtear con la diosa Cibeles sin que nadie se interpusiera en su camino y desde Santiago de Compostela podría lanzarse un balón porque este llegaría rodando hasta “la Tacita de Plata”.

Tenemos un país para presumir. Un país que ha visto realzado sus innumerables atractivos, solo porque nos hemos retirado de sus calles por culpa de algo que ni siquiera vemos. Un diminuto e invisible germen ha conseguido lo que nadie hasta ahora había logrado. Despojar las muchedumbres y arrancar de cuajo cualquier atisbo de movimiento social. El tiempo se había congelado ante nuestros ojos y la única señal de vida era el movimiento de las cortinas de aquellos que se asomaban para observar lo que parecía una película de terror.

Es cierto que nuestras ciudades están construidas para ser vividas, para ser disfrutadas y exprimidas al máximo, pero tampoco vendría nada mal aprovechar experiencias como el tele-trabajo con el objetivo de mejorar la calidad medioambiental. Puede que sea una utopía, pero si el transporte urbano fuera gratuito, seguro que el vehículo personal muchos lo dejarían aparcado en el garaje.

El mundo se nos está quedando pequeño. Viajar y conocer está al alcance, cada vez de más personas. Algo tenemos que hacer si queremos un planeta mejor para nuestros hijos. No podemos seguir viendo colas hasta para subir a la cima del Everest. Descubrir nuevos lugares es un sentimiento innato al ser humano, pero nos ha introducido en una espiral peligrosa. El turismo es cada vez más importante en cuanto a ingresos en muchos países, pero hay que comenzar a controlarlo si no queremos ver imágenes como las de Venecia o Barcelona. Porque si no se remedia, lo que nos enriquece será lo que nos destruya.

23/06/2020

REBROTES

Ya se vislumbraba. Muchos expertos epidemiólogos o ciudadanos de “a pie”, pues era de lógica, alertaban del gran peligro existente de la expansión del virus, por el comportamiento de miles de ciudadanos que siguen sin reconocer la magnitud del problema al que nos enfrentamos. Donde no les importa nada ni nadie, exclusivamente ellos mismos, a pesar de los 8.500.000 afectados a nivel mundial y más de 454.000 fallecidos.
Nos jugamos la vida y les da exactamente igual. La OMS avisa, aunque a posteriori como de costumbre, de un segundo brote. Un segundo brote que parece querer extenderse en algunos países más rápido que el primero. Más de 650 afectados en Alemania, que presumía de buenos datos, el rebrote en Pekín y la velocidad a la que crecen los afectados en Estados Unidos con 2.200.000 y casi 120.000 muertos, pone de manifiesto que este dichoso virus no quiere rendirse. Necesita extenderse y ha escogido al ser humano como transmisor aprovechando que somos capaces de tropezar con la misma piedra cientos de veces, que nos cuesta aprender de nuestros errores y que muchos no tienen ni dos dedos de frente, pues es la ignorancia la que tienen como bandera.
Como ejemplo de esta gran incultura social o del poco respeto hacia los demás, ahí tenemos la imagen producida hace dos días por los cerca de 5.000 cerriles, zoquetes, ignaros, babancas o pequeños bárbaros, es decir, los hinchas del Nápoles, donde se saltaron todas las normas con el peligro que ello conlleva. Como si no hubiese pasado absolutamente nada. No olvidemos que un partido de fútbol entre el Atalanta y el Valencia fue uno de los focos principales en la primera oleada.
La mayoría empezamos a estar hartos de tanto “imbécil”, y perdón por el leve exabrupto lingüístico, y de tanto irresponsable desconocedor de la realidad. No es que debamos de tener un miedo exagerado o aversión a salir de casa y disfrutar, que tampoco sería de extrañar después de tantos fallecidos, pero sí un mínimo respeto y aceptación de las normas aconsejadas por los expertos de la nueva convivencia.
El mundo no está pasando por uno de sus mejores momentos. El nerviosismo está brotando a un ritmo más rápido que el propio virus, porque a la suma de la falta de trabajo, a la escasez de alimentos en muchas familias y al futuro incierto de nuestros jóvenes, hay que añadir el problema de la injusticia racial provocada, de nuevo, por otra muerte de una persona de color a manos de un policía, lo que está provocando que miles de personas se manifiesten en contra de esos agentes de “gatillo fácil” y que, con el adoquín que tienen por cabeza, solo saben ir de matones contra nuestros compañeros y amigos de color.
Un racismo que creíamos bastante superado en pleno siglo XXI, pero que la muerte de George Floyd ha vuelto a demostrar que estábamos equivocados. Todavía existen individuos desperdigados por todo el mundo que no han aceptado la igualdad del ser humano y que aprovechan cualquier circunstancia o lugar para difundir su odio, como así se ve por ejemplo en el deporte. Ojalá terminemos de una vez por todas con esta lacra que debería de avergonzarnos a todos.
En cualquier caso, y además de los rebrotes del Covid 19 de Portugal, Alemania, Pekín, Corea del Sur, Marruecos, etc., hay otro tipo de brote que lleva mucho más tiempo entre nosotros y al que no se le ha encontrado vacuna en cientos de años, y ese es el brote de la estupidez.

19/06/2020

EL TIEMPO PERDIDO

Cuando menos nos queramos dar cuenta habrá pasado el verano y el otoño nos espera con mucha incertidumbre y promesas, hasta ahora sin cumplir. El tiempo, como todos aquellos que tenemos cierta edad sabemos, transcurre más rápido de lo que nos gustaría y en esta ocasión juega en contra de nuestros intereses.

No nos podemos permitir el lujo de desaprovechar ni un solo día, porque mientras tanto, el virus sigue golpeando con fuerza en muchos países del mundo. Puede que en España tengamos la, creo que errónea sensación, de que todo ha pasado y que ya podemos volver a la nueva normalidad. Ojalá me equivoque, pero tengo serias dudad sobre que ese regreso lo vayamos a realizar con todas las garantías. Dentro de muy poco habrán pasado cuatro meses y, gran parte de ese tiempo se ha desperdiciado en discusiones y comportamientos broncos que no han llevado a ninguna parte. Que solo han servido para que afloren los verdaderos defectos de la clase política.

Los que hemos tenido la oportunidad de trabajar bajo las normas y pautas de una multinacional, donde las ventas eran imprescindibles, estamos acostumbrados a ser tremendamente estrictos con los períodos de cualquier proyecto. Objetivos que uno debe marcarse a corto, medio y largo plazo y donde, además de ser medibles y alcanzables, deben tener un estricto seguimiento y una posterior valoración del resultado.

Claro que se han hecho cosas bien, sobre todo, dadas las circunstancias desconocidas a los que todos se enfrentaban. Nadie pone en duda el acierto del confinamiento y la solidaridad mostrada por la mayoría de los españoles. Pero con los que toman las decisiones hay que ser mucho más exigentes. Porque una cosa es errar en una decisión por falta de conocimiento y, otra muy distinta, actuar mal por una falta de ética personal y profesional. Por actuar siempre llevado por intereses partidistas, en lugar de actuar en pro del bienestar común. Es ahí donde han quedado a la vista las tremendas carencias de la mayoría.

Se han hecho muchas promesas que suenan muy bien, pero tendremos que ver cuantas se llevan de verdad a efecto y de la forma más justa posible.

No se puede prometer, si primero no tomas las medidas necesarias para hacer cumplir esa promesa. ERTEs sin pagar por errores informáticos o falta de personal. Dices que vas a controlar las llegadas de los vuelos procedentes de Europa, pero solo tienes 150 profesionales sanitarios en los aeropuertos. Prometes créditos del ICO, que luego no son tan sencillos de conseguir. Que se aumentaría el personal sanitario para las posibles necesidades futuras, en este caso promesa de la señora Ayuso y, sin embargo, no tardó ni cinco minutos en poner de “patitas en la calle” a los 10.000 sanitarios que lucharon en pleno epicentro contra el Covid. Podría seguir con una lista larga de despropósitos más que de propuestas llevadas a cabo con eficacia, pero creo que todo el mundo, excepto aquellos que no son capaces de ver con objetividad y solo idolatran a su líder, está al tanto de la cadena de errores cometidos. E insisto…, una cosa son las equivocaciones que cualquiera hubiera tenido por el desconocimiento y otra muy distinta, por un egoísta e interesado comportamiento.

Y lo más importante ¿qué se ha adelantado o efectuado en las residencias de mayores para que no vuelva a ocurrir lo mismo?

Se echan la culpa unos a otros y así llevan desde hace tres meses. Cuando interesa las competencias las tienen las CCAA y cuando es para apropiarse de algún éxito el responsable siempre es el Gobierno. Mientras ellos discuten sentados en su cómodo escaño, algún anciano está muriendo abandonado a su suerte.

Solo muy pocos/as se libran, porque solo unos cuantos actúan y hablan con el corazón. La mayoría de los rictus, y para eso hay que reconocer que el mejor es el presidente del Gobierno, han sido siempre fiel reflejo de una mala actuación. Gestos obligados por la situación del momento, tras los que en más de una ocasión se dejaba escapar una leve mueca próxima a la sonrisa. Nada que ver con las lágrimas y la voz entrecortada de Margarita Robles en el Palacio de Hielo.

Los sentimientos verdaderos no se pueden esconder.

En cualquier caso, y tras el nuevo brote en Pekín, según los expertos más dañino que el primero, esto no ha terminado y parece que, por primera vez, sus señorías han suavizado el tono y el ambiente en el Congreso. Esperemos que no se repita y comiencen a estar a la altura de las circunstancias.

17/06/2020

APRENDAMOS DEL PASADO

La pandemia está empezando a golpear con fuerza a los países más poblados del mundo y con las peores condiciones sanitarias. Solo en el día de hoy ha habido 11.000 nuevos casos en la India. La mayoría sospechamos que la cifra de contagiados es mayor de la que dan a conocer los países, y no porque haya ninguna mala intención detrás, sino por la imposibilidad de contabilizarlos por falta de recursos, como puede ser en el caso de África o la India. Tengo la sensación de que la cifra de fallecidos nunca la sabremos a ciencia cierta.
Pero los países supuestamente avanzados también tienen que soportar, en este caso, las graves negligencias de algunos de sus mandatarios. Trump o Bolsonaro, no solo están actuando con dejadez y desidia, sino que es posible que pudieran ser llevados ante la justicia a través de la vía penal.
Los británicos tampoco se quedaron cortos con Boris Johnson que, cuando quiso darse cuenta, ya tenía imparable la pandemia y se posicionaba como uno de los países con el mayor número de fallecidos, simplemente por su actuación tardía e irresponsable.
Lo que sí es cierto y tenemos que reconocerlo haciendo un ejercicio de humildad, es que siete de los diez países que mejor han gestionado esta pandemia, están dirigidos por mujeres.
Pero dejando a un lado quien puede gestionar mejor o peor, lo que es evidente es el peligro que nos acecha constantemente de poder tener nuevos brotes, como ya se ha podido ver con los 32 contagiados en el hospital de Basurto del País Vasco.
El mundo ya ha sufrido con anterioridad fuertes pandemias y tanto en el SARS, la gripe aviar y la gripe española, cuando se relajaron las medidas de contención o las condiciones ambientales empeoraron, regresó la pandemia y en ocasiones con más mordacidad. Es algo de lo que los epidemiólogos y científicos no dejan de advertirnos.
La gripe española también comenzó en primavera, disminuyó en verano y regresó con más fuerza en otoño e invierno de ese mismo año. Ojalá no se repita la situación.
Como en todo, hay pros y contras con respecto a la gripe española de 1918 (las imágenes muestran la similitud con la situación actual).
Hemos avanzado en tecnología y prevención, la sanidad es infinitamente mejor, las medidas de higiene comparadas con aquel entonces no tienen nada que ver y la investigación va a pasos agigantados.
Sin embargo, tenemos en contra el mundo globalizado. Ahora cualquier virus se expande mucho más rápido y es más difícil su contención. Por eso, si abrimos de forma precoz las fronteras, nos relajamos o no actuamos como es debido, corremos un riesgo que no nos podemos permitir. Por desgracia estamos metidos en una espiral donde la economía presiona a la salud pública y esta no puede mejorar si no dispone de recursos económicos.
No es tarea fácil estar en el pellejo de los que toman las decisiones, pero de lo que sí tengo pleno convencimiento es que, si existe una manera de salir algo airados de esta situación, es trabajando en equipo y extirpando la política de la ecuación.

13/06/2020

ESTO NO HA TERMINADO

Ya está aquí lo que menos deseábamos. La palabra que nadie quería escuchar aparece de nuevo y hace que la esperanza de una mejora se retrase más de lo esperado. El rebrote. Varios rebrotes en todo el país, principalmente en el País Vasco, vuelven a demostrarnos la cruda realidad. Una realidad que algunos querían olvidar siendo poco consecuentes con sus actos.

Si en su día se perdió tiempo a pesar de lo que veíamos en nuestro país vecino Italia, ahora se han tirado por la borda casi tres meses y, en lugar de aprovechar el tiempo y la energía para proveer a las residencias y hospitales de todo el equipamiento técnico y humano necesario e intentar llegar a un acuerdo global de todos los partidos aprendiendo de los errores cometidos, nos damos de bruces con la triste situación de ver que están peor que al principio.

Entiendo que la ciudadanía busque cualquier noticia positiva para querer volver a la normalidad, pero por desgracia e intentando ser objetivo, no nos podemos permitir todavía ciertos lujos.

No pretendo ser pesimista ni hundir moralmente al lector.

Dicen que los números generales del país, en cuanto a muertes, han mejorado. En cualquier caso, un servidor no se cree nada porque sigue habiendo cierta turbación o confusión en los datos, ya que desde el 27 de mayo el Ministerio de Sanidad da 19 fallecidos y las CCAA 522. Una exagerada diferencia que no se puede admitir y que demuestra una vez más, la poca credibilidad o la sospecha de que haya otros intereses tras la contabilización. ¿Por qué se han dejado de comunicar el número de fallecidos? ¿Alguien puede creer que en los últimos cuatro días Sanidad haya dado 0 muertes? ¿Qué hay detrás de esta repentina e inusual ausencia de comparecencias de Fernando Simón? ¿Cuáles son las instrucciones?

No obstante, no debemos de olvidar que la situación mundial sigue empeorando. Con 7.500.000 de casos y 420.000 fallecidos, ni mucho menos se pueden lanzar las campanas al vuelo. Ante todo, porque a pesar de la cruda realidad de las cifras, los países miembros de la Unión Europea pretenden abrir las fronteras desde el 15 del presente mes.

Si en su día importamos contagios del norte de Italia, ¿qué impedirá que volvamos a recibir contagios de, por ejemplo, Alemania, Francia…? Partimos de una situación peor que la inicial, porque, no solo se ha extendido el virus a nivel mundial, sino que tenemos a miles de nuestros sanitarios padeciendo la enfermedad. Si ocurriese una “segunda ola”, como suelen llamar los entendidos a repetir lo ya vivido, como ha sucedido en Irán, la cobertura sanitaria que podemos dar ha perdido fuerza.

Pero vayamos a lo positivo para que no me tachen de catastrofista.

Los profesionales conocen mucho mejor a que se enfrentan. Algunos presidentes de CCAA han visto “las orejas al lobo”, ya no tienen tanta prisa en pasar de fase y son más consecuentes para no retroceder lo ya andado y la mayoría de los ciudadanos parecen seguir las recomendaciones. Y lo más importante, cada día que pasa, cada día que esquivamos al virus, es una pequeña batalla ganada y estamos más cerca de la tan ansiada vacuna.

Aun así, en lo que menos se ha avanzado y seguimos igual, es en el funcionamiento de las residencias. Siguen tirándose los trastos los unos a los otros y no son capaces de coger “al toro por los cuernos”. Como críos, cada político de turno se apropia de los éxitos y se exime de los fracasos. Ninguno asume su responsabilidad y la culpa siempre es del otro. Han pasado tres meses y me avergüenza ver el mismo espectáculo todas las semanas. Los ciudadanos están cansados de las lamentables escenas que nos ofrecen, porque al parecer, de esta pandemia han aprendido todos menos ellos.

Cada uno desde su posición se ha reinventado para seguir adelante. Nos hemos encerrado en casa, hemos aprendido a ser mejores y más solidarios y a luchar por una causa común.

Pero ¡CUIDADO! Hay algunos que parece que no quieran ver la realidad y se están dejando llevar por la euforia de un falso éxito. Las terrazas están a rebosar y el incremento de botellones demuestran poca solidaridad y ponen en peligro la vida de todos.

12/06/2020

DEMASIADAS DUDAS

Noto que algo no va bien. Siento que todo va demasiado rápido y que, por el comportamiento visto en numerosas ciudades españolas, la imprudencia se muestra como vencedora provisional en algunos entornos, mientras que la coherencia no se deja ver lo suficiente.

Debemos tener mucho cuidado porque estamos al límite del desastre si no actuamos con diligencia. Nuestros políticos no han actuado desde el principio como debieran y todavía, a estas alturas de la película, parece que no han aprendido nada pues siguen igual o incluso peor.

Los fallecidos, número que aún está por determinar y del que tengo serias dudas de que sepamos la cifra real algún día, solo sirven como argumento en las peleas de baja estofa con las que sus señorías nos han estado deleitando semana tras semana.

A pesar de la poca coherencia en muchas de las actuaciones, como no poder viajar a cien kilómetros para ver a un hijo, pero sí permitir que vengan turistas de fuera de nuestras fronteras; mascarillas que no servían para nada y luego han sido imprescindibles; cambios de criterio continuos; fallecidos que desaparecían de un día para otro; se ha multado a quien iba solo por el campo, pero se permitía aglomeraciones de políticos ante un hospital; solo tres personas podían despedirse de un ser querido, pero van cientos de ellas al sepelio de Julio Anguita. Podríamos estar narrando situaciones absurdas sin parar, pero no serviría de nada.

He intentado ser comprensivo con la dificultad que tiene la toma de decisiones, pero creo que habría ido mejor si se hubieran involucrado todos, pues todos tienen algo que aportar. Ha podido más las ansias de protagonismo para salir como exclusivo triunfador de esta crisis, que la humildad que en momentos como estos se requiere para sumar fuerzas con un objetivo común. Han conseguido, por lo menos en mi caso, que la ya poca confianza que tenía en los líderes actuales, haya caído hasta límites que nunca me habría imaginado. Han dado un espectáculo vergonzante e ignominioso, impropio en personas con un mínimo de sentido común. Si no han sido capaces de trabajar juntos en esta catástrofe ya nunca lo harán. No solo eso, sino que han logrado todo lo contrario, dividir mucho más a la sociedad. En cualquier caso, que no duden que más tarde o temprano les pasará factura. El problema está que hasta que llegue ese momento y aprendan de sus errores ¿cuántos habrán fallecido por el camino?

Ahora no nos podemos permitir el lujo de perder más tiempo. Estamos justo en el umbral y nos jugamos la vida y el futuro de cientos de miles de personas. Todo el que han tirado por la borda peleándose sin sentido, debía de haberse invertido en poner solución a las residencias. Han tenido dos meses para empezar a invertir en recursos económicos y personales, tanto en residencias como en nuestro Sistema Público de Salud.

Los médicos están asustados y con razón porque no dejan de ver comportamientos imprudentes. A muchos se les ha olvidado el drama que hemos sufrido y actúan como si nada hubiera pasado. Ya vimos lo que ocurrió en Italia y actuamos tarde. Ahora vemos que en Irán la segunda oleada está siendo peor que la primera. Por eso, desde estas pocas líneas pido, solicito, suplico a mis dirigentes, que abandonen la animadversión y confrontación, y que de una vez por todas actúen como la sociedad espera de ellos. Porque señores, la vida no siempre da una segunda oportunidad.

10/06/2020

DEMASIADO CASTIGO

Nuestros sanitarios han recibido el premio Princesa de Asturias, premio que debería extenderse a todos aquellos que han estado dispuestos, por su cercanía al virus, a morir por los demás. (UME, limpiadoras, auxiliares, celadores, etc.)

Todos tenemos algún familiar o amigo que trabaja en esa dura, y a la vez gratificante profesión, y casi nunca ha coincidido la información dada por el Gobierno, con la que estaban viviendo ellos en primera fila.

El reconocimiento está muy bien, pero, de alguna manera, habrá que reconocer o compensar el gran sacrificio y el excesivo coste humano que ha supuesto. Ochenta sanitarios fallecidos, debido especialmente a la falta de protección y poca previsión, es un precio demasiado elevado. Han muerto, no por un contagio inevitable, sino por problemas, en la mayoría de las ocasiones, de una mala gestión. La falta de EPIS y de mascarillas, o la poca gravedad que parecía dársele al virus, comparado en sus inicios con una especie de gripe, pero más dañina, no han sido precisamente aciertos.

Es obvio que les pilló a todos los profesionales por sorpresa, que nadie era conocedor de su letalidad y que hablar a toro pasado es fácil. Sin embargo, teníamos cierta ventaja por lo vivido en nuestro país vecino Italia, una ventaja que no hemos sabido aprovechar.

Y ahora, para rematar, lo que está pasando con la descoordinación en las cifras de los fallecidos es una verdadera vergüenza. El descuadre es tal, que da a entender una sospechosa intencionalidad en los mismos por motivos exclusivamente políticos, porque de otra manera, es imposible tener una lógica justificación.  Nos dicen que ha habido un solo fallecido mientras que las CCAA reportan unos datos bastante más elevados. Y no digamos las cifras totales con respecto al mismo período del año pasado. Estamos hablando de un error de cálculo de miles de personas. Eso no es un error, eso es una chapuza y una irresponsabilidad que no puede caer en saco roto

Tengo un hermano médico que, desde las primeras semanas, me comentaba la cruda y falsa realidad de las cifras. Que muchos ancianos se morían en sus casas sin haber tenido la más mínima oportunidad. Es verdad, que no se daba abasto en los hospitales, pero también que había residencias donde tenían instrucciones muy precisas de no derivar enfermos a los hospitales.

Los médicos siempre han tenido la difícil, y nada agradable tarea, de priorizar a quien se salva en momentos de apuro por falta de medios, como puede ser el número de UCIS o de quirófanos.

Cuando sucede un accidente o cualquier tipo de catástrofe, actúan con la mayor ética profesional y seleccionan a quien pueden salvar. Por eso creo que nadie cuestiona esa profesionalidad. No obstante, lo que sí es motivo de controversia por el gran número de fallecidos y por las versiones confusas dadas a los familiares, o cuando menos de dudoso entendimiento, es saber cuántos de esos ancianos, algunos de ellos de poco más de setenta años y con una apariencia de buena salud, se podrían haber salvado si se les hubiera derivado a un hospital.

05/06/2020

NEGÓ HASTA TRES VECES

Pedro negó tres veces a Jesús y Pedro Sánchez niega tres veces la evidencia.

Acabamos de terminar una semana bastante movida, donde se demuestra, una vez más, la influencia que tienen unas palabras o cualquier acto de un político sobre los ciudadanos. Pensaba evitar toda opinión crítica, ya que por fin llegamos al final de la desescalada y el 21 de junio se prevé como fecha, donde ya todos nos podremos mover interprovincialmente con cierta normalidad, con lo que se vuelve a demostrar el desconcierto, pues las fases y los quince días que, como mínimo, debería de durar cada una, es una falacia.

Algunos tienen prisa y no pueden perder más tiempo en la recuperación económica, y tampoco tendría mucho sentido que se permitiera las visitas de turistas extranjeros, mientras que nosotros no podemos viajar entre provincias.

Se han hecho muchas cosas bien y es posible que otras fueran mejorables, aunque eso ya nunca lo sabremos, pero lo que no llego a entender es que alguno siga empeñado en tomarnos a los ciudadanos por tontos, lo que se dejó entrever en la larga y acostumbrada exposición del presidente Pedro Sánchez de ayer domingo.

Después de volver a vender a los ciudadanos las maravillosas y acertadas actuaciones del Gobierno, y de congratularse consigo mismo vislumbrando como siempre un sospechoso rictus escénico, llegó el momento de las tan ansiadas preguntas de los diferentes periodistas.

Igual que los señores del PP tendrían que haber recriminado sin reservas las equivocadas palabras de Cayetana Álvarez de Toledo, los representantes del Gobierno tendrían que haberse atrevido a denunciar la ridícula y vergonzosa actuación de, nada más y nada menos, que del vicepresidente. Pero ahora no se trata de opinar sobre lo que todo el mundo entiende que fue un gran despropósito, sino del comportamiento llevado exclusivamente por el miedo a la evidencia e intereses de rédito político, que hacen que Pedro Sánchez no esté dispuesto a juzgar la insensatez de su socio.

Tres periodistas preguntaron a Pedro Sánchez por dicha actuación y las tres veces omitió dar ningún tipo de explicación. Hasta en tres ocasiones insistieron y las tres se negó. Los tres aprovecharon las palabras del inicio de su comparecencia, donde invocaba al respeto y al mejor comportamiento de los políticos, y aún poniéndole de ejemplo las palabras de disculpa y arrepentimiento de Patxi López, lo que dejaba bien claro el patinazo y ridículo comportamiento de Pablo Iglesias con ese final de “cierre la puerta al salir”, no fue capaz de hacer ninguna alusión al mismo. Es obvio el miedo que le tiene a su compañero de aventuras. Pero lo que me parece una falta de respeto hacia la inteligencia de todos, es el que pueda pensar que el resto de los humanos no nos damos cuenta de sus regateos continuos e incesantes a las preguntas que se le hacen. Es experto en irse por los cerros de Úbeda, por las ramas o por la tangente, me da igual, y en divagar hasta la extenuación de sus oyentes.

Los tres preguntaron con la misma claridad y los tres recibieron de lo mismo. Infinidad de argumentos innecesarios que no guardaban ningún tipo de relación con lo preguntado. Palabras y más palabras de regocijo solo por no tener la valentía de reconocer que su socio de Gobierno no había estado a la altura.

Hasta tres veces le preguntaron y las tres veces se negó.

01/06/2020

CUIDADO CON LA PICARESCA

Por fin se aprueba el ingreso mínimo vital que muchas familias necesitan. Una solución que sirve para mitigar la situación de extrema vulnerabilidad en la que muchas familias se han visto por culpa de la pandemia.

Pero habrá que tener cuidado, pues ya se sabe que este es el país de la picaresca y más de uno se querrá subir a ese carro sin merecérselo. Querrán conseguir un ingreso que a lo mejor a su vecino le cuesta sudor y lágrimas tenerlo. Pero, bienvenido sea y ojalá que de veras ayude a aliviar el ahogo que muchos están sufriendo en estos momentos tan difíciles. Miles de familias que nunca se hubieran imaginado tener que hacer cola para recibir algo de alimento, están saliendo adelante por la generosidad altruista de otros y no precisamente de los que más tienen.

Si ha habido algún momento propicio para aprobar algo así en nuestra historia reciente, es este. Además, no solo supone un salvavidas, sino que da un poco de oxígeno para reactivar el consumo. Eso sí, esperemos se lleve a la práctica de forma ágil y eficaz, y no se quede en otra falsa promesa o que conlleve un trámite incompatible con la urgencia que esta ayuda merece.

Una vez cubiertas las necesidades mínimas de aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca de la forma más ecuánime y justa posible e intentando evitar el fraude, que den por seguro que lo habrá, lo que tiene que hacer el Comité de reconstrucción no es regalar los peces sino ayudar a pescar.

Todos deberán comprender que es una solución temporal por un problema coyuntural. En ningún caso debería ser sustitutivo de un sueldo, porque si fuera de ese modo, al final sería peor el remedio que la enfermedad y, sobre todo, un fracaso social. Una renta a muy largo plazo solo conseguiría retrasar más la reincorporación al mundo laboral y desestimularía la búsqueda de empleo. El foco tiene que estar dirigido a ayudar a las pequeñas y medianas empresas, para que estas creen el mayor número posible de puestos de trabajo. Las pymes generan prácticamente el 70% del empleo en España y hay que inyectarles toda la ayuda económica posible.

En cualquier caso, esperemos que todo lo que se acaba de aprobar se lleve con la mayor transparencia posible. Que no se convierta el verbo ayudar en lucrar, pues el fin único es conseguir que todas esas personas terminen reincorporándose al mundo laboral.

Europa por fin se ha puesto las pilas y el virus ha conseguido lo que no han sido capaces de lograr los eurodiputados durante años. No hay que ser demasiado lumbreras para darse cuenta de que esta pandemia no entiende de fronteras y, ya se sabe… “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. En cuanto el virus ha amenazado a los países del norte de Europa, no han tardado mucho en reaccionar, bajo el pretexto de que “el virus ha producido una crisis tan grande que no se puede ignorar”, según palabras de la presidenta de la Comisión. A ver si de una vez por todas, los 140.000 millones que vamos a recibir de Europa, de los que 77.000 serán subsidios a fondo perdido, son bien gestionados y no acaban en manos equivocadas.

Y para concluir este breve artículo…Los que toman las decisiones deberían empezar por reconocer la evidencia y dejarse aconsejar. Siete de los países que han luchado mejor contra el coronavirus son liderados y gobernados por mujeres. No hay nada como reconocer la evidencia. Han sido más analíticas y han reaccionado más rápido y más eficazmente.

La verdad es que, en estos tiempos, no podemos presumir de grandes líderes masculinos. Unos líderes, por decir algo, que están poniendo en riesgo la salud y la paz mundial.  Maduro, Donald Trump, Kim Jong-un, Boris Johnson, Bolsonaro. Estos señores están extendiendo el virus, más que aplacándolo.

31/05/2020

AHORA NO “SEÑORÍAS”

Ya que siempre he intentado ser lo más ecuánime posible y no hacer distingos de colores políticos sino de comportamientos humanos, no puedo dejar escapar la oportunidad de dedicar unas pocas palabras a Cayetana Álvarez de Toledo.

Siempre he creído que en casi todos los aspectos de la vida en el término medio está la virtud, por eso estoy en el convencimiento de que son los extremos los causantes, en la mayoría de las ocasiones, de todos los conflictos, sean estos políticos, religiosos o morales.

En este caso, más que su posición extremista, aunque ella crea no serlo, mi pequeña crítica va destinada a las expresiones que esta señora es capaz de lanzar por esa vipérea boca, con la única intención de ser los más hiriente y nociva posible. Ella “solita”, cada vez que habla, hace perder cientos de seguidores de los suyos y hace buenos hasta los oponentes más extremistas. Por más que quiera suavizarlo con un tono mortecino y débil no va a ser menor el insulto. Por más que intente con su habitual compostura, que está por encima del bien y del mal, no puede evitar los numerosos patinazos y exageradas expresiones con las que sorprende a todos los oyentes. Y no digamos la representante de Vox con los “grilletes”.

Sin darse cuenta ella es la munición que sus oponentes están usando para disparar todo tipo de críticas hacia la derecha. Y es una pena, porque siempre ha habido buenos políticos, independientemente de sus ideas. Pero no ahora, no en estos momentos.

Ahora el Congreso de los Diputados parece más un bar de barrio, con todos mis respetos para el bar, por las trifulcas y el léxico con los que sus señorías nos están deleitando últimamente.

“¿Me estás amenazando?” “Nosotros no somos ladrones ni fascistas” “Asesinos” “Terroristas”. Amenazas, golpes a la bancada e insultos poco propios de los que se supone representan al país. Solo se salvan unos pocos, porque todavía los hay con buenas formas y perfecta oratoria. Pero la mayoría pretende entrar en el tablero de juego a través de una exagerada originalidad y lo único que consigue es convertir en trabalenguas lo que con dos líneas se habría explicado perfectamente.

La libertad de expresión es uno de los fundamentos de la Constitución española y, el pluralismo político uno de los valores del ordenamiento jurídico. Pero eso no les exime de su responsabilidad de dar ejemplo. Ante todo, porque son más influyentes de lo que creen desde sus tribunas y ahora no es el momento de avivar más la confrontación y el odio.

En esta ocasión ha sido Gabriel Rufián, y debo darle la razón, quien lo ha denominado como “ambiente guerracivilista” y ha advertido que o se para institucionalmente o “llegará a la calle”. Por desgracia ya está en la calle. Pero como es la esperanza lo último que se pierde, todavía están a tiempo de apagar el fuego, aunque eso suponga quitar a aquellos que se dedican a espolearlo.

28/05/2020

¿DE VERDAD “SALIMOS MÁS FUERTES”?

Muchos pensamos que cuando comenzó esta grave epidemia, la situación era lo suficientemente extrema como para haber formado desde la primera semana un Gabinete de Crisis, compuesto por expertos, economistas, empresarios, autónomos y representantes de todos los partidos, para evitar echarse reproches unos a otros y que se sintiesen, además, partícipes de la solución. Y aunque no podemos echar marcha atrás, si podemos aprender de lo ya errado e intentar hacerlo mejor de ahora en adelante.

Al no haber sido de ese modo, llegará el momento, y para eso están los jueces, de examinar si las decisiones tomadas durante la pandemia han sido correctas o no, pero ahora, ha llegado el momento de la concordia y de evitar la confrontación. Necesitamos armonía y sentido común en nuestros actos, en lugar de egoísmo e irresponsabilidad. Debemos de buscar el consenso por el bien de todos para agilizar la reconstrucción del país. Estamos obligados a mantener el respeto por los que ya no están y que el sacrificio de todos los profesionales que han trabajado duro por los demás no haya sido en balde.

Algunos titulares comentan que “Salimos más fuertes”. Tengo mis dudas sobre ello cuando hay 28.000 fallecidos (26.000 las últimas horas por cambio de criterio en la contabilización), miles de personas siguen sin cobrar lo prometido, hay largas colas en los comedores sociales y a muchos les ha faltado tiempo para comportarse como si nada hubiera pasado. Por eso, y perdón por el pesimismo, todavía no puedo asegurar que salgamos más fortalecidos, pues a pesar de la humanidad demostrada por la mayoría, también se han dejado ver con bastante claridad los grandes defectos del ser humano. Ambición desmesurada, egoísmo, odio…Si en un momento como el que estamos viviendo, una crisis sanitaria que atañe y ataca a todos por igual, donde no habrá vencedores ni vencidos sino supervivientes y fallecidos, no hemos sido capaces de trabajar en común y con un único objetivo, ¿cuándo lo haremos? Sinceramente, el destino nos ha puesto a prueba y no salimos muy bien parados.

En cualquier caso, no es fácil transmitir camaradería y cordialidad cuando por más que uno intenta evitar todo tipo de crítica y desavenencia, llega el responsable de turno y dice o hace algo, que complica su justificación. En la última semana se firmado un pacto, prácticamente a escondidas, que nadie es capaz de explicar. Se ha fallado en la contabilización de los datos, y no es la primera vez, con una disminución en los fallecidos de, nada más y nada menos que en 2000 personas. Y se sigue faltando a la verdad en cuanto a los ERTES pagados. No se puede prometer, si no eres capaz de cumplir lo prometido. No hay que dar argumentos a aquellos que están expectantes y a la espera del fallo, para destruir en lugar de construir. Por desgracia, el odio y la confrontación son el peor virus y crece mucho más rápido que la pandemia.

26/05/2020

IRRESPONSABLES

¿Cómo podemos cambiar en tan poco tiempo?
Todos estábamos orgullosos y dábamos por hecho la buena conducta del pueblo español. Nos vanagloriábamos de soportar con disciplina el confinamiento para poder vencer al virus, ayudando al máximo a aquellos que se estaban jugando la vida por todos los demás. Y sí, vivimos en un país estupendo con gente maravillosa que, lo mismo se pone un mono blanco y se va a limpiar las playas de Galicia, que organiza grupos vecinales para dar de comer a los más necesitados. La bondad se está dejando ver detrás de cada esquina y se vuelve a demostrar a su vez, que son los que menos tienen los que más dan, como se ha podido ver en las largas colas en varias ciudades de España. En Aluche de Madrid, por ejemplo, los que regalaban alimentos no eran familias precisamente pudientes.
Pero ya se sabe que siempre tiene que existir la excepción para que se cumpla la regla y, por desgracia, no lo hemos podido evitar. Al parecer los cerca de 30.000 muertos, los 50.000 sanitarios contagiados, las UCI a rebosar, nuestro sistema de salud colapsado con fallecidos por los pasillos o los miles de ancianos muertos en soledad, no han sido suficientes.
¿Qué tiene que suceder para que algunos con dos dedos de frente, y creo que me excedo, en lugar de llenar las playas de la Barceloneta, montar un gimnasio al aire libre, o hacer reuniones multitudinarias en cualquier ciudad de España, entre otras muchas cosas, actúen con un poco de sentido común y respeten, aunque sea por descuido, las normas de seguridad? ¿Tan pronto se nos ha olvidado? El deporte es sano y recomendable, pero ¿de qué te sirve un cuerpo escultural en una caja de pino?
Esas son las “dos Españas”. La que tiene a miles de sanitarios sacando fuerzas de donde ya no las hay, la que sigue manifestando solidaridad por doquier y la que demuestra repulsa y falta de compañerismo y actúa como si nada fuera con ellos.
Es positivo saber superar los dramas que la vida nos trae y mantener el humor todo lo posible a pesar de las adversidades. Seguro que saldremos más fortalecidos, tal y como define la palabra “resiliencia”. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta la insensatez y la irresponsabilidad.
“Qué pronto dura la pena, qué breve es para algunos el duelo, pues solo han respetado la cuarentena y les da igual los miles de muertos”.
Todavía nos queda camino por recorrer hasta que llegue la vacuna, y unos pocos inconscientes de la realidad, no pueden echar por tierra el esfuerzo y el buen proceder de la mayoría.

24/05/2020

DECISIONES SORPRESA

Cada vez se agrava más la situación.

Siempre he intentado mantener, como muchos, un estado de ánimo positivo a pesar de la grave situación y el largo confinamiento. La actitud de las primeras semanas demostraba el disciplinado carácter de los españoles, y resaltaban más los aplausos a los sanitarios y los sorprendentes comportamientos de los balcones, que los fallos que se iban dando continuamente por parte de los políticos. Un comportamiento que se ha estado denunciando continuamente por parte de la ciudadanía. Una actitud de confrontamiento incesante que no llevaba a ninguna parte.

También algunos advertimos en su momento, que la paciencia tiene un límite y que, la aparente paz y buena convivencia, terminaría siendo solo un espejismo, si las decisiones tomadas y prometidas no se llevaban a efecto en tiempo y forma.

Las expresiones como “estamos tomando medidas”, “cuando dobleguemos la curva”, “hemos aprobado los ERTES”, una serie de frases, expresiones y palabras que han empezado a ser parte de nuestra vida y la “nueva normalidad”.

Pero el tiempo sigue transcurriendo y los compromisos que sonaban tan bien en el noticiario de turno, pasan a ser solo huecas voluntades. Aun así, el ciudadano no pierde la confianza y aquellos que están esperando lo prometido, en lugar de salir a protestar y a demostrar su desesperanza, se dejan ayudar por la caridad de sus vecinos para seguir comiendo.

Mientras, entre tanta incertidumbre y falsa seguridad, el Gobierno firma un acuerdo con los líderes de las patronales CEOE y CEPYME y los sindicatos, para prorrogar los ERTE hasta final de junio. Algo que a miles de ciudadanos les da exactamente igual, porque no han cobrado ni lo correspondiente de marzo. Ciudadanos que comienzan a perder la ya mínima credibilidad que tenían puestas en sus políticos, porque la han ido perdiendo poco a poco, después de ver que los miles de millones de los que siempre han hablado se quedan por el camino y nunca llegan a su destinatario. En cualquier caso, es un acuerdo positivo y una imagen que, aunque tardía, bienvenida sea.

Pero el sueño ha sido interrumpido por otra de las decisiones sorpresa a las que ya nos tiene acostumbrados nuestro presidente. Unas decisiones tomadas con nocturnidad y alevosía y que, hasta a los suyos, son incapaces de comprender.

Lo mismo pacta con Podemos para gobernar, a pesar del insomnio que según él le produciría, que firma un acuerdo con la mano derecha con Podemos y Bildu para derogar la reforma laboral a cambio de su abstención en la votación de la quinta prorroga, mientras que con la izquierda se lo oculta a Arrimadas entre tanto negocia con Ciudadanos su voto afirmativo. Esta ha sido una de las mayores chapuzas y un ejemplo más de lo que alguien es capaz de hacer por poder. Nunca mantiene una mínima coherencia y ética política.

Como no podía ser de otra forma, automáticamente la CEOE rompe las vías de comunicación con el Gobierno y suspende el diálogo social, más de un componente de sus ministros no entienden la decisión, pues además los votos de Bildu no eran necesarios, y como traca final, la ministra de Economía Nadia Calviño expresa su enfado en público y echa una pequeña reprimenda a su propio presidente y a podemos, “es absurdo ahora el debate de derogar la reforma laboral”.

Para terminar, me gustaría decir a todos esos irresponsables que no dejan de llenar las playas, paseos o manifestaciones sin guardar las normas de seguridad, que tengan un poco más de paciencia para no tirar por la borda todo lo trabajado. Siguen poniendo en riesgo la vida de todos.

22/05/2020

COHERENCIA

Hoy nos levantamos con una noticia insultante del CIS. ¿Cómo puede salir reflejado que el 70 % de la población piensa que la situación económica del país es buena o muy buena y que estamos mejor que en marzo? Y para que la situación sea un poco más ridícula, es el propio Tezanos quien dice: “no se fíen de las encuestas”. Me parece todo un verdadero despropósito. Solo pido que no nos tomen por idiotas.

Y cambiando de tercio, por cierto, término que no gustaría al Sr. Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno. Este debería de darse cuenta de la posición que “okupa”. Todos sabemos que, esconderse tras esa dulce y suave voz, y una compostura excesivamente meliflua, no basta para camuflar los mensajes que de forma irónica suele enviar. “A mí me han hecho muchas veces un escrache y va con el cargo. Hoy son los de derechas los que van a mi casa y mañana pueden ser los de izquierdas los que vayan frente a la casa de Ayuso o de Abascal”.

Creo que todavía no se ha dado cuenta de que su posición actual como vicepresidente del Gobierno es contrapuesta con “acciones protesta” constantes. Lo mismo está hablando en el Congreso, que sale a sus puertas a protestar contra este. Tendría que ser consecuente con la posición que tiene y que tanto le ha costado conseguir. No puedes ir de ético ponente político defendiendo la constitución, cuando hace dos días no creías en ella.

Si uno defiende sus ideas, algo totalmente respetable, tiene que ser, por lo menos, congruente con los principios que estas conllevan. Ha pasado de criticar a diestro y siniestro a los que denominaba como “Régimen del 78”, a ser el mayor abanderado de la Carta Magna.

Hace unos días, cuando el país sufrió la pérdida de Julio Anguita, Pablo Iglesias escribía: «Se nos va nuestro mejor referente político. Hasta siempre»

Sin embargo, en unas charlas organizadas por la Juventud Comunista de Zaragoza hace unos años estas fueron sus palabras: «Hay mucha gente que quiere resucitar a Anguita, que es como el cadáver del Cid a caballo». «En esas cosas estoy muy cansado. Es como muchas gracias por los servicios prestados, pero con gente de veintitantos, treinta y tantos, cuarenta y tantos. Hay gente mayor que tiene que tomar ejemplo de Joseph Ratzinger y coger un helicóptero e irse a la mierda o a donde quieran».

A lo largo de la vida tenemos todo el derecho a cambiar de opinión y, si es posible, a mejorar, pero esto no es un simple cambio de ideas, es “hipocresía”.

Que más quisieran los de hoy, aunque solo fuera un poco, parecerse y comportarse con la coherencia del Califa Rojo.

20/05/2020

EL COVID 19 CONTAGIA POR IGUAL

Luego la gente se queja cuando se relaciona la bandera española con “facha”.

Todo el mundo tiene derecho, como es lógico, a manifestarse. Lo que ya me cuesta más comprender es que al parecer el virus contagia más o menos según el motivo de la manifestación. En la del 8M, en la despedida de Julio Anguita, no contagia, pero en las caceroladas contra el Gobierno o en IFEMA sí.

A ver si se ponen todos de acuerdo. Lo que se empieza a demostrar es que con el confinamiento muchos han perdido la capacidad de objetivar las cosas.

Por otro lado, no tiene mucho sentido que los que se han quejado tanto de los peligros que podía conllevar la manifestación del 8 de marzo, salgan ahora en plena pandemia a hacer lo mismo. Con la diferencia de que ahora conocemos mucho más el peligro al que nos enfrentamos. Se supone que debemos predicar con el ejemplo y no hacer aquello que tanto se ha criticado. Todos podemos, es más, debemos manifestarnos contra lo que creemos que es injusto, pero en este caso, y es mi humilde opinión, habría esperado a una fecha más propicia.

Los que manejan los hilos, porque que nadie dude que siempre hay alguien detrás, están consiguiendo una crispación política que, en estos momentos, creo no ayuda a nadie. ¿Dónde habrán quedado las palabras de “remar todos en la misma dirección”? ¿De qué para salir de esta, debemos de estar unidos?

Siguen todos usando la táctica infantil de que cuando sale algo bien presumen de ello y cuando sale mal, la culpa es del oponente. Ninguno se responsabiliza de sus errores. La presidenta de la Comunidad de Madrid no puede estar todos los días “echando mierda”, sobre la escena política. Puede que tenga razón en algunas de sus reclamaciones, pero las formas no son las correctas. Ella ha sido quien ha terminado de encender la mecha. Los responsables políticos deben de tener sumo cuidado con sus palabras, porque muchos están esperando el mínimo motivo para justificar sus acciones.

Tampoco entiendo que se utilice la bandera española como símbolo para el confrontamiento. Esto es un problema de salud pública. Un virus que ataca por igual a todos y que no sabe de diferencias políticas, de clases sociales o de razas. No entiendo que se utilice la bandera de todos para apoyar los gritos de una reclama que, en muchas ocasiones, no tiene nada que ver con la pandemia.

Todavía todos tenemos mucho que aprender. Para empezar, el respetarnos unos a otros. Algo que parece sencillo y de lo que presumimos, pero que viendo las escenas que se producen todos los días de aglomeraciones en calles o bares, demuestra todo lo contrario.

Debo de ser un soñador, un filántropo, una persona que todavía cree en la bondad altruista del ser humano. Creo en la España de los aplausos, en el país de las donaciones de órganos y en el de la generosidad entre vecinos. Y no es que sea apolítico, pues la política me interesa, sino que hoy en día no es fácil tener un referente claro que lleve al seguimiento férreo ideológico. Podría definirse, sin ser totalmente exacto, como neutralista político nacional, ya que el neutralismo es más una posición internacional.

Aun así, nunca perderemos la esperanza, porque a pesar de muchos, todavía son más los que están dispuestos a sacar este país hacia delante a través de una ética responsable y un comportamiento intachable.

19/05/2020

FALTA DE CONSENSO

He publicado artículos según se iban sucediendo los acontecimientos y cabe resaltar que, en casi todos, ha sido muy difícil extraer de estos la influencia negativa que nuestros políticos han tenido durante el trascurso de esta grave crisis. Da igual que hayan pasado dos o seis semanas o que el número de fallecidos sea de 2.000 o 27.000, porque como podemos observar todos los días, nuestras señorías se han comportado, se comportan y comportarán, con la misma actitud de siempre. Se siguen echando los trastos unos a otros y hasta el último día, si es que el destino quiere que llegue, nos demostrarán la incapacidad de consenso. Son ellos los que provocan con sus decisiones y comportamientos, que la población sienta incertidumbre y desasosiego.

Si desde un principio hubieran estado unidos en una causa común, se hubieran evitado muchos problemas. No podrían reprocharse si unos están en una fase y otros en otra, porque todos habrían sido partícipes de la decisión. Todos se sentirían responsables o irresponsables de sus determinaciones, porque todos estarían en la misma mesa de negociación. De igual manera, se evitarían muchos conflictos sociales porque los ciudadanos suelen ser el reflejo de sus líderes y se comportan según los dictámenes de estos.

Sin embargo, ha sucedido todo lo contrario. Mientras ellos siguen con sus peleas absurdas y discusiones que no llevan a nada constructivo, el pueblo y algunas excepciones de nuestros responsables, porque siempre las hay, se han comportado con la seriedad y responsabilidad que un problema tan grave como esta pandemia, requería.

Pero la paciencia no dura eternamente, por eso empieza a quebrarse la inicial unidad social. Ahora, cualquier frase fuera de lugar, cualquier decisión que no tenga fácil comprensión por parte de todos, cualquier comportamiento que no se ajuste a una ética responsable o cualquier dato que no se ajuste a la verdad, puede ser la chispa que encienda un fuego difícil de apagar o que comiencen una serie de reacciones en cadena de las que sea complicado escapar.

Solo me gustaría hacer un par de peticiones:

A aquellos que piensan que las normas no van con ellos, a esos imprudentes que con sus actuaciones ponen en peligro a los demás…, que piensen en sus padres o en sus mayores, podrían fallecer por su falta de responsabilidad.

Y, por favor señorías (y me refiero a todos los partidos) ¡ya está bien! Todavía queda mucho camino por recorrer y no nos podemos permitir un rebrote partiendo de la situación actual.

Aprovecho para dar mi más sentido pésame a la familia de Julio Anguita, líder histórico de Izquierda Unida y político intachable. Se puede o no estar de acuerdo con las ideas de otro, pero eso no quita para reconocer la valía profesional y personal. Con 78 años se no va un político de nivel de los que cada vez hay menos.

16/05/2020

SIGUE LA PESADILLA

La pesadilla no quiere perder el hueco que ocupa en nuestro cerebro y se adhiere a nuestra forma de vida, para que no podamos escapar de la angustia que nos ahoga desde hace dos meses. Cuando creíamos que habíamos dominado, aunque fuera en un grado mínimo esta pandemia; cuando pensábamos que los fallecidos ya no iban a superar la cifra de los 200; cuando aspirábamos a dejar a un lado las restricciones impuestas, en resumen, cuando empezábamos a ver la luz al final del túnel, el destino vuelve a jugarnos una mala pasada y quiere ponernos de nuevo a prueba para medir nuestro nivel de resistencia. Una entereza o fortaleza física, pero ante todo moral, que comienza a verse degradada por encontrarnos atados de pies y manos ante una situación muy complicada y nunca experimentada.

Siempre he comentado que para tener éxito en la vida hay que seguir la norma de las tres “pes”, paciencia, prudencia y perseverancia. Una paciencia que muchos ya no tienen, una prudencia que ha dado paso a la temeridad y una perseverancia que se ha dejado ganar terreno por la dejadez. Una inconstancia, por otro lado, lógica, pues algunos solo sienten la postergación de vivir sin futuro, de vivir exclusivamente al día porque su porvenir es más que incierto.

Entramos en una fase de control donde nadie sabe cual va a ser el resultado. La gente comienza a ver coartada su libertad y ya no piensa con claridad. Todos están equivocados y, a su vez, todos tienen la razón.

Estamos llegando a ese límite, que ya algunos anunciábamos hace semanas, que nos haría elegir entre morir por el virus o morir por la falta de recursos. Algunos somos muy afortunados y, por ahora, no hemos contemplado esa coyuntura, pero muchos otros ya se han visto obligados a ello.

A partir de ahora, y si no se toman las decisiones adecuadas, podemos empezar a ver comportamientos inusuales, por usar una terminología suave, por parte de los ciudadanos, ya que es muy difícil subsistir un día más con las persianas de muchos negocios cerradas “a cal y canto”.

También debemos de ser algo autocríticos, porque hay que reconocer que, si hemos aguantado con enorme heroicidad, civismo y humanidad las primeras semanas de confinamiento, los últimos días han vuelto a demostrar que el carácter mediterráneo, en lo que se refiere a jolgorio e imprudencia, han hecho retroceder el esfuerzo inicial.

Las imágenes de cientos de personas en diferentes provincias corriendo sin mantener la distancia de seguridad, o las terrazas repletas de gente sin mascarilla como si fuera un día normal de agosto, no hacen augurar nada bueno.

Por eso ahora más que nunca debemos tener la cabeza fría, aunque mantengamos el corazón caliente. Ahora más que nunca, debemos demostrar que la entereza puede ganar al desasosiego o el temple a la intranquilidad. Principalmente, porque si un rebrote nos hace empezar una nueva partida, esta la empezamos con peores cartas. Partimos con un número mayor de fallecidos y con un número muy elevado de sanitarios contagiados.

Puede que se conozca algo más y mejor a nuestro enemigo, pero hasta que no tengamos el comodín de la vacuna, siguiendo con el símil del juego de naipes, no podemos dar la partida por ganada. Y, hasta que llegue ese momento, no podemos apostar o echar órdagos con la salud de nuestros mayores.

15/05/2020

LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO

Desde que comenzó la pandemia no han parado de hablar de la gran cantidad de recursos económicos con los que iban a ayudar a los afectados de esta crisis para que nadie se quedase atrás y, sin embargo, solo se ha movilizado, hasta el día de hoy, un 1% del PIB, 17.000 millones, que es una miseria comparado con lo efectuado por otros países europeos. Mientras tanto, ya han desaparecido 144.000 empresas y la mayoría de los ERTE siguen sin llegar a sus destinatarios. Según el Servicio de Empleo Público Estatal, solo ha cobrado la prestación 2 de cada 100 afectados.  Aun así, siguen poniendo todo de color de rosa. Esas son las cifras reales con las que el profesor y economista Josep María Gay de Liébana, ha contradicho a las bonitas y falsas palabras que un minuto antes había pronunciado Patxi López, presidente del Comité de la Reconstrucción y Reactividad Productiva.

“Que nunca ningún Gobierno ha hecho antes tanto esfuerzo”; “que se han puesto en marcha unas medidas que superan a las tomadas en el 2008”, ¡vaya, que todo perfecto! Todo, palabras y solo palabras. Palabras que se lleva el viento, pero que quedarán grabadas para siempre. Así, si a alguien le queda algo de vergüenza, pueda, al menos, reconciliarse consigo mismo.

Lo prometido está muy bien, pero no tiene nada que ver con lo ejecutado o llevado realmente a efecto. Y lo que menos necesitamos ahora, es que además de la debacle económica que estamos sufriendo y la que todavía está por llegar, que nos tomen por imbéciles.

Como siempre no es cuestión de cantidad sino de calidad. No es cuestión de salir todos los días a dar explicaciones, sino que las que se den sean verídicas.

Para la reconstrucción del país habría hecho falta economistas o empresarios, pero no unos políticos que todavía siguen peleando entre sí. No se ponen de acuerdo y, visto lo visto, no se pondrán, porque cada decisión que toman esconde una estratégica intención electoral. Una intención que nunca han perdido de vista. Si de veras se vieran movidos por necesidades exclusivamente sanitarias y de defensa nacional, no habrían pasado dos meses a base de enfrentamientos y acusaciones baldías.

Los ciudadanos lo hemos estado pidiendo a gritos, y prácticamente ninguno se ha dado por aludido.

Se ha dado mucha información y cada frase iba acompañada de falta de humildad y exceso de engreimiento. Siempre vendiendo que ya teníamos doblegada la curva.

Claro que se habrán hecho cosas bien, pero con el enorme número de fallecidos a nuestras espaldas y con una de las cifras más altas de sanitarios contagiados, creo que nadie con un mínimo honestidad, sería capaz de alardear de nada.

11/05/2020

“QUIEN OCULTA, ALGO ESCONDE”

No puedo llegar a entender que haya tanto secretismo para dar los nombres de los que componen el llamado Comité de Expertos. Son las personas que están decidiendo sobre nuestro futuro y coartando nuestras libertades por razones de fuerza mayor y es imposible saber en qué y cómo están basando sus decisiones.

¿Qué ocultan? Todo está bajo las instrucciones del Gobierno y esa falta de transparencia produce desconfianza en los ciudadanos. “Quien oculta, algo esconde”.

Ciertas versiones apuntan a que quieren preservar su intimidad para no verse bajo presión. Pues señores, si no son capaces de soportar lo que puede provocar sus decisiones, es que no están convencidos de las mismas.

Los que las toman, y se les paga por ello, tienen el riesgo de equivocarse o no, pero eso va con el cargo. Todo aquel que tiene cierta responsabilidad, debe asumir que no siempre van a ser aceptados o entendidos sus dictámenes y que es imposible que no haya diferentes interpretaciones de estos. Es muy difícil agradar a todo el mundo.

Lo que estamos viviendo es algo excepcional y nunca conocido hasta la fecha, por lo que todos tendremos que ser comprensivos a la par que exigentes, porque no creo que nadie tenga la barita mágica para encontrar la solución perfecta.

Por eso, y más que nunca, los que nos dirigen tendrían que olvidarse de sus diferencias, sumar ideas, aunar esfuerzos y concordar pensamientos creativos que lleven al éxito, porque de lo contrario, el Gobierno solo conseguirá la exclusividad del fracaso.

08/05/2020

PRIORIDAD: EL PLANETA

Estamos inmersos en una espiral de incómoda salida. Tenemos todo en contra y el Covid 19, mientras tanto, está haciendo crecer más que nunca la creatividad e imaginación, para poder seguir lo antes posible con lo que consideramos “supuestamente” vida normal. A lo mejor es que hemos creado una sociedad equivocada, errónea en cuanto a nuestro ritmo habitual de vida y prioridades. A lo mejor, quien sabe, el coronavirus reordena nuestros valores y sacamos de todo esto cosas positivas.

Menos gente en las playas, las ciudades con menos contaminación, empezamos a ser más respetuosos con el medio ambiente, nos hace más solidarios, etc. Todo eso suena muy bien, pero, aun así, todavía queda mucho por hacer. Puede que sí nos cambie, es más, ya nos está cambiando en algunas actitudes; aunque ese es el punto de vista optimista.

Sin embargo, también tenemos el opuesto, el que nos demuestra que por más enfermedades o muertes que haya, el ser humano sigue igual de estúpido y no es capaz de aprender de sus errores. Muchos imprudentes no son capaces de meditar ni cinco minutos y lo mismo organizan un botellón en plena calle, que un partido de futbol en un parque saltándose todas las normas de seguridad.

Y, como es lógico, no puedo dejar de hacer una breve mención sobre los decepcionantes comportamientos de sus señorías vistos en el día de ayer. A estos todo les da igual porque van de mal en peor. Cada vez rizan más el rizó y se superan en cuanto a sandeces. Algunos siguen con el papel de poli bueno y poli malo y se dedican a insultar directamente, para que dar rodeos. Así es muy difícil conseguir un mínimo consenso. Otros solo piensan en su autonomía, en lugar de en el bien común. Los más imaginativos y siempre negativos, por decir algo suave, sacan a relucir Paracuellos del Jarama ¡tócate las narices! Y otros no dejan de hacer muecas y gestos irrespetuosos mientras escuchan al orador. Solo se libran dos o tres de unas mínimas normas cívicas que nos enseñan desde la infancia. Se están erosionando a sí mismos y la ciudadanía está harta.

Esto no ha terminado señores, ni mucho menos. Todavía hay cientos de fallecidos todas las semanas. ¿Cuántos más tienen que haber para reaccionar? ¿Qué necesitan para que rebrote un poco su sentido común? ¿Cuándo van a demostrar un poco de humildad?

Esto no va de política, sino de pelear todos juntos con ayuda de la ciencia y con el claro objetivo en nuestro punto de mira de mejorar nuestro planeta, que ahora se encuentra con fiebre. Y tengamos una cosa en cuenta, nosotros necesitamos al planeta, más que el planeta a nosotros.

07/05/2020

NECESITAMOS MÁS APTITUD Y MEJOR ACTITUD

Me prometí a mí mismo intentar evadirme, aunque fuera durante un breve período de tiempo, de todo lo que tuviera que ver con el Covid 19, pero reconozco que no soy capaz. Mis piernas no me permiten salir a pasear o a correr para soltar todo el estrés que esta pandemia nos causa y siento tener que escribir de nuevo, para manifestar el desagrado que muchos ciudadanos sentimos ante el comportamiento repetido y frustrante de algunos de nuestros políticos.

Todos tenemos a nuestro alrededor personas que, por la situación actual de pandemia, se han visto obligadas a volver a sus casas con el compromiso de ser protegidas por los ERTES. Un pago que a fecha de hoy todavía sigue perteneciendo a la larga lista de los sueños parlamentarios del Gobierno. Unos pagos de los que se está hablando desde el principio de esta crisis y que nunca llegan. Las exigencias no tienen que ir en una sola dirección. No tienen que ser penalizados siempre los mismos. Esos a los que tanto se les exige esfuerzo ya no pueden aguantar mucho más.

No se puede presumir de socialdemócrata y solicitar a tus seguidores comprensión y paciencia, mientras ellos pasan necesidades y tú tienes los bolsillos llenos y un sueldo de “casta”. Puede que en el fondo haya buenas intenciones, pero estas están ocultas tras una transparente hipocresía difícil de ocultar ante los ojos de los ciudadanos.

Pero no son solo ellos, hay otros que se dejan mal aconsejar por su asesor de imagen y toman como solución propagandística hacer unas fotos en el cuarto de baño mostrando un rostro compungido frente al espejo. ¿Quién se lo va a creer? Pero para fotos Isabel Díaz Ayuso. No puede reprimirse de dejar un testimonio gráfico de su ego.

A unos se les llena la boca de fingidas promesas y otros solo saben rebatir sin proponer y sacando siempre a Chávez como argumento.

Ante todos estos gestos absurdos, la mayoría sentimos frustración y estamos cansados.

Si ante lo que muchos consideran como el peor desastre ocurrido en España tras la Segunda Guerra Mundial, no han sido capaces nuestros representantes de ponerse de acuerdo, ¿qué podemos esperar de ellos? Con la actitud mantenida hasta ahora ya lo han dicho todo. Y mientras los que menos saben están tomando las decisiones, los que tienen experiencia, que los hay y en todos los partidos, están atados en muchas ocasiones de pies y manos y no se les permite participar.

Tendremos que seguir soportando o en mi caso, denunciando a través de la escritura, aquello que consideramos injusto. Porque mientras decenas de parlamentarios siguen cobrando grandes cantidades, aunque estén sentados en sus casas tras la pantalla del ordenador, miles de sanitarios que han participado en nuestra recuperación, han sido puestos de patitas en la calle. Para eso si que han sido diligentes, no han tardado ni cinco minutos.

Asumiremos que “no se puede sacar de donde no hay” e intentaremos no perder la esperanza de que más tarde o temprano, rebrote, no el virus, sino un nuevo sentido común que consiga unir a políticos de elevada categoría tanto profesional como personal, sobre todo, porque somos un gran país que está repleto de buenos dirigentes, excelentes profesionales y personas de gran corazón y no podemos tirar por la borda todo el esfuerzo realizado.

05/05/2020

UN POCO DE “POR FAVOR”

Viendo algunas imágenes de Madrid y Barcelona, asusta el pensar que vamos directos a un empeoramiento de la situación, algo que no podremos confirmar hasta dentro de quince días.

Algunos serán insensatos toda la vida y no se dan cuenta que están poniendo en peligro la salud de todos.

De repente salen corredores por doquier y el running se convierte en deporte nacional. Todo con tal de tomar un poco de aire fresco tras tantos días de confinamiento. Un confinamiento que, en contadas ocasiones, está haciendo perder los papeles de policías y ciudadanos.

Estamos viendo imágenes de absurdos comportamientos muy difíciles de justificar. El caso de la Barceloneta este fin de semana es un buen ejemplo. Repleta de gente sin respetar la distancia de seguridad y la mayoría sin las mascarillas de protección, y no pasa nada y, sin embargo, a más de una persona en solitario, bien paseando por la playa o en mitad del campo, el comportamiento de algunos policías ha sido totalmente desproporcionado.

De acuerdo con que todos debemos de respetar las reglas y que aquellas personas que se las saltan no tienen excusa, pero eso de que siempre se usa la proporcionalidad, sinceramente tengo mis dudas. Lo estamos viendo todos los días. En la Barceloneta, en el Palacio de Oriente de Madrid, en IFEMA, casos de aglomeraciones sin ningún tipo de penalización. Como todo en la vida suelen pagar justos por pecadores.

Dos policías retienen a una mujer en un parque donde no había nadie, solo porque había salido en la fracción horaria equivocada. Al parecer la mujer había tumbado una de las motos de los policías, seguramente porque su hartazgo había llegado al límite. Pero ¿es necesario que dos policías, supuestamente bien entrenados y con todo su equipamiento, la inmovilicen en el suelo?

La gente está cansada y hay que ser comprensivo. Siempre habrá personas poco solidarias e irresponsables, pero no se puede multar, por ejemplo, a una persona que estaba en mitad del campo sin nadie a su alrededor en cuatro kilómetros a la redonda y cuyo municipio más cercano era un pueblo de no más de 3.000 habitantes, mientras vemos todos los días grupos muy numerosos de personas que se están saltando todas las normas. Para empezar, no sé qué narices hace un coche de policía en mitad del campo. Es raro que no se nos pase por la cabeza el afán recaudatorio.

Muchas personas están sin trabajo, no se les paga los ERTES, pueden que hayan perdido a un ser querido y lo único que les falta es que les pongan una injusta multa por la mala, y posiblemente excepcional actuación, de un agente de la autoridad.

Menos mal que estoy convencido de que es la excepción que cumple la regla, porque ahora más que nunca necesitamos la comprensión de todos y cada uno de los componentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Espero y deseo que persevere el sentido común, porque todavía queda mucho, si es que llega la extrañamente llamada “nueva normalidad”, porque lo más seguro es que a partir de ahora la vida que veamos y sintamos será de otra manera; puede que incluso hasta mejor.

04/05/2020

Breve resumen sesión de control al Gobierno

El presidente del Gobierno ya no convence ni a los suyos. Sigue con el “ordeno y mando” escondido tras una hipócrita medio sonrisa y una soberbia que más tarde o temprano le pasará factura. Tomar decisiones es muy complicado, pero es mucho peor tomarlas de forma ordenancista e intolerante. Sigue sin contar con los demás y para rematar, ha conseguido poner a todos en su contra en tiempo récord.

Presidentes de CCAA, empresarios, autónomos, juristas, el mundo de la cultura… Se pasa el día ofreciendo la mano para luego dar la espalda a los que se la ofrece y la arrogancia sale de nuevo a relucir. Está bien claro que entre sus aptitudes no está la de negociar.

Lo que pasa es que ya se sabe “En el país de los ciegos, el tuerto es el rey”. Y este, además de tuerto, sordo, porque no sabe escuchar.

“San” Pablo Iglesias llama parásitos a los de Vox, quienes vuelven a estar desacertados, en este caso sacando a relucir la Ley de Memoria Histórica. Y mientras otros utilizan a los fallecidos como arma arrojadiza, los que quedan solo se dedican a criticar.

De esta forma seguiremos sin conseguir nada. Tienen que olvidarse de la política y gestionar. Hay millones de voces que lo están reclamando desde que comenzó esta pandemia. Siguen dando una imagen desastrosa de la que solo se salvan unos pocos. Unos pocos que tras bambalinas y sin llamar la atención, sí están gestionando como es debido. Hay políticos muy válidos en todos los partidos y lugares, pero estos no consiguen que se les preste una mínima atención.

Cierro con esta frase de mi libro Como endulzar nuestro destino:

“La suma de ideas es más fructífera que una única opinión ejecutada de forma dictatorial y solidifica la estructura social y cultural de la sociedad, para soportar con rigidez cualquier cambio por drástico que este sea”

30/04/2020

PEDIR, PERO NO DAR

No voy a poner peros en el proceso de la desescalada, porque no tengo claro si otros lo hubieran hecho mejor, aunque sinceramente hay cosas que no logro comprender. Me imagino que habrá muchas variantes para volver a la normalidad y todo dependerá del lugar donde vivas o de la difusión del coronavirus. ¿Por qué, por ejemplo, en aquellos municipios donde no ha llegado la enfermedad o son poblaciones relativamente pequeñas sin ningún caso de Covid 19, no pueden directamente volver a la situación inicial sin estar obligados a fase ninguna?, con el correspondiente cierre de sus fronteras, claro está.

En cualquier caso, y sean las fases que sean, siempre perjudican a los mismos. Se sigue pidiendo esfuerzo y más esfuerzo a los ciudadanos, mientras aumenta rápidamente el número de parados.

Aunque visto lo visto de nuevo en el Congreso, y solo he necesitado cinco minutos, no tenemos diputados para salir de esta lo mejor y antes posible. Uno no es más bueno y eficaz por más que utilice un tono sutil y delicado, excesivamente escénico y de cara a la galería, y la oposición sigue empeñada en no salir a construir utilizando unos argumentos ya pasados de moda. Si a estas alturas de la película solo tiene a Maduro y a Chávez para rebatir mal vamos. Aunque ahora más que nunca deberían de cambiar el verbo rebatir por proponer.

Deseo con todas mis fuerzas sacar alguna conclusión positiva, pero lo que, si es bastante obvio y nadie podrá negarse a ello, es que estamos como al principio en lo primordial. Se sigue pidiendo esfuerzo a la población; que soporte cuatro o seis semanas más, que el aforo en restaurantes no supere el 30%, algo que supone para el propietario estar más cerca del cierre que del mantenimiento del negocio, que en espacios abiertos haya un límite de cuatrocientas personas, etc., y todo esto sin tener claro todavía como funciona realmente el Covid 19.

España ha sido el que más ha respetado el duro confinamiento, según los expertos, y sin embargo tenemos un número de fallecidos que no se corresponde con el esfuerzo realizado. Todavía hay demasiadas dudas.

Pero sí echo de menos lo más importante y es, que dejen de pedir de una puñetera vez y se pongan por fin a DAR. No puede ser que a estas alturas de la pandemia y tras infinidad de ponencias ante la población para prometer el oro y el moro, sigan solicitando paciencia y esfuerzo, mientras los ERTE, el ingreso mínimo vital o los miles de millones de la esperanza prometidos, siguen aún en el baúl de los recuerdos. Es más, los restaurantes como otros muchos negocios, no solo es que no reciban, es que tendrán que invertir para adecuarse a la nueva normalidad.

Sé que soy un simple ciudadano, uno más de este gran país de 47 millones. Uno que os pide que, si no sois capaces de dar más de sí, dejar paso a quien sí lo sea y si no queréis perder vuestros agradables aposentos, por lo menos copiar de los que sí están a la altura

29/04/2020

¿ES DEMASIADO PRONTO?

Hay un incremento de muertes en casi todos los países y a pesar de ello comienza la lucha por ver quien abre antes las puertas de la normalidad. Algo que también está sucediendo dentro de nuestras fronteras.

Las Comunidades Autónomas (CCAA) se animan a independizarse de decisiones centralizadas y de repente las prisas se adueñan de la mayoría de la población, una emergencia que no logro comprender, con los datos actuales. No entiendo la razón de comenzar la desescalada o del excesivo optimismo, cuando vuelven a contabilizarse 331 fallecidos. El segundo país con más muertos en Europa detrás de Bélgica, pero con la diferencia de que ellos cuentan también a las personas que han tenido síntomas, algo que nosotros no hacemos, por lo que se puede suponer que la cantidad de fallecidos es bastante más elevada que los 23.000. Una cifra que empezamos a escuchar con demasiada tranquilidad.

Por eso, cada vez que escucho a Sr. Illa presumir o decir la expresión de que “España estamos a la cabeza del número de test”, información que, por cierto, es falsa, me entran ganas de…Con tal de intentar sacar una comparativa o decir que somos los primeros de algo. Pues sí Sr. Illa, tenemos la medalla de oro, o por lo menos la de plata en número de pérdidas humanas. Un doloroso premio que tendremos en nuestra memoria durante décadas.

Se nos están yendo miles de personas de una generación que luchó más que nadie por construir un país mejor, que vivió una guerra, soportó una posguerra y trabajó demasiado duro durante una transición que algunos quieren desprestigiar mal llamándola “Régimen del 78”. Unas personas que se hubieran merecido la mejor de las despedidas y que por motivos, principalmente sanitarios, porque no siempre ha sido así, se han visto obligadas al abandono. Un abandono en algunos casos, más cerca del delito que de la imprudencia.

Pero ¿por qué ahora tanta premura? Porque estamos en una espiral muy peligrosa del mundo globalizado y de la economía de mercado que hemos creado. Ha llegado o está llegando el punto en que la crisis económica puede ser peor que la propia pandemia.

Por eso creo o tengo la sensación, de que la famosa “desescalada” no va a ser tal, y que la impaciencia puede ser un arma letal. España no tiene unos números para presumir, e independientemente de la barbaridad de fallecidos que ya llevamos contabilizados, hay un dato que, por desgracia, me lleva al pesimismo, y ese es que también estamos a la cabeza de sanitarios contagiados y fallecidos. Con más de 31.000 contagios y 50 muertos, ¿por qué de repente ese apremio por parte de los diferentes Gobiernos?

Si no lo hacemos como es debido y a la velocidad adecuada, el desastre puede ser mayor. Mientras muchos no aguantan ni un día más de encierro, algo que es muy lógico, otros como enfermeras/os o médicos están agotados física y moralmente y tampoco pueden ver a su familia.

Pero estamos atados de pies y manos. Estamos rodeados por dos precipicios y tenemos que escoger no la mejor opción, sino la menos mala.

Hay mucha gente que desde ahora también se pondrá en peligro, pero no tiene otro remedio. Tiene que arriesgarse a ser contagiado si no quiere perder el negocio o el empleo. La vida es lo más importante, no hay ninguna duda, pero ¿cuánto podemos aguantar sin trabajar?

Solo debemos de ser prudentes y ganar tiempo al tiempo mientras sale el medicamento que mitigue la enfermedad o la vacuna imprescindible que nos haga salir de esta pesadilla.

28/04/2020

LA POLÍTICA, EL PEOR ANTIBIÓTICO

Después de esta crisis nada va a ser igual y si algo tiene de positivo, aunque cueste encontrar un motivo, es que nos ha dado mucho tiempo para pensar si la sociedad que hemos construido tiene algún sentido. Si de veras hemos hecho lo correcto.

He escuchado a filósofos, escritores, sociólogos, profesionales de cualquier campo, etc., y no hay ninguna duda de que no estamos preparados, como sociedad, para soportar un desastre de este calibre. Y no me refiero exclusivamente a un tema logístico o sanitario del que, por cierto, salimos relativamente bien parados a pesar del desgraciado número de víctimas, pues tenemos una sanidad de las mejores del mundo (séptimos en el ranking mundial), sino desde un punto de vista más profundo.

Nos hemos dado cuenta de que, por desgracia, todo se divide en bloques, en departamentos de pensamiento. En que tenemos la manía de poner extremos a todo con el fin de fraccionar unos falsos ideales. Esos falsos ideales que solo benefician a unos cuantos. Pero ha sido ahora, cuando nos hemos sentido débiles, cuando vemos como un virus puede destruir todo aquello que hemos construido, cuando nos damos cuenta de que la vida es efímera y se nos escapa de entre las manos sin poder hacer nada, cuando todos nos hemos encerrado en casa y nos hemos protegido tras una pantalla de ordenador… Es entonces cuando nos percatamos de nuestra fragilidad e igualdad. De que teníamos vecinos a los que saludar, de que, sin un abrazo sincero o una tertulia cara a cara bajo el sol, la vida no tiene sentido. Por eso nos ha hecho meditar. Por eso han salido a relucir los principales defectos que tenemos como seres humanos. Que todavía somos incapaces de ponernos de acuerdo, hasta en lo más importante, la vida.

Por estas y más razones, si alguien sale mal parado en todo esto es la política. Una política que, sin duda, lo único que ha hecho es poner trabas y palos a la rueda en todo momento. Da igual lo que se ponga en Internet o lo que se diga en los medios de comunicación por parte de quien sea, pues, aunque este lo diga con el único afán de ayudar o de poner su inteligencia y experiencia a favor de buscar cuanto antes una solución, simplemente eso, de poner un poco de sentido común por el bien de todos, porque se le dará la vuelta a sus palabras con tal de llevarlas hacia un lado político u otro. Para este tipo de pandemias la política es un acelerador en lugar de un buen antibiótico.

Estamos observando durante estos días comportamientos que avergüenzan a la sociedad en su conjunto. Mientras esta se comporta dando ejemplo de unidad y los sanitarios, transportistas, policía, etc., se juegan la vida por los demás, ellos siguen viviendo en una burbuja de poder y falsedad.

Los únicos políticos que se libran de una segura crítica son aquellos que no han ejercido como tal. Los que se han olvidado por un instante del partido al que pertenecen han sido los mejores gestores. Los que de verdad han hablado a su habitual oponente como a un igual, los que han buscado en la mirada de su adversario sinceridad o han visto en sus ojos las lágrimas de la dignidad, los que se les ha quebrado la voz porque eran incapaces de buscar un mínimo consuelo para las víctimas; esos que no pueden dormir porque sienten el peso de los miles de muertos a sus espaldas, esos son los que hacen no perder la esperanza. Los que hacen pensar que no todo está perdido y que, a lo mejor, tenemos tiempo para aprender de nuestros errores.

27/04/2020

¿COMITÉ DE QUÉ?

La consellera Ana Barceló, criticada duramente por un comentario sobre los contagios de sanitarios, comentarios por los que ya pidió disculpas, es uno de los miembros del “Comité de Sabios” que están asesorando al Gobierno en estos difíciles momentos. Eruditos, doctos e ilustrados, varios sinónimos para expresar la inteligencia de los que están en la sombra manejando esta epidemia. No sé si visto lo visto la palabra “sabio” queda un poco exagerada. No lo digo en concreto por esta señora, que no dudo de su inteligencia, pero cada vez que escucho lo de “Comité de Expertos” y luego se optan por soluciones como la salida de los niños a los supermercados, corregida inteligentemente horas después, sigo pensando que la palabra sabio o cualquiera de sus sinónimos como versado, sapiente o docto, además de excesiva, no califica a las personas que, por el momento, se dedican a dar cifras y a comentar acontecimientos ya consumados. Ha habido buenas decisiones como la del confinamiento y también ministros/as que dan la talla, como es el caso de Margarita Robles. Aun así y para demostrar su, hasta ahora más que dudosa competencia, se han sumado a dicho comité cinco ministros más, Calvo, Iglesias, Calviño, Ribera y Montero. No es cuestión de cantidad sino de calidad.

Algo parecido le sucede a la OMS. Lo único que escucho de la Organización Mundial de la Salud es: “La OMS califica como tragedia el fallecimiento de personas mayores en las residencias”, “advierte a los países de la velocidad de la desescalada”, “lo peor de la crisis está por venir”, “el virus estará con nosotros mucho tiempo”. Pero independientemente de eso, ¿hace algo más? ¿Aporta alguna solución o solo pronuncia las palabras necesarias para hundir más si cabe los ánimos de todos?

Fueron sabios, Albert Einstein, Nikola Tesla, Leonardo Da Vinci o Mozart, etc., y posiblemente, los que consigan la vacuna que nos alivie de este desastre. Pero al grupo de asesores que trabaja en estos momentos para el Gobierno, creo que la denominación de “Comité de Buenas Intenciones” sería suficiente y está más cerca de la realidad.

23/04/2020

UN EXCESO DE VANIDAD

No se puede estar siempre pendiente de manejar las cifras en beneficio personal. No hay ninguna lectura de la cual se pueda vanagloriar por más que quiera hacérnoslo creer. No se puede estar siempre pensando en sacar rédito político, cada vez que se comparece en una rueda de prensa. Se puede dar el mismo dato positivo, con la intención de animar a la población, pero estando en las circunstancias actuales, no puede estar pensando siempre en comparativas con tal de ganar puestos en el ranking. Tenemos más de 20.000 muertos mal contados, puede que 30.000 sea más acertado, y todavía compara datos para salir mejor en la foto de las estadísticas.

Porque hay maneras y maneras de decir las cosas y él, “el guapo” que tiene el mismo rictus con 50 fallecidos que con 20.000, se atreve a decir que hemos sido los primeros en tomar drásticas decisiones en cuanto al confinamiento y estamos en la cima respecto a personas curadas. ¿Puede, aunque solo sea por esta vez, dejar de pensar en clave de campaña política?

No digo que no tenga sentimientos, pero si es así, posee el don de saber disimularlo extremadamente bien. Sigue estando demasiado pendiente de su aspecto. De que no se le escape ni una mueca que no haya sido aprobada antes por su asesor de imagen. Falta sinceridad en sus gestos y humildad en sus expresiones. No le he escuchado la voz quebrada ni una sola vez. Es todo demasiado estudiado, demasiado perfecto.

Creo que se han tomado decisiones acertadas y que, ante todo, es más importante el fondo que la forma y también de que, fuera el partido que fuese el que tomara las decisiones, se le criticaría igualmente. Pero ¿dónde están los políticos con el caché de, por ejemplo, Javier Solana? No es una crítica partidista, sino una descripción de un comportamiento. Lo mismo diría, aunque perteneciese a otro partido político.

Hay buenos y malos profesionales en todas las áreas y ámbitos profesionales y, en el caso que nos ocupa, creo que hay un exceso de vanidad y altanería.

Si no pensara solo en sí mismo, vería que tiene una oportunidad de oro para pasar a la historia con dignidad; rompiendo pactos inútiles y agrupando a una gran mayoría de partidos en un comité de emergencia, para sacar cuanto antes al país de esta grave situación. Eso que llama como otro “Pacto de la Moncloa”, pero que tenía que haber propuesto al inicio de la crisis y no ahora para esconder sus errores.

Pero hay un problema para poder conseguirlo. Se siente muy cómodo ante los micrófonos y con las pantallas de videoconferencia, para notificar, cual Dios omnipotente, unas decisiones que nunca consulta con los demás porque ya están tomadas con anterioridad. Usa la estrategia de “hechos consumados” porque no es un buen negociador.

Aun así, no pierdo la esperanza. Nunca es tarde si la dicha es buena.

20/04/2020

SIEMPRE HAN ESTADO AHÍ

Los aplausos están muy bien como agradecimiento a los que, desde el comienzo de esta epidemia, son reconocidos como héroes porque están en primera línea. Un reconocimiento destinado principalmente a el Cuerpo de Enfermería que, aunque algo tardío, nunca está demás. El único y pequeño error en todo esto, es que da la sensación de que ha tenido que suceder este desastre, para ser valoradas/os como se merecen.

Los que hemos tenido que vivir toda una vida enganchados por una u otra causa a los hospitales, ya sabíamos de la importancia de su trabajo. No hay nada, y ya lo escribí en uno de mis libros, como la tremenda humanidad que, entre otras, tienen las enfermeras del Hospital de Día. Conviven todos los días con enfermos de cáncer y regatean a la muerte una y otra vez con una simple sonrisa o la frase precisa y alentadora.

No pretendo comparar, ni mucho menos, a los diferentes sanitarios, pues todos ellos tienen su importancia y responsabilidad, pero los médicos, por ejemplo, serían protagonistas de un artículo aparte. Estos tienen la difícil tarea de la decisión a seguir, pero una vez que salen de la habitación, la única unión que tiene el enfermo con la vida es la enfermera. Los que ya han conocido largos ingresos o cortos pero frecuentes, saben perfectamente de lo que hablo.

Por eso muchos tienen que saber que siempre han estado ahí. Que siempre han cambiado un pedacito de su vida para dárselo a sus enfermos. Que, aunque les digan que no se deben de involucrar más de lo necesario para poder sobrellevar mejor el trabajo, hacen caso omiso y, siempre que pierden a uno de sus pacientes, otro cachito de corazón se va con ellos.

Cuando te diriges al quirófano con la preocupación lógica por la incertidumbre, un pequeño gesto con la mirada hace que te bajen las pulsaciones y cuando te despiertas, lo primero que ves es la misma mirada tranquilizadora. Si te están haciendo una punción lumbar y el dolor es difícil de soportar, es su mano la que te ofrece.

Por eso, no es solo ahora, siempre han estado ahí. Y, ya nos den las diez y las once, las doce, la una, las dos o las tres, como bien dice Joaquín Sabina, ahí están ellas para atender a la llamada de hasta el más latoso enfermo. Pero siempre pondrán buena cara porque es su vocación. Porque hubo un día que eligieron ayudar a los demás, para que los demás sufriéramos menos.

Por eso, aquí tenéis mi aplauso por lo que hicisteis, hacéis y haréis siempre. Porque siempre habéis estado ahí.

19/04/2020

SOLO PIDEN RESPETO

Una mujer recibe la triste noticia del fallecimiento de su padre, después de haber realizado varios intentos fallidos de contactar con él y, al cual, se había visto obligada a ingresarlo en una residencia, pensando que esa era la mejor solución para todos, pues su padre necesitaba de unos cuidados que, tanto ella como su marido, no le podían ofrecer por motivos laborales. Ella trabaja como enfermera y al contagiarse con el Covid 19, vive separada provisionalmente de su marido, que también trabaja como médico.
No tiene más remedio que soportar el dolor en soledad. No ha podido despedirse de su padre y tampoco puede recibir el abrazo y las palabras de consuelo de su marido.
Pasada una semana y con la humedad de las lágrimas todavía sobre su piel, escucha en los medios de comunicación que las residencias no están dando el trato adecuado a los ancianos y que los datos sobre la epidemia tampoco son lo suficientemente transparentes; algo que ya sospechaba porque pasaban los días y no conseguía saber nada del cadáver de su padre. Compungida y prácticamente sin fuerzas, insiste en que le den alguna explicación sobre los motivos del fallecimiento. Sin embargo, solo escuchaba un sospechoso silencio como respuesta. Su padre tenía problemas cardíacos, pero, según los médicos, no tan graves como para que se esperase una muerte prematura. Mientras tanto sigue escuchando todos los días las escandalosas cifras de cientos de ancianos que están muriendo por culpa de la pandemia. Cifras confusas e ilógicas pues, al parecer, los criterios de contabilidad de las muertes son diferentes en cada región.
Su padre había muerto del corazón, pero no le pudo abrazar, no pudo despedirse de él, no pudo tener el duelo que se merecía y, lo peor de todo, es que todavía está buscando el cuerpo. Todo porque la residencia ocultaba la realidad, porque no se le realizó el test del Covid 19 debido a una decisión política no coordinada, porque todos los responsables dieron por sentado de que los ancianos de la residencia estaban en peligro de contagio, porque, porque, porque…En definitiva, por una serie de decisiones encadenadas mal tomadas de las que nadie se hace responsable.
Detrás de cada número hay una historia humana de tremendo dolor. Una tragedia personal difícil de olvidar. Por eso, lo único que pide es un poco de respeto. Un respeto que por momentos se disuelve entre los grandes números y las estadísticas.
El atentado de Atocha, con casi 200 muertos, dejó al país destrozado moralmente, y ahora escuchamos más de 500 al día y parece que ya nos han puesto la vacuna, la vacuna de la indiferencia e insensibilidad.
Los aplausos están muy bien y por supuesto que el humor es necesario, nunca diré lo contrario, pero tengamos cuidado, porque algunos responsables no reflejan la consideración que miles de familias se merecen. Dicen que ya llegará el momento cuando todo esto acabe, pero mientras llega, ojalá sea pronto, las familias solo piden un sensible miramiento y un sincero respeto.

18/04/2020

UNOS POR OTROS, LA CASA SIN BARRER

Hoy la actualidad nos trae tres temas principales, la posibilidad del aprobado general para los alumnos, las cifras erróneas de los fallecidos en más de una Comunidad y la aprobación de la imprescindible renta mínima.
Se habla del aprobado general que, como es lógico, llevará consigo diferentes opiniones y agravios comparativos. No creo que sea la mejor opción, pero, en estos momentos, no pretendo profundizar, pues cada familia, e incluso los propios docentes, tienen diversas alternativas y no son capaces de ponerse de acuerdo. En cualquier caso, se tome la decisión que se tome, siempre habrá quien la critique, pero debemos de intentar ser un poco más comprensivos en los tiempos que corren por la excepcionalidad de la situación. Solo hay una cosa obvia y esa es que, el que pase de curso sin haber estudiado no obtendrá los conocimientos por arte de magia y el que se haya esforzado y sí los tenga, siempre tendrá el orgullo del deber cumplido.
Pero vayamos a algo que no es propio de un país civilizado. En cuanto a la cifra de fallecidos al parecer, “solo” se habrían dejado de contar algunos miles. La diferencia de cifras podría bailar, exclusivamente en Madrid y Cataluña, en más de 15.000. Un error que, desde el principio de esta pandemia, algunos profesionales sanitarios, entre ellos un hermano, ya estaban denunciando. Ya se sabía que no contabilizaban a los fallecidos en los hogares y a aquellos que no se les ha realizado el test correspondiente antes de ser enterrados.
Me imagino que habrá dificultades y que no será sencillo la exactitud en las cifras, pero por lo menos y por el bien de todos, como mínimo deberían ponerse de acuerdo, tanto el Gobierno, como los ayuntamientos y las CCAA, en los criterios de contabilización. Una anarquía contable, lo único que hace es confundir más si cabe a la población y que los expertos no puedan tomar las mejores decisiones porque los datos no son suficientemente sólidos.
Como noticia positiva tenemos la aprobación de la renta mínima para familias en extrema pobreza. Una cantidad que beneficiaría a un millón de hogares. Ojalá se lleve a efecto, como están diciendo, y se ponga en marcha lo antes posible. El único problema es que, por el tema en cuestión, ha vuelto a demostrarse la descoordinación entre miembros del Gobierno. Mientras que José Luis Escrivá afirmó que se enteró por la prensa de que se iba a celebrar una presentación pública en el día de ayer, el vicepresidente Pablo Iglesias, admitió que existen problemas de comunicación.
El Gobierno no quiere que sea una solución provisional y atestigua que nunca reconoció dicha solución puente propuesta por Pablo Iglesias, dando como fecha aproximada para implantarla el mes de mayo. El vicepresidente pedía más agilidad, a lo que le doy toda la razón en este caso y, por lo tanto, que se pagara la rente mínima vital de tres meses inmediatamente.
¿Y qué va a suceder al final? Que “entre unos y otros la casa sin barrer” y mientras se ponen de acuerdo, las familias continúan sin recibir ni un euro. Como se nota que ellos, y me refiero a los políticos, sean del partido que sean, tienen su culo a buen recaudo y no tienen problemas a la hora de cobrar su sueldo.

17/04/2020

SIGUEN SIN DARSE CUENTA

14/04/2020

Han tenido que fallecer 18.000 personas para que ahora se promueva un nuevo o similar Pacto de la Moncloa. Creo que de reflejos no pueden presumir. Algo tan sencillo y a la vez tan complicado, como es el ponerse de acuerdo, no ya para las conclusiones con el objetivo de sacar al país de esta grave situación, sino para solamente reunirse con esa intención, al parecer no ha sido prioritario.

Algo que han estado pidiendo los ciudadanos desde el comienzo, todavía no lo han logrado. Siguen con las mismas triviales excusas de siempre y, mientras el virus se sigue propagando, ellos, me refiero claro está a sus señorías, van a retomar las reuniones, eso sí, uno a uno no para no abrumarse en exceso.

¿Hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo necesitan para darse cuenta? ¿Cómo podemos seguir escuchando estúpidas e infantiles justificaciones? “Estoy esperando su llamada”, “no me coge el teléfono”, “me tenía que haber llamado como representante…”. Se ponen absurdos impedimentos y se comunica a la prensa que la primera reunión será en dos o tres días. Cuando quieran comenzarla ya habrán fallecido 1.500 personas más. -Tranquilos sus señorías, que no hay prisa-.

Esto una verdadera vergüenza. Solo digo lo que muchos ciudadanos piensan, que ninguno de ellos está a la altura, independientemente del partido al que pertenezca.

Sé que es fácil la crítica y complicado el tomar decisiones, ya que el que no las toma nunca se equivoca. Por eso mismo, y más en una situación de guerra bacteriológica como la actual, tenían que haberse involucrado todos desde un principio, de esa forma, no solo se pueden aportar más ideas, sino que los haces responsables directos de los aciertos y los fracasos.

Y si no, que hagan uso de la humildad de la que carecen y que se aparten para que otros con más capacidad sanitaria, epidemiológica y económica se pongan al mando, porque visto lo visto, la política en estos casos es más un obstáculo que una ayuda.

FALSAS PROMESAS

13/04/2020

Ministro de Inclusión y Seguridad Social: “los pagos de los ERTE ya llegarán”. Sobre la renta mínima de Pablo Iglesias, “por ahora no hay nada y el debate hoy por hoy es estéril”. Sobre fechas tampoco se puede comprometer.
Está bastante claro que la velocidad en los objetivos del ministro no está acorde con las necesidades extremas de los trabajadores y familias que requieren urgentemente de ingresos.

POEMA PARA LOS ANCIANOS FALLECIDOS POR EL COVID 19

13/04/2020

Dedicado con todo mi cariño y respeto a los ancianos fallecidos en soledad por culpa del Covid 19.

https://youtu.be/2yi6cm2l-GI

TODO SIGUE IGUAL

10/04/2020

Tenía la intención en esta ocasión, tras ver la sesión parlamentaria de hoy día 9 de abril, de no hacer ningún tipo de comentario para no crear una excesiva controversia en las redes. Soy apolítico en la actualidad, porque no siempre ha sido de ese modo, y lo que ahora hago no es una crítica, sino un simple y breve análisis de la situación.
He sentido tristeza al ver la exposición de sus señorías tanto en el fondo como en la forma. Quiero pensar que todos son personas honestas y entiendo que tiene que haber puntos de vista diferentes (esto es la democracia y para eso existe el consenso), pero, salvo dos personas que mostraban un rictus de sincera preocupación, el resto evidenciaba el comportamiento gestual y el lenguaje corporal de cualquier otra comparecencia en el Congreso de los Diputados. Algunos incluso, han creído que era el momento oportuno para reivindicar una vez más la “república, república y república”, dicho tres veces mejor que una. Entre tanto, en la escena teatral ya se habían repartido los papeles para el siguiente acto. Unos se cobijaban en los datos, porcentajes e infinidad de promesas incumplidas, otros contestaban con absurdos reproches y falsos argumentos y los primeros eran reprochados por los terceros haciendo un poco de historia regresando a la época de la transición. Todo bajo el eco de la sala, que estaba siendo principal testigo de la estupidez humana.
No puedo ni quiero creer, que no sean capaces de cambiar en los momentos que corren. Estamos padeciendo la peor crisis tras la Segunda Guerra Mundial y parecen no darse cuenta. Y si bien dicen que Europa tiene que demostrar en esta pandemia que de veras es Unión Europea, que se apliquen el cuento y se exijan lo mismo. Lo líderes españoles tienen que demostrar que España esta unida, ahora más que nunca.
Los millones de personas confinadas, los que en estos momentos están poniendo en peligro su negocio debido a su solidario comportamiento, los transportistas y personal de supermercados y farmacias que ponen también en riesgo su vida, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los sanitarios que nos salvan la vida, pero ante todo, las 15.000 familias que han perdido a un ser querido del que no se han podido despedir como es debido, repito 15.000, no se merecen las palabras y comportamientos de siempre de sus señorías. Tendrían que demostrar una mínima empatía por su país. Y si no saben, que por lo menos disimulen y oculten su falta de ética.
Me ha parecido ver que solo uno de ellos tenía humedecido los ojos, me imagino que todavía le quedaba algo de dignidad.

A MI TÍA

09/04/2020

Da igual el tiempo, da igual los años que uno tenga a la hora de irse, pues el dolor que causa en los corazones de los que le quieren, es proporcional al amor que se demuestra a lo largo de una vida plena y extensa.
Da igual la edad que tuviera, pues la mente no admite la ausencia que por destino están obligados a sobrellevar los que se quedan.
Da igual que fueran ochenta o noventa y siete, que más da, lo importante ha sido la cantidad de buenos momentos que los suyos disfrutaron junto a ella.
Da igual el tiempo que pasara, pues siempre fue increíblemente bella.
Da igual el tiempo que transcurriera, pues los surcos de su rostro, las huellas de su cara eran los relatos de la experiencia
Da igual, porque nadie va a impedir el hueco que como, madre, abuela y bisabuela, deja.
D.E.P.

FALLECIDOS

08/04/2020

Hoy intentaré ser breve porque quiero ser extremadamente cuidadoso y respetuoso en mis expresiones con un tema tan delicado como el de las defunciones.
A estas alturas de la película de terror que estamos viviendo (basada en hechos reales), al parecer nadie se pone de acuerdo con el número de fallecidos por coronavirus, por lo que los datos podrían ser, por desgracia, mucho peores, ya que, además de no estar claras las normas de contabilización, algunos presidentes autonómicos, dicen que hasta podría duplicarse el número real de las personas que han perdido la vida por Covid 19, principalmente por dos razones. La primera, que a muchos no se les hizo la prueba antes de morir y tampoco se ha podido realizar una autopsia para corroborarlo después, y la segunda, que no concuerdan los datos facilitados por el Ministerio de Sanidad con los de los tanatorios. Lo dicho…no entiendo nada y no tengo palabras. Solo puedo mandar mi más sentido pésame a todas las familias.

CAMBIO DE RUMBO

08/04/2020

Aunque dicen los psicólogos que no es bueno estar constantemente recibiendo información sobre los datos de la pandemia, si es cierto que, a cualquier noticia positiva, como son las últimas recibidas, nos agarramos con la fuerza que da la esperanza para calmar o minimizar nuestros miedos. Por eso buscamos ese aliento diario que dan los buenos resultados y resistimos lo que sea necesario hasta el esperado lanzamiento de la vacuna que, si no acabe definitivamente con la epidemia, por lo menos ponga un prolongado freno a la extensión del virus.
Pero ¿Qué pasará cuando comencemos la “desescalada”?
Seguro que el país que ahora conocemos no volverá a ser el mismo. La resiliencia será la palabra que esté en boca de todo el mundo, porque el ser humano tendrá la capacidad de salir fortalecido de lo sucedido, lo que le dará una capacidad para adaptarse y reinventarse a los nuevos tiempos. No hay duda de que en algunas áreas volveremos al autoabastecimiento. Ya se está viendo como los ingenieros, con numerosos ejemplos, han puesto sus conocimientos a trabajar para el bien común. Las fronteras seguirán bajo control por algún tiempo y deberemos servirnos, sobre todo, de la industria interna. Nos abasteceremos de nuestros productos y de ese modo valoraremos mucho más el gran país que tenemos.
Mientras tanto tenemos que seguir siendo fuertes. En primer lugar, porque mientras escribo estas líneas vuelven a dar la cifra de los fallecidos y esta ha vuelto a repuntar. Otro varapalo para nuestra ya endurecida resistencia.
Todavía queda mucho camino por recorrer. El mundo entero cambiará de rumbo y no volverá a ser el mismo. Posiblemente daremos más importancia a las cosas que creíamos sencillas. Pero, entre tanto las personas se fortalecen, los países ponen a prueba si de verdad están dispuestos a trabajar en común. Me refiero, como es lógico a la Unión Europea. Está en juego su existencia. Una existencia que muchos empiezan a poner en duda, tras los últimos desacuerdos. Estamos viviendo la mayor crisis tras la Segunda Guerra Mundial y es momento de saber si la construcción de una Europa unida tiene sentido y era un proyecto consolidado o, por el contrario, todo era una falacia para los intereses de los países más ricos. Europa, como bien sabe todo el mundo, se la juega.
Habrá un cambio de rumbo en nuestras vidas y tendremos que adaptarnos al mismo sin titubeos porque es cuestión de supervivencia. La vida siempre se ha abierto paso ante cualquier adversidad y seguro que lo lograremos entre todos. Lo narraremos en el futuro como uno de los peores momentos vividos, pero minimizaremos su importancia cuando lo recordemos con los más pequeños. Haremos lo mismo que han hecho nuestros abuelos con nosotros, cuando nos cuentan historias de la guerra vivida. Pero hasta que llegue ese momento, tendremos que seguir luchando y soportando la pérdida de conciudadanos. Personas que estarán siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones.

¿CÓMO VOLVER AL TRABAJO?

06/04/2020

Las cifras son esperanzadoras y todas indican que se ha llegado al “pico de la curva”. ¿Quién no ha escuchado en las últimas semanas dicha expresión? Hasta hemos creado un nuevo vocabulario.
Es justo en este momento, cuando todas las estadísticas nos llevan al optimismo, cuando surge el problema de cómo vamos a volver paulatinamente al trabajo cuando se dé por finalizado el estado de alarma. Las diferencias entre los distintos presidentes autonómicos se verán acuciadas y acentuadas por las necesidades intrínsecas de cada región y según la actividad económica de esta. Llegar al equilibrio perfecto entre la salud y la economía no es nada fácil a priori. La forma de como escalonar la vuelta al mundo laboral, tendrá que adecuarse a cada necesidad y siguiendo las recomendaciones de los expertos, para que se mantengan unas mínimas garantías de seguridad. En cualquier caso, aunque todos ponemos la salud como prioritaria, de eso no hay ninguna duda, ¿cuánto puede soportar un trabajador si no tiene comida que llevarse a la boca, no puede pagar los recibos o ve como su negocio se hunde sin posibilidad alguna de remontarlo? Muchos, les puedo asegurar, irían a trabajar y estarían dispuestos a tomar dicho riesgo. Tendrían que pasar primero por la posibilidad de contagiarse o no y posteriormente, en caso de contagiarse, tendría de nuevo otro 50% de riesgo de ser de modo leve o grave. Si fuese grave, de nuevo la posibilidad de fallecer o no.
Solo hay una forma de que el trabajador elimine esa idea de su cabeza y se pueda quedar en casa un mes más sin poner en peligro su subsistencia laboral, y esa es, que las ayudas de las que tanto se ha hablado, esos miles de millones que iban a ser “movilizados” y destinados a través de avales a salvaguardar la economía de millones de trabajadores ( no creo que un crédito sea lo que necesite la mayoría), moratorias, etc., lleguen de verdad a las cuentas corrientes de los interesados en tiempo y forma. Si no es así, muchos pondrían en riesgo su vida y tendrían que elegir entre la posibilidad de contagio o la ruina.
El estado de alarma ha sido una muy buena decisión, pero luego no pueden fallar las promesas hechas por el Gobierno o la Comunidad Económica Europea. Además, se pretende confinar a los asintomáticos haciendo las pruebas de detección precoz del virus. Aislarlos para que puedan incorporarse al trabajo sin poner en peligro a sus familias. No voy a poner en cuestión si la idea es buena o mala, habrá opiniones distintas al respecto, pero me parece un escenario imposible de prever, porque para empezar no se dispone del material necesario para realizar este test de modo masivo.
Por Cierto, el Sr. Pedro Sánchez podría hacer caso a Baltasar Gracián, jesuita, escritor español del Siglo de Oro cuando dijo que “lo bueno si breve dos veces bueno y aún lo malo si poco, no tan malo”. Una hora de comparecencia para decir lo que podía haberse dicho en diez minutos. Una comparecencia para escucharse a sí mismo.

SÍ SE PUEDE

06/04/2020

Llevo “solo” unos once años sin poder dar un simple y largo paseo. El ser humano tiene más aguante de lo que cree. Ya veréis como las semanas que nos quedan de confinamiento pasan antes de lo que nos demos cuenta. Un poco más de paciencia, ya nos queda menos para poder salir de casa. ¡Ánimo a todos!

INEPTITUD EXPRESIVA

03/04/2020

Esta cronología prácticamente diaria de lo que sucede en nuestro país con motivo del contagio pandémico, atisba cierta esperanza según lo dicho por los expertos en el día de ayer. En cualquier caso, es muy difícil admitir tal confirmación cuando ha habido 950 fallecidos en un solo día, la cifra más elevada a nivel mundial y 16.000 profesionales de la sanidad están contagiados. A pesar de esas fatales cifras, el número de altas cada vez es mayor, el colapso de algunos hospitales ha disminuido de forma considerable, va llegando el tan deseado material y los índices que indican que hemos llegado al famoso y esperado “pico”, son positivos.
Todos sabemos y tenemos como objetivo prioritario la salud, pero muchos no se pueden permitir el lujo de seguir sin ningún ingreso ni un día más. Muchos no se pueden permitir verlo todo con optimismo. Muchos hacen un tremendo esfuerzo para filtrar su preocupación y así tener fuerzas para seguir jugando con sus hijos como si nada pasara.
La cifra de 900.000 parados del día de ayer también es un triste récord, que ya queda grabado para los anales de la historia. Entre tanto, mientras se hacen efectivas las supuestas ayudas y los ERTE se siguen tramitando, los recibos e impuestos llegan a los hogares, y lo más importante, el ingreso en miles de hogares es cero, por lo que no pueden hacer frente a las necesidades mínimas y necesarias para subsistir.
Me propongo todas las mañanas no perder la ilusión necesaria que me sirva para apoyar moralmente a los de mi entorno y también, intento ser comprensivo con todas las actuaciones que están teniendo lugar durante esta dura crisis, sea de quien sea, con el ánimo de no incendiar más de lo imprescindible, porque como todo el mundo comenta, ya habrá tiempo.
Pero insistiré en algo que ya dije hace unos días; es muy fácil mantener un rictus alegre cuando tienes tus ingresos garantizados. Pero una cosa es ser optimista y otra muy distinta el comportamiento de la Ministra de Trabajo. Lo visto hoy es vergonzoso, es cuestión de una mínima ética, saber estar y respeto al prójimo. Esta señora no debería estar donde está. Cuando se dirige a millones de trabajadores que tienen en peligro su seguridad laboral, para transmitirles las “maravillosas” medidas económicas que se han puesto en marcha es que, su señoría, y sabiendo que los ciudadanos todavía no han recibido nada de lo prometido hasta ahora, debería evitar en todo lo posible mostrar, por lo menos, esa burlona sonrisa que la caracteriza. Debería de saber de lo que habla, porque el trabalenguas expuesto, y no es la primera vez, es totalmente incomprensible. Ya no puedo dar más rodeos ni buscar exculpar su absurdo y repetitivo comportamiento. Simplemente no vale, no está preparada. ¿Esta es la Ministra de Trabajo que nos tiene que sacar de la mayor crisis laboral de la historia de España?
Sinceramente, España no se puede permitir en estos graves momentos, tener a personas que solo dan mítines cuando hablan y, en este caso en particular, con un “léxico tan fluido y comprensible”.
Como dije ayer, esto no es ninguna broma, nos estamos jugando la vida.

¿TODOS A UNA?

02/04/2020

Todos intentamos mantener la excesiva crítica a un lado para no dañar la moral general y seguir con el espíritu de “todos a una”, pero no siempre es fácil. No es fácil cuando ves que se nos exige un comportamiento ético del que ellos carecen. No es fácil cuando falta honestidad, se oculta información según los expertos y se nos toma por tontos. Si no todos, muchos tenemos familiares cercanos que trabajan dentro del mundo sanitario, por lo que poseemos información de primera mano de lo que sucede en las entrañas del problema y de sus carencias.
Puedo comprender y comprendo, la dificultad en la entrega de material por una demanda excesiva y, por cierto, tardía. Puedo comprender que es una situación extraordinaria que está superando al mundo en general y también que ahora no es el momento para las críticas, que para eso ya habrá tiempo. Puedo sinceramente y, de veras que lo intento, ser comprensivo, pero cuando se nos pide a todos ese esfuerzo y para que esto funcione, los que nos representan son los primeros que deben de predicar con el ejemplo. Tienen que ser honestos con la información y no usarla a su antojo simplemente por cuestiones políticas. Todos sabemos que la contabilización de los fallecidos tiene carencias y que hay personas muriendo en sus casas o en hospitales a los que no se les ha realizado la prueba del Covid 19. La pena es que estas cifras, por desgracia, están pasando a ser para algunos solo un número más para calcular un porcentaje. Pero detrás de cada número, no se nos olvide, hay un ser humano cuya familia lo está llorando.
Nos piden que rememos todos en la misma dirección y ellos son los primeros que están haciendo zozobrar la embarcación. Las decisiones se toman por decreto, cuando deberían de ser por consenso y todavía no he escuchado un “nos hemos equivocado” o un “lo sentimos, reconocemos que nos ha pillado con el paso cambiado”. Pedir disculpas no es reconocer tu incapacidad, es demostrar que aún te queda algo de honradez e integridad.
“La ética es el fundamento de las cosas y la verdad la esencia de toda moralidad” (Gandhi)
No nos toméis por idiotas. Alguna dice que el coronavirus ha sido el pretexto para criticar al feminismo, otros cada vez que hablan, en lugar de escuchar de su boca directrices o explicaciones bien justificadas, solo saben dar mítines de campaña. Otras se acusan de que “no me has mandado lo prometido, la culpa es tuya” y sin embargo “yo he pedido dos aviones con material”, aviones que al parecer se han perdido.
Tienen que dejar de actuar por libre. Deben de olvidarse por una vez de que, aunque son políticos, en estos momentos y si no son capaces de trabajar, como bien exigen a los demás, “todos a una”, la política es más un obstáculo que una ayuda. Nos jugamos demasiado porque nos jugamos la vida.

LA BONDAD DEL SER HUMANO

02/04/2020

Por desgracia todavía nos quedan muchos momentos duros por pasar. Los datos no terminan de ser todo lo buenos que esperamos, y eso nos lleva a un lógico desánimo. Seguiremos con altibajos hasta que esto no cese y puede ser que, a muchos, sobre todo a aquellos que la pandemia le arrebate a un ser querido, aunque ahora sientan un tremendo dolor, inconscientemente minimizado por ser parte de un conjunto demasiado numeroso, se enfrentarán con el tiempo a la cruda y dura realidad.
Esta crisis nos debería y seguro que nos va a hacer cambiar a todos, en nuestra forma de pensar. Esta pandemia nos va a dar una lección de vida, una bofetada que nos era necesaria, aunque no con está agresividad, porque habíamos perdido un poco el norte de las prioridades. Estábamos inmersos en una espiral de moral, donde habíamos apartado lo realmente vital. “Lo verdaderamente valioso es aquello que no se puede pagar con dinero”.
No soy quien para dar lecciones de vida a nadie pues todos y cada uno tendrá su propia experiencia, pero ahora, la sonrisa de un anciano enfermo como respuesta a una palabra de ánimo, es el mejor regalo para la persona que lo cuida. En estos momentos más que nunca, la bondad brota por doquier y cientos de bellos gestos salen de los corazones y se ponen a disposición de los más necesitados. Ahora muchos saludan y abrazan a un vecino, que hace muy poco ni daba los buenos días. El número de voluntarios y de ayuda altruista no cesa y muchos desde sus casas, intentan aportar su pequeño grano de arena. Hasta una anciana de 80 años desde el pueblo más lejano, pone a prueba su ya cansada vista y festonea a máquina todas aquellas mascarillas que es capaz. Cientos de soldados montan hospitales de campaña, para poder incrementar lo antes posible el número de camas.
Hablando del Ejército…Cuando entras el primer día en el cuartel para hacer el servicio militar, ves como gitanos, payos, blancos o negros, ricos o pobres entran por una puerta, algunos cohibidos y otros haciendo gala y mostrando sus diferencias. Sin embargo, cuando salen por la otra, todos se sienten y se ven idénticos. No hay distingos. Un simple corte de pelo al cero y un uniforme de faena color azul marino han sido los culpables.
Pero en este caso no ha sido un rasurado de pelo, ha tenido que llegar el Covid 19, para que muchos se den cuenta de que, ante este virus, ante el peligro de perder la vida, todos somos iguales. Actores, deportistas, escritores, médicos, limpiadores, juezas, empresarias, etc., todos están demostrando su mejor cara, en este caso, desde sus casas ante la pantalla del ordenador. El rostro de un altruismo y sensibilidad, que solemos llevar escondidos bajo la capa de una estúpida vanidad. Una confundida fatuidad que solo ciega para poder ver lo que de veras merece la pena.
Algunos pensarán que soy demasiado idealista porque en realidad estamos viviendo una utopía pasajera; que cuando esto pase, todos volverán al punto de partida; que no todo es tan idílico porque, como es lógico, existen excepciones y no todos actúan con el civismo adecuado. Puede que tengan razón porque el ser humano tropieza varias veces con la misma piedra, pero esas personas son las excepciones que cumplen la regla.
El resto está cumpliendo sin rodeos una disciplina nunca vista y una cordialidad y generosidad a raudales. Esto nos va a hacer cambiar, es más, ya nos está cambiando. No hay ninguna duda de que el pueblo español dispone de la necesaria generosidad, el único problema es que todavía va a tener que seguir demostrándolo.

DUERME EL RELOJ

31/03/2020

Son las 12.00 del 31 de marzo de 2020.
Hoy, a pesar de intentar sacar un pequeño hueco para la alegría, pues me siento afortunado de cumplir 58 años, nunca se me olvidará la estremecedora e increíble imagen de la Puerta del Sol de Madrid tristemente desierta por las circunstancias, mientras se escucha en honor de las víctimas unas fúnebres y consoladas campanadas y el adagio de Barber.
La lluvia parece querer acompañar las lágrimas que, sin duda, se esconden tras cada balcón de la ciudad. Les aseguro que dicha estampa se ha quedado para siempre grabada en mi memoria. Una imagen que jamás habría pensado que vería.
Un reloj acostumbrado a la algarabía y a dar las campanadas del nuevo año, se ha transformado durante un solemne y largo minuto para recordar a todos los que se nos han ido. Eso es lo mínimo que se merecen. Esperamos, que cuando esto pase, puedan tener la despedida que se merecen por parte de los suyos y un especial recuerdo por parte de todos.
Son las 12.00 del 31 de marzo de 2020.

COMITÉ DE CRISIS DE ESTADO

30/03/2020
Me avergüenzo de la clase política porque no dejan de culparse de las decisiones y de exculparse de las responsabilidades. Lo que está costando que se pongan de acuerdo. Mientras ellos actúan, cientos de personas fallecen, los sanitarios siguen con sus requerimientos y los empresarios y trabajadores siguen perdiendo dinero.
Ya hace muchas semanas y, viendo lo que se avecinaba, tenía que haberse creado un Comité de Crisis de Estado, compuesto por epidemiólogos, profesionales de la sanidad, economistas, empresarios, trabajadores y partidos políticos, etc., a poder ser en ese orden visto lo visto. Si todos participan en la solución, no solo es posible que se involucren más, sino que luego no podrán reprocharse nada unos a otros.
Y para los que piensen que son demasiados, no se preocupen, en la mesa donde se reúne el Consejo de Ministros, ya hemos visto que caben de sobra.

AGRADECIMIENTOS A LAS FUERZAS ARMADAS

30/03/2020

Mi más sincero agradecimiento a todos los miembros de nuestro Ejército y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en general. Muchos comienzan a darse cuenta y, más vale tarde que nunca, de lo importante de vuestra labor y de los valores que os sustentan.
Los mismos ciudadanos que os tiraban piedras al pasar, os destrozaban los coches y lanzaban insultos e improperios no hace mucho, se ven obligados, me imagino que, por su conciencia, a sustituir aquellos comportamientos por aplausos y reconocimiento.
Muchos deberían de meditar antes de tirar la primera piedra, porque cuando necesite ayuda de verdad y se vea en peligro, ahí va a estar el que recibió la pedrada. El mismo al que heriste con una botella, será el que te ayude en un incendio, en una inundación, o cualquier otro desastre. Ese al que escupiste, si llega el momento, hará lo que sea necesario y dará la vida por ti. Seguirá actuando con la misma profesionalidad y disciplina que le inculcaron.
Últimamente los vemos por las calles de nuestras ciudades ayudando en la lucha contra el Covid 19, pero siempre han estado ahí, aunque algunos no hayan querido o quieran reconocerlo.
Actualmente se encuentran en 17 misiones en el exterior. Líbano 620 cascos azules, Irak 575 efectivos, en el marco de la OTAN en la misión de Presencia Avanzada Reforzada en Letonia y en Turquía como asesores de las fuerzas de seguridad de Afganistán. A eso habría que añadirle las misiones en el continente africano, con despliegues en Mali, República Centroafricana, Somalia, Senegal y Gabón. Podría seguir nombrando infinidad de lugares por los que distribuyen ayuda humanitaria y seguridad.
Su sentido de la justicia, su lealtad y su honor lo pondrán siempre a tú disposición.
Por todo ello y por vuestro valor, quería desde estas líneas, mandar a todos los componentes del Ejército un aplauso y mi más sincero agradecimiento.

¿DONDE ESTÁN AHORA LAS QUEJAS?

29/03/2020

La Generalitat y en este caso Torra, en lugar de quejarse tanto y poner palos a la rueda, que se preocupe más de los problemas reales de los catalanes, que han estado abandonados durante años. El pueblo no se merece este tipo de líderes.
Mientras el Honorable Pujol robaba a espuertas y los últimos Presidents han dedicado infinidad de tiempo y cientos de millones a la independencia, los problemas sociales más acuciantes no han dejado de crecer, afectando muy negativamente en el bienestar del pueblo catalán.
Ahora es cuando salen a relucir los resultados de ese empecinamiento político. Ahora, uno de cada tres fallecidos de los ancianos en Cataluña pertenece a una residencia. Personas mayores que han sido abandonadas a su suerte y que los bomberos se han encontrado en condiciones lamentables. Entre tanto, la alcaldesa Ada Colau, se exculpa del problema, lo redirige hacia la Generalitat, exige a Torra más liderazgo político y reclama a su vez con urgencia la presencia de la UME en Cataluña para ayudar en la crisis sanitaria. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Sra. alcaldesa! Ada Colau pidiendo ayuda al Ejército. Ese mismo Ejército del que se avergonzaba y echaba de las ferias, porque era una mala influencia para los jóvenes.
¿Cuándo aprenderán?
A este virus lo vamos a ganar y espero que, cuando esto termine, el Covid 19 haya servido para infectar a más de uno y se vea contagiado de un poco más de inteligencia, integridad, capacidad de análisis, autocrítica y responsabilidad. Cualidades, entre otras, que nunca deberían de faltar en un gran Líder.

NO ESTÁN A LA ALTURA

28/03/2020

Quería comenzar el artículo de hoy con una breve aclaración personal.
En nuestras vidas no podemos evadirnos de la política, porque la vida en sí misma lo es, aun así, llevo años apartándome de todo bando, pues no me siento representado por ninguno, convirtiéndome en lo que podríamos llamar apóstata político.
No consigo idolatrar a ningún líder en concreto, porque pienso que todos tienen algo que aportar o porque no creo en que algo es blanco o negro, sino que hay infinidad de grises y, aun teniendo claro que los extremos, tanto en la vida como en la política, no me gustan pues suelen llevar a la confrontación, eso no significa que existan opiniones que supongan valor. Yo más que nada creo en las personas, siempre y cuando estas se muevan dentro de la ley y el respeto a los demás.
El problema está en que hay una gran diferencia entre los que tuvimos y los que tenemos. Me llamarán nostálgico y puede que así sea, pero los de antes se movían bajo unos ideales que estaban bien diferenciados, unos ideales que defendían a toda costa contra todo y contra todos. Unos ideales que no existen hoy en día, pues han sido reemplazados por una ambición desmesurada, incontroladas pretensiones, una insensata codicia y ansias de poder. Defectos que, mezclados con la inexperiencia vital imprescindible, logran una combinación explosiva, con objetivos poco claros y soluciones poco efectivas. Todo ello utilizando como vía de comunicación el embuste y la falsedad.
Da igual que los graven con cientos de cámaras y que el engaño se lo hagan ver a la semana siguiente. Ya no les quedan ni los escrúpulos que se necesitan para mantener una mínima dignidad. “La verdad es más fácil de recordar” y “las mentiras tienen las patas muy cortas”, pronuncian los sabios dichos populares.
Es obvio, que criticar es más cómodo que tomar decisiones y que opinar “a toro pasado” también. Tomar decisiones supone equivocarte y exponerte, pero asimismo sirve para aprender si has errado y mejorar.
Se suceden diariamente soluciones que han sido acertadas y que se han tomado con valentía, sean del partido que sean. Esas deberían tomarse como ejemplo y no estar constantemente tirándose los trastos a la cabeza, presumiendo de los aciertos y exculpándose de los fracasos.
Por eso NO ESTÁN A LA ALTURA.
Nunca habíamos vivido una situación tan grave como la actual, y los que nos dirigen siguen sin cambiar. Son el resto de los ciudadanos los que sí están a la altura. Ellos son los que están dando una lección de vida. Los médicos, enfermeras, bomberos, soldados, etc. no advierten diferencias en los enfermos o sin son de un color político u otro. Los políticos han tenido el momento perfecto, pero nunca deseado, para demostrarnos que estábamos equivocados. Era el momento de haberles visto a todos sentados en la misma mesa, aportando cada uno lo mejor de sí mismo y sin distingos ni diferencias absurdas, comparadas con el valor de la vida.
Me apena ver, que a pesar de la cifra de muertos que se manejan, sigan igual. No son capaces de apartar la política por un instante. Un instante que ahora no tenemos, porque cada día, cada hora que pasa, alguien estará llorando a un familiar.

BULOS

27/03/2020

Nuestra prioridad es clara, ayudar a esos miles de ancianos que tanto han hecho y han dado por nosotros y, tras ellos, los niños. Tenemos la obligación de evadirlos de un problema que les puede dejar secuelas en el futuro. Todos los demás, debemos de aportar aquello que nos sea posible y que, por poco que parezca, siempre suma, “todo ladrillo hace pared”.
El país está demostrando una gran disciplina y lo sabe llevar, a pesar de las circunstancias, con humor. Humor que nunca debe de faltar por muy grave que sea la situación, pues la socarronería también es una buena medicina para el sufrimiento. Pero mientras la mayoría de la población vuelve a demostrar la solidaridad y fraternidad que le caracteriza, con cientos de actuaciones altruistas, poniendo a funcionar el ingenio para fabricar todo aquello que ayude a minimizar el problema sanitario y reconociendo diariamente la labor de los que están en primera línea, personas que se están jugando la vida a diario, unos cuantos “necios con poca cabeza” solo se dedican a entorpecer la labor policial o a poner en peligro la vida de los demás, saltándose las normas o a través de la creación de bulos extremadamente graves. Una cosa es el engaño leve, propio de la “edad del pavo” y del que seguro el infractor se arrepentirá un año más tarde y, otra muy distinta, la invención o falsedad grave, que provoca un comportamiento irracional en las personas, llevando a estas a actuar por miedo.
Por lo que, aquellos que lo hagan, que antes lo piensen un poco, si es que tienen facultad para ello. Sus actuaciones ya no son una broma, son un delito. Esto no es un juego. Se mueren cientos de personas todos los días, y una de ellas podía ser la que tienen a su lado. Si pusieran toda la imaginación que utilizan, en lugar de para crear el engaño, para ayudar a los demás, seguro que se sentirían mejor. Y si no es así, es que su estupidez y mezquindad no tiene límites.
¡Abandonen ese absurdo comportamiento, dejen de destruir con sus infantiles acciones y maduren de una puñetera vez!

DE CHISTE

26/03/2020

En todos los artículos diarios que he publicado, mi intención siempre ha sido ser positivo o por lo menos constructivo, pero ante tanto requerimiento de material por parte de los sanitarios y desde hace tanto tiempo, no hay justificación ninguna con respecto al retraso en el suministro.
Se dice que estamos en guerra, aunque sea biológica. ¿Alguien mandaría a sus soldados a la guerra con un tirachinas y sin casco? Esto parece de chiste de Gila. ¿Cómo se puede decir que mandarán los respiradores entre abril y junio? Y para colmo ahora limitan la cantidad a pagar en los ERTE a 1.098 euros.
Sinceramente, ahora el ser positivo sería engañarme a mi mismo y a los lectores.
Y antes de que alguien haga alguna consideración política, que sepa que en este tipo de temas soy apolítico. Solo requiero como cualquier ciudadano buenos gestores.

ESPERANZA

26/03/2020

Seguimos cada vez con más fuerza. Con más ganas de pelear contra esta provisional guerra biológica. Contra este virus que apareció por sorpresa desde oriente, camuflado en forma de una gripe normal. Ese ha sido el error, que nos dejamos engañar por lo que creíamos era un germen temporal invernal, uno más de los ya conocidos y asimilados por todos.
Sin embargo, solo unas pocas semanas hicieron falta para sospechar que algo muy distinto se nos venía encima. Nuestros amigos lejanos del sol naciente empezaron a caer, nunca mejor dicho, “como chinos”, pero, aun así, sentíamos el problema demasiado remoto.
Posteriormente apareció en nuestro país vecino y hermano de mar de la Europa meridional, la República Italiana. Eso ya era otro cantar. La zona de Lombardía se veía obligada a confinarse por el número de víctimas que no dejaba de crecer. Pero todavía nos movíamos con cierta lentitud. Seguíamos creyendo que estábamos seguros, que el país con la mejor sanidad del mundo no estaba en peligro y, por consiguiente, podíamos seguir con nuestra vida normal. Pronto nos dimos cuenta de que estábamos equivocados y de que el Covid 19 no hacía distingos. Entonces llegó la alerta y los primeros contagiados, ingresados y fallecidos ya no eran italianos ni orientales, eran nacionales. A partir de entonces ya estábamos inmersos en la pandemia.
Sentimos lo mismo que cuando te notifican que tienes una enfermedad rara. Al principio crees que no va contigo y te cuesta asimilarlo, pero cuando ya lo has hecho, no tienes tiempo para compadecerte, empiezas a actuar y a poner todos los remedios a tu alcance para superar o sobrellevar lo mejor posible la enfermedad.
Esto es lo mismo. Cuando lo hemos tenido encima, cuando aumentan los muertos sin cesar, no hay tiempo para críticas, ni para buscar culpables (ya llegará el momento porque hay muchas cosas que aclarar), ni para compadecerse. Solo hay tiempo para actuar y luchar entre todos con el fin de cargarnos a este dichoso coronavirus.
Quiero terminar con la frase de Nietzsche, “La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte”. No perdamos la esperanza, porque esta batalla la vamos a ganar.

UN PAÍS EJEMPLAR

25/03/2020

Ha pasado más de una semana desde que nos vimos obligados a confinarnos en nuestras casas y el mundo que conocíamos ha cambiado ante nuestros ojos como nunca nos hubiéramos imaginado. A partir de ahora, la forma de ver la vida será distinta para la mayoría y tras este duro revés que estamos sufriendo, es posible que las prioridades de muchos se reordenen, ya que el ser humano, por desgracia, solo aprende a base de palos. Tenemos que ser fuertes para asimilar lo que se nos viene encima e intransigentes con aquellos que, por su comportamiento incívico, están poniendo en peligro la vida de los demás. Pero de todo lo que estamos viendo se pueden sacar lecturas positivas.
España muestra su solidaridad en cada esquina, en cada pueblo…En todos los lugares hay buena gente que saca toda su imaginación y bondad para ponerlos al servicio de los demás. Cientos de comportamientos altruistas que están ayudando a minimizar la grave situación que estamos padeciendo.
Miles de personas, hasta del lugar más recóndito, cosen mascarillas o batas para los sanitarios o todo aquel que lo necesite. Nuestros agricultores, pescadores, transportistas, etc. trabajan sin descanso para que no se rompa la cadena alimenticia. Podría estar contando ejemplos sin parar de ideas y comportamientos que demuestran el gran país en que vivimos.
Espero, que aquellos que ponían en duda o criticaban la existencia de un ejército, que expulsaban o se avergonzaban de la Guardia Civil, que reprochaban las donaciones de empresarios, que no dejan de poner fronteras imaginarias en este gran país, que solo piensan en sí mismos y se dedican a manipular y a engañar, con el único fin de mantenerse en el poder o distraer la atención de la gente, porque no son capaces de resolver lo verdaderamente importante. Espero que, cuando se vayan a dormir todas las noches, siempre y cuando puedan dormir, el coronavirus les haya dado una pequeña lección de humildad y comiencen a pensar en como disculparse ante los demás cuando llegue el momento. Nunca es tarde para aprender de nuestros errores y de poner en valor lo importante. El problema está en que algunos endiosados de elevado postín, les puede más la arrogancia, posiblemente tapadera de algún complejo infantil, que la humildad que se necesita para reconocerlos y disculparse por ellos.
Pero ya habrá tiempo para eso, porque el COVID 19 no excluye a nadie.

INCAPACIDAD

24/03/2020

Siento mucha tristeza al ver lo que ocurre a mi alrededor y no poder ayudar como quisiera. Llevo más de diez años con una discapacidad que me impide andar, pero nada más. Un problema que pierde importancia si lo comparamos con lo que está sucediendo. Podría estar leyendo algunos poemas a los ancianos, pero no puedo acercarme a ellos. Podría estar cogiéndoles de la mano como consuelo, pero tampoco puedo. Podría simplemente escucharlos atentamente y darles consuelo y, sin embargo, el gran poder de contagio de esta pandemia me lo impide de nuevo. Solo a través de unas líneas, solo por lo que el corazón siente en este momento, puedo intentar que les llegue un soplo de aire fresco aprovechando este medio.
He criticado en ocasiones a las redes sociales y a algunos avances tecnológicos que, por su mal uso, nos impedían tener un contacto más directo. Sin embargo, tengo que retrotraerme ahora de esa opinión, es lo justo, ya que, de los sentimientos en estos momentos tan duros, son el hilo conductor. Los correos electrónicos, los WhatsApp y sobre todo la videoconferencia, nos acercan con los nuestros y nos alivian el dolor, que de otra forma sería mucho más difícil de llevar.
Muchos abuelos ven como sus nietos les mandan un dulce e infantil beso. Los padres también se suman a ellos en el gesto y aunque muy triste, ayer mismo y, gracias a los modernos teléfonos, un hijo pudo dedicar sus últimas palabras a su madre cuando le dijo al médico, “por favor doctor, ¿puede coger la mano a mi madre y decirle que la quiero?”

HÉROES

23/03/2020

Llevamos muchos días hablando de todos los héroes que pelean a diario contra esta crisis y, lo mejor de todo, es que no somos capaces de dilucidar o hacer una lista que refleje la prioridad de las gestas, porque todos, absolutamente todos y cada uno de los ciudadanos, salvo excepciones, están luchando desde su posición.
No hay duda de que somos un país solidario y de que el modo de ser que nos caracteriza está ayudando, ante todo, a los que están en primera línea.
Se habla de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de bomberos, de todo el personal sanitario, de voluntarios, transportistas, de la ayuda recibida de forma altruista por parte de pequeñas y grandes empresas, de farmacéuticos, vendedores de los supermercados, de todos y cada uno de los que estamos en casa confinados para evitar la extensión de esta pandemia, a la que estoy seguro venceremos.
Pero para mí, sin duda, hay unos héroes donde su fortaleza va mucho más allá de lo que pueda definir una simple palabra. Unos héroes anónimos que, por mi parte, idolatraré en todo momento. Unos héroes que deberían de sentir en sus corazones el apoyo incondicional de todos sus conciudadanos. Y si hay un aplauso bien merecido todos los días para aquellos que nos protegen, deberían de resonar doblemente para los que en silencio han perdido a un ser querido. Una pérdida con un silencio no deseado. Una ciega despedida sin el último abrazo. Es imposible explicar lo que deben sentir, porque la palabra adecuada aún no se ha inventado.
Solo una cosa más para esos valientes; os aseguro que aquellos que se han marchado, os compensarán con la fuerza y el amor que, sin duda, desde donde se encuentren, os están enviando.

ANTE LA SOLEDAD MUERO

23/03/2020

Este poema, dedicado a un anciano enfermo, lo escribí ya hace bastante tiempo. Parece mentira como refleja lo que en la actualidad, por desgracia, está sucediendo. Ante todo, mi mayor respeto hacia todos aquellos que ya no están con nosotros.

Ante la soledad muero

La soledad me vence, ante la soledad muero,
pues mi corazón ausente
sin querer o aun pretendiendo,
no consigue suficiente desconsuelo.

La soledad se muestra, ante la soledad muero.
Mi mente no descansa, demasiados sentimientos la envuelven,
no dejando filtrar vivencias y nostalgias,
siendo muestra de la enfermedad que padezco.

La soledad me puede, ante la soledad muero,
pues voy consumiendo el tiempo, cada minuto voy perdiendo,
ya que son conversaciones las que faltan
y los que sobran silencios.

La soledad no huye, ante la soledad muero,
Solo una frase, solo una escuchar deseo,
pues mis oídos y mi alma de bohemio,
necesitan abrazar sentimientos en el aire sin titubeos.

La soledad me engaña, ante la soledad muero.
Pretendiera esconderme, quisiera disfrazar mis anhelos,
que empobrecidos y faltos de alborozo
añoran un equilibrado consuelo.

La soledad me persigue, ante la soledad muero.
No es lo que te rodea, ni tampoco lo ausente
pues a pesar de sentirte amado
pueden más las cicatrices que no cierro.

La soledad me mata, ante la soledad muero.
Pero no es menos lo que se recrea en mi interior,
sabiendo que lo mejor,
es la esperanza que no pierdo.

La soledad me turba, ante la soledad muero.
¿Es el confinamiento o el dolor lo que refleja mi llanto?
¿Son las palabras mudas o el perderlas lo que me espanta?
No es solo eso. Es el miedo a saber que ante la soledad voy muriendo.

TIEMPO

22/03/2020

Desearía poderlo tener
para así vencer a este enemigo
que se esconde bajo el abrigo
de una vulnerable vejez.

A unos les pasa de raudo demasiado
a otros sin embargo algo lento,
aunque todos en algún momento
detenerlo nos habría gustado.

Se escapa entre los dedos
es lo que solemos escuchar,
mas no hay verdad más veraz
que aguantar, no hay más remedio.

Pacientes es lo que ahora ser debemos
en estos momentos más que nunca,
y si alguien el por qué te pregunta
que se conteste a sí mismo primero.

No deja de ser algo absurdo
que lo que nos está matando
es, aunque sea disparatado
lo que nos salve en el futuro.

Sí señores, es tiempo lo que no tenemos,
es el tiempo lo que querría robar
para así poderlo regalar
a quien por destino ha caído enfermo.

Todo más tarde o temprano pasa,
eso te lo puedo asegurar
pero tardaremos menos que más
Si haces caso y “TE QUEDAS EN CASA”

UNA VERDADERA FALACIA

21/03/2020

De los 200.000 millones que dijeron iban a movilizar en su momento, y repito la palabra “movilizar” que no es lo mismo que dar, ya veríamos cuando y cuantos serían en realidad los que llegarían a manos de autónomos (que están bastante abandonados) y/o a las Pymes. Tras hablar con abogados de empresa y expertos en la materia, eran solo son palabras vacías, pero ni mucho menos la solución para el gran problema económico que se nos viene encima. “100.000, avales que se iban a dar para créditos, por lo que la banca se rascaría el bolsillo”, según palabras de Liébana. Las empresas no quieren otro crédito a bajo interés, sino que le abonen lo que dejará de ingresar por la emergencia nacional causada por el coronavirus. Otros 83.000 serían movilización de recursos privados, que saldrían de grandes compañías y de la banca y los 17.000 millones restantes es la parte que sería para ayudas, es decir, no habría neutralización de impuestos, ni cotizaciones sociales, etc,” (palabras también del reconocido economista), motivo de cabreo de los anteriormente citados autónomos.
Conclusión, es una verdadera tomadura de pelo.
¿No habría sido más práctico y barato mandar a casa a todos durante un mes y medio con los sueldos e ingresos garantizados?
Ironías aparte…
Se habla de cantidades a las que mis oídos no están acostumbrados y sin embargo, cuando llega la hora de la verdad, y tengo ejemplos de ello, llamas a tu banco para solicitar la moratoria de la hipoteca y todo son excusas.
El problema está en que las soluciones aportadas a todos los niveles, sean sanitarios o económicos, no van a la velocidad de los requerimientos. Y para colmo, los días pasan demasiado rápido, los fallecidos aumentan y la personas no pueden dejar de tener los ingresos que les dan de comer.
Los enfermos necesitan tiempo para curarse, los familiares de los fallecidos para un justo duelo, los científicos para encontrar el remedio, los sanitarios para un necesitado descanso, las empresas para no tener que cerrar y todos para asimilar lo que está pasando.
El tiempo por desgracia no se detiene y nos quiere dar una pequeña tregua.Tiempo que ojalá pudiéramos comprar.

NO ES EL MOMENTO DE LAS FAKE NEWS

19/03/2020

Siguen corriendo por Internet vídeos y noticias de dudosa veracidad. Vídeos que lo único que consiguen es inquietar mucho más si cabe a la población. Vídeos que, de ser ciertos, cambiarían radicalmente el cívico comportamiento mantenido hasta este momento. Ahora más que nunca la ley tendría que perseguir a las personas que, siendo conscientes de su falsedad, los siguen distribuyendo con el ánimo de crear el pánico. Es mucho más grave de lo que algunos piensan, pues pueden llegar a modificar la conducta de muchas personas y que estas empiecen a actuar llevadas por el miedo.
Si existe el momento donde no se deberían permitir las “fake news” es este. Una ola de terror puede desabastecer supermercados, agotar productos de primera necesidad o provocar comportamientos que perjudiquen, todavía más, la vida de todos.
Mientras mantenemos o creemos mantener mentalmente el control de la situación, la mayoría tenemos la capacidad de estar relativamente tranquilos y de ser solidarios y afectivos, pero cuando ese control es sustituido por inseguridad, aumenta la incertidumbre y las personas son capaces de cualquier cosa por la supervivencia. No debemos de llegar nunca a esa tesitura.
En cualquier caso, intentemos evitar los extremos. El pánico no ayuda, pero la inconsciencia de muchos que aún se toman la actual situación a broma, tampoco. Es hora de actuar con objetividad y criterio, y que aquellos que se consideren más débiles se dejen ayudar por los mentalmente más fuertes.
Y lo más importante…, todos tenemos que reservar parte de nuestras energías para que cuando pase esta pandemia, ojalá sea pronto, podamos entre todos cuidar a los que nos cuidaron y ayudar a los que nos ayudaron.

UN MAL SUEÑO

18/03/2020

Ojalá que todo lo que está aconteciendo pase cuanto antes y lo recordemos como un mal sueño en un futuro próximo. Un mal sueño del que algunos, por desgracia, se despertarán y no verán la realidad que les habría gustado vivir porque esta se habrá llevado a un ser querido por el camino.
Cada vez que pensemos en como nos ha cambiado la vida en un mes, nos daremos cuenta de que los seres humanos somos tremendamente débiles y estamos expuestos, cada vez más y por un mundo globalizado, a todo tipo de enfermedad, a lo que hay que sumar, los desastres naturales que últimamente están sucediendo por el cambio climático.
Tendremos que sacar de estas desgracias todo lo positivo e intentar que este comportamiento, actualmente afectivo y solidario, no sea solo un espejismo. El mundo está cambiando y nos vamos a tener que acostumbrar y adaptar a dichos cambios.
Siempre decimos que tenemos que sufrir una desgracia para poner en orden nuestras prioridades. Ya está aquí, no se ha hecho esperar y, como el Sida en los 80 o el Ébola, vuelve el destino a ponernos a prueba. Hasta ahora otras pandemias las habíamos sentido en la lejanía y, como tal, no le prestamos demasiada atención. Pensábamos que esas enfermedades solo castigaban al tercer mundo o a países supuestamente menos avanzados y que nosotros estábamos, por tanto, exentos de padecerlas. Sin embargo, en esta ocasión también nuestro país, toda Europa y el mundo en general está pintado de color rojo, símbolo o señal de que estamos igualmente inmersos de lleno en la pandemia.
Ahora es el momento de, como dije hace unos días, remar todos juntos. Solo con ver el rostro de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, nos podemos hacer una idea del esfuerzo que están haciendo para minimizar este desastre epidemiológico. Seguro que muchas cosas se podrían haber hecho mejor, pero ya habrá tiempo para las críticas.
Por eso y desde mi humilde posición como escritor, intentaré durante el tiempo que dure esta pandemia, aportar optimismo o, cuando menos, opiniones positivas. Tengo una hermana en plena zona de riesgo en el norte de Italia y un hermano médico que está sufriendo los posibles fallos o las carencias que están padeciendo el personal sanitario, aun así, es hora de aportar y no de echar más leña al fuego. Toda denuncia ante cualquier error, que los habrá, se puede enfocar bajo un objetivo positivo y con el ánimo de construir en lugar de destruir. El virus no entiende de ideales políticos ni sociales. Ataca a todos.
La realidad nos demuestra que todavía vamos a ir a peor y que nos queda mucho por padecer, pero ojalá pase este mal sueño y despertemos de esta pesadilla cuantos antes.
“Guarda las lágrimas de las personas a las que quieres, que con el tiempo se convertirán en pequeñas perlas de optimismo”

MENSAJE PARA LOS INSENSATOS E IMPRUDENTES

13/03/2020

España sigue contagiando más que otros países.
Me decepciona ver a muchas personas llenando parques y playas, pensando que el trabajo en casa o la no presencia en escuelas y universidades, era sinónimo de tomar el sol en las playas de Levante.
Nadie quiere que nos coarten nuestras libertades, pero por favor, sean responsables porque no solo están poniendo en riesgo su vida sino la de los demás. Es el peligro del carácter mediterráneo que nos caracteriza. No es caer en el alarmismo, pero tampoco tomarnos las recomendaciones y consejos a cachondeo. Esto no es, ni mucho menos, una broma.
Esa es la razón de que Italia y España estemos a la cabeza de esta desgraciada y malograda lista de países contagiados.
No es que todos nos vayamos a infectar, pero el objetivo es intentar evitar el colapso en nuestros hospitales.

LA INFORMACIÓN INDEPENDENTISTA CAE POR EL COVID 19

13/03/2020

Por fin llevamos algunas semanas de descanso en cuanto al tema de información por excelencia. Por fin llevamos algunas semanas sin hablar del independentismo catalán y todo el país, aunque sea de forma provisional, da la sensación de unidad, de responsabilidad y de igualdad de criterio frente a una crisis como la actual. Es una pena que haya tenido que aparecer un problema tan grande como el coronavirus para que, por un tiempo, todos nos demos cuenta de lo importante de la vida, la salud, pasando a un segundo plano y perdiendo importancia otros asuntos, porque en realidad no la tienen.
Si está en peligro nuestra vida la cosa cambia y a pesar de las excepciones, porque siempre existen personas sin escrúpulos y con unos ideales difíciles de entender, la mayoría están dispuestos a ayudar y a pensar a favor de la comunidad. Es en estos momentos cuando de verdad se ven los valores de todo un Estado. Se dice que “la unión hace la fuerza” y ha llegado la hora de que todos rememos en la misma dirección. Es la única manera de poder ganar esta complicada batalla.
Respeto, como es lógico, a todas las personas, sean estas independentistas o no, siempre y cuando se actúe bajo la ley, pero en este caso me refiero a que dicho tema ha monopolizado la gestión de nuestros dirigentes y la información periodística durante los últimos cuatro años, apartando muchos otros temas de mayor calado. Un poco de alivio para nuestros oídos nunca viene mal.
La crisis económica y la pandemia han podido provisionalmente con el independentismo. Ojalá la mayoría abra los ojos y ponga en orden sus valores y prioridades.

CUIDAR A LOS QUE NOS CUIDAN

12/03/2020

En estos días, en los que todos estamos conviviendo con una situación de alarma nunca conocida hasta ahora, quería transmitir un agradecimiento especial y dar todo mi apoyo al personal sanitario. Médicos, enfermeras, auxiliares, etc., que, además de estar trabajando las horas que sean necesarias y sabiendo del riesgo tan alto al que están expuestos, están demostrando, una vez más, su gran profesionalidad y solidaridad con los demás. Son a ellos a los que tenemos que cuidar y a los que no debemos de dejar solos ante el peligro. Es ahí donde los responsables tienen que invertir y no escatimar, ni lo más mínimo, en todo aquel material que necesiten para poder ejercer a la perfección su trabajo, teniendo como objetivo principal la prevención de su propia seguridad. En este tema el resto de los ciudadanos tenemos mucho que aportar. Debemos de hacer un uso consecuente y sensato del material sanitario, ya que tanto ellos como personas mayores o enfermos crónicos, se están viendo perjudicados por un incontrolado pánico o por un egoísmo irresponsable. Faltan guantes, mascarillas, trajes de protección, etc.
Todos, absolutamente todos, podemos aportar nuestro pequeño grano de arena para solventar cuanto antes esta situación.

AGRESIVIDAD EN LAS REDES

11/03/2020

Es una pena, pero ante cualquier tema del que se opina en las redes sociales, por ejemplo, la cancelación provisional de las Fallas a consecuencia del coronavirus o cualquier otro asunto, cada vez me encuentro con más agresividad, mala educación, incultura y unas faltas de ortografía que ni un alumno de primaria haría.

De todo, como es lógico, se puede opinar, pero ¿es necesario insultar o decir improperios a alguien que ni conoces, por el solo hecho de pensar diferente?
Algunos se esconden bajo el anonimato de las redes sociales para demostrar su negada elocuencia verbal y para insultar al que piensa distinto porque no encuentra los argumentos necesarios que sirvan para expresarse.
Las faltas ortográficas, en ocasiones, es lo de menos, pues no es cuestión de mirar con lupa todo lo que se escribe y todos podemos cometer errores, pero los insultos, agravios, injurias, vituperios, etc., solo demuestran la bajeza moral de quien los usa.

APOYO A LOS FALLEROS

11/03/2020

interior de todos los valencianos, y es el saber si ese sacrificio habrá servido de verdad para paliar el peligro. Las lágrimas de emoción de las falleras pasan a ser de pena y decepción. Pero todo sea por preservar la salud de todos, que es lo más importante.
Pero no perdáis la esperanza. Que no regresen a su lugar de nacimiento los ninots, porque seguro que tendrán una segunda oportunidad. Esperemos que el dicho de que “no hay mal que por bien no venga” se cumpla y que todos los que aman esta espectacular fiesta y en especial, los que han trabajado en los monumentos para regalarnos algo bello para la vista, se sientan satisfechos porque su sacrificio no ha sido en vano.
MIEDO EN MADRID
10/03/2020
Entra el pánico en Madrid y muchas personas comienzan a hacer acopio de alimentos.
Tendríamos que aprender de China. A pesar de ser muchos más, han sido más disciplinados y empiezan a lograr la reducción de los enfermos.
Aquí, respetando la buena intención de los expertos y viendo lo que estaba sucediendo en nuestros vecinos de Italia, creo que ha faltado un poco más de agresividad en la toma de decisiones.
¿Qué sentido tiene cerrar un acontecimiento deportivo cuando luego permites una manifestación multitudinaria el 8M? ¿No se podía haber trasladado la fecha para otro momento más oportuno? Soy consciente de que no podemos parar la economía, pero está en juego algo mucho más importante.
Los chinos no dudaron ni un momento. Empezaron a construir lo necesario para dar cobertura a los enfermos y confinaron a 50 millones de personas sin inmutarse.
¿Y las Fallas? ¿Y Semana Santa?
Ni mucho menos hay que caer en el alarmismo, pero hay algo que no me cuadra.
Ante todo hay que intentar ser lo más pragmático posible y evitar lo que ya está pasando en algunos supermercados de Madrid; los están desabasteciendo de los productos básicos. El peor virus es la histeria colectiva.

EL PODER + INEPTITUD = EXPLOSIÓN SEGURA

Los escritores han conseguido a lo largo de la historia ser verdaderos héroes, en ocasiones anónimos, y han intentado revelarse contra las injusticias o denunciar inmoralidades, a través siempre, de su principal arma, la pluma.

Como tal me siento comprometido, en estos tiempos tan convulsos, a delatar todo comportamiento que creo va en contra de mis valores y que considero está poniendo en peligro, ante todo, la convivencia en paz de los últimos años, conseguida con mucho esfuerzo por aquellos que nos precedieron, y a pesar de haber intentado ser quebrada por extremistas sin escrúpulos, asesinos de gatillo fácil (no olvidemos que dejamos casi mil muertos por el camino) y cobardes con ansias de poder.

Mi último artículo trataba de la “Crispación” y por fas o por nefas, no hay día que pase, que alguno de nuestros representantes elegidos, eso sí, en las urnas, apuntille alguna ocurrencia cuya consecuencia es peor que un cóctel molotov en manos de un “rebelde sin causa”. Es decir, agrave más la situación echando más gasolina al fuego.

Si salen cinco descerebrados a irrumpir la presentación de un libro, nunca es justificable, pero el sufridor en este caso, no puede echar toda la culpa a media España por ello, para quedar de inocente y desvalido, y menos, cuando una semana antes, los suyos estaban haciendo lo mismo, pero en sentido contrario.

Los políticos de hoy carecen de autocrítica y van sobrados de hipocresía. Carecen de honestidad y van sobrados de desfachatez. Carecen de verdaderos ideales y van sobrados de fariseísmo.

Pero para que no se me tache de padecer de un excesivo pesimismo o desesperanza, todavía creo, y lo digo de veras, que algunos que pelean con el corazón, están bien preparados y son capaces de enfrentarse, aún en terreno hostil, por sacar adelante un país mejor para todos a través del máximo consenso. Por ellos merece la pena seguir peleando. Por ellos y por todos aquellos hombres y mujeres de bien, de cada ciudad, de cada pueblo, de cada municipio, que no se dejan manipular y que, con su sacrificio diario e ideas intachables, siguen forjando nuestra nación a pesar de los inútiles que a veces nos gobiernan.

Sigo diciendo que debemos de tener sumo cuidado. Hace solo quince años, Barcelona era sinónimo de prosperidad, ejemplo de ciudad avanzada a su tiempo, rica en cultura y con gente entrañable, muchos de ellos descendientes de inmigrantes andaluces. Acogedora y el orgullo de muchos. ¿En qué la están convirtiendo unos pocos? Ahora sigue siendo ejemplo, pero ejemplo en el incremento de la delincuencia, ejemplo de la no convivencia, ejemplo en número de importantes empresas que se van o pequeños negocios que emigran escapando con tal de sobrevivir. Y para colmo, están consiguiendo que la crispación salga de sus fronteras y se empiece a extender por otros territorios hermanos y españoles.

Y mientras, el presidente de la Generalitat Quim Torra, con una mano arenga a los violentos mientras con la otra se va de ayuno al monasterio de Montserrat. ¿Cómo puede caber tanta hipocresía en una sola cabeza? Entre tanto, solo unos pocos pelean de verdad para que sean las palabras las que manejen la situación y no la rebeldía callejera, pues a otros les interesa el conflicto porque ya se sabe “A rio revuelto, ganancia de pescadores”. Pero, aun así, todavía es capaz de hacerlo peor este líder de pacotilla. Insiste en seguir la vía eslovena, si fuera preciso y al día siguiente salen declaraciones de algunos que no soy capaz de calificar, diciendo que están deseando morir por “La Causa”.

Soy descendiente de catalán y de emigrantes andaluces y siento simplemente PENA.

Manuel Morera, Valencia 12 de diciembre de 2018

CRISPACIÓN

Los que me conocen dicen que he sido y sigo siendo optimista. Que tengo por norma ver siempre la parte positiva de las cosas. Pero señores, reconozco que tengo que hacer un tremendo esfuerzo en ocasiones, pues no es solo cuestión de una característica innata de mi carácter, sino que se necesita de un entrenamiento continuo.

Últimamente, por desgracia, y en lo que se refiere a la sociedad que me rodea, me lo está poniendo un poco más complicado el poder mantener dicho estado de entusiasmo.

Aunque no puedo sortear la política, ni rehuir de ella en ocasiones tanto como quisiera pues es parte de nuestras vidas, había tomado la decisión por un tiempo y por higiene mental, pasar a denominarme “apóstata político”, ya que algunos temas, como por ejemplo “el catalán”, están bastante enquistados y empiezan, como a muchos otros españoles, a conseguir que sintamos cierto hartazgo y a evitar hablar de ello en cualquier tipo de tertulia para soslayar más que una segura e infructífera confrontación.

Pero he ahí mi lucha interior. La parte de mí, responsable socialmente que quiere, aunque sea humildemente y desde mi teclado por motivos de salud, pelear por mejorar las cosas, y una parte un poco más interesada que necesita descansar y soltar un poco de lastre político que, por suerte o por desgracia, muchas veces no nos lleva a ninguna parte.

Menos mal que todavía, quiero creer, que es la mayoría los que disfrutan de sentido común y no se dejan manipular por la sinrazón, hipocresía y ansias de poder de unos pocos. Pero no nos podemos descuidar (sirva como ejemplo lo que está pasando en París o la multitud de manifestaciones no pacíficas que están surgiendo, por un motivo u otro en nuestro país país)

Las redes sociales son muy peligrosas e influyen muchas veces negativamente, irradiando en una parte de la sociedad información no contrastada e intentando crispar, cada vez más, un estado de ánimo ya de por sí bajo por la falta de trabajo o por unas condiciones laborales que no son suficientes para labrarse un futuro.

Ahora es muy sencillo convulsionar a una parte de la población que no es capaz de pensar por sí sola y, lo están demostrando, saliendo a la calle destrozando todo lo que está a su paso porque han sido arengados por algún líder sin escrúpulos y, lo más grave, sin dos dedos de frente.

Ahora resulta, que sale a la palestra política VOX, al que por mi forma de pensar nunca votaría, y en lugar de respetar los resultados e intentar combatir con la palabra y en las urnas, como así se ha hecho con diferentes partidos de ideas radicales no al gusto de todos, sean de izquierdas, de derechas o descendientes del terrorismo, algunos se comportan todavía peor, quemando coches o destrozando los pequeños negocios que a alguno le costó con mucho esfuerzo y trabajo sacar hacia delante. No podemos hacer aquello que no queramos que hagan otros.

40 AÑOS DE CONSTITUCIÓN

Hoy, 6 de diciembre de 2018, celebramos el 40 aniversario del nacimiento de nuestra Constitución. Como es lógico y, para recordar tal importante acontecimiento, se están emitiendo programas dando un repaso exhaustivo de cómo y de qué forma se logró.

Además de la nostalgia lógica que uno siente, simplemente por el mero hecho de rememorar lo vivido en tanto tiempo, se une un sentimiento de pesadumbre y amargura, al ver como han cambiado las cosas en cuanto a calidad política.

Ya no solo en las formas, algo que doy por hecho no va a cambiar y que muchos confunden con una falsa puesta en escena de revolución social, ya que si se va con vaqueros y hecho un desastre a uno no le podrían confundir con la “casta”, sino en el fondo, pues, aunque si puedo estar de acuerdo en que la Constitución, como cualquier otra norma, puede o debe de ser reformada para adecuarse a los momentos actuales y/o reforzar de esa manera la misma garantizaría su continuidad y la estabilidad del país, muchos quieren o pretenden  aprovechar la ocasión para todo lo contrario, para dividir y fracturar una sociedad, cada vez más corrompida y debilitada en sus muchos lazos de unión.

Quieren romper lo que otros, en momentos mucho más convulsos y complicados, consiguieron a través del consenso y la concordia.

Siento pena y vergüenza al mismo tiempo, de ver como los políticos actuales (siempre habrá alguno que se libre de este pensamiento) solo piensen en falsear la realidad, en no perder el sillón del poder, en manipular la información a su antojo aprovechando una parte de la juventud como caldo de cultivo, y en soliviantar a una población cada vez más crispada y menos dispuesta a escuchar al adversario.

Pero todavía tengo esperanza. Esperanza de que alguno de ellos, con el paso del tiempo, que es lo único que pone a todos y a todo en su lugar, aprenda de sus errores y mejoren, de esa forma, las expectativas de seguir forjando una gran Nación como la nuestra con sus diversidades y pluralidades.

La imagen del Congreso presidido por una mujer, Ana Pastor, a rebosar de personalidades, con la Corona al completo, con todos los presidentes de la democracia y mientras se aplaude durante varios minutos antes de escuchar el himno nacional, hace que me sienta orgulloso de ser español.

A pesar de sufrir la lacra del terrorismo durante varias décadas, algo que los españoles supieron mejor que nadie superar, había un objetivo principal, y ese era el llegar a convivir en concordia y en libertad, como bien dijeron los que redactaron la Constitución, con los valores principales de tolerancia, generosidad, integración, patriotismo y consenso.

Espero que, al final, el odio y rencor de unos pocos, y porque no decirlo, cierta ignorancia, sea superado por la razón de una mayoría que sigue y seguirá comprometida en la construcción de un país próspero para las futuras generaciones, a pesar de pensar u opinar diferente.

Manuel Morera, Valencia 6 de diciembre de 2018

Despedida a nuestros mayores

por  | Abr 19, 2016 | 0 Comentarios

Desde hace tres años la muerte quiere amargarnos la existencia. Todos los años se lleva a alguien querido y pone a prueba nuestra resistencia ante lo único de la vida que nadie es capaz de evitar. Solo nos queda recordar con cariño a los que por destino se tienen que marchar y pedirles que desde donde estén nos ayuden a soportar con dignidad su ausencia. Que su paso por este mundo no quede en el abandono y que su pérdida nos sirva para aprovechar al máximo el tiempo con aquellos que desean de nuestra compañía. Y con aquellos que se están despidiendo, y más sin son de avanzada edad y con su vida exprimida al máximo, por favor, tengamos la paciencia que se merecen, no les gritemos porque no hacen lo que queremos, respetémosles como seres humanos pues algún día nos veremos en su misma situación, y sobre todo hagámosles los últimos días de su vida los más felices y sosegados posibles.
Cuidemos a nuestros mayores y démosles todo el afecto y amor que se merecen.

“Todos somos Niza”

por  | Jul 19, 2016 | 0 Comentarios

Por primera vez, y a pesar de ser escritor, comienzan a faltarme las palabras que puedan expresar lo que siento tras lo ocurrido en Niza. Solo el corazón roto y las lágrimas instantáneas que brotan de miles de personas desconocidas al ver las crudas imágenes, son suficiente reflejo del dolor causado.
Podíamos haber sido cualquiera de nosotros. La sinrazón y la barbarie siempre atacan a los inocentes, a los más débiles, a los que no entienden que por dar un simple paseo por la playa o tomar un helado estás en peligro de muerte.
Las víctimas saben que cuentan con el cariño y apoyo mundial, pero a pesar de ello, tendrá que ser el tiempo lo único, que solo en parte, vaya cicatrizando la tremenda herida abierta por un loco sin escrúpulos.
Ya no existen palabras, solo sentimientos encontrados de dolor y odio.

Ahora lo único que pido como ciudadano, es que los que tienen la responsabilidad y el poder pasen del consuelo, y siento decirlo, en ocasiones hipocresía, a la acción. Lo malo es que hay demasiados intereses económicos en juego y eso siempre será una lacra difícil de superar. Seguirán pagando justos por pecadores.
¿Ya no tengo palabras o es que en realidad empiezan a faltar aquellas que justifiquen tales atrocidades?

“Todos somos Niza”

Amancio Ortega

por  | May 9, 2016 | 0 Comentarios

Amancio Ortega, nacido en plenos inicios de la Guerra Civil en 1936, es felicitado en su octogenaria onomástica por todos sus empleados a lo largo
del todo el mundo.

Enemigo de dejarse ver en público y siempre demostrando una forma de vida de aparente humildad, a pesar de ser la persona más rica del mundo desde el pasado 23 de octubre por delante de Bill Gates, se ha visto obligado en esta ocasión a mostrarse ante todos sus empleados y dejarse agasajar, por culpa de su hija, artífice de la citada y original felicitación.

El poder

por  | Abr 15, 2016 | 0 Comentarios

¿Qué tiene el poder que tanto corrompe? ¿Qué tendrá el dominio y la autoridad que algunos se “orgasmean” cuando su culo a buen recaudo lo sienten? Qué barata se vende la dignidad últimamente, creía que lo importante era defender el interés del pueblo español en general, y no solo el de aquellos que denominan “la gente”, palabra que al parecer está monopolizada por unos pocos intransigentes.
Estaba convencido que todos los votos son iguales, que todos somos pueblo. No entiendo los insultos de esos que tanto mienten. Hay una cosa que les hace común a todos, y es que hoy dirán una cosa y mañana otra diferente. Todo esto ya cansa.

Lo importante es que se gestione bien, que se gaste consecuentemente y que más pronto que tarde esto arranque, no vaya a ser que se demuestre que todo funciona mejor sin los políticos de siempre.

Nunca es tarde si la ducha es buena

por  | Jun 9, 2016 | 0 Comentarios

Es cierto el título de “nunca es tarde si la ducha es buena”

ya que dedicado es este breve poema
a la cantidad de guarros que nos rodean
y que huyen por antipatía de la higiene corporal o externa.

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“Nunca es tarde si la dicha es buena”
sería la frase correctamente expuesta
y se utiliza para animar a alguien
a realizar, aunque sea tarde, una tarea.

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Por lo que pensándolo bien también esta valdría,
debido a que más vale tarde que nunca
que el guarro o guarra al que me refiero
se duchara, si no a todas horas, si todos los días.

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Son muchos los sinónimos conocidos,
y aun siendo el cerdo el que recuerda la mayoría
son otros tantos los que pueden denominar
a los que sin insultar se sientan, por lo menos, aludidos.

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El más cercano a tal pordiosera afición
sería puerco, casi de la misma familia,
pero más simpático me resulta cochino
o como específico si cabe su hipónimo lechón.

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También podría denominarse sin vergüenza marrano.
Sería una expresión tremendamente chivata
del que por ausencia de gel o jabón
consigue que todo él extienda cierto olor a ano.

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Perdóneme el lector tal ordinariez en el vocabulario,
pues no es mi pretensión el asquearle
con esta inoportuna y rocambolesca historia,
el culpable es el del principio, el guarro.

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Pero sigamos un poco más con esta tesis del gorrino.
Por cierto, de esta definición nos habíamos olvidado,
lo que demuestra que todavía quedan expresiones
capaces de diagnosticar al que solo se lava en domingo.

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Para ir despidiéndonos de tan vomitiva aclaración,
repelente, asqueroso, nauseabundo o cochambroso,
son otros tantos adjetivos que sin pensarlo
clarifican al repugnante que carece de higienización.

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Pero no me puedo despedir de este mugriento personaje,
sin recordarles que chancho es mi preferido,
del presente divertimento léxico

pues el guarro o guarra no se hace, nace.

El valor de la palabra dada

por  | May 30, 2016 | 0 Comentarios

Con que alegría usamos el vocabulario, sin darnos cuenta de que este está directamente relacionado con nuestros actos.

¿Por qué y para quién va destinado este artículo? Muchos de los que me leen con frecuencia se percatarán enseguida de ello.

Las redes sociales, los ordenadores, todo lo que hoy en día nos ha facilitado la comunicación escrita, está muy bien, pero estos avances están consiguiendo que se pierda el verdadero valor, y ante todo la valentía que nos enseñaron generaciones atrás a lo que se denominaba como “dar la cara”.

Nuestra juventud se comunica a través de mensajes de WhatsApp y ya no se miran a los ojos. Pero no son solo ellos. Todos hemos caído en una espiral de decadencia comunicativa.

Antes, un compromiso verbal era el mejor contrato porque iba refrendado con un apretón de manos y una mirada sincera. Ahora sin embargo, nos excusamos a la menor de cambio con unas cuantas frases mal escritas en nuestros iPhone. Y lo peor de todo, es que nos sentimos liberados de nuestra obligación o responsabilidad cuando vemos en la pantalla de WhatsApp los dos ticks azules que confirman la recepción del mensaje.
Por suerte, o eso creo porque en ocasiones lo dudo, pertenezco a una generación que tuvo siempre que lidiar los problemas en su juventud de forma directa, ya que el único medio de transmisión escrita, era una carta hecha a máquina de escribir y con papel de calco si querías guardar copia.Se pensarán los lectores que soy demasiado avanzado en edad y están en un error. Si lo piensan detenidamente, el correo electrónico, el fax, los móviles, etc., no llevan con nosotros tantos años como pensamos. Por cierto, también el fax ya está prácticamente en vías de extinción.El teléfono, el fijo ese de cordón, ya me entienden, era la mejor herramienta, pero se usaba para quedar personalmente y tratar el tema en cuestión.Fue por aquel entonces cuando la palabra compromiso tomó en mi vida un significado especial. Compromiso, es una obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o contrato. Este señores, es el significado que a lo mejor por error heredé de mis progenitores, porque al parecer hoy en día la mayoría prefiere aferrarse a la parte negativa de la misma, es decir, usarla en los momentos de dificultad, apuro, o para salir de situaciones incómodas o embarazosas.La palabra es lo mejor que tenemos, lo que nos enriquece, pero la “palabra dada” es mucho más que un simple salir del paso, una excusa o escapar de un aprieto. Es lo que nos identifica como personas y lo que demostrará hasta donde somos capaces de cumplir con nuestro deber.El mundo está cambiando y el significado de la “palabra dada” del pasado se ha olvidado por completo.Era tan importante que hasta tenía su propia diosa. En la mitología romana Fides, diosa de la confianza, era la que encarnaba a la perfección el respeto hacía la palabra dada. Para ellos, la palabra era la fe en el individuo y lo que sustentaba todo el fundamento social y político. Pero será mejor no entrar en el terreno pantanoso de la política, pues en la actualidad se usa simplemente como una mera herramienta de engaño y distracción. Tanto es así, que si buscas en el diccionario sinónimos de política te aparecen entre otros los siguientes: habilidad, cálculo, astucia, marrullería…

Por eso la tenemos que usar de forma coherente y en el momento justo, porque salvo excepciones, nadie nos obliga a ello.

Fanatismo

por  | Jun 15, 2016 | 0 Comentarios

Todo el mundo sabe que el fanatismo es una actitud de defensa desmesurada, una actividad manifiesta de pasión desmedida hacia cualquier tipo de causa, y aunque creemos que las que han provocado más daños a lo largo de la historia han sido todas aquellas que tuvieran que ver con la religión, no es más cierto también, que los incondicionales extremistas capaces incluso hasta de matar, se están extendiendo cada vez más por todo el mundo, y lo que es peor, añadiendo a su lista de barbaries cualquier tipo de fin; ya sea este, político, deportivo, pasatiempo, sexista, etc., con tal de imponer lo que estos locos consideran su única verdad.

A lo largo de los siglos hemos conocido guerras iniciadas en nombre de dioses falsificados por la mente de los poderosos, para que el pueblo, seducido y engañado, callera en las terribles fauces de la mentira, casi siempre provocados por la carencia de las necesidades más básicas.

Si damos una vuelta por los mayores conflictos mundiales o el nacimiento de líderes sin escrúpulos, a todos nos viene a la cabeza Adolf Hitler, estos se vieron aupados al éxito con extrema rapidez, en momentos donde se sufría una de las mayores crisis económicas del país. Cuando el pueblo tiene hambre, ya se sabe, pierde su capacidad de objetivar las cosas y sigue a cualquier tipo de “mesías” que le prometa la tierra prometida. Pero eso eran temas mayores, de mucho más calado y de los que creía que los ciudadanos del siglo XXI ya habíamos aprendido.

Un servidor, romántico empedernido, daba por hecho de que algunos comportamientos humanos, ya habíamos sido capaces de corregirlos y mejorarlos con el paso del tiempo. Craso error. La exacerbación y la intransigencia se están extendiendo como la pólvora, según demuestran las últimas imágenes en importantes eventos deportivos.

Los hooligan, sean ingleses, rusos o de Sebastopol, bañados en cerveza y alcohol, han estado dando un ejemplo del que al parecer seguimos en la edad media y no hemos aprendido absolutamente nada. Las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación de la batalla campal en Marsella, podrían compararse perfectamente con cualquier película como Braveheart, a falta de la banda sonora.

En cierto modo, y aunque incomprensible e injustificable, ojala fuera solo eso. Y cuando digo solo, me refiero a lo exclusivamente deportivo, aún a sabiendas de los grandes desastres económicos que se producen, nunca comparables con el estimable valor de las pérdidas de vidas humanas.

Pero lo peor de todo, es que ahora estamos rodeados de “hooligan” en todo tipo de campo, políticos, sexistas, o de los más peligrosos, los informáticos”, pues amparándose en la clandestinidad y el cierto anonimato, disparan a diestro y siniestro todo tipo de insultos e improperios por cualquier nimiedad que se publica en las redes sociales, en la mayoría de ocasiones provocados por una información falsa o inteligentemente manipulada.

Ya hemos conocido como por estos medios se han derrocado regímenes y se han tumbado gobiernos, escribiendo desde un ordenador y sin realizar un solo disparo.

Es ahí donde, señores, radica el foco del radicalismo, en la MANIPULACIÓN.

El extremo fervor, exaltación o intolerancia hacia alguien o algo, comienza con la falta de criterio personal. Por eso nuestro mejor escudo será la información que poseamos. Mientras más cantidad, más capacidad tendremos de decisión y menos para dejarnos embaucar.

No es nada blanco o negro, existen infinidad de grises. En política, por ejemplo, y más en los tiempos actuales, no todos tienen la verdad absoluta. Queriendo ser positivo, y refiriéndome exclusivamente a los honestos, doy por hecho de que todos tienen algo positivo que aportar, independientemente de si son azules, naranjas, rojos o morados, y que solo en el consenso intelectual y en las buenas intenciones se puede construir.

Pero si partimos de la base de que son los propios líderes, los que atacan, destruyen, fabrican la información a su antojo y adulteran, hasta sus propios ideales, ¿cómo quieren que responda el pueblo?

Han conseguido que tras muchos años de partícipe ciudadano, me haya convertido en “agnóstico político”.

Una frase adulterada, la fabricación de una idea interesada o unos asesores de “pañal corto con falta de miras”, mediocres para lo que hoy el país necesita, están provocando un odio y un comportamiento que creía daba por olvidado, y ante todo, superado.

Ya nadie respeta a nadie y todos los días vemos imágenes de odio, animadversión e inquina de salvajes que destruyen todo aquello que no va con ellos.

Por eso no entiendo el fanatismo hacia ninguna causa, y menos en política. Y sin embargo escucho y leo frases de gente, que más que seguir a una idea o persona, idolatra a su líder político como si de un Dios se tratara. Daría la vida por él y se ciega ante cualquier ocurrencia que salga por su boca. Es su única verdad y su ley.

Tengamos sumo cuidado con el camino que estamos tomando.

Pensemos por nosotros mismos, seamos abiertos de miras, no tiremos por la borda todos los valores de otras generaciones que con mucho esfuerzo defendieron, no confundamos la libertad de expresión con el libertinaje, y ante todo, utilicemos el respeto hacia el prójimo como base de nuestra convivencia.

Hospitales

por  | Abr 12, 2016 | 0 Comentarios

En esta ocasión he recibido el encargo, no reconozco cual es el motivo, de que dedique unas escuetas líneas a los hospitales.

Me pregunto porque a mí ¿será por mi larga experiencia con las citadas dependencias?, ¿será por que requieren de una expectativa desde el punto de vista del paciente?

Los edificios o residencias a los que me refiero proponen un gran contraste. Te puedes sentir el ser humano más abandonado en algunos momentos como el más protegido en otras. Todo depende del instante y, sobre todo, del trato recibido en cada caso.
Lo que está bastante claro y es muy significante, es que son las cuatro paredes que te suelen recibir en este mundo, y casi siempre las que te despiden, por lo que más vale no tenerles miedo y familiarizarse con sus aromas, colores, ruidos y ante todo con personal médico.

Sepamos primero de donde proviene el citado nombre de hospital.

Tal definición viene del latín hospes (huésped o visita) y el cual se derivó a hospitalia (casa para visitas foráneas). Posteriormente se transformó en hospital, denominación usada en la actualidad y cuyo principal objetivo es albergar y ofrecer auxilio a ancianos y enfermos.

Lo que me gustaría destacar en este artículo son las dos sensaciones vividas y a las que hecho mención unas líneas más arriba.

Muchos habrán vivido como un servidor, a no ser que siempre hayan disfrutado del servicio privado, la acumulación y el exceso de pacientes en las urgencias de los hospitales.

Cuando te encuentras en un pasillo de urgencias, acostado en tu cama, junto a otros enfermos esperando a que se te adjudique habitación, viendo pasar tanto a personal de la medicina como a visitantes esporádicos cuya misión es no separarse de su ser querido ni un instante, es cuando te sientes un simple estorbo que no ha hecho más que incordiar e incrementar un poco más la lista de ingresados del día.

Sin embargo y reconociendo la verdad, solo en una ocasión he sido víctima de tal error o sobrecarga enfermiza.

Peor se sentirían  en los primeros hospitales, cuando en el año 4000 a. C. ya se utilizaban los templos de los dioses para tal menester.

La sensación de tristeza y malestar se convierte en tranquilidad y sosiego cuando te dan habitación.

Pero no hace falta retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de los avances, no solo de la medicina, sino de las condiciones estructurales que rodean al cuidado médico.

Desde bien joven, es decir hace 33 años donde pude estar ingresado en un hospital militar y en cuya nave nos encontrábamos 30 pacientes hasta la actualidad, se han producido innumerables mejoras sanitarias.

En aquel entonces subía con creces las probabilidades de ver alguna atrocidad entre tanto enfermo, y más cuando se encontraban mezcladas todo tipo de dolencias. Ya tuve la oportunidad de narrar en mi primer libro como un enfermo mental instalado en la cama opuesta intentaba cortarse las venas sin reparo alguno.

A los hospitales les rodean todo tipo de historias.

Hubo momentos donde se separaban a Señores feudales, esclavos y campesinos pobres (14 a. C.), se han utilizado con fines militares, etc. Pero lo que sí han tenido en común a lo largo de su historia es su función benéfica.

Una de las decisiones más importantes, dentro de esta breve historia del hospital, fue la tomada a finales del siglo XIX, cuando se decidió separar a enfermos mentales y tuberculosos del resto ¡y nos quejamos!

No sería fácil estar operado de la columna y mientras tener que convivir con un enfermo mental. Y no me refiero a enfermo mental ni mucho menos con desprecio.

Para algunos ya se ha convertido incluso en un segundo hogar por la frecuencia de sus visitas y la complejidad del tratamiento.

Podríamos estar hablando de los hospitales sin parar, tanto por las anécdotas que se suceden diariamente, como por la importancia que tienen en nuestras vidas. Pero lo que siempre he aconsejado a todo aquel que he podido, es que una breve visita de vez en cuando, solo para observar la suerte que poseen los que nunca los han pisado, es muy positivo para poner las cosas en sus sitio y nuestros valores en orden.

Y sobre todo siempre gracias a todas aquellas personas de la medicina que ejercen su trabajo con total profesionalidad y que dan todos los días el cariño y cuidado que nadie más sería capaz de dar en su lugar.

He visto ancianos abandonados a su suerte los últimos días de su existencia por algún descendiente sin escrúpulos, y han sido una buena enfermera o auxiliar, las que con su simpatía y buen hacer han endulzado una despedida anunciada.

Gracias de veras a todos ellos.

Otro día más

por  | Abr 11, 2016 | 0 Comentarios

Hoy, otro día más, nos han mostrado unas descarnadas y crudas imágenes de la realidad de la inmigración, de un éxodo humano que se ve obligado a huir de la brutalidad y barbarie intransigente de unos locos sin escrúpulos. Otro día más de una tragedia que no tiene fin y a la que los responsables mundiales parecen hacer oídos sordos. ¿Pero son solo ellos los culpables? Reconozco que cada vez que lo veo me corroe por dentro una intranquilidad moral difícil de explicar. Me remuerde la conciencia pensando en lo que podríamos hacer y no hacemos. En esta ocasión me ha costado más visualizar las imágenes. No era capaz de tomar ni una cucharada más de la deliciosa sopa que tenía delante, mientras observaba a los dos niños calados y llorando sin parar.

Un anciano se aferraba a la vida agarrándose con las pocas fuerzas que le quedaban a un salvavidas, mientras el bombero que se había lanzado al gélido agua, lo empujaba hacia la lancha hinchable con el brazo que tenía libre, pues con en el otro impedía que un pequeño se fuera a las profundidades, lo más seguro ya repletas de otros muchos que no lo consiguieron. No hay manos suficientes para tanto desafío, y lo peor de todo es que nuestros ojos se están acostumbrando a ver tal espectáculo sin soltar ni una sola lágrima.

Otro día más para sumar muertos a la lista de la desesperanza. Lista de un infortunio que sucumbe ante la mirada esquiva y cómplice de la mayoría. La escena era dantesca, desgarradora. En esos momentos hubiera deseado atravesar la pantalla del televisor y abrazar con todas mis fuerzas a otras dos criaturas que acababan de salvarse de una muerte segura.

Una niña soltaba su primera sonrisa mientras su rostro seguía tiritando sin parar junto a su hermano de dos años. Ambos estaban empapados hasta los huesos pero a salvo. En esta ocasión han logrado evitar pasar a ser parte de la extensa lista de cadáveres que yacen en el fondo del mar. Los padres, no sin dificultad, subieron después de ellos a la barcaza, y aunque las fuerzas les flaqueaban hasta para abrazarlos, consiguieron apartarlos a un lado y darles calor con la intención, primordialmente, de que los niños no se percataran de los quince cadáveres que estaban a sus espaldas cubiertos con mantas y con los que iban a tener que convivir la corta travesía que les quedaba.

Se han salvado cincuenta y solo han muerto quince. ¿Solo quince? Las cifras ya no nos sorprenden. Es un dato más, de otro día más.

Chiquilicuatres de pañal corto

por  | Abr 7, 2016 | 0 Comentarios

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid como pronuncia el dicho, querría rentabilizar las últimas opiniones de algunos personajes de gran renombre de la cultura y el periodismo, con respecto a la mediocridad que hoy en día nos rodea.

Siempre he pensado que la citada mezquindad o la anodina preparación van unidas a un deseo irrefrenable de poder, y a querer crecer en lo social y político demasiado rápido.
Como es lógico la juventud y la frescura de sus ideas tiene su valor, valor que debe de ayudar a sumar y ser un complemento, pero ello no puede sustituir en ningún caso a la experiencia y sabiduría que solo los años dan.
Ya hace treinta años que importamos del mundo anglosajón la cultura del crecimiento rápido a cualquier precio y donde a partir de los cincuenta ya no vales para nada, y eso supone que en muchos casos estemos desaprovechando los mejores conocimientos y el saber experto de la madurez. Tenemos una población cada vez más longeva, y eso no solo significa que se viva más años, sino que se envejece en mejores condiciones. Un servidor tiene cincuenta y tres años y ahora más que nunca me doy cuenta de lo mucho que me queda por aprender de nuestros mayores. Mayores a los que se les falta el respeto, y de los que la sociedad no se sabe aprovechar como es debido. Se les aparta y les dejamos entre bambalinas cuando en realidad tendrían que salir al escenario como protagonistas principales. Sin embargo tenemos a políticos “chiquilicuatres de pañal corto” con muchas ganas de protagonismo, pero nada más. ¿Por qué ir tan rápido? La vida da para mucho y no es necesario correr. La preparación no tiene límites y necesitamos de un aprendizaje continuo. Pedir ayuda y consejo no significa que nos humillemos o dejemos al aire nuestra ineptitud, significa humildad e inteligencia. Ahora, en estos momentos de incertidumbre social y política, es cuando más necesitamos de expertos, de expertos de la vida. Para resumir. Soy muy amigo de las citas y viene a colación mi preferida.

Como decía Baltasar Gracián “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”

Los límites de la exprexión

por  | Abr 19, 2016 | 4 Comentarios

El tema en cuestión es algo complejo y difícil de tratar, ya que aunque muchos crean que en la actualidad no existe censura, están totalmente equivocados, hay un concepto que lo sustituye, “lo políticamente correcto”. Todos los días tenemos que manejarnos bajo esa premisa. Podemos decir y expresar cualquier idea siempre y cuando, insisto, sea “políticamente correcto”, lo que elimina la libre exposición de opiniones en temas de cierta conflictividad moral. Dígase, religión, comprensión de ciertas tendencias sexuales, etc.
Sabemos de muchos que su corazón les dicta una cosa, y sin embargo sus labios expresan la contraria por el qué dirán. Pero vayamos a la ley.
La libertad de expresión es un derecho fundamental que está señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es imprescindible para la libre difusión de ideas, o como pronunciaba John Stuart Mill, esencial para el descubrimiento de la verdad.

No quiero que se me tache de poco liberal o de tener ideas algo dictatoriales, pero la pregunta que últimamente me corroe cuando veo ciertos programas de televisión o escucho ciertas tertulias, si es que se les puede denominar como tal al intercambio continuo de insultos, al no dejar hablar, o al pensar más en las formas agresivas de imponer una opinión, más que en el fondo del mensaje que se quiere transmitir, es ¿dónde está el límite de la libertad de expresión?
Hoy en día todos podemos difundir nuestras ideas y expresar los sentimientos sean cuales sean, pero ¿es necesario perder las formas?, ¿es necesario tanta mala educación?
Se abuchea en los platós de televisión, a la bandera, al himno, y hasta se pita sin parar a un jugador aunque en ese momento esté defendiendo la camiseta nacional y perjudique dicha actuación al todo el equipo. No he visto, en ya mi dilatada experiencia, que esto suceda en otro país del mundo.
Pero parece ser que todo vale. Creo que la normas básicas de convivencia donde se dice que “la libertad acababa donde empieza la del prójimo” o “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”, están más que olvidadas.
Según la Organización Foro de la Libertad, los sistemas jurídicos, y la sociedad en general, reconocen límites a la libertad de expresión, en particular cuando esta entra en conflicto con otros valores o derechos.
Debe de existir la máxima libertad de profesar y discutir, por convicción ética, cualquier doctrina por inmoral que esta pueda considerarse. Pero existe el llamado “límite de daño”, promulgado Mill que tiene el objetivo de evitar en esta libertad daños a otros, idea no apoyada por todos los expertos de la época, al considerar que no da una protección suficiente ante el comportamiento ilícito de los demás.
Lo que sí está claro es que parece que no tenemos límites de vergüenza social y admitimos todo tipo de comportamientos, aún a sabiendas de que estos son dañinos para algunos de los intervinientes. No confundamos la libertad de expresión con la grosería, el mal gusto, la descortesía, la vulgaridad, el descaro o la tosquedad.
A ver si entre todos mejoramos las formas de expresión para una mejor convivencia. Nunca es demasiado tarde.

Tremenda Decepción

por  | Abr 7, 2016 | 0 Comentarios

Después de escuchar a los políticos estas últimas semanas, solo puedo decir que siento una tremenda decepción del nivel de la mayoría. ¿Se creen que somos estúpidos? Se contradicen todos los días. Si dicen hoy una cosa mañana es la contraria, y ni aun mostrándoles sus propias palabras son capaces de reconocer el engaño. Se aferran con tanta fuerza a sus puestos que les da exactamente igual si se llevan al país por delante.

Se escuchan a sí mismos y es el ego quien les domina. Empiezo a estar cansado de tanta falsedad y la apatía comienza a adueñarse de la ilusión. A mi entender solo se salvan unos pocos, y me refiero tanto a conservadores como socialdemócratas que hablan con claridad, pero que al parecer no tienen la fuerza suficiente como para hacer entrar en razón a unos jóvenes sin experiencia y que convencen exclusivamente por su facilidad de palabra y su léxico fluido.
Se llenan la boca diciendo que actúan pensando en España pero es mentira.
Un servidor, como otros muchos me imagino e independientemente de la ideología, y en estos casos de vacío de poder, solo desea que se gestionen bien los recursos, que los corruptos terminen en la cárcel, que disminuya el paro, que se modifique la ley electoral, etc.

Si esto sigue así que nos gestionen tecnócratas e independientes durante un año, aunque existe el peligro de que funcione y muchos políticos terminen en la cola del paro.

Políticamente correcto

“Políticamente correcto”, una expresión que escuchamos con frecuencia y que para un servidor en muchas ocasiones es sinónimo de “censura”.

Cada vez que se dice que lo expresado es “políticamente correcto”, es porque la opinión veraz, la verdadera, la que el interlocutor siente desde sus entrañas, la que le sale del corazón, no es capaz de divulgarla con total libertad. Y hoy por desgracia sucede demasiado a menudo.

En la televisión, por ejemplo, los miedos existentes por no poder expresar lo que uno quiere dependiendo de la cadena en cuestión, se hacen notar sin ningún tipo de prerrogativa o vergüenza. Solo se salvan aquellos que por motivos de audiencia, es conveniente dejarles total libertad porque su polémico y controvertido carácter incrementa los índices. Da igual que el personaje, como en algún caso un reconocido periodista, falte al respeto, sea un impresentable o pierda las formas. Todo sea por la pasta.

En lugar de promocionar a aquellos que usan bien el lenguaje, se expresan con educación, y saben tertuliar con el mayor respeto a pesar de la diversidad de ideas u opiniones, dejan cada vez más espacio y dan más importancia a los anteriores. A los que utilizan la grosería y la ordinariez como norma de conducta.

Estamos en tiempos increíblemente contradictorios. O bien dejamos que se digan las mayores ordinarieces, insultos y vejaciones orales y se vean crudas imágenes que dañarían la sensibilidad de hasta el más fuerte, y sin embargo se prohíben otras expresiones que estarían dentro de la total normalidad, porque no van con el color político de turno o con el interés económico en cuestión.

Otro ejemplo más de expresión fraudulenta, es decir, cuando se quiere decir algo pero no se debe, son las redes sociales.

No hay nada más que ver como fluyen las opiniones dentro de este medio, cuando la gente se siente libre, sola en la intimidad de una habitación frente a su único y cobarde cómplice, el medio transmisor. Dígase ordenador, tableta, teléfono móvil, IPAD, etc., a través de los cuales se difunden las mayores barbaridades, crueldades o salvajadas que uno haya podido escuchar a lo largo de su vida. Aquí no hay límites. No existen porque se carece de vigilancia, control y castigo si fuera necesario.

Por todo esto me pregunto: ¿Seguro que terminamos en su día con la censura? o simplemente ¿hemos cambiado la forma de ejercerla? ¿Nos hemos ido al extremo opuesto y todo vale, aun siendo conscientes de que cruzamos los límites del respeto hacia los demás?Que cada cual medite sobre el mundo que estamos construyendo, seguro que hay cosas por mejorar.

¿Qué está pasando?

Por circunstancias de la vida llevo disfrutando del hospital La Fe de Valencia más de treinta años, si se le puede llamar disfrutar cuando vas como paciente. He pasado por casi todas las plantas y especialidades y lo único que he esperado siempre de las personas destinadas a salvaguardar nuestra salud ha sido profesionalidad, empatía y ante todo respeto, algo que algunos se pasan por el forro de…, cuando ven a uno con pijama. A esto le dedicaré unas líneas en otra ocasión, ya que no quiero que paguen justos por pecadores.

El destino me hace tener que utilizar como medio habitual de transporte, cuando la distancia supera los cien metros, una silla de ruedas desde hace ocho años. Les aseguro que por más años que han pasado sigo sin acostumbrarme. Y no es por la inmovilidad en sí, sino por cómo me ve, aunque a veces lo dudo, el mundo que me rodea. Cada vez que salgo de casa se repite la misma historia, y vivimos, lo digo en plural porque la que empuja la silla es mi mujer, multitud de anécdotas que nos hacen regresar a casa de muy mal humor. Muchos pasan de un servidor como si fuera un bicho raro, y faltos de educación solo les faltaría saltar por encima de la silla para colarse en el ascensor. Tropiezos, golpes…, e incluso empujones fuera de lugar. Todo ello se va asumiendo ya que no hay más remedio, pero lo que no estoy dispuesto a asumir en ningún caso es la falta de respeto. Falta de respeto de jóvenes y no tan jóvenes a los que no se les ha enseñado una lógica escala de valores. A mí me enseñaron a ceder el asiento a cualquier persona que lo necesitase, a decir buenos días, a dar las gracias, a respetar y ayudar a los mayores por encima de todo. ¿Pero qué pasa con algunos jóvenes? ¿Qué les pasa que carecen de humanidad y compasión? ¿Por qué ese afán de poner zancadillas y hacer daño para luego colgarlo en las redes sociales? ¿Qué está pasando?

Si les soy sincero, estoy cansado. Estoy cansado de la falta de tacto. Estoy cansado de la falta de profesionalidad de muchos que se olvidan de lo principal, la buena correspondencia y comprensión con sus pacientes. Estoy cansado de esos que manchan la buena imagen de la mayoría y que erraron su vocación. Estoy cansado de la falta de sensibilidad y altruismo de jóvenes que sin saber porque, solo llevan maldad en la venas a pesar de su corta edad. ¿Qué está pasando? Son ya ocho largos años y solo deseo no estar cansado.

Gracias a la Radio

Tenemos que agradecer a Marconi, o mejor dicho a Julio Cervera Baviera, artífice de la primera transmisión de voz entre Alicante e Ibiza en 1902, el que en muchas ocasiones podamos rellenar momentos de soledad, donde imperan excesivos silencios, con sonidos de otros seres humanos que producen algo de aire fresco. Poder escuchar al otro lado de las ondas una voz agradable que llega a convertirse en uno más de la familia, tiene un valor incalculable que muchos saben apreciar.
¿Quién dijo crisis?, ¿quién dijo miedo? Todavía hay gente con ganas de emprender proyectos que verdaderamente merecen la pena.
Ayer nació CV Radio Valencia. Una gran familia de profesionales del medio radiofónico, que pretende meterse en nuestras casas para acompañarnos con la mejor información local. Su objetivo es poner a nuestro alcance noticias cercanas en interés y veraces en contenido, con una intención de fondo, la de entretener.
Desde ahora la actualidad se entiende mejor con CV Radio.
Mi más sincera enhorabuena.

El suicidio de las nuevas tecnologías

Hace unos días, mientras tomaba un café en un bar, observé por casualidad y sin ánimo de ejercer el espionaje, el comportamiento de dos chicas de unos quince años que se encontraban en la mesa contigua y que me llamó poderosamente la atención.
No era nada complicado enterarse de la conversación gracias a la acústica del lugar. Una de ellas no dejaba de llorar, a lo que la compañera respondía con frases de compasión y consuelo.

-¿Pero, qué te ocurre?, ¿habéis roto de verdad?-, preguntaba.
-Sí. Creo que ya es definitivo. Me ha sido infiel.
-¿Qué?- se sorprendió la amiga. -¿Pero con quién?-.
-Si te lo digo no te lo vas a creer.
-Prueba a ver.
-Con su teléfono móvil.
-Venga ya. Me estás gastando una broma.
-Es totalmente cierto. No hablamos nada. Cada vez que estamos juntos lo único que hace es consultar el WhatsApp o las redes sociales y chatear con los amigos.
-Le dije que echaba de menos sus conversaciones y me ha terminado por dejar.

Dejando la anécdota amorosa aparte…En otra de las mesas algo similar sucedía. Un grupo de cinco chavales manejaban absortos sus celulares como si les fuera la vida en ello. Los refrescos encima de la mesa esperando a ser consumidos, rodeados de un silencio sepulcral.
¿Qué narices estamos haciendo? ¿Estamos perdiendo el norte y la realidad de las cosas? ¿Son solo ellos o hemos sido los de nuestra generación los culpables de que no sepan escoger lo que en realidad les conviene?
El gran problema del excesivo uso de la tecnología corrompe a los de cualquier edad, pero este artículo va dirigido a su influencia en nuestra juventud, ya que es la que más tiene que perder por ello.
Estoy convencido de que muchos de nuestros adolescentes tienen las ideas muy claras, son grandes trabajadores y están muy preparados para la sociedad increíblemente competitiva en la que estamos inmersos. Pero hay otros muchos, por desgracia, que se amparan en la crisis y en las dificultades laborales, que nadie niega que existan, para realizar una vida parasitaria que solo les lleva a pensar en sus derechos pero nunca en sus deberes.
También hace treinta cinco años el país sufría un paro del 24%, en otros aspectos como la libertad de expresión o comunicación entre generaciones eran tiempos mucho más complejos y a pesar de ello con esfuerzo, empeño y con la palabra “rendir” fuera de nuestro vocabulario, muchos consiguieron forjarse una vida digna.
Pero volviendo al mal uso de las nuevas tecnologías.
Estas están a nuestra disposición para facilitarnos la vida y nadie puede ir en contra de los avances tecnológicos, pero está en nuestra razón, en nuestro saber hacer, en nuestra capacidad de poder discernir entre lo bueno y lo malo o en nuestra cordura, el que las usemos de la mejor forma posible.
Sin embargo estamos haciendo todo lo contrario. Nos dejamos de relacionar, son la justificación perfecta para evadirnos en ocasiones de dar la cara en momentos donde sería necesaria nuestra presencia, paralizan una buena conversación familiar a la hora de la cena, son la vía de engaño de citas a ciegas con el peligro que ello supone, son herramienta asesina del conductor irresponsable y sin escrúpulos que utiliza su móvil mientras va a ciento cuarenta kilómetros por hora, o pueden llegar a ser motivo de suicidio cuando algunos van sumidos y cautivados por su pantalla repleta de iconos mientras cruzan un paso de peatones con el muñequito en rojo.
Por eso tenemos que educar mejor a nuestros jóvenes en ciertas prácticas si vemos que por ellos mismos no son capaces de corregir un rumbo que se sabe erróneo.
Que abandonen de una vez por todas tanta aparatología y que se dediquen a descubrir lo que puede llegar a enriquecerles una buena tertulia con los amigos. Se darán cuenta de la abismal diferencia que existe entre observar la pantalla de un móvil o mirar directamente a los ojos de tu interlocutor. Incluso con un poco de suerte hasta se pueden llegar a enamorar.

ADAPTARSE O MORIR

Es muy difícil, cuando llegamos a ciertas edades, poder asimilar los cambios que la sociedad nos va imponiendo. Los cambios que, sin querer, nos llevan a un mundo distinto al que conocimos cuando éramos niños. Dicen que el éxito en la búsqueda de la felicidad, está en saberse adaptar a estas modificaciones continúas de nuestras costumbres. En saber asimilar formas de vida que nunca nos hubiéramos imaginado, y en discernir constantemente, que es por lo que merece la pena pelear o que valores estamos dispuestos a rechazar por mantenernos dentro del entorno más próximo. Lo que parece ser bastante obvio, es que mientras más queramos ser nosotros mismos, siempre y cuando estemos dentro de lo políticamente correcto, más aislados estaremos y más nos rechazará un mundo, que solo quiere borregos dispuestos a seguir la corriente general. O ceder para evitar la confrontación, o seguir con lo que se cree justo encontrándose enemigos en cada esquina.

Y no digamos con las diferencias generacionales; eso es otro cantar. Si persistes en tus ideales, eres un abuelo anticuado y con ideas obsoletas. Si no te gustan los tatuajes, malo. Si no te gusta la forma de hablar, peor. Que no estás de acuerdo con los que van enseñando los calzoncillos, es que no estás a la moda. Que tampoco entiendes porque un camarero se dirige a las personas octogenarias con un: “hola tíos, ¿qué deseáis tomar?”, eso es que no estás al tanto de la nueva forma de comunicación. Que todavía te da algo de repelús ver a algunos en tanga por la calle magreándose en público, entonces te tachan de homófobo. Lo dicho…, o te acoplas o estás vendido.

Pero saben lo que les digo, que hay ideales y valores que no estoy dispuesto a vender a ningún precio, aunque me quede solo.

Todos y Todas

¿Cuándo van a dejar de masacrar el lenguaje nuestros oradores? ¿Estarán de acuerdo conmigo los lectores en que ya estamos hartos de escuchar “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, muchos y muchas, etc.? La Real Academia de la Lengua Española dice bien claro que el plural masculino implica hablar de ambos géneros, por lo que cuando alguien se dirige al público no es necesario, ni ante todo correcto, usar tal expresión.

No se debe de mezclar el uso correcto del lenguaje con la política, ya que dicha forma de hablar lleva consigo el mero afán de demostrar una intención sexista ya algo pasada de moda. Creo que la mujer es mucho más y está por encima de todo eso, y no creo que se sienta más comprendida porque el género femenino se reitere en cada frase, haciendo un mal uso del rico idioma de Cervantes. Lo importante es que se defiendan sus derechos y se la proteja de la brutal lacra de donde el género es importante de verdad, el de la violencia.
Pero ya no solo es el masculino sino el mal uso de ciertos femeninos. Para no aburrir demasiado un simple ejemplo.
El participio activo del verbo ser, es ente. Que tiene entidad. Por lo tanto, para nombrar a una persona que tiene la capacidad de ejercer la acción que define el verbo, añadimos ente. La persona que preside “presidente”, no presidenta.
Que los políticos se escuchen menos a sí mismos, que adornen menos sus palabras y que vayan al fondo de la cuestión, ya que la forma la destrozan.

“Estimado sr. Presidente y presidenta. Estimados y estimadas, todos y todas, ciudadanos y ciudadanas: creemos que vosotros y vosotras podéis ser mejores y mejoras. Necesitamos que seáis pacientes y pacientas con aquellos y aquellas, sobre todo adolescentes y adolescentas, estudiantes y estudiantas que desean aprender de nuestros mayores/as”

EL ESFUERZO DE TODA UNA VIDA PARA LOS DRÁCULAS DEL GOBIERNO

Lo que está pasando en Andalucía con todo lo relacionado con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones es indignante. Un impuesto que ya de por sí, es un despropósito legislativo difícil de comprender para la mayoría, por considerarlo injusto e inmoral.

Según un artículo publicado en un conocido diario sevillano, parece ser, y dice textualmente que, “LOS ANDALUCES NO PODRÁN DISPONER DE SU DINERO SI SU MUERTE ES PREVISIBLE”, “la Junta obligará a certificar los movimientos de las cuentas corrientes de los fallecidos doce meses antes de morir”.

Antes de continuar con esta breve exposición sobre el tema, he tenido que contar hasta cien, para no soltar toda la blasfemia dialéctica que instantáneamente me venía a la mente. Una cosa es intentar, mediante objetivos legislativos, combatir con todo tipo de fraude fiscal, y otra muy distinta, ejercer de buitres carroñeros que siempre están dispuestos a sacar cualquier tajada de aquel que, por destino, la muerte le ha llamado a la puerta.

Muchos se han pasado la vida trabajando de sol a sol y pasando necesidades, con el único propósito de que sus hijos se pudieran ver beneficiados en el futuro de todo ese esfuerzo. Algunos nunca se hubieran imaginado que, en lugar de ayudar y aliviar la vida de sus herederos, lo que han hecho en realidad es transmitirles una carga considerable y una pesadilla legal; hasta el punto de que la renuncia a dicha herencia ha sido la mejor vía de escape.

A pesar de que varios juristas especialistas en materia fiscal, apuntan a que dicho impuesto debe de ser reformado, por considerarlo un “desastre” que causa situaciones verdaderamente esperpénticas, todavía existen legisladores más propios de un régimen dictatorial, dispuestos a draculear y conseguir por cualquier medio un trozo del pastel. Ya no solo pagamos todo tipo de impuestos en vida, sino que los que son especialistas en lucrarse parásitamente, están al acecho para joder al prójimo también una vez muertos.

¿Nos estamos convirtiendo en “El psiquiátrico de la Vía Láctea”?

Así denominaba un compañero de programa de radio al mundo actual, debido a los dirigentes que estamos aupando al poder y que tienen una cosa en común, la ineptitud.Ya han pasado a lo largo de la historia genocidas como Hitler (Alemania), Pol Pot (Camboya), Sadam Husein (Irak), el Carnicero de los Balcanes Milosevic (Yugoslavia), Mao Zedong (China), Mussolini (Italia), etc., y quiero creer, que ya han sido suficientes como para que el ser humano haya aprendido de sus errores y la historia no se vuelva a repetir. No olvidemos que alguno de ellos fue elegido democráticamente, y a pesar de ello volvemos a equivocarnos.

Al parecer es un sueño perdido, pues de nuevo estamos reuniendo a una serie de individuos, que se caracterizan por una locura desmedida y una incapacidad para gobernar sobradamente demostrada. Y sin embargo ahí están, seguidos por los miles de votantes desesperados o ansiosos de cambio, que no han sido capaces de discernir entre el deseo por mejorar y el peligro de ser dirigidos por un loco manipulador con extremadas ansias de poder.

Todo comienza con el conocimiento individual. Mientras más información poseamos y más preparados estemos, menos nos dejaremos manipular como borregos. Debemos ser mucho más exigentes con aquellos que manejan nuestros recursos y que tienen el poder. No olvidemos, que más de uno tiene la potestad del “botón rojo”, y podría llevarnos a un desastre de enormes, y posiblemente, últimas consecuencias. Bastante tenemos ya en la actualidad, con intentar aliviar los daños que está produciendo en todo el mundo el Yihadismo o en soportar los conflictos de Siria, Afganistán, Somalia, la insurgencia islamista en Nigeria desde el 2009, Yemen 2015, guerra contra el narcotráfico, etc., para que además agravemos una situación, ya de por sí al límite, poniendo en puestos de responsabilidad a tipos como Donald Trump, Maduro o el norcoreano Kim Jong-un.

Debemos saber, que gran parte de la responsabilidad la tienen aquellos que los eligen. Por desgracia, pero también por suerte, la historia la escriben los hombres, y son estos los que pueden cambiarla. Apartemos a los genocidas y dictadores, y cambiémoslos por personajes como Nelson Mandela o Gandhi.

MI AMADA CATALUÑA

No querría extenderme mucho sobre el tema de mi amada Cataluña, para no perder más tiempo del necesario en contestar las burradas que algunos escriben en estos medios.

Solo decir que me da pena. Siento mucho dolor al ver como algunos jóvenes, que han tenido la suerte de vivir en una democracia conseguida con mucho esfuerzo, se manifiestan e insultan a España, la mayoría llevados por información manipulada. Siento mucho dolor al ver como se ha creado un odio después de que nuestros mayores consiguieran lo más difícil, salir de una dictadura, trabajar duro por la unión de un país, y lo más complicado de todo, terminar con muchísimos años de terrorismo, gracias al tesón, paciencia y buen hacer de todos los españoles.

Siento mucho dolor al ver lo que están consiguiendo.

21.09.2017

Joan Tardá

Si antes lo digo, antes sucede. Nada más publicar sobre lo que creo es una manipulación injusta sobre los jóvenes en el tema que nos ocupa, Cataluña, veo el mejor ejemplo de ello. El político Joan Tardá, sobre el cual no merece la pena ni que me pronuncie, arenga con todo el brío que su garganta es capaz de soportar, a cientos de jóvenes a ocupar las calles. Tienen que apoyarse y sacar de sus casas a toda la gente que pueden, aunque muchos de ellos, por su extrema juventud, no sepan ni la razón real por la que supuestamente van a pelear. Al parecer, todo vale, y el fin justifica los medios.

Cada cual puede pensar libremente, como es lógico, y estar o no a favor de la independencia, pero si manipular ya es malo de por sí, amedrentar, chantajear, arredrar e incluso amenazar a todo aquel que no salga a las calles, con estar cayendo en traición a los suyos y a su tierra, es algo que pasa todos los extremos posibles.

Sigo sintiendo mucho dolor Joan Tardá. Cuando uno está en el poder y se siente aclamado por la multitud, las neuronas de la vanidad no dejan pensar con claridad.

23.09.2017

El SECRETO de CHARLOTTE

La trayectoria del escritor Manuel Morera ha sido exitosa e imparable. Consagrado ya desde su primera obra Manolín ya es un hombre, nos vuelve a sorprender con su ya noveno trabajo El secreto de Charlotte, donde nada es lo que parece ser. Londres, Burgos, El Vaticano, Gaza o Madrid, son los lugares donde transcurre una historia con extraños crímenes e intrigas inexplicables.

Una novela increíblemente bien entrelazada y con vocación cinematográfica que te mantiene en suspense hasta la última página.

Solo llevamos seis, solo seis.

El 21 de diciembre de 1990 volví a nacer. Ese día a las 8 menos un minuto de la mañana hacía una parada obligatoria camino del trabajo. Un semáforo, situado en la esquina de la calle Amparo Iturbi con San Vicente en la ciudad de Valencia, mostró su color naranja y acto seguido el bermellón, lo que hizo que pisase el pedal del freno para detener el coche en la misma esquina y como todos los días. A unos diez metros también hacía su parada habitual un pequeño microbús de color verde para recoger a unos cuantos militares que vivían en la zona. Justo al otro lado de la calle un colegio que, por fortuna, dejaba entrar a la multitud de niños que se agolpaban en la acera, una hora más tarde. Todo era parte de una escena rutinaria con los mismos personajes de siempre. Las mismas caras, los mismos coches, el mismo vecino al que saludar a través de la ventanilla.

Tras unos segundos que se hicieron interminables, por fin el semáforo cambió a verde esperanza, nunca mejor dicho. Metí la primera, aceleré…, segunda y luego tercera. Ya no podías introducir otra marcha, porque otro semáforo situado a unos cien metros obligaba a detenerte de nuevo. En ese justo instante una fuerte explosión sobresaltó a todo aquel que se encontrase a dos kilómetros de distancia. Continué hacia el trabajo pensando en cual podía haber sido el motivo de tal estruendo. El gas fue el primer culpable que en esos momentos me vino a la cabeza. Por desgracia no fue así. Al parecer, un coche situado en la misma esquina donde había estado parado un minuto antes estalló por los aires alcanzando al vehículo militar. Más de 12 heridos y una vecina con las dos piernas amputadas fue el resultado. Esta vez había estado cerca.

¿A qué viene esta breve historia? Muchos recordarán que, durante 43 años, la primera pregunta que nos hacíamos al levantarnos era la de cuantos muertos habría ese día. A quien le tocaría esta vez. Quien podría volver sano y salvo a casa para, por lo menos, poder repetirse la misma pregunta. Porque la verdad señores, es que nadie estaba libre de ello.

La paciencia, la capacidad de sufrimiento y el rencor contenido, consiguieron terminar con el terrorismo de ETA hace seis años. Solo hace seis. Solo seis, donde la paz y la convivencia han prevalecido en un país muy castigado por el dolor.

Bastante tenemos ya con aguantar la sinrazón de un terrorismo yihadista imposible de prever y que hemos vivido en nuestras propias carnes en el atentado de Atocha y recientemente en Barcelona, como para tensionarnos más entre nosotros mismos después de todo lo sufrido. Solo llevábamos seis años, solo seis.

Muchos políticos de prestigio de todo tipo de ideologías pelearon por conseguir una democracia, que al parecer no hemos sabido administrar y, ante todo, explicar a nuestros jóvenes para que le dieran el valor que se merece. Ahora se hace un mal uso de ella y se corrompe su propio significado.

Me siento apóstata político, porque creo que no tenemos líderes políticos a la altura de la situación actual. Solo se miran el ombligo y no tienen capacidad de autocrítica. Lo que estoy viviendo y escuchando en estos últimos años, creía que nunca lo iba a vivir ni a escuchar. Da igual que se contradigan todos los días y que nos engañen vilmente, porque hemos perdido la capacidad de ser exigentes. No son capaces de sentarse a dialogar, aún a sabiendas de que está en peligro nuestra convivencia. Empezamos a estar cubiertos por nubes de odio. Un odio exclusivamente creado por la incompetencia de los que nos dirigen.

Intentemos no caer en sus fauces de poder y volvamos a saludar a nuestros vecinos, a disfrutar con nuestros amigos y a querer a nuestros hermanos. Seguro que lo podemos y debemos de hacer mejor, porque señores…, solo llevamos seis años, solo seis.

COMIENZA “El MONO”

No creía que lo iba a experimentar, pero tras dos meses y medio con morfina tengo los primeros síntomas de una posible adicción. Es terriblemente incomodo sentirte privado de ella y estoy deseando que me la retiren cuanto antes para no caer en la dependencia.

He llegado al síndrome leve de abstinencia “mono” y comienzo a padecer los efectos que éste produce. Lagrimeo, insomnio, convulsiones, escalofríos, y también las consecuencias psicosociales hacen su aparición. Trastornos de la memoria y la atención, estados contradictorios del estado de ánimo, depresión, apatía, euforia. Es un conjunto de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona con adicción a una sustancia deja de consumirla. Aunque los síntomas varían en forma e intensidad de acuerdo con el producto empleado y el tiempo que lleva desarrollándose la dependencia, en todos los casos se deben a que se ha alterado el funcionamiento normal del sistema nervioso.

Ya es habitual, que pasado los tres días de la duración, cuando llegan las últimas horas, tenga unos escalofríos repentinos y falta de sueño. El cuerpo se te agarrota, y de la tensión, terminas después de unas cuantas horas agotado sobre cualquier sofá cercano que esté dispuesto a refugiarte.

Por eso es leve, porque la siento unas cuantas horas antes de la nueva dosis y no dura mucho tiempo. No quiero ni pensar que pasaría si me lo retirasen de pronto. Ahora entiendo mejor que nunca a los que la padecen de manera habitual.

Siempre había oído hablar de ello y nos lo enseñan normalmente por la televisión para demostrarnos las consecuencias que éste síndrome produce, pero vivirlo en la propia piel es otra cosa muy distinta. No consigues frenar el cuerpo y solo deseas ponerte una nueva dosis o el abrazo de alguien cercano que te entienda y te dé calor.

Todo coincide. Desde que estoy con la medicación mi nivel de producción literaria ha disminuido considerablemente. Pero rendirse nunca. Escribir es la única forma de mantener la cabeza ocupada. Hasta los dedos parecen no querer seguir las instrucciones del cerebro y las pulsaciones sobre el teclado se ejecutan más lentas y torpes.

Tengo otra entrevista el próximo lunes en un importante programa de radio y cierto miedo a que cuando llegue el momento no saber responder de la manera adecuada. Me paso el día contando cuando me toca ponerme el parche, y así adaptar mi agenda lo mejor posible para evitar fallos imprevistos en el trabajo. No es la primera vez que tengo que anular alguna presentación, reportaje o entrevista porque estaba demasiado cerca la hora de la medicación, y los vértigos y mareos son demasiado frecuentes para poner en riesgo una buena promoción. No son fáciles de conseguir y hay que aprovecharlas al máximo.

La gente cercana, la familia, y los amigos juegan un papel importante en todo esto. Me siento mimado y protegido en todo momento y eso me da tranquilidad y fuerzas a la vez. Sobre todo tras demostrarme a mí mismo en estas últimas Navidades que las limitaciones hay que asumirlas. Ya no resisto toda la mañana de Nochebuena dando vueltas por el centro de Madrid, como en mí era costumbre desde hace cuarenta y cuatro años, y lo mejor será acortar el recorrido y adaptarlo a las condiciones físicas de cada momento. El año pasado fue complicado con la silla de ruedas, pero este se ha complicado aún más. La climatología adversa ha impedido incluso sacar la silla a pasear y el frío intenso de la capital a tempranas horas del día, ha hecho insufrible la tradicional y legendaria caminata.

Es sencillo contarlo y muy jodido el asumirlo. Pero es lo que hay. Espero que no me sea perjudicial para el futuro y como es de prever, solo signifique una pasajera anécdota más entre todas las que están sucediendo en esta historia.

Ahora entiendo mis cambios conductuales. Me preguntaba

-¿por qué?, si yo no soy así, ¿qué me está sucediendo?-

Todo tiene su explicación, y toda esta mierda se la debo a Morfeo, dios griego del sueño. No me extraña que en 1914  Estados Unidos ilegalizara el consumo de morfina y opio porque producía tolerancia, dependencia física y psicológica, y síndrome de abstinencia.

Los opiáceos son drogas con mayor poder activo, debido a que entran en el cerebro rápidamente. El efecto analgésico que produce la morfina tiene la particularidad de que ocurre sin pérdida de la conciencia y no afecta a otras modalidades sensoriales.

¡Menos mal!, solo faltaba que tuviera más afectaciones. Creo que con los vómitos, nauseas, mareos, escalofríos, temblores, cambios de actitud, euforia, apatía, depresión, falta de concentración, etc., es suficiente.

No consigo leer, algo imprescindible para enriquecer un poco más el vocabulario tan limitado que la mayoría tenemos en los tiempos que corren. Me da la sensación que estoy tirando por la borda un tercio de mi tiempo y cada línea tardo el triple de lo que era habitual antes de adherirme la pegatina medicinal con los opiáceos. Hace dos meses me sentía ágil, veloz, fresco en ideas y todo me fluía con relativa facilidad. Sin embargo ahora, me siento torpe, paralizado, adormilado, aturdido, ausente de mis pensamientos y agarrotado a la hora de plasmar las ideas sobre el papel.

Comienzo a pensar que es bien cierto el dicho de “es peor el remedio que la enfermedad”. Deseo hablar con los médicos, para intentar llegar a un acuerdo lógico y retroceder en lo que sea posible, retirando poco a poco la medicación. Soy conocedor de que no se puede eliminar de golpe y que se utilizan sustitutivos para llegar a la situación inicial, pero necesito que lo hagan cuanto antes. Si lo conseguimos entre todos, será síntoma inequívoco de que existe una mejora razonable.

La esperanza es lo último que se pierde y a lo que nos agarramos con fuerza para seguir pensando en que algún día todo volverá a ser como antes.

Sigo despertándome de vez en cuando a extrañas horas noctívagas creyendo que todo ha sido una pesadilla y que la nueva jornada me deparará una vida normal, rutinaria y activa. ¿Y por qué no?

Hay muchas personas que han podido superar peores enfermedades con fuerza de voluntad y paciencia, y esas son las que debemos tomar como ejemplo.

Por eso sigo siendo un admirador de Nietzsche y me quedo con su frase “La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte

Necesito una pequeña amnistía temporal de las dolencias y sobre todo un paréntesis anímico para poner en orden las ideas de un futuro algo incierto. Dos años son mucho tiempo y poco a la vez. Demasiado para la incertidumbre y corto para ponerle una posible solución cuyo tratamiento sería de por vida. Pero siguen pasando los días y estamos en las mismas. El teléfono no suena y la llamada que espero con ansiedad se hace de rogar.

A veces hasta siento cierto miedo por mi historial clínico. Cualquier novedad medicamentosa suele producir en mi cuerpo reacciones no deseadas, como ya he contado anteriormente, y eso me inquieta. Aun así es lógico que le tenga respeto, pero la palabra miedo hay que intentar eliminarla de mi vocabulario. Tengo que indagar y encontrar otros valores de infinidad de personajes, que siempre nos hayan servido como modelo de supervivencia y valor.

De cualquier forma, Si hay una característica humana a la que tenga verdadera admiración, esa es la vitalidad. Todas las personas que transmiten vigor, empuje, fortaleza, nervio o vivacidad son capaces, no solo de superarse a sí mismos, sino lo que es más importante, crear un aura a su alrededor de optimismo y euforia. Además no se trata exclusivamente de ser perseverante, a veces es mejor empezar de cero y partir con unas condiciones anímicas diferentes, es decir, “borrón y cuenta nueva”.

El pasado no se puede desraizar de nuestra existencia, pero si podemos decolorarlo tanto, que solo nos quedemos con aquello positivo que nos sirva de ayuda en la nueva aventura.

Tiene que ser la cualidad principal del hombre del siglo XXI. Saber adaptarse a los cambios que la sociedad nos trae en cada momento, si quiere sobrevivir con cierta dignidad.

Mientras muchos de nuestros predecesores tuvieron una sola casa, un solo trabajo, una familia, y como mucho dos coches, hoy en día otros ya han habitado siete casas, han sufrido once traslados, se han casado tres veces, tienen hijos que les es difícil recordar a quien corresponde cada uno, han cambiado de coche cada vez que había que sustituirle una rueda, no son capaces de saber el nombre de su jefe por la multitud de trabajos de los que han disfrutado y seguro que ya han padecido alguna de las enfermedades de moda como el estrés, depresión o trastornos bipolares varios. Este es el mundo actual para el que debemos estar preparados.

No vale consolarse. El mundo se mueve cada vez más rápido. Existen pérdidas de trabajo, nuevas situaciones laborales, separaciones y rupturas conyugales, aparecen más enfermedades raras y pandemias que pudieran modificar el rumbo de las generaciones venideras antes de que pudiéramos reaccionar. Nos movemos en una constante inestabilidad, todo lo contrario de lo que sucedía hace unos pocos años.

En mi caso tengo reparo a realizarme nuevos análisis, por si estos revelasen alguna nueva enfermedad no descubierta hasta la fecha. Un nombre nuevo para una afección más a incluir en mi ficha médica.

¡Da igual! Ahora toda la culpa o explicación se la doy a la morfina. Culpable de todas mis rarezas o  cambios repentinos de mi estado en general. Que tengo mala leche, la culpa de la morfina. Que me mareo, la morfina. Que tengo temblores, la morfina. Que no tengo apetito, la morfina de nuevo.

La verdad es que es una excusa perfecta para dar a entender en mi entorno que en realidad casi todo es perfecto.

Lo que me faltaba por oír (La España Nazi)

Desde hace tiempo y por motivos exclusivamente de salud mental, me había propuesto mantenerme al margen del tema catalán. Una apostasía temporal que era imprescindible para poder seguir con un día a día, ya duro de por sí. Pero después de visto lo visto y de tanta provocación, como escritor, y ante todo como persona, necesito manifestarme; más si cabe cuando los escritores han sido a lo largo de la historia transmisores del pensamiento libre del individuo.

Hoy me he levantado con la siguiente publicación: Una joven independentista, compara los acontecimientos vividos en Cataluña, con la persecución de los judíos por parte de los nazis, y acto seguido veo un video donde un profesor instruye y arenga a una niña de cinco años, y están leyendo bien, repito…cinco años, a que grite delante de sus compañeros, en catalán claro está, ¡fuera extranjeros de mi país! ¡echaremos a vuestro ejército!¡los extranjeros moriréis!

¿Necesitan que diga algo más? Si les soy sincero, durante unos segundos me he quedado totalmente en blanco, y no porque me faltaran las palabras, todo lo contrario, sino porque todo lo que se me estaba pasando por la cabeza, encendería más un fuego, que casi nadie es capaz de apagar. Saldrían de mi boca exabruptos, injurias y vituperios que no tengo por costumbre decir, pero que calificarían a la perfección a los responsables de los actos dichos anteriormente.

Como dije ayer, uno es libre de sentirse o no independentista, pero no a cualquier precio.

Que cada uno medite sobre lo que estamos viviendo y que creía nunca llegaría a vivir.

24.09.2017

Todo se quema

Por desgracia estamos rodeados de incendios por todas partes y, lo más triste y desgarrador, es que la mayoría son provocados por el ser humano.

Estamos inmersos en un incendio político que nadie es capaz de apagar, provocado exclusivamente por ideas mal llevadas a la práctica y que lo único que consiguen es encender los ánimos de la mayoría, hasta extremos donde la razón va perdiendo fuerza para dejar paso al odio y contrasentido. Un incendió donde lo único que se apaga, es la esperanza de todos aquellos que solo quieren vivir en paz y construir un mundo mejor para las generaciones venideras.

Últimamente estamos viendo incendios como el de California; camino de las cien mil hectáreas calcinadas y donde hogares, coches, y lo que es peor, vidas humanas, son presas de unas implacables llamas que han arrasado con todo lo que se han encontrado a su paso. Pero para agravar más si cabe la situación, vemos como se quema nuestra hermosa y maravillosa Galicia por culpa de unos terroristas medioambientales que deberían de estar entre rejas de por vida.

Estamos viendo todos los días, como la naturaleza y el llamado “Cambio Global”, el impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, está haciendo estragos con comportamientos nunca conocidos (sequía extrema, huracanes fuera de lo común, lluvias torrenciales, terremotos, desaparición de especies, tsunamis, etc.) y nosotros, el supuestamente “ser” más inteligente que existe sobre el planeta, en lugar de preocuparnos por problemas de verdad como, llevar agua a cada rincón, vigilar nuestros montes de unos pirómanos sin escrúpulos o adaptarnos lo mejor posible a un cabio climático que parece imparable, dejamos que unos cuantos “politiquillos de pañal corto” mal inviertan su tiempo y los recursos de todos, en temas, muchas veces banales para la historia, comparados con los citados anteriormente.

Tendríamos que unirnos más en mantener y/o mejorar la forma de no perder nuestros recursos básicos en el futuro, en lugar de despilfarrar tiempo y dinero en ilusiones y sentimientos que no dan de comer. Si todo lo robado por muchos o lo malgastado en baldía propaganda sectorial, se hubiera invertido en crear puestos de trabajo, otro gallo habría cantado.

LOS LÍMITES DE LA EXPRESIÓN

El tema en cuestión es algo complejo y difícil de tratar, ya que aunque muchos crean que en la actualidad no existe censura, están totalmente equivocados, hay un concepto que lo sustituye, “lo políticamente correcto”. Todos los días tenemos que manejarnos bajo esa premisa. Podemos decir y expresar cualquier idea siempre y cuando, insisto, sea “políticamente correcto”, lo que elimina la libre exposición de opiniones en temas de cierta conflictividad moral. Dígase, religión, comprensión de ciertas tendencias sexuales, etc.
Sabemos de muchos que su corazón les dicta una cosa, y sin embargo sus labios expresan la contraria por el qué dirán. Pero vayamos a la ley.
La libertad de expresión es un derecho fundamental que está señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es imprescindible para la libre difusión de ideas, o como pronunciaba John Stuart Mill, esencial para el descubrimiento de la verdad.
No quiero que se me tache de poco liberal o de tener ideas algo dictatoriales, pero la pregunta que últimamente me corroe cuando veo ciertos programas de televisión o escucho ciertas tertulias, si es que se les puede denominar como tal al intercambio continuo de insultos, al no dejar hablar, o al pensar más en las formas agresivas de imponer una opinión, más que en el fondo del mensaje que se quiere transmitir, es ¿dónde está el límite de la libertad de expresión?
Hoy en día todos podemos difundir nuestras ideas y expresar los sentimientos sean cuales sean, pero ¿es necesario perder las formas?, ¿es necesario tanta mala educación?
Se abuchea en los platós de televisión, a la bandera, al himno, y hasta se pita sin parar a un jugador aunque en ese momento esté defendiendo la camiseta nacional y perjudique dicha actuación al todo el equipo. No he visto, en ya mi dilatada experiencia, que esto suceda en otro país del mundo.
Pero parece ser que todo vale. Creo que la normas básicas de convivencia donde se dice que “la libertad acababa donde empieza la del prójimo” o “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”, están más que olvidadas.
Según la Organización Foro de la Libertad, los sistemas jurídicos, y la sociedad en general, reconocen límites a la libertad de expresión, en particular cuando esta entra en conflicto con otros valores o derechos.
Debe de existir la máxima libertad de profesar y discutir, por convicción ética, cualquier doctrina por inmoral que esta pueda considerarse. Pero existe el llamado “límite de daño”, promulgado Mill que tiene el objetivo de evitar en esta libertad daños a otros, idea no apoyada por todos los expertos de la época, al considerar que no da una protección suficiente ante el comportamiento ilícito de los demás.
Lo que sí está claro es que parece que no tenemos límites de vergüenza social y admitimos todo tipo de comportamientos, aún a sabiendas de que estos son dañinos para algunos de los intervinientes. No confundamos la libertad de expresión con la grosería, el mal gusto, la descortesía, la vulgaridad, el descaro o la tosquedad.
A ver si entre todos mejoramos las formas de expresión para una mejor convivencia. Nunca es demasiado tarde.

GRACIAS A LA RADIO

Tenemos que agradecer a Marconi, o mejor dicho a Julio Cervera Baviera, artífice de la primera transmisión de voz entre Alicante e Ibiza en 1902, el que en muchas ocasiones podamos rellenar momentos de soledad, donde imperan excesivos silencios, con sonidos de otros seres humanos que producen algo de aire fresco. Poder escuchar al otro lado de las ondas una voz agradable que llega a convertirse en uno más de la familia, tiene un valor incalculable que muchos saben apreciar.
¿Quién dijo crisis?, ¿quién dijo miedo? Todavía hay gente con ganas de emprender proyectos que verdaderamente merecen la pena.
Ayer nació CV Radio Valencia. Una gran familia de profesionales del medio radiofónico, que pretende meterse en nuestras casas para acompañarnos con la mejor información local. Su objetivo es poner a nuestro alcance noticias cercanas en interés y veraces en contenido, con una intención de fondo, la de entretener.
Desde ahora la actualidad se entiende mejor con CV Radio.
Mi más sincera enhorabuena.

EL SUICIDIO DE las nuevas tecnologías.

Hace unos días, mientras tomaba un café en un bar, observé por casualidad y sin ánimo de ejercer el espionaje, el comportamiento de dos chicas de unos quince años que se encontraban en la mesa contigua y que me llamó poderosamente la atención. No era nada complicado enterarse de la conversación gracias a la acústica del lugar. Una de ellas no dejaba de llorar, a lo que la compañera respondía con frases de compasión y consuelo.
-¿Pero, qué te ocurre?, ¿habéis roto de verdad?-, preguntaba.
-Sí. Creo que ya es definitivo. Me ha sido infiel.
-¿Qué?- se sorprendió la amiga. -¿Pero con quién?-.
-Si te lo digo no te lo vas a creer.
-Prueba a ver.
-Con su teléfono móvil.
-Venga ya. Me estás gastando una broma.
-Es totalmente cierto. No hablamos nada. Cada vez que estamos juntos lo único que hace es consultar el WhatsApp o las redes sociales y chatear con los amigos.
-Le dije que echaba de menos sus conversaciones y me ha terminado por dejar.
Dejando la anécdota amorosa aparte…En otra de las mesas algo similar sucedía. Un grupo de cinco chavales manejaban absortos sus celulares como si les fuera la vida en ello. Los refrescos encima de la mesa esperando a ser consumidos, rodeados de un silencio sepulcral.
¿Qué narices estamos haciendo? ¿Estamos perdiendo el norte y la realidad de las cosas? ¿Son solo ellos o hemos sido los de nuestra generación los culpables de que no sepan escoger lo que en realidad les conviene?
El gran problema del excesivo uso de la tecnología corrompe a los de cualquier edad, pero este artículo va dirigido a su influencia en nuestra juventud, ya que es la que más tiene que perder por ello.
Estoy convencido de que muchos de nuestros adolescentes tienen las ideas muy claras, son grandes trabajadores y están muy preparados para la sociedad increíblemente competitiva en la que estamos inmersos. Pero hay otros muchos, por desgracia, que se amparan en la crisis y en las dificultades laborales, que nadie niega que existan, para realizar una vida parasitaria que solo les lleva a pensar en sus derechos pero nunca en sus deberes.
También hace treinta cinco años el país sufría un paro del 24%, en otros aspectos como la libertad de expresión o comunicación entre generaciones eran tiempos mucho más complejos y a pesar de ello con esfuerzo, empeño y con la palabra “rendir” fuera de nuestro vocabulario, muchos consiguieron forjarse una vida digna.
Pero volviendo al mal uso de las nuevas tecnologías.
Estas están a nuestra disposición para facilitarnos la vida y nadie puede ir en contra de los avances tecnológicos, pero está en nuestra razón, en nuestro saber hacer, en nuestra capacidad de poder discernir entre lo bueno y lo malo o en nuestra cordura, el que las usemos de la mejor forma posible.
Sin embargo estamos haciendo todo lo contrario. Nos dejamos de relacionar, son la justificación perfecta para evadirnos en ocasiones de dar la cara en momentos donde sería necesaria nuestra presencia, paralizan una buena conversación familiar a la hora de la cena, son la vía de engaño de citas a ciegas con el peligro que ello supone, son herramienta asesina del conductor irresponsable y sin escrúpulos que utiliza su móvil mientras va a ciento cuarenta kilómetros por hora, o pueden llegar a ser motivo de suicidio cuando algunos van sumidos y cautivados por su pantalla repleta de iconos mientras cruzan un paso de peatones con el muñequito en rojo.
Por eso tenemos que educar mejor a nuestros jóvenes en ciertas prácticas si vemos que por ellos mismos no son capaces de corregir un rumbo que se sabe erróneo.
Que abandonen de una vez por todas tanta aparatología y que se dediquen a descubrir lo que puede llegar a enriquecerles una buena tertulia con los amigos. Se darán cuenta de la abismal diferencia que existe entre observar la pantalla de un móvil o mirar directamente a los ojos de tu interlocutor. Incluso con un poco de suerte hasta se pueden llegar a enamorar.

EL PODER

¿Qué tiene el poder que tanto corrompe? ¿Qué tendrá el dominio y la autoridad que algunos se “orgasmean” cuando su culo a buen recaudo lo sienten? Qué barata se vende la dignidad últimamente, creía que lo importante era defender el interés del pueblo español en general, y no solo el de aquellos que denominan “la gente”, palabra que al parecer está monopolizada por unos pocos intransigentes.
Estaba convencido que todos los votos son iguales, que todos somos pueblo. No entiendo los insultos de esos que tanto mienten. Hay una cosa que les hace común a todos, y es que hoy dirán una cosa y mañana otra diferente. Todo esto ya cansa. Lo importante es que se gestione bien, que se gaste consecuentemente y que más pronto que tarde esto arranque, no vaya a ser que se demuestre que todo funciona mejor sin los políticos de siempre.

“Chiquilicuatres de pañal corto”

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid como pronuncia el dicho, querría rentabilizar las últimas opiniones de algunos personajes de gran renombre de la cultura y el periodismo, con respecto a la mediocridad que hoy en día nos rodea.
Siempre he pensado que la citada mezquindad o la anodina preparación van unidas a un deseo irrefrenable de poder, y a querer crecer en lo social y político demasiado rápido.
Como es lógico la juventud y la frescura de sus ideas tiene su valor, valor que debe de ayudar a sumar y ser un complemento, pero ello no puede sustituir en ningún caso a la experiencia y sabiduría que solo los años dan.
Ya hace treinta años que importamos del mundo anglosajón la cultura del crecimiento rápido a cualquier precio y donde a partir de los cincuenta ya no vales para nada, y eso supone que en muchos casos estemos desaprovechando los mejores conocimientos y el saber experto de la madurez. Tenemos una población cada vez más longeva, y eso no solo significa que se viva más años, sino que se envejece en mejores condiciones. Un servidor tiene cincuenta y tres años y ahora más que nunca me doy cuenta de lo mucho que me queda por aprender de nuestros mayores. Mayores a los que se les falta el respeto, y de los que la sociedad no se sabe aprovechar como es debido. Se les aparta y les dejamos entre bambalinas cuando en realidad tendrían que salir al escenario como protagonistas principales. Sin embargo tenemos a políticos “chiquilicuatres de pañal corto” con muchas ganas de protagonismo, pero nada más. ¿Por qué ir tan rápido? La vida da para mucho y no es necesario correr. La preparación no tiene límites y necesitamos de un aprendizaje continuo. Pedir ayuda y consejo no significa que nos humillemos o dejemos al aire nuestra ineptitud, significa humildad e inteligencia. Ahora, en estos momentos de incertidumbre social y política, es cuando más necesitamos de expertos, de expertos de la vida. Para resumir. Soy muy amigo de las citas y viene a colación mi preferida. Como decía Baltasar Gracián “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”

“TODOS Y TODAS”

¿Cuándo van a dejar de masacrar el lenguaje nuestros oradores? ¿Estarán de acuerdo conmigo los lectores en que ya estamos hartos de escuchar “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, muchos y muchas, etc.? La Real Academia de la Lengua Española dice bien claro que el plural masculino implica hablar de ambos géneros, por lo que cuando alguien se dirige al público no es necesario, ni ante todo correcto, usar tal expresión.
No se debe de mezclar el uso correcto del lenguaje con la política, ya que dicha forma de hablar lleva consigo el mero afán de demostrar una intención sexista ya algo pasada de moda. Creo que la mujer es mucho más y está por encima de todo eso, y no creo que se sienta más comprendida porque el género femenino se reitere en cada frase, haciendo un mal uso del rico idioma de Cervantes. Lo importante es que se defiendan sus derechos y se la proteja de la brutal lacra de donde el género es importante de verdad, el de la violencia.
Pero ya no solo es el masculino sino el mal uso de ciertos femeninos. Para no aburrir demasiado un simple ejemplo.
El participio activo del verbo ser, es ente. Que tiene entidad. Por lo tanto, para nombrar a una persona que tiene la capacidad de ejercer la acción que define el verbo, añadimos ente. La persona que preside “presidente”, no presidenta.
Que los políticos se escuchen menos a sí mismos, que adornen menos sus palabras y que vayan al fondo de la cuestión, ya que la forma la destrozan.

“Estimado sr. Presidente y presidenta. Estimados y estimadas, todos y todas, ciudadanos y ciudadanas: creemos que vosotros y vosotras podéis ser mejores y mejoras. Necesitamos que seáis pacientes y pacientas con aquellos y aquellas, sobre todo adolescentes y adolescentas, estudiantes y estudiantas que desean aprender de nuestros mayores/as”.

Un saludo/saluda

TREMENDA DECEPCIÓN

Después de escuchar a los políticos estas últimas semanas, solo puedo decir que siento una tremenda decepción del nivel de la mayoría. ¿Se creen que somos estúpidos? Se contradicen todos los días. Si dicen hoy una cosa mañana es la contraria, y ni aun mostrándoles sus propias palabras son capaces de reconocer el engaño. Se aferran con tanta fuerza a sus puestos que les da exactamente igual si se llevan al país por delante. Se escuchan a sí mismos y es el ego quien les domina. Empiezo a estar cansado de tanta falsedad y la apatía comienza a adueñarse de la ilusión. A mi entender solo se salvan unos pocos, y me refiero tanto a conservadores como socialdemócratas que hablan con claridad, pero que al parecer no tienen la fuerza suficiente como para hacer entrar en razón a unos jóvenes sin experiencia y que convencen exclusivamente por su facilidad de palabra y su léxico fluido.
Se llenan la boca diciendo que actúan pensando en España pero es mentira.
Un servidor, como otros muchos me imagino e independientemente de la ideología, y en estos casos de vacío de poder, solo desea que se gestionen bien los recursos, que los corruptos terminen en la cárcel, que disminuya el paro, que se modifique la ley electoral, etc.
Si esto sigue así que nos gestionen tecnócratas e independientes durante un año, aunque existe el peligro de que funcione y muchos políticos terminen en la cola del paro.

OTRO DÍA MÁS (16.01.2016)

Hoy, otro día más, nos han mostrado unas descarnadas y crudas imágenes de la realidad de la inmigración, de un éxodo humano que se ve obligado a huir de la brutalidad y barbarie intransigente de unos locos sin escrúpulos. Otro día más de una tragedia que no tiene fin y a la que los responsables mundiales parecen hacer oídos sordos. ¿Pero son solo ellos los culpables? Reconozco que cada vez que lo veo me corroe por dentro una intranquilidad moral difícil de explicar. Me remuerde la conciencia pensando en lo que podríamos hacer y no hacemos. En esta ocasión me ha costado más visualizar las imágenes. No era capaz de tomar ni una cucharada más de la deliciosa sopa que tenía delante, mientras observaba a los dos niños calados y llorando sin parar.

Un anciano se aferraba a la vida agarrándose con las pocas fuerzas que le quedaban a un salvavidas, mientras el bombero que se había lanzado al gélido agua, lo empujaba hacia la lancha hinchable con el brazo que tenía libre, pues con en el otro impedía que un pequeño se fuera a las profundidades, lo más seguro ya repletas de otros muchos que no lo consiguieron. No hay manos suficientes para tanto desafío, y lo peor de todo es que nuestros ojos se están acostumbrando a ver tal espectáculo sin soltar ni una sola lágrima.

Otro día más para sumar muertos a la lista de la desesperanza. Lista de un infortunio que sucumbe ante la mirada esquiva y cómplice de la mayoría. La escena era dantesca, desgarradora. En esos momentos hubiera deseado atravesar la pantalla del televisor y abrazar con todas mis fuerzas a otras dos criaturas que acababan de salvarse de una muerte segura.

Una niña soltaba su primera sonrisa mientras su rostro seguía tiritando sin parar junto a su hermano de dos años. Ambos estaban empapados hasta los huesos pero a salvo. En esta ocasión han logrado evitar pasar a ser parte de la extensa lista de cadáveres que yacen en el fondo del mar. Los padres, no sin dificultad, subieron después de ellos a la barcaza, y aunque las fuerzas les flaqueaban hasta para abrazarlos, consiguieron apartarlos a un lado y darles calor con la intención, primordialmente, de que los niños no se percataran de los quince cadáveres que estaban a sus espaldas cubiertos con mantas y con los que iban a tener que convivir la corta travesía que les quedaba.

Se han salvado cincuenta y solo han muerto quince. ¿Solo quince? Las cifras ya no nos sorprenden. Es un dato más, de otro día más.

ESPERPENTO POLÍTICO.

No querría extenderme demasiado en el espectáculo esperpéntico vivido ayer en el inicio del curso político de la Cámara Baja y en lo que muchos denominan como la entrada en el hemiciclo de “la gente del cambio”, pero no puedo evitar expulsar algunas sensaciones que me corroen por dentro y que debo compartir.
Si querían llamar la atención del espectador del nuevo circo que nos espera, eso lo han conseguido, no hay ninguna duda. Pero por favor, cuando el “Mesías” Pablo Iglesias dice que representa a la gente de bien del pueblo español porque han conseguido entrar en el congreso las rastas y las mochilas, tiene que hacérselo mirar. Que se dejen ya de demagogia barata y de manipular a través de actuaciones de marketing teatral. ¿Y lo del niño? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué hace la diputada con su bebé cuando va a los platós de TV? ¿Cuándo una cirujana esté operando se podrá llevar al niño e interrumpir la intervención mientras le da de mamar? ¿Qué será lo siguiente, llevarse el parchís o el dominó? ¿Convertimos el hemiciclo, lugar donde se toman las principales decisiones del país, en una guardería? Solo se pide un poco de respeto a las normas básicas de actuación y que no se sirvan de la imagen de una criatura para la foto de un postureo grotesco. Que defiendan sus programas e ideales, tan respetables como los de cualquiera, pero que dejen el aire de superioridad a un lado y no lo estropeen con un proceder un tanto risible y caricaturesco más propio de mentes ensortijadas. Que será lo próximo…

Todos se merecen nuestras lágrimas

Qué pena que solo nos demos cuenta de las desgracias y del terror cuando lo padecemos de cerca, cuando nos tocan la fibra europeísta. Reconozco que cuando los radicales deciden atentar dentro y cerca de nuestras fronteras nos brota la solidaridad, y eso es ejemplo de bondad y de entendimiento con el sufrimiento del prójimo. Cuando estos días he visto cantar la marsellesa en todo el mundo, me he emocionado y me he sentido orgulloso de ser como somos. Es ahora, con los 132 muertos, cuando nos rasgamos las vestiduras y todos los responsables mundiales se reúnen para actuar. Pero ¿Qué pasa con los miles de muertos de otros lugares del mundo con los que nos desayunamos casi todos los días en las noticias y que al parecer se han convertido simplemente en un apartado más del noticiario de turno? Conflicto israelí (52.000 muertos), Somalia (500.000), Pakistán (56.000), Nigeria (15.000) Guerra civil en Siria (320.000), Libia, Ucrania, etc.
Ya nos hemos acostumbrado y estamos vacunados ante la barbarie. Nuestros ojos ya no se apartan cuando ven a niños y mujeres ensangrentados desparramados por el suelo. Y me siento culpable por ello. Soy algo escéptico y tengo grandes dudas de que los responsables se pongan de acuerdo, ya que hay demasiados intereses económicos en juego, pero quiero extender mi dolor, y que las lágrimas y el recuerdo de estos días se extienda para todas aquellas personas que son víctimas de la injusticia y las sinrazón humana.

Atentado terrorista de Francia 13.11.2015

Mi más sentido pésame por el atentado terrorista de nuestro país vecino. La barbarie y la sinrazón vuelven a apoderarse de la gente de bien. Ninguno está exento de la tremenda dosis de locura de unos fanáticos dispuestos a todo, que actúan en nombre de un Dios prefabricado a su interés y creyendo que por inmolarse tienen ganada la tierra prometida. Tenemos muy difícil la batalla, pero tenemos que seguir extendiendo la concordia entre los pueblos civilizados, pedir por las víctimas y ante todo no utilizar este tipo de atentados en la coreografía política.

Despedida a nuestros mayores.

Desde hace tres años la muerte quiere amargarnos la existencia. Todos los años se lleva a alguien querido y pone a prueba nuestra resistencia ante lo único de la vida que nadie es capaz de evitar. Solo nos queda recordar con cariño a los que por destino se tienen que marchar y pedirles que desde donde estén nos ayuden a soportar con dignidad su ausencia. Que su paso por este mundo no quede en el abandono y que su pérdida nos sirva para aprovechar al máximo el tiempo con aquellos que desean de nuestra compañía. Y con aquellos que se están despidiendo, y más sin son de avanzada edad y con su vida exprimida al máximo, por favor, tengamos la paciencia que se merecen, no les gritemos porque no hacen lo que queremos, respetémosles como seres humanos pues algún día nos veremos en su misma situación, y sobre todo hagámosles los últimos días de su vida los más felices y sosegados posibles.
Cuidemos a nuestros mayores y démosles todo el afecto y amor que se merecen.

QUEJA “vaya ejemplo  de dirección”

¡Qué vergüenza! Hoy he podido presenciar un espectáculo impresentable en el restaurante Panorama en el puerto de Valencia que quiero denunciar.

Unos tremendos gritos, improperios, golpes en las paredes y trato vejatorio a los empleados por parte del responsable del local, nunca vistos por un servidor a pesar de mi veterana experiencia. Si seguiré disfrutando del lugar será gracias al buen trato de los empleados y su simpatía. Si fuera por ese “personaje” nunca lo volvería a pisar.

HIPOCRESÍA

Lo siento, pero no he podido soportar la gran hipocresía de tanto mensaje televisivo para hablarnos de los objetivos del 2013. Ahora a todos los dirigentes políticos les encanta pasearse delante de las cámaras y sentirse por unos momentos poderosos reyes de sus pequeños reinos. Cuanta tontería. Unos ya dan por hecho (sin haberse producido el referéndum) una independencia de su “país” faltando al respeto de todos aquellos que no la desean y otro, por cierto ya conocido por todos y de la zona centro, se permite el lujo de amedrentar y chantajear al ciudadano con palabras fuera de tono referentes a la sanidad pública. Cada vez me siento más decepcionado de la calidad de estos impresentables.
Por eso hay que vigilar una enfermedad nueva y peligrosa que todos debemos evitar. Los síntomas son los siguientes: cuello más erguido de lo normal, voz engolada, prepotencia, pavoneo al andar y ansia de poder para tapar complejos personales. Es “politicósis”, enfermedad rara solo tratada en la privada por su excesivo coste. Existe peligro de contagio. Las personas que no se dejan engañar se les “hinchan los huevos”.

01.01.2013

REFLEXIÓN

“Pase lo que pase en nuestras vidas cada cinco minutos y por duro que sea, comparémoslo con el entorno, seguro que siempre hay algo positivo en donde poder apoyarnos y por lo que salir fortalecidos. Nos lo proponemos en multitud de ocasiones pero no conseguimos llevarlo a la práctica. Potenciemos lo positivo e intentemos dejar a un lado toda negatividad absurda que nos pueda llevar al fracaso”.


¡Vaya calidad de nuestros políticos!

“Me produce una tremenda decepción ver como la calidad y profesionalidad de nuestros políticos va denigrándose cada día que pasa, demostrándose una vez más, que salvo pequeñas excepciones, sus únicas pretensiones son el ansia de poder y mantener sus culos a buen recaudo. Se les tenía que caer la cara de vergüenza.

Inversiones injustificables, sueldos astronómicos, corrupción, gastos innecesarios y fuera de lugar, ayudas a todos menos a aquellos que en realidad lo necesitan. Llevar al engaño a muchos con una independencia enmascarada e información manipulada, mientras se cierran centros de discapacitados o ancianos. No nos dejemos engañar. Somos un país maduro que hemos sabido aprender de nuestros propios errores

¿No se dan cuenta de que están poniendo en juego décadas de lucha democrática?

El “pueblo” no es tan tonto como ellos creen y no es bueno llevarle al límite. No todas las generaciones saben apreciar y son conscientes de lo que cuesta conseguir una vida en democracia, así como de la importancia de nuestra Carta Magna. Son éstas generaciones las que por falta de trabajo, incertidumbre constante y un futuro incierto que les hace vivir sin una estabilidad económica, y ante todo emocional, las que pueden encender la mecha sabiendo que no tienen nada que perder.

A pesar de tener que aguantar a una generación de políticos poco preparados y faltos de los principales valores, actuemos en todo lo posible con honestidad para no caer en sus mismas deficiencias. Peleemos con ética y con la principal intención de dejar a nuestros hijos un mundo cada vez mejor, con más posibilidades y sabiendo que el único camino para lograrlo es a través del esfuerzo”.


PRÓLOGO PARA EL X CONCURSO LITERARIO DEL COLEGIO HELIOS

Es un verdadero privilegio poder participar en el prólogo de ésta décima publicación del Concurso Literario del Colegio Helios, y más en el año que se conmemora su 25 aniversario.

Ante todo, y como padre de una antigua alumna, me siento tremendamente satisfecho de haber contado con la labor educativa del profesorado de dicha institución en el crecimiento moral y personal de mi hija Bárbara, en unos años de su vida donde los valores de amistad, compañerismo y respeto se hacen imprescindibles.

Además de haber trabajado casi durante treinta años en una multinacional líder en comunicación digital y escrita, experta en todo lo referente al Documento y debido a que ejerzo como escritor desde el año 2008, creo entender lo importante que es la lectura y escritura, principalmente en los jóvenes que algún día tendrán que liderar nuestro futuro.

La lectura enriquece la formación e incrementa el conocimiento, bases primordiales para todo aquel que desee aportar algo a la sociedad y, sobre todo, a sí mismo. Por eso la importancia de la comunicación escrita.

No solo es poder transcribir generación tras generación nuestra cultura, ideas y sabiduría bajo unas normas lingüísticas. Es más que todo eso, es poder transmitir sentimientos.

Ternura, compasión, dolor, alegría, delicadeza, pasión. Multitud de sensaciones solo descriptibles sin errores cuando se utiliza la representación ortográfica, ya que “las palabras se las lleva el viento”.

Por eso, mis más sincera felicitación a los artífices de este proyecto. Es muy probable, que ni ellos sean conscientes de lo que están aportando a muchos, niños, jóvenes y no tan jóvenes, al darles la oportunidad de expresar en unas cuantas líneas algo de sí mismos.

Lo digo por experiencia personal. A mí la escritura, a pesar de los años, me ha dado una segunda oportunidad.

La escritura sirve para completar, a través de reflexiones y pensamientos, el campo del desarrollo cognitivo individual y colectivo.

Estoy plenamente convencido, que entre todos los que participan en esta publicación, hay futuros escritores que serán capaces de hacer reír, llorar e ilusionarán con lo que escriban.

Antes de terminar con estas breves palabras, volver a destacar la labor de un colegio como el Helios, por ser un buen ejemplo de enseñanza al saber que el cariño por sus alumnos y las buenas formas, no están reñidas con la exigencia y la disciplina.

He tenido la oportunidad de dar diversas charlas en diferentes colegios y he notado una gran diferencia en la actitud y comportamiento de los alumnos del citado Colegio. Sobre todo en unos tiempos donde la información recibida por parte de numerosos expertos de fuera de nuestras fronteras, describe a la enseñanza española como una de las de peor nivel de los últimos años.

Los alumnos de ESO del prestigioso Colegio eran atentos, disciplinados, educados, y respetuosos en todo momento con el ponente, lo que hizo sentirme orgulloso de mucha de nuestra juventud, algo que nunca podré decir de otros institutos, donde los gritos, insultos y falta de respeto a sus superiores era la tónica general.

A lo mejor les pillé a los alumnos del Helios en el día de “El Santo” y daban algún premio que yo no supiera. Pero, sinceramente y bromas aparte, no creo que fuera así. Su comportamiento era el habitual de todos los días. De ahí la importancia de los que todavía son capaces de transmitir unos valores educativos que sirven para preparar a nuestra juventud para un futuro altamente competitivo. Una docencia increíblemente ardua y compleja, que no sirve para  nada, si no está coordinada, sincronizada y completada con la enseñanza dentro del vínculo familiar.

Pero esto es otro cantar.

Para no entrar en posibles controversias por diferencia de opinión, lo único que puedo decir en mi caso, es que deberíamos de utilizar con más frecuencia y esmero la comunicación con los responsables educativos de nuestros hijos. Todos nos equivocamos y siempre tenemos algo que aprender, pero si conseguimos que fluya la comunicación, es muy probable que minimicemos cualquier problema que surja, encontrando una solución satisfactoria en tiempo y forma.

Pero ante todo un consejo para todos. Siempre hay algo que aprender, por eso la necesidad y obligación de leer. Como bien decía Baltasar Gracián “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.

¿QUÉ PASA?

Todo esta situación me empieza a dar un miedo terrible. Todos los días, cuando intento hablar o ponerme en contacto con algún amigo, tengo cierta precaución para interrogarle por su situación laboral. Hoy mismo sin ir más lejos, de tres llamadas realizadas, en dos de ellas habían perdido el puesto de trabajo por lo que he decidido no seguir descolgando el teléfono y dejarlo hasta la semana que viene.

¿Hasta dónde vamos a llegar?. Estoy jubilado y ni un servidor se encuentra exento de perder nivel adquisitivo o ser despedido de un trabajo que no disfruto.

Sinceramente les digo, que me da igual quien y de que partido sea quien nos gobierne, pero por favor, lo que si exijo como ciudadano es que sea profesional, ético y esté preparado para ejercer su labor, algo de lo que se carece en la actualidad. Que los políticos dejen de mirarse al ombligo y que no quieran mantener su sillón a costa de vender su moral. Que si uno no se siente capaz, como le puede ocurrir a cualquiera, que deje su lugar a otro.

No pasa nada por reconocer las limitaciones de uno mismo. Como bien pronuncia el dicho “uno asciende hasta que demuestra su incompetencia”. Pero eso si, no hay que asumir el fracaso antes de que sea demasiado tarde.

El orgullo es mal compañero de viaje y nos puede llevar al desastre, si no nos ha llevado ya.

Lo peor de todo es que los que quedan con ilusión, fuerzas y ganas para salir adelante sean contagiados por la ineficacia y negatividad de los que gobiernan. Todo tiene su límite y sin pretender caer en el abismo, cuando a uno le falta pan para llevarse a la boca, la capacidad de pensar o razonar con tranquilidad disminuye considerablemente.

Estoy seguro de cualquier forma, que podemos y debemos salir de esta complicada situación. Lo hemos demostrado a lo largo de la historia, pero ¡váyase Sr. Zapatero!, ¡váyase!

HOSPITALES

En esta ocasión he recibido el encargo, no reconozco cual es el motivo, de que dedique unas escuetas líneas a los hospitales.

Me pregunto porque a mí ¿será por mi larga experiencia con las citadas dependencias?, ¿será por que requieren de una expectativa desde el punto de vista del paciente?

Los edificios o residencias a los que me refiero proponen un gran contraste. Te puedes sentir el ser humano más abandonado en algunos momentos como el más protegido en otras. Todo depende del instante y, sobre todo, del trato recibido en cada caso.

Lo que está bastante claro y es muy significante, es que son las cuatro paredes que te suelen recibir en este mundo, y casi siempre las que te despiden, por lo que más vale no tenerles miedo y familiarizarse con sus aromas, colores, ruidos y ante todo con personal médico.

Sepamos primero de donde proviene el citado nombre de hospital.

Tal definición viene del latín hospes (huésped o visita) y el cual se derivó a hospitalia (casa para visitas foráneas). Posteriormente se transformó en hospital, denominación usada en la actualidad y cuyo principal objetivo es albergar y ofrecer auxilio a ancianos y enfermos.

Lo que me gestaría destacar en este artículo son las dos sensaciones vividas y a las que hecho mención unas líneas más arriba.

Muchos habrán vivido como un servidor, a no ser que siempre hayan disfrutado del servicio privado, la acumulación y el exceso de pacientes en las urgencias de los hospitales.

Cuando te encuentras en un pasillo de urgencias, acostado en tu cama, junto a otros enfermos esperando a que se te adjudique habitación, viendo pasar tanto a personal de la medicina como a visitantes esporádicos cuya misión es no separarse de su ser querido ni un instante, es cuando te sientes un simple estorbo que no ha hecho más que incordiar e incrementar un poco más la lista de ingresados del día.

Sin embargo y reconociendo la verdad, solo en una ocasión he sido víctima de tal error o sobrecarga enfermiza.

Peor se sentirían  en los primeros hospitales, cuando en el año 4000 a. C. ya se utilizaban los templos de los dioses para tal menester.

La sensación de tristeza y malestar se convierte en tranquilidad y sosiego cuando te dan habitación.

Pero no hace falta retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de los avances, no solo de la medicina, sino de las condiciones estructurales que rodean al cuidado médico.

Desde bien joven, es decir hace 33 años donde pude estar ingresado en un hospital militar y en cuya nave nos encontrábamos 30 pacientes hasta la actualidad, se han producido innumerables mejoras sanitarias.

En aquel entonces subía con creces las probabilidades de ver alguna atrocidad entre tanto enfermo, y más cuando se encontraban mezcladas todo tipo de dolencias. Ya tuve la oportunidad de narrar en mi primer libro como un enfermo mental instalado en la cama opuesta intentaba cortarse las venas sin reparo alguno.

A los hospitales les rodean todo tipo de historias.

Hubo momentos donde se separaban a Señores feudales, esclavos y campesinos pobres (14 a. C.), se han utilizado con fines militares, etc. Pero lo que sí han tenido en común a lo largo de su historia es su función benéfica.

Una de las decisiones más importantes, dentro de esta breve historia del hospital, fue la tomada a finales del siglo XIX, cuando se decidió separar a enfermos mentales y tuberculosos del resto ¡y nos quejamos!

No sería fácil estar operado de la columna y mientras tener que convivir con un enfermo mental. Y no me refiero a enfermo mental ni mucho menos con desprecio.

Para algunos ya se ha convertido incluso en un segundo hogar por la frecuencia de sus visitas y la complejidad del tratamiento.

Podríamos estar hablando de los hospitales sin parar, tanto por las anécdotas que se suceden diariamente, como por la importancia que tienen en nuestras vidas. Pero lo que siempre he aconsejado a todo aquel que he podido, es que una breve visita de vez en cuando, solo para observar la suerte que poseen los que nunca los han pisado, es muy positivo para poner las cosas en sus sitio y nuestros valores en orden.

Y sobre todo siempre gracias a todas aquellas personas de la medicina que ejercen su trabajo con total profesionalidad y que dan todos los días el cariño y cuidado que nadie más sería capaz de dar en su lugar.

He visto ancianos abandonados a su suerte los últimos días de su existencia por algún descendiente sin escrúpulos, y han sido una buena enfermera o auxiliar, las que con su simpatía y buen hacer han endulzado una despedida anunciada.

Gracias de veras a todos ellos.

LA PRIMERA EN LA FRENTE

Primera sorpresa para mi amigo. Todo era demasiado bonito y perfecto.

Cuando se las daba de satisfecho y esperanzado de no preocuparse durante un tiempo sobre la dosis y pauta a seguir con la medicación, ha recibido una llamada del hospital para comunicarle, de que debido al retraso en la remisión del medicamento, tiene que retrasarse un par de días la dosis correspondiente.

De nuevo han aparecido los fantasmas de la sospecha y no puede dejar de pensar en que algo irregular se mueve detrás de todo el asunto. Está dispuesto ha tener toda la paciencia del mundo pero todo y todas las personas tienen su límite.

Dejaremos pasar el primer contratiempo pensando que ha sido fruto de la casualidad y daremos otra oportunidad al futuro para poner las cosas en su sitio.

Si no es así,  contaremos e investigaremos sobre lo sucedido.

PRIMER DÍA SIN NOVEDAD

Mi querido amigo ha comenzado el tratamiento sin novedad. Muy esperanzado y tranquilo ha sido tratado estupendamente por todo el equipo médico de La Fe.

La dosis parece ser la correcta y de ahora en adelante se le va a suministar Fabrazyme por vía intravenosa cada quince días durante el resto de su vida. Está contento, con una meta y un procolo a seguir que le hace ver después de dos años el final del tunel. Por ahora, tras las cuatro primeras horas de tratamiento no han aparecido contraindicaciones, las cuales podrían aparecer según los especialistas a partir de la quinta sesión. Esperemos que no sea así.

Sin embargo ha echado de menos a su compañera habitual.

Como siempre le deseo lo mejor.

ESPERANZA Y MIEDO

Un amigo muy cercano comienza en breve un nuevo tratamiento por el cual lleva luchando dos años, con la esperanza de que sea la solución definitiva a una enfermedad rara que padece y que le hace llevar una vida llena de dolor.

Después de dos años de pruebas y más pruebas consiguieron descubrirle la patología rara, pero aun así la misma ha ido avanzando sin remedio.

Pero la esperanza es lo último que se pierde y por fin comienza, no sin miedo, un tratamiento muy costoso y que habitualmente no se da a personas de su edad.

Lleva con morfina diaria desde hace cuatro meses y ni eso es suficiente para calmarle el sufrimiento. Con perdón de la expresión está hasta los coj….

La ilusión no la pierde, pero no puede dejar de pensar en lo que le han comunicado los médicos.

Parece ser que le van a suministrar menos dosis de la que necesita por problemas en el suministro de tan costoso medicamento. Y, que quieren que les diga. No me lo creo.

Todos, o por lo menos el que aquí escribe, tenemos conocidos en el mundo farmacéutico, y a nadie se le escapa que es una cuestión monetaria.

No hay dinero y eso se está notando últimamente en el mundo sanitario. No se quieren gastar dinero y no es el primero ni será el último que sufra las consecuencias. Eso es lo que se pregunta todos los días, ¿qué pasa si no recibo la dosis que necesito?, ¿hasta dónde puede avanzar esta mierda de enfermedad?

Está desesperado y necesita, además de esperanza, confianza en que se realiza lo correcto. Tiene un equipo médico estupendo, que ha peleado y pelea todos los días, y sin embargo algo le corroe y le dice por dentro que está siendo engañado por las altas esferas de la burocracia. No se fía y está dispuesto a hacer lo que sea para intentar llevar una vida digna que le permita ser un poco más feliz. Solo quiere que le quiten el dolor, ¿es pedir demasiado?

Es consciente que ya no se puede ir hacia atrás, e incluso que la enfermedad podría seguir avanzando. Lo único que desea es no sufrir y no ver sufrir a su vez a los que le rodean.

Podría contar más de un caso mucho peor que el que aquí se narra, pero me había prometido que esta publicación estaría dedicada a hacer pasar un buen rato al lector. También que sería una recopilación de artículos de opinión, sobre todo divertidos y con sorna. Pero le debía el favor y le prometí que denunciaría, aunque fuera desde estas humildes páginas, lo que muchos saben pero no se atreven a contar.

Detrás de la vida que todos conocemos, alegre, sana, plena de fiestas y divertimentos, existe otra donde muchas personas pelean todos los días por pasar las horas con dignidad. No hay nada como darse una vuelta por el Hospital de Día de La Fe, para darse cuenta de lo afortunados que somos.

Pero muchos no tienen los medios ni las ganas para reclamar lo que les corresponde, y son engañados en numerosas ocasiones, en cuanto a tratamiento se refiere.

Creemos que nunca no va a tocar y que las enfermedades raras están destinadas a otros. Eso es lo que pensaba mi mejor amigo hace dos años, cuando disfrutaba de plena salud y jugaba con las olas del mar como si tuviera doce años a sus cuarenta y seis.

Pero lo que si tiene y por ahora no pierde, es el humor y las ganas de luchar con y contra quien sea necesario.

Tiene a muchos amigos, entre ellos un servidor, que estamos dispuestos junto a él, a denunciar todo aquello que se salga de los cauces normales y éticos de comportamiento médico, y sin perder nunca las formas, solicitaremos a las entidades sanitarias o jurídicas todo aquello que se necesite para mejorar, y sobre todo evitar, casos similares en el futuro.

Desde aquí le deseo todo lo mejor y que no se rinda ante nada.

ADOLESCENCIA

Hace relativamente poco tiempo, más pasará cuando el lector disfrute del presente documento, tuve el honor de dar una breve charla sobre mi corta vida literaria en un instituto de enseñanza secundaria, de todos conocido como IES, a alumnos que quisieran participar en actividades extraescolares antes de beneficiarse de las vacaciones  de Semana Santa. No fue muy numerosa la asistencia ya que los chavales preferían invertir su tiempo en pasatiempos más fructíferos, como montar en monopatín, echar unas carreras, fumarse alguna sustancia nociva o intentar ligar con alguna jovencita, objetivo para el cual estaban faltos de tiempo en horario normal.

Pero no es esta mi crítica, ya que me imagino yo hubiera hecho lo mismo a su edad.

Aun así, la sala, con un veinticinco por ciento de asistencia, se dispuso con todo interés, forzado en cierto modo por la autoridad del profesorado, a escuchar a un servidor en todo aquello que les pudiera transmitir y que les hiciera entender, asimilar y enriquecer en el bello mundo de la escritura.

No fue tarea fácil debido al gallinero y vocerío que se escuchaba al otro lado de la puerta y que en más de una ocasión provocó el enfado y posterior reprimenda a los provocadores de tal algarabía por parte de la autoridad competente.

Poco a poco y entre pequeñas bromas y chistes relacionados con mis dos historias empezaron a sentirse interesados, y aún en voz baja por la timidez, se le pudo escapar al más extrovertido un interrogante que le rondaba por la cabeza. ¿Qué fue lo que le impulsó a escribir y como lo plasma en el papel?

Mientras unos se reían del compañero, otros disimulaban por vergüenza ajena desviando la mirada hacia otro lado.

-Pregunta muy interesante- le dije para gratificar su participación. -Comencé a escribir por una promesa y cuando tenía vuestra edad todo lo que sentía lo escribía sin más. Lo importante es que se escriba lo que sale del corazón.- le contesté. Antes de que el breve silencio se interrumpiera le devolví el interrogatorio -¿te gusta escribir? Ante el rostro dudoso del joven, una profesora demostrando unos buenos reflejos contestó – es al que más le gusta escribir de la clase. A lo que para terminar la pequeña motivación le dije – quien sabe, a lo mejor eres escritor el día de mañana.

Toda el aula se quedó en silencio, envidiosa y arrepintiéndose de no haber hecho cualquiera de ellos la pregunta. Dirigieron la mirada al compañero con más osadía y con un futuro repentino algo prometedor desde aquel instante.

Era muy complicado hacerles expresar sus dudas y el exceso de desinterés era la tónica general.

La mayoría estaban encerrados en sí mismos y echaban de menos los minutos de video-juegos de cada día.

Poderles describir como vivían sus padres, cuales eran sus juegos de niñez, el que no tenían una televisión en su cuarto, los valores de aquellos años – ¡Pero qué digo! ¿Valores? Si no saben lo que esa palabra significa.

La mayoría prestaba atención con cara de asombro y se preguntaba como habíamos sido capaces de crecer sin “la play” o con una sola televisión en casa.

La afición a la lectura brillaba por su ausencia y cuando se me ocurrió aconsejar que lo importante para su futuro, fuera el que fuera, era ponerse la obligación de leer por lo menos una hora al día, me miraron con cara de pocos amigos.

Se empezaron a animar cuando les dije que uno de los protagonistas de la novela era compañero suyo y que cualquiera de ellos podría ser a su vez, protagonista de algún libro el día de mañana. Ya se imaginaban presumiendo entre amigos.

Están en la peor etapa de la adolescencia. Donde se despiden de la niñez y tienen que comenzar a comportarse con cierta responsabilidad, y donde deben decidir qué camino seguir. Donde la influencia del entorno, la televisión y los compañeros pueden más que los buenos consejos familiares y sobre todo en una sociedad carente de valores  que les protege o antepone ante la falta de respeto hacia sus mayores y demasiado permisiva con los primeros síntomas de mala educación o delincuencia.

Pero ni mucho menos todo es negativo. Hay jóvenes extraordinarios que saben lo que quieren y que seguro tienen escondidos en su interior potencial suficiente para llegar donde deseen. Solo es cuestión de encontrar los medios de motivación que sean necesarios en cada caso.

Todos fuimos adolescentes alguna vez y nos saltamos, aunque fuera brevemente, las normas de conducta impuestas en nuestro entorno.

Aconsejo a todos los chavales que escriban, que lean, y como es lógico que jueguen. Que se dejen guiar por las personas que les quieren y que si alguno de ellos le da por la escritura, que lo haga con sentimiento y sin falsearse a sí mismo.

Hay muchos Cervantes ocultos y entre todos tenemos que hacer que salgan a la luz.

1 de abril de 2010

PRELUDIO FESTIVO

Sentado bajo los decorados arcos del mercado Colón de Valencia, se entrelazan los juegos de la chavalería del lugar con los acordes de la orquesta espontánea, encargada de amenizar el preludio oficial de “La Plantá” de Las Fallas. La muchedumbre reconoce su afinación con aplausos desinteresados como muestra del trabajo bien hecho. El sol se refleja por vez primera en los instrumentos de metal, esperando que la percusión inicie una nueva obra, en esta ocasión de Manuel de Falla, muy apropiado para el festejo y no solo por el apellido que lo acompaña. Los redobles se hacen dueños de la escena musical mientras el trombón de varas se acobarda esperando a que le llegue su turno.

Como conclusión una breve intervención del himno de Valencia realiza su entrada triunfal haciendo callar a la rumorología escuchada de fondo, no atenta por diversos motivos a tan hermoso arte auditivo.

Con los vellos de punta unos y la carne de gallina otros, rematan, a pesar de no ser hábiles del canto, la hermosa armonía de la ciudad con el ¡Visca Valencia, visca!

Son las iniciales pistas que dan a entender la aproximación del primer día de fiesta fallera. Fiesta nacional por excelencia, casi es más exacto  internacional, diría.

Las calles se engalanan y algunas en especial de millones de pequeñas bombillas, superando incluso a su más eterno rival, el Real de La Feria  Sevillana. Trozos de cartón piedra se acumulan en medio de las calzadas diciendo ¡aquí estoy yo!, ¡a los conductores que les den por saco! Cientos de carpas inician su montaje convirtiendo la ciudad en un laberinto circulatorio imprevisible, cubriendo provisionalmente de blanco el gris del pavimento y las primeras bandas de barrio dan sus primeros paseos a horas tempranas para endulzar con sus pasodobles los cabreos y enfados de los enemigos de la festividad.

Pero los falleros deben pensar “no quieres caldo, pues toma dos tazas”, pues lo más divertido es iniciar la mañana con una buena “despertá”. Petardo tras petardo son estampados contra el suelo hasta por el más diminuto chaval, y es el hacer el mayor ruido posible su afán.  Y doy fe que lo consigue, puesto que cuando he vivido en piso cerca de la ciudad, no he podido pegar ojo por la ya citada “despertá”.

Es lo bueno de lo que narro, estoy entusiasmado y esto no ha hecho nada más que empezar. Todavía tenemos por delante cuatro días de alegría, color, ofrenda, visitar todos los monumentos falleros que nuestros pies soporten y engordar unos cuantos kilos gracias a los churros, buñuelos y chocolate sitos en los puestos de cada esquina.

LA BUENA NOTICIA

Tras un año y medio de dura pelea, por fin hemo recibido la noticia que tanto hemos estado esperando. Ha sido un sueño. No me creo que haya llegado el momento.

En breve comenzarán a suministrarme la medicación, que en teoría, me tiene que solucionar todos los problemas actuales. Un farmaco que solo se fabrica en dos lugares del mundo, y que por su elevado coste, ha necesitado de la aprobación de diferentes estamentos de la sanidad.

Soy conejillo de indias con esta medicación en una persona de mi edad, y la primera vez que se trata en La Comunidad Valenciana.

Ahora deseamos que no haya ninguna contraindicación o reacción alérgica, y los dolores desaparezcan de una vez por todas para llevar una vida digna que me permita seguir escribiendo con total normalidad.

UN INVIERNO INTERMINABLE

La frase que más escucho en la actualidad es “hace un frío que pela” y no está ni mucho menos exenta de realismo. Llevamos varias semanas sin ver el sol tan hermoso del mediterráneo, por el que un día me vine a vivir a esta ciudad, y es el frío, la nieve, la lluvia y el viento lo que nos complica la vida cotidiana a muchos ciudadanos. Más si cabe a aquellos que padecemos algún tipo de enfermedad donde influyen los cambios bruscos de temperatura.

Si les soy sincero, llevo bastante tiempo sin salir como yo quisiera, y solo me faltaba esto para encerrarme aún más. Menos mal que la tecnología y este amado mundo literario es en muchos casos suficiente compañía. Además, ¿de qué nos podemos quejar cuando vemos todos los días la gran tragedia de Haití?. Por lo menos disfrutamos de un techo, calor y comodidades suficientes para llevar una vida digna que muchos quisieran.

EN COMPAÑÍA DE LOS AMIGOS

Hoy he vuelto a reencontrarme con ex compañeros de trabajo, y aunque la visita  ha sido algo breve por motivos de salud, siempre consigues absorver un poco de aire fresco y amistad en unos tiempos complejos donde se carece de dicho valor. Espero que el próximo miércoles las cosas sean distintas y esta dichosa enfermedad me permita por lo menos, no perder el contacto con el mundo exterior.